Archivo de la etiqueta: Globalización

SEGUNDA GUERRA FRIA. PERSPECTIVAS.

Nicolás Lewkowicz*

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

El mundo unipolar acaba con la llegada al poder de Donald Trump en 2017. El resquebrajamiento del sistema unipolar no es consecuencia de la elección del magnate neoyorkino como presidente de los EE.UU., sino que es síntoma de una paulatina retirada de Washington como hegemón y garante de la globalización, la cual empezó en la ultima etapa del gobierno de Barack Obama. La Guerra Ruso-Ucraniana, las tensiones en torno a Taiwán y las escaramuzas venideras en el Indo-Pacifico deben ser vistas como eventos ordenadores del mundo que se empezará a avizorar hacia 2050. La Segunda Guerra Fría tiene tres ejes fundamentales:

1. Desglobalización. Volvimos a la historia. El mundo es más jungla que jardín. Vuelve la multipolaridad (EE.UU.-China-Rusia) porque Washington no puede gobernar el comercio internacional. Los costos de proteger las mercancías que circulan por los océanos son cada vez mayores e imposibles de sufragar a largo plazo. Por otra parte, EE.UU. no depende del comercio internacional para asegurarse un alto nivel de vida. Su geografía es casi perfecta, dotada de buena parte de los recursos necesarios para re-industrializarse. EE.UU. tiene un mercado interno (NAFTA 2.0) de importancia. Se espera, como ya lo avizoraba Zbigniew Brzezinski (se pronuncia “Yeyinsqui”), la conformación de un “nucleo geopolítico” centrado en el Circulo Dorado (que va del Polo Norte hasta la ex Gran-Colombia), Japón, Corea del Sur y los países europeos que tienen salida al mar Ártico. Expansión geopolítica limitada. Adiós a la teoría del Heartland de Halford Mackinder.

Rusia podrá utilizar los recursos que antes escapaban a “Occidente” (constructo geopolítico creado en 1945) para aumentar el tamaño de su economía. Las grandes riquezas que se encuentran en la Llanura Europea Oriental y Siberia podrían generar niveles de industrialización similares a los primeros planes quinquenales soviéticos. China virará, grosso modo, hacia una geopolítica basada en la militarización y la construcción de un mega-bloque euroasiático, que debería llegar hasta el Estrecho de Ormuz. Ninguna de estas dos potencias quiere ni puede tener un carácter expansivo, sino de defensa del espacio económico y cultural, lo que reforzará lazos con Irán (y otros países de mayoría chiita) y el espacio turquíco.

“Europa” (o mejor dicho, las Europas) sufrirá como nadie el paulatino fin de la hegemonía estadounidense y el paso hacia un mundo multipolar. Hasta que hacia mediados de este siglo se reconfigure en un esquema económico confederativo (de mercado común pero no único), que permita a Reino Unido y Francia utilizar sus lazos de ultramar, a Alemania girar definitivamente hacia el Este, a Italia concentrarse en África del Norte y Balcanes y a España recobrar su destino iberoamericano, sobre todo en el Cono Sur.

2. Envejecimiento. Todo el mundo envejece, salvo algunos países subsaharianos. Esa también es una de las razones del fin de la globalización. La edad promedio en EE.UU. es de cuarenta años. Por otra parte, la inmigración desde América Central es cada vez menor. Gran parte de Europa es aún mas vieja. China y Rusia tienen problemas demográficos de gran importancia. Eso hace imposible una guerra cinética directa entre las potencias, sobre todo si se tiene en cuenta que el hegemón en declive está empezando un proceso de reforma política similar a los que emprenden los imperios antes de expirar. En el supuesto caso que la tendencia demográfica hacia la baja se revierta, las consecuencias no se verían hasta dentro de dos décadas. Eso significa menos productores y menos consumidores. Los países que aún tienen un dividendo demográfico positivo lograrán un crecimiento económico sostenido. Pienso en América Latina, a pesar de que ésta también envejece.

3. Civilizacionismo. El fin de la era liberal llevará a una revalorización de la cultura como eje ordenador del ámbito doméstico y de la manera que los países se relacionan con otros. Samuel Huntington tenia razón. Es imposible escapar a un cierto esencialismo civilizacional. El liberalismo que guiaba la globalización buscaba un nomos único para todo el planeta y ordenamientos basados en reglas, más que en lazos de unidad cultural. Contra John Adams, los países no son “repúblicas de leyes,” sino espacios sociales de proximidad cultural. La gradual retirada de Washington del ordenamiento internacional es el mejor ejemplo de que nadie está dispuesto a defender a nadie que no considere parte de su familia extendida, o sea de su nación y/o espacio cultural. La transición hacia un mundo divido en espacios culturales nos muestra una voluntad de utilizar un poder ultra-blando (mezcla de progresismo y realismo morgenthauniano) por parte del “núcleo geopolítico emergente” pergeñado por el hegemón declinante para poder captar voluntades entre la “periferia,” concepto por cierto cada vez más obsoleto.

4. Renacer argentino. A Argentina no le hizo bien la globalización. Nuestros niveles altos de pobreza se generan a partir de la dictadura cívico-militar (1976-1983) y aumentan a medida que el país se “integra” al mundo. El espacio geopolítico argentino es el viejo Virreinato del Río de la Plata. Son los países de esa área geográfica los que mantienen a nuestra población relativamente joven y los que ven a nuestra patria como lugar de progreso. Se espera que hasta 2050 Argentina mantenga el dividendo demográfico positivo, lo que llevará a un mercado interno más grande y a vendernos más cosas entre nosotros. Argentina no tiene problemas raciales ni étnicos ni religiosos. Esto no es poca cosa. La mayoría de los países si los tienen. Por otra parte, la demanda de materias primas y energía hará que el viejo hegemón (cada vez más viejo y aislacionista) no pueda (ni quizá quiera) ahogar nuestro crecimiento. Mas allá de quien gobierne en las próximas dos décadas, Argentina espera un crecimiento en torno al dos por ciento anual, lo que aumentaría su nivel de desarrollo y la capacidad de defender al país de los embates derivados de la configuración del nuevo ordenamiento internacional. Las circunstancias externas (favorables) ordenarán las reglas de juego en el ámbito político. Y una edad promedio más alta hacia 2050 hará bajar los altos niveles de violencia a los que venimos acostumbrándonos.

En geopolítica se hace futurología en base a lo que ya está ocurriendo. Este análisis no es prescriptivo, sino descriptivo. Nuestra clase política en algún momento se acomodará a las circunstancias enunciadas anteriormente, utilizando los recursos intelectuales generados en las últimas décadas; que están aún en el mercado gris de las ideas, pero que en su debido tiempo y forma adquirirán un rol cada vez más central.

 

* Realizó estudios de grado y posgrado en Birkbeck, University of London y The University of Nottingham (Reino Unido), donde obtuvo su doctorado en Historia en 2008. Autor de Auge y Ocaso de la Era Liberal—Una Pequeña Historia del Siglo XXI, publicado por Editorial Biblos en 2020.

©2023-saeeg®

 

 

PALABRAS POR EL DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL

Marcelo Alvarado, Veterano de Guerra de Malvinas

VGM Marcelo Alvarado

Palabras pronunciadas el 19 noviembre 2022 en el Acto por la Soberanía Nacional en la Plaza San Martín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Compatriotas:

Un 20 de Noviembre de 1845 se tensaban cadenas sobre pequeñas barcazas, se preparaban baterías costeras en el margen derecho del río Paraná, más precisamente en Vuelta de Obligado. Allí, dónde el río se angosta, las fuerzas patriotas, al mando del general Don Lucio Norberto Mansilla junto a milicias y paisanos, con 30 cañones de corto alcance frente a más de 400 cañones de la flota invasora se disponían a presentar batalla a las embarcaciones anglo francesas, esos heroicos compatriotas, llenos de coraje y valor se enfrentaban así a los imperios más poderosos de la época.

Hace 40 años y a los casi 137 años de aquellos gloriosos días, durante abril de 1982 preparábamos, nuevamente las defensas de otra costa de nuestra Patria, nos preparábamos para defender nuestras irredentas islas Malvinas frente al imperio más poderoso de la tierra y nuevamente en la vereda del frente nuestro enemigo natural, otra vez Inglaterra y esta vez secundada por la OTAN.

Es así que nuevamente enfrentábamos a otra alianza imperial. Estos dos grandes acontecimientos de la historia de nuestra patria que se emparentan y de nuevo el mismo enemigo que desde 1806 y 1807 nos ha empujado siempre al borde del abismo, el mismo abismo que aún hoy desde adentro, los progres, los liberales y anarcos, los internacionalistas y el marxismo cultural intentan socavar los pilares fundacionales de nuestra nación. Nación que nació bajo el signo de la Fe, nación hispano católica, la de los valores que nos inculcaron nuestros próceres, la cultura, la tradición, el honor, la hidalguía, la del Bien, la verdad y la belleza.

Es esta misma Nación, esta misma Patria a la que fuimos a defender en 1982 en la turba malvinera. Y claro, ya sabemos nuevamente el resultado y fue el mismo que conocieron los patriotas de 1845. Pero les aseguro que muchos de nosotros no nos rendimos y no capitularemos nunca, solo nos hemos replegado.

Algunos llevamos 40 años dando batallas, batallas contra la traición, contra la desidia, contra desesperanza, contra el olvido, ¡contra la desmalvinización!

Sabemos que Dios es quien otorga la victoria y frente a Él y solo a Él e inclinados, es que siempre le pediremos la victoria pendiente.

Han pasado ya 177 años de la batalla de Obligado y al general Mansilla y a sus hombres no les importó la superioridad del enemigo, ni los escasos medios con que contaban y quizás no les importó su propia vida, sino que les importó la propia Patria. Patria que se identificaba en la identidad individual y que providentemente se identifica en la Nación, y me recuerda que 40 años atrás tampoco teníamos todos los medios adecuados para la batalla, pero si teníamos el entusiasmo providente de la Fe y Rosario al cuello rezábamos fervientemente para no desfallecer al momento supremo de enfrentarnos al mismo enemigo de hace 177 años.

Sí, no importaron los escasos medios que teníamos, sino importaban los fines y los fines son la Patria misma.

En 1806 y 1807 el pueblo de la ciudad de Buenos Aires, y no sus circunstanciales autoridades, humilló a los británicos en las calles porteñas. Algo impensable para las tropas de Su Majestad Británica.

Cabe aquí preguntarnos hoy, ¿cómo es que estas actitudes de nuestra historia no guíe los pasos de la clase política y dirigente de hoy?

Esos que declaman presurosamente soberanía por aquí, soberanía por allá, pero al mismo tiempo son incapaces de defender no solo la integridad territorial, sino la Soberanía de la Patria toda. Soberanía que no es simplemente el límite geográfico de nuestro país, soberanía también es educación, es cultura, es tradición, es la moneda, es el trabajo, es dignidad, es bien común, es seguridad, es libertad, es familia, es orden social, es valores genuinos, es el respeto a las instituciones fundacionales de la Patria.

Resulta que hoy vemos de manera pasiva como se ataca a la Soberanía desde los estrados internacionales a través de distintos organismos mundiales, con pretextos efímeros y con la complicidad de los actores locales y digo de manera pasiva, porque la sociedad ha sido incapaz de sobreponerse a la derrota de Malvinas durante muchos años.

Durante muchos años los VGM hemos padecido y sufrido lo que llamamos la desmalvinización que propugnó el politólogo francés llamado Alain Rouquie, junto a los serviles locales.

Y tras largas décadas de discurso cuasi-oficial, y a veces hasta oficial, por el que según sus voceros deberíamos hasta pedir perdón por haber recuperado lo que nos pertenece, asistimos al vergonzoso espectáculo de ver atacada la figura misma de los héroes que dieron su vida por la Patria.

Según este relato salvaje, no hubo gesta del pueblo argentino, entonces no hay héroes, sino pobres chicos engañados y manipulados, mandados a una muerte sin sentido. Es el modelo de las víctimas, despojando a los combatientes de protagonismo y que los cristaliza en la minoría de edad. Y este modelo de víctimas, apunta a destruir el concepto de héroes.

Así el sentido profundamente evocativo, e imitativo que suscita la figura del héroe de Malvinas, se impone su “deconstrucción”, es decir, eliminarlo de la memoria popular y rebajarlo a la categoría de víctima. Un guion perfectamente elaborado en Londres.

Es comprensible que el enemigo proponga esto de la desmalvinización, pero es incomprensible que supuestos criollos sean capaces de seguir esos postulados y creer que los argentinos somos como empanadas que se comen con solo abrir la boca.

Y creo que la importancia de sostener esta desmalvinización es que les resulta incomprensible a los poderosos del mundo, que en nuestra Patria y en nuestra historia reciente, haya habido miles de jóvenes argentinos que fueron capaces de anteponer valores espirituales, de trascendencia y de sentido profundo de la vida, a los valores materiales y al profundo hedonismo al que someten hoy por hoy a nuestras juventudes, llevándolos de las narices a perderse en los postulados de la droga y de la vida fácil.

Y es comprensible que los enemigos de la nacionalidad propongan esto, porque la memoria sobre el Héroe, es un faro testigo de que ningún joven está condenado a vegetar de un hedonismo consumista, sino que todos son capaces de darle sentido profundo a la existencia de los valores que nos legaron nuestros antecesores, como San Martín, Belgrano, Güemes, Rosas y tantos otros nobles varones de nuestra independencia. Y para mal de ellos, y para bien nuestro, “LA ARGENTINA TIENE HEROES”  y tiene héroes de la talla de Giachino, de Estévez, de Cisneros, del soldado maestro Julio Cao y de 649 que hacen vigilia eterna en los mares, en los cielos y en la turba malvinera.

Veteranos de Guerra de Malvinas presentes en al Acto por la Soberanía Nacional

Y la ARGENTINA TIENE HEROES que aún no están en el bronce de la eternidad, tiene héroes que caminan jubilosos entre nuestras vecindades, como Carballo, como Owen Cripa, como el cabo Baruzzo y como tanto otros veteranos anónimos que le dan a la Patria todo lo que pueden con los escasos medios propios.

Y es por ellos que hoy los llamo a Resistir para Reconquistar, para Reconquistar el espíritu y los valores que antepusieron esos patriotas que nos legaron estos valores que tanto nos identifican.

Compatriotas, hace algún tiempo escuché decir a un camarada en su discurso de homenaje al querido coronel Seineldín, y de manera metafórica decía que había que atreverse a ir en contramano por la Panamericana en hora pico, y que son miles los que venían de frente; y si, vamos a contramano pero en la dirección correcta; porque resulta que vamos a contramano de este mundo globalizado que nos socava con sus imposiciones ideologizadas y con la guerra que no vemos, la clase de guerra que intenta asesinar no con balas y bombas que matan el cuerpo, sino con balas y bombas que matan el alma, la voluntad, la inteligencia, el idioma, la palabra para someternos y esclavizarnos a su voluntad.

Y resulta que cabe aquí preguntarnos: ¿qué haremos ante esto?

Y resulta que solo puedo responder: como el ingenio criollo de 1845 y de 1982 ante la carencia de medios, es forjar una nueva “Cadena de Resistencia y Unidad Patriótica” como la que puso el general Mansilla ante el atropello de las potencias extranjeras. Cadena que sea forjada bajo el espíritu de los héroes de Obligado y de Malvinas, para que en ella sepamos que no estamos solos librando este combate, que el orden sobrenatural esta de nuestro lado y que solo así podremos “Resistir y Reconquistar”.

Dice la letra de una poesía maravillosa hecha canción: “Valió el fuego y el hielo, las noches sin descanso y valió acampar al viento con la Gloria”.

Si, valió la sangre del capitán Giachino, valió la carta del teniente Estévez, valió la carta del soldado maestro Julio Cao a sus alumnos de tercer grado, valió el frío, valió el hambre, valió la noches estrelladas al descampado, valió la noches de lluvia y valió la nieve, valió ese profundo amor a la Patria que duele hasta los huesos.

Los VGM tenemos el deber de no olvidar y de servir para que la memoria de los que allí quedaron no sea olvidada ni tergiversada.

Estoy seguro que Dios nos ha puesto esta Causa en el camino y para que ésta sirva como ejemplo, para que en un futuro no lejano nuestra Patria, nuestra sociedad sea una Patria mejor para sí y para nuestra descendencia.

Malvinas y Obligado tienen una misma traza y un mismo fin, decía el general Mansilla: “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos! ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”.

Malvinas y Obligado nos une en un mismo sentido, sentido de la búsqueda universal de nuestro destino histórico, búsqueda que hoy nos haga despertar el alma de este letargo cruel al cual nos someten las ataduras exteriores e interiores, debemos buscar imperiosamente el camino que nos lleve a ese destino.

Resistir para Reconquistar es nuestro lema de hoy, pero que implica unirnos en lo fundamental, dejar de lado todo aquello que nos separa de lo importante y tomar el ejemplo de los Héroes a los que no les importó nada más que la Patria misma.

Los enemigos son miles y vienen revestidos de distintos colores como el arco iris, el verde de la muerte, el de la pseudo cultura y también del pseudo indigenismo, y esos son miles y salen todos del mismo lugar y cada día que pasa nos ponen al borde del abismo. “Vedlos camaradas, allí los tenéis” vienen por nosotros, preguntémonos qué haremos.

No desfallezcamos, aún nos queda el último Rosario!

Viva la Patria!

¡Malvinas Volveremos!

PENSAR EN CLAVE GEOPOLITICA

Nicolás Lewkowicz*

Foto de Aksonsat Uanthoeng en Pexels

La era de la globalización aboga que una normativa universal única puede ser un instrumento para crear progreso para todos los países.

Desde la caída de la Unión Soviética, las relaciones internacionales buscaron fomentar los intereses de la potencia ganadora de la Guerra Fría, los Estados Unidos, a través de un mayor intercambio de bienes y servicios a nivel global. Desde la década del ‘90 hasta la llegada al poder de Donald Trump, la evolución del sistema de estados tuvo como piedra basal la idea de que la erosión de la soberanía era un prerrequisito para dotar al ser humano de una idea de progreso material sostenido.

Hubo algo de utópico en la idea del “fin de la historia”, promovida desde las usinas de pensamiento de alcance global. Pero más allá de eso, la idea de una ley universal homogeneizada y puesta en práctica por instituciones supranacionales servía, en definitiva, para promover los intereses de la potencia hegemónica (los Estados Unidos) en un mundo decididamente unipolar.

El concepto de nomos universal homogeneizado se empieza a desdibujar debido a que a la potencia hegemónica ya no le reditúa tanto proyectarse a través de la globalización, la cual termina siendo mucho más útil a las unidades dominantes, aglutinadas en torno al capital transnacional, que operan con una lógica propia y que sirven a sus propios intereses.

Este fenómeno debilita tanto a los países periféricos como a los centrales, ya que ninguno de estos termina protegiendo a su población en la manera en que otrora lo hacía un estado-nación. Este fenómeno tiene un resultado que está a la vista de todos: el marco teórico y práctico de las relaciones internacionales sirve cada vez menos para poder entender lo que pasa y para crear perspectivas de progreso para las naciones.

En un mundo cada vez más volátil, resulta mucho más útil ver lo que acontece desde una perspectiva geopolítica. La geopolítica tiene mucho de parecido al cuento de Hans Andersen en el cual, a partir de un acto de inocencia pueril, la gente se da cuenta de que el emperador está desnudo.

La geopolítica obliga a los países a verse tan cual son y a darse cuenta de aquello que pone obstáculos a su capacidad de acción. El énfasis en las relaciones internacionales tiene una perspectiva economicista que, a la larga, termina ahondando la debilidad relativa del estado-nación. La geopolítica enfatiza la necesidad de acumular y conservar poder, ya que esta es la única forma de asegurar la estabilidad interna de una nación y su supervivencia a largo plazo. Poner el énfasis en el estudio de las relaciones internacionales siempre termina llevándonos a imaginar a un mundo que solo existe en nuestra imaginación. Pensar lo que ocurre desde la geopolítica nos hace, inevitablemente, ver al mundo tal cual es.

Los países que no detentan poder suelen examinar lo que ocurre en el mundo a través de categorías interpretativas emanadas de los grandes centros de poder. Desde la óptica de las relaciones internacionales, esas categorías interpretativas suelen responder a la (cada vez más falsa) dicotomía entre realismo y liberalismo, las cuales resultan ser dos caras de una misma moneda. En efecto, las nociones de conflicto y cooperación están de última destinadas a servir intereses que no son los de los países que no detentan poder. 

¿Qué hacer?

Hay mucho de profético, y por lo tanto de liberador, en la perspectiva geopolítica. El momento de revelación suprema que propone la óptica geopolítica tiene lugar cuando un país determinado empieza a percibir su debilidad relativa frente a las unidades dominantes.

La geopolítica propone, tanto en su formulación clásica como crítica, la configuración de un esquema conceptual que sirva para crear espacios de autonomía y para tomar decisiones estratégicas de muy largo plazo

En las próximas décadas veremos una atomización cada vez más pronunciada del orden global. Esto significa que el foco de atención virará cada vez más hacia la geopolítica.

En este contexto, será cada vez más relevante para nuestro país pensar en las causas que explican el proceso de erosión interna en el cual se encuentra e identificar los factores que determinan por qué tiene tan poco señorío sobre sí mismo.

Le tocará entonces a una emergente clase técnica convencer a la próxima generación de políticos de que ninguna situación geopolítica adversa es irreversible. Esta clase técnica deberá necesariamente emerger en forma paralela a la que está manejando el destino del país.

Esta Segunda Guerra Fría está creando una situación de tripolaridad entre Estados Unidos, China y Rusia; esta última como árbitro entre los intereses de Washington y Pekín. La particularidad más notoria de esta contienda híbrida, de baja intensidad y de larguísimo plazo es que ninguno de estos pivotes detenta una situación de fortaleza. La Primera Guerra Fría tuvo a los Estados Unidos y a la Unión Soviética en el ápice de su poder militar, económico y político. En esta Segunda Guerra Fría los principales ejes parten de una situación de debilidad relativa, debido a la erosión del estado-nación como ente ordenador de las acciones en política exterior.

Nuestro país debería concentrarse en crear espacios de autonomía que no ocasionen demasiados costos económicos. En primer lugar, hay que asegurarse que hacia el fin de este siglo la Argentina esté lo suficientemente poblada para defenderse bien y para crear un mercado interno de importancia. Aquí no valen las consideraciones economicistas. Alzar los niveles de fecundidad requerirá un esfuerzo económico de gran importancia, cuyos beneficios verán solamente las próximas generaciones.

Luego, hay que reforzar el patrimonio valórico del país. Esto significa crear una pedagogía autóctona, basada en el legado cultural y religioso legado de nuestros mayores. Dentro de esa pedagogía, no debe haber nada ni nadie que quede afuera. Las “grietas” que aquejan a nuestro sistema político son configuradas por usinas de pensamiento que responden a intereses que están fuera del espectro nacional. Hay una correlación directa entre la capacidad de reforzar valores propios y (1) obtener bienestar; y (2) asegurar la defensa del país.

Por último, la geopolítica está íntimamente ligada a una concepción teológica de la nación. Separar Estado de religión es abrir las puertas a ideas que van necesariamente en contra de los intereses nacionales. El espacio público debe estar informado por valores trascendentes que emanen de nuestra fe fundante, el catolicismo de impronta criolla. La Europa del siglo XX es testimonio de las barbaridades que pueden llegar a cometerse en una situación en la cual el Estado deja de identificarse con un esquema teológico definido.

Argentina es un país receptor de gente de diversos credos y herencias culturales. Esta receptividad es parte de nuestro ADN nacional. En este sentido, la concepción teológica de la nación no afecta de ninguna manera la convivencia entre los distintos sectores de la sociedad civil. Al contrario, sirve para aunar esfuerzos mancomunados para recobrar la prosperidad y cohesión social que alguna vez tuvimos. Una teología geopolítica une pasado y futuro, nos hace pensar en las grandes cuestiones que afectan al país y ayuda a navegar los grandes desafíos que tendremos que afrontar en las próximas décadas.

 

* Realizó estudios de grado y posgrado en Birkbeck, University of London y The University of Nottingham (Reino Unido), donde obtuvo su doctorado en Historia en 2008. Autor de Auge y Ocaso de la Era Liberal—Una Pequeña Historia del Siglo XXI, publicado por Editorial Biblos en 2020.

©2022-saeeg®