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«COVID 19» Y EL PROBLEMA DE LA RELACIÓN ENTRE LA CIENCIA Y LA POLÍTICA EN LAS RELACIONES INTERNACIONALES

Salam Al Rabadi*

Imagen de felixioncool en Pixabay 

Es lógico destacar la relatividad de la ciencia, ya que la posición sobre la teleología (y la finalidad) de la ciencia y el conocimiento se caracteriza por la sospecha y el relativismo, especialmente a la luz de este nuevo patrón global a nivel de corrupción política y económica. Esta realidad abre la puerta a la controversia sobre los problemas relacionados con la objetividad de muchos enfoques académicos, la fiabilidad de los números y las controversias científicas asociadas con la pandemia “Covid 19”.

En consecuencia, a pesar de las complejidades a las que se enfrenta el desarrollo de la ciencia, la teoría del escepticismo seguirá estando sujeta a rotación y, sobre la base de ello, a nivel de las relaciones internacionales hay una cuestión muy importante sobre el determinismo científico:

¿Se permite que la ciencia se desarrolle tanto como pueda, independientemente de las posibles consecuencias que tendrá en las sociedades y el destino de la humanidad?

Es evidente que ya no existe una confianza absoluta en la ciencia moderna a la luz del principio fundamental sobre el que se encuentra el posmodernismo, que es el principio de duda en el conocimiento científico. La paradoja aquí es que cuestionar la ciencia y sus resultados ya no es una cuestión filosófica, sino más bien práctica. Donde parece clara e inequívoca que la realidad del conocimiento, el poder y la libertad académica a la luz de la pandemia “Covid 19”, es un reflejo preciso de las tensiones teóricas y prácticas asociadas con la problemática de la relación entre la ciencia y la política en las relaciones internacionales.

Esta realidad plantea muchas controversias sobre la posibilidad y eficacia de establecer controles éticos a nivel de la ciencia, ya que parece que el desarrollo de la producción científica y sus implicaciones y sus complejidades entrelazadas vienen mucho más rápido que el desarrollo de controles éticos.

 

Partiendo de esto, y en medio de la provocativa incertidumbre, y con la presencia de muchas tendencias radicales asociadas con la dualidad de la relación entre la ciencia y la política, hay una necesidad de encontrar algo fijo en algún lugar. Tal como la etapa en la que los estados estaban tratando de abordar los problemas científicos mediante el establecimiento de comités técnicos tradicionales que reúnen a académicos y especialistas, resultó ser ineficaz.

Por lo tanto, ha llegado el momento de iniciar una era que se ocupe de establecer leyes y tratados claros e inequívocos sobre los problemas del desarrollo científico, especialmente a nivel del derecho penal internacional. Donde, al rastrear el desarrollo del derecho penal internacional en un nivel teórico y práctico, queda claro que no se mantiene al día con los nuevos patrones globales y sus implicaciones para la seguridad humana global. Esto requiere ciertamente modificar el Estatuto de Roma y ampliar los poderes de la Corte Penal Internacional para incluir los crímenes relacionados con la revolución biotécnica, la ingeniería climática, la inteligencia artificial, la modificación de virus y la guerra biológica, etc.

Al final, hay que subrayar que la ciencia es sólo una forma de pensamiento desarrollada por el hombre y no es necesariamente la mejor forma, y que sólo es superior a los ojos de los creyentes en el mito del determinismo de la ideología científica. Por ejemplo, la creencia era que la confianza en los modelos matemáticos eliminaría el sesgo humano, pero en la práctica esos algoritmos (modelos) comenzaron a ejercer sus propios sesgos con respecto a cómo funcionan, hasta el punto de que el concepto de Justicia Algorítmica comenzó a circular y a exigir la Destrucción de las Armas de las Matemáticas. Y esto confirma que la era científica asociada con la tecnología no está garantizada para producir resultados positivos cuando la humanidad está pasando por momentos difíciles.

Este determinismo científico plantea muchas preguntas… ¿Está la ciencia jugando actualmente el papel de la religión en la sociedad moderna? En consecuencia, ¿hay necesidad de un proceso de separación entre la ciencia y el Estado (es decir, la política), como fue el proceso de separar la religión y el Estado o la política?

La respuesta lógica a estas preguntas puede estar en la pregunta del inicio sobre si existe la posibilidad de trazar límites máximos del progreso científico antes de pensar en separarlo de la política.

 

En resumen, si el siglo XXI ha reconsiderado las certezas en todo lo relacionado con el hombre y la política, y si es el laicismo trató de ser una alternativa a la ética de las religiones, ¿será el desarrollo de la ciencia (que no se puede detener) factor decisivo e inesperado, que colocará a las relaciones internacionales en el siglo XXI frente a nuevos patrones, a los que no será fácil encontrar un enfoque teórico y práctico?

 

* Doctor en Filosofía en Ciencia Política y en Relaciones Internacionales. Actualmente preparando una segunda tesis doctoral: The Future of Europe and the Challenges of Demography and Migration, Universidad de Santiago de Compostela, España.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG. Prohibida su reproducción.

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EL CONO SUR ANTE SU POSTERGADA INTEGRACIÓN. COMPETENCIA, IDEOLOGÍA Y OTROS OBSTÁCULOS.

Marcelo Javier de los Reyes*

El presente artículo procura repensar la postergada y real integración del Cono Sur en momentos en que la incertidumbre global nos ensombrece. Para ello retomo dos antiguos artículos con la intención de establecer un debate sobre una cuestión que considero de vital importancia en que ciertas estructuras están crujiendo a partir de la competencia entre Estados Unidos y China, las diferencias entre Estados Unidos y la Unión Europea —por ejemplo respecto de la OTAN y de las políticas de defensa—, el Brexit —la salida del Reino Unido seguramente fortalecerá el “atlantismo” con los Estados Unidos, nada nuevo— o la búsqueda de un camino propio por parte de los europeos luego de décadas de haber sido llevados de las narices por la gran potencia del norte.

En este marco, insisto en la imperiosa necesidad de que nuestra región retome las posibilidades de una integración sin intromisiones geopolíticas o ideológicas de países extra regionales, varios de los cuales son los responsables de nuestras diferencias.

En principio, deseo rescatar un artículo de Leonel Itaussu Almeida Mello, cuyo uno de sus méritos es haber examinado la literatura disponible respecto de la relación entre Argentina y Brasil y demuestra que antes del Tratado de Integración de 1986 hubo intelectuales que se abocaron a esa cuestión[1]. El autor menciona el ensayo del historiador Caio Prado Jr., pero habría numerosos investigadores que la abordaron, como por ejemplo Oscar Camilión[2] [3] y el célebre libro “Argentina y Brasil en la integración continental” de Liborio Justo[4] (1902-2003), el que —en 1936— le gritó “¡Muera el imperialismo yanki!” al primer presidente estadounidense en ejercicio que visitaba la Argentina, Franklin D. Roosevelt, en momento en que iba a iniciar su discurso ante el Congreso de la Nación. Al lado de Roosevelt, estaba el presidente de la Argentina, el general Agustín P. Justo, el padre de Liborio.

El 1º de diciembre de 1936 el presidente Franklin Delano Roosevelt brindó su discurso en el Congreso Nacional.

La relación entre Argentina y Brasil fue central en varios trabajos que abordaron la cuestión de las represas, motivo de tensión en momentos en que ambos países eran gobernados por los militares, y el desarrollo nuclear. Con referencia a este último tema puede mencionarse Oliveiros S. Ferreira, quien publicó un artículo en O Estado de São Paulo[5], tema que también fue tratado por el general Juan Enrique Guglialmelli[6].

La idea relevante cuando se analiza en paralelo el desarrollo económico de ambos países, que está muy bien sintetizada por Leonel Itaussu Almeida Mello, es observar cómo la Argentina, cuya economía era el doble de la brasilera en 1930, fue cediendo el paso rápidamente hasta que medio siglo después la economía de Brasil se tornaba el cuádruple de la Argentina. Inmediatamente aclara que “actualmente la diferencia se redujo a poco menos de dos tercios”.

El proceso de integración a partir de 1986 y que derivó en el Mercorsur, ha sido un paso enorme pero incompleto. En este sentido rescato la parte final del artículo, cuando se refiere a la visión del general Juan Domingo Perón acerca de que “antes del tercer milenio nos encontraría unidos o dominados”, pero debe recordarse que en 1951 expresó el famoso “ABC”: “la Argentina sola, no tiene unidad económica. Brasil solo, tampoco. Chile solo, tampoco la tiene. Pero estos tres países unidos conforman quizá la unidad económica más extraordinaria del mundo entero”. El autor también menciona al general Guglialmelli, quien consideraba que “el Cono Sur debería ser el punto de partida para la ulterior unidad latinoamericana y un núcleo de poder regional frente a los grandes centros de poder mundial”. Ésta, aún, es una tarea pendiente y por la que se debe poner todo el empeño.

El segundo artículo al que deseo referirme, es de John Child, de 1981, en el que considera acertadamente que América Latina, en la mayor parte del siglo XX, ha tenido un bajo nivel de conflictos y un gasto relativamente bajo en lo que se refiere a la compra de armas[7]. No obstante no acuerdo en que esa compra de armas tuviera más relación “con problemas internos como orgullos y rivalidades entre servicios” sino que existían conflictos entre los países de la región pero que, felizmente y salvo excepciones, no llegaron a convertirse en conflictos armados.

Con respecto a la tipología que presenta, es verdad que varios conflictos limítrofes han sido solucionados pero aún persisten varios, como el reclamo de la salida al mar por parte de Bolivia, el litigio entre Perú y Ecuador, y en el caso específico de la Argentina y Chile, parecería que por más que se hayan solucionado numerosas cuestiones limítrofes siempre surgirá un nuevo motivo de reclamo por parte de Chile, como el formulado a partir de la extensión del mar territorial argentino.

Dentro de esta tipología debo considerar —a pesar de los años del artículo de Child— que ha acertado al expresar que “en el presente y futuro las formas dominantes de conflictos serán ideológicas, por recursos, y por influencia”. En la actualidad el tema de la puja por los recursos tiene una gran vigencia pero también debe destacarse que la imposibilidad de un desarrollo armónico y consensuado de los países de la región se haya entrampado por disputas ideológicas. Un claro ejemplo de ello ha sido el fracaso de la UNASUR, una institución que logró un consenso con amplias posibilidades de expansión en diversos ámbitos pero que finalmente no pudo avanzar por las divisiones entre los dirigentes de los países, quienes privilegiaron la ideología por encima del desarrollo y el bienestar de las poblaciones de sus respectivos países.

La UNASUR fue gestada con esa falla de origen, la ideologización, y significó la pérdida de una gran oportunidad para la región, a la que tanto le cuesta encontrar consensos y un camino propio de crecimiento. El Cono Sur precisa estadistas, es decir, dirigentes con visión estratégica, que se propongan trabajar en forma conjunta más que posar para una foto … algo que escasea en las últimas décadas.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] Leonel Itaussu Almeida Mello. “Brasil y Argentina en perspectiva: competencia, distensión e integración”. En: Atilio A. Boron (Compilador), Teoría y filosofía política. La recuperación de los clásicos en el debate latinoamericano. Buenos Aires: CLACSO, marzo de 2002, 304 p. (ISBN 950-9231-73-8).

[2] Camilión, Oscar H. “As relações entre o brasil e Argentina no mundo atual”. En: Revista Brasileira de Política Internacional, Río de Janeiro, vol. 12, nº 45-46,  marzo-junio de 1969.

[3] Camilión, Oscar H. “Relaciones argentino-brasileñas”. En: Estrategia, Buenos Aires, vol. 4. Nº 21, marzo-abril de 1973.

[4] Justo, Liborio. Argentina y Brasil en la integración continental. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1983, 184 p.

[5] Ferreira, Oliveiros S. “Brasil e Argentina: a geopolítica e a bomba”. En: O Estado de São Paulo, 26/12/1976.

[6] Juan Enrique Guglialmelli. “¿Brasil fabrica la bomba?”. En: Estrategia, nº 70, p. 5-12.

[7] John Child. “Pensamiento geopolítico y cuatro conflictos en Sudamérica”.  Revista Ciencia Política, Pontificia Universidad Católica de Chile, vol. 3-N°12-1981, p. 71-104.

 

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GUÍA DEFINITIVA. ¿CÓMO DETECTAR GLORIOSOS NEOLIBERALES Y ZURDOS KEYNESIANOS?

Gonzalo Chávez (El Deber*)

 Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

 Las redes sociales son lo más parecido a un loquero. Con una facilidad enorme se destila veneno y se ametralla con adjetivos de grueso calibre a las personas. En el campo económico, un día uno es un neoliberal vende y compra patria.

A la mañana siguiente es un zurdo y comunista que quiere convertir las iglesias en bares. La ponzoña y vulgaridad es infinita. No sería mala idea instalar aplicativos que detecten ideología. Cuando algún fanático del mercado entra a una red social, se activan fuertes alarmas y, en algunos casos, sueltan fuego para hacer retroceder al Satanás seguidor de Milton Friedman o algún discípulo de Lord Keynes o de un pensamiento heterodoxo en economía.

Edward Amadeo, un economista brasileño, sugiere un método más sencillo que el anterior: cinco preguntas que permiten diferenciar a un neoliberal de un economista heterodoxo.

En este último caso, ciertamente se trata de una definición incompleta para describir a alguien que en la profesión se identifica con Joseph Schumpeter (quien desarrolló importantes teorías sobre el crédito y la innovación tecnológica en el crecimiento), John Maynard Keynes (quien defendió la acción del Estado en los ciclos económicos), Raúl Prebisch (cuya tesis central fue que las distorsiones del comercio exterior exigen la acción del Estado para promover la competitividad de las empresas), y más recientemente con Dani Rodrik (quien sostiene que el desarrollo depende de las instituciones y las políticas públicas). 

Pero veamos las preguntas para dividir a estos dos grupos.

1-¿Qué es lo que limita el crecimiento, la oferta o la demanda? Para un economista neoliberal, las restricciones al crecimiento del producto están dadas por la escasez del ahorro. Si no hay oferta de productos en una economía es porque no existe plata para invertir.

Por lo tanto, se debe atraer ahorro externo, vía préstamos internacionales o inversión extranjera. Un economista heterodoxo invertirá la ecuación y dirá que lo que interesa es el lado de la demanda de bienes. No hay crecimiento porque la gente no tiene recursos para gastar.

Las empresas están paradas, o no se invierte en una economía, porque no hay a quién vender. En estas situaciones, el gobierno debe activar la demanda de productos, bajando la tasa de interés o invirtiendo más (en infraestructura, por ejemplo). Como dice Keynes: “La demanda crea su propia oferta y la inversión genera su propio ahorro”. Este sería el caso de la coyuntura de crisis económica actual.

2-¿Cómo aumentar las inversiones en un país? ¿Con una política industrial o con un mercado de capitales? Para un neoliberal, la forma de atraer inversión es a través del establecimiento de reglas de juego claras, jurídicas y económicas, lo que se conoce en la jerga económica, como “instituciones sostenibles”. El otro mecanismo es el mercado de capitales, que debería canalizar el ahorro hacia la inversión.

La escuela heterodoxa sostiene que el mercado no asigna las inversiones de acuerdo con las necesidades de una economía. Por lo tanto, las políticas públicas son fundamentales, tanto para generar recursos para la inversión como para hacer sostenibles las empresas, todo esto vía sustentación de la demanda. La política pública debe ser complementaria a la acción privada pero no excluirla.

3-¿Expandir las exportaciones con políticas industriales o con la apertura de la economía? La visión neoliberal apuesta a la apertura total del comercio. Es el mercado mundial quien debe decidir lo que un país deberá producir para la exportación y lo que se deberá comprar de afuera. En economías como la nuestra, esto implica vender recursos naturales y comprar productos industrializados.

Para un economista heterodoxo, la política industrial juega un papel central en el estímulo a las exportaciones y en la creación de las condiciones para abrirse a la economía mundial. No hay que abrirse al fósforo, sino que hay que tener una estrategia nacional de atracción de inversiones para mirar hacia el mercado externo.

4-¿Cómo se debe manejar el equilibrio fiscal? Para la escuela neoliberal, mantener déficits públicos es un pecado capital. La política económica debe tener como objetivo prioritario el superávit. Para lograrlo, no se debe escatimar en esfuerzos fiscales y monetarios. Para los heterodoxos, el déficit público debe ser administrable y sostenible. Toleran un déficit, siempre que este sea bajo, y que se lo pueda financiar, especialmente cuando la economía crece vía inversión pública.

5-Para mejorar la redistribución del ingreso, ¿se debe hacer crecer la economía o focalizar los gastos públicos? Un economista neoliberal apuesta a que el crecimiento del producto ayudará a mejorar la distribución del ingreso. Hay que crecer para poder distribuir; para favorecer a los más pobres se debe focalizar los gastos. Los heterodoxos apuestan a las políticas públicas universales, especialmente en países donde la mayoría de la población es pobre. Creen que la mejor política social es el empleo y que se debe apoyar a los sectores productivos sin distorsionar los precios.

Obviamente, la zoología de economistas es mucho más amplia. Están los economistas marxistas, liberales, trotskistas, institucionalistas, y muchas otras hierbas más. Pero con esta pequeña guía espero contribuir a un mejor entendimiento de las escuelas del pensamiento económico y bajar un poco la ignorancia que circula por las redes sociales.

 

* Nota original publicada por El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/guia-definitiva-como-detectar-gloriosos-neoliberales-y-zurdos-keynesianos_201138