Archivo de la etiqueta: Irán

“STATUS AMÉRICA LATINA” EN 20 AÑOS: LA DESASIMILACIÓN POLÍTICA DE LA GUERRA.

Ehsan Sherbi*

Imagen de tprzem en Pixabay

Latinoamérica no presenta enfrentamientos militares interestatales desde hace 25 años (último Perú – Ecuador), los beneficios de la paz regional trajeron consigo numerosos efectos adyacentes para el diseño y puesta en marcha de nuevos planes de Defensa Nacional. El pronunciado atraso tecnológico, la ambigüedad en la política exterior de los gobiernos para forjar alianzas internacionales estables y la militarización de la seguridad pública son elementos que han restado carácter a las Fuerzas Armadas en sus misiones fundamentales. Como contrapartida, se observa una situación internacional donde las variables militares están cada día más presentes para garantizar el resguardo de las sociedades, la preservación e integridad de los Estados y los recursos estratégicos. Como elemento agregado, pueden verse —con mayor intensidad— la actuación y proliferación de actores ´no estatales´ que se incorporan a los teatros críticos de la seguridad internacional. 

Dinámica internacional y morbidez del Sector Defensa en América Latina

El inicio del siglo XXI se estructuró como un arpegio bélico que fue variando de graves a agudos en dos vertiginosas décadas. Uno de los elementos que dieron la constancia armónica a la inestabilidad internacional fue la multiplicación y diversificación de la guerra. Los gobiernos alrededor del planeta tuvieron que habituarse a numerosos sucesos dantescos brotados de la transformación del fenómeno de la Seguridad Internacional.

La vulnerabilidad estatal aceleró el proceso mutacional de adaptaciones a los nuevos contextos de violencia internacional. El espectro de la conflictividad traspasó nuevas fronteras que mezclaron esferas disímiles de los aspectos culturales, políticos y económicos. La ´guerra no convencional´ vino a imponerse como médium para la definición de planes gubernamentales que encubren su autoría, pero que manifiestan explícitamente sus intereses urgentes: el acceso a los recursos estratégicos y el debilitamiento de los adversarios.

El nuevo siglo es una plataforma que eleva a las grandes potencias en su estrategia global, pero concede también espacios a potencias medias y actores no estatales altamente corporativizados (tanto lícitos como los marginados de la ley). Nunca antes los bordes de la guerra fueron tan plásticos, los conflictos armados actuales embuten la confrontación de Fuerzas Armadas, milicias, empresas militares privadas, crimen organizado trasnacional, mafias y al terrorismo internacional, mostrando fácticamente el marasmo y letargo de los niveles supranacionales, que estimulan con inacción la reproducción de los fenómenos residuales de las guerras.

Con todo, muchas alianzas se fueron tejiendo alrededor del planeta durante estas dos décadas mayoritariamente bilaterales intercalando los niveles de la política, la economía y la Defensa a través de copiosos contratos de la industria militar. En este caso, la variable tecnológica tuvo su rol determinante en la construcción de alianzas y profundización de confianza mutua. Los actores predominantes de la industria militar incidieron en los procesos decisorios basándose en la necesidad de comercializar sus productos y ganar mercados en el ´Top 20´ de potencias militares. Dándole notoriedad a aquellos segmentos vinculados a productos aeroespaciales y navales (algunos en el marco del ‘Joint Development’). Aquí valen recalcar tres virtudes conjugadas: la apertura del mercado de Industrias de Defensa altamente competitivo;  la visión y el compromiso estratégico-militar de los gobiernos aliados; y el acceso financiero para las adquisiciones bélicas. 

¿Qué sucede en América Latina?

Cuando nos enfocamos en América Latina podemos interpretar que en dos décadas los avances en materia de Defensa han sido ´asimétricos y reducidos´, a pesar del anuncio de numerosos planes y el incremento de los presupuestos. No hay que olvidar que las erogaciones centran su gasto en el personal, donde el promedio regional se sitúa en un rango entre el 75% – 80% de los recursos, el remanente es utilizado para las operaciones, el mantenimiento y las inversiones. Mostrando de esta manera, la difícil ecuación para el desarrollo de capacidades militares.

Por otro lado, la alquimia entre la construcción de poder y la creatividad en el management ministerial no ha develado transformaciones tangibles en el robustecimiento de las Fuerzas Armadas. La construcción de cooperación hemisférica e internacional, las inversiones presupuestarias para la adquisición de material moderno, la expansión industrial, la transferencia tecnológica y la I+D de Defensa han escaseado y los programas sectoriales han sido difusos, salvo en Brasil y México, dos excepciones que confirman la regla con sus diferentes envergaduras, los cuales han planteado e implementado nuevas estrategias para el desarrollo industrial.

Por otro lado, y visto desde todos los ángulos ideológicos, la defunción de UNASUR exhibe la manifiesta debilidad para sostener instituciones propias ´no tutoradas´ por potencias militares de primer orden. Debido a que las alternancias de los gobiernos suelen traer el abandono de lo creado por sus predecesores, más aún cuando son tendencias partidarias incompatibles. El ALBA-TCP actualmente es una alianza devaluada y sin incidencia desde la profundización del aislamiento y empobrecimiento venezolano. 

Por añadidura, en el caso de la disolución de UNASUR, es útil recordar que se ponderaron aspectos internos por sobre las instituciones y los acuerdos creados sin plantear reajustes positivos. En este sentido, los gobiernos en Latinoamérica suelen condicionar con las prácticas y el discurso de la política doméstica la estrategia internacional de las naciones en sus ciclos de pocos años de mandato. Incrementando la incertidumbre por la desconfiguración de la política exterior y sus especificidades relacionadas a la diplomacia de la Seguridad y Defensa. En cuanto a Brasil, la desaparición de UNASUR no alteró sus planes de Defensa Nacional.

Tampoco puede dejarse de lado que la agenda estadounidense enfocada en OTAN, Rusia, Oriente Próximo y Lejano Oriente, desatendió y restó prioridad a sus alianzas en Latinoamérica; salvo en casos relacionados al crimen organizado, la inmigración ilegal y la crisis venezolana; teniendo más éxito con el bloqueo que en el intento de desmaterializar el régimen autoritario de Maduro imponiendo un ´poder paralelo´ con Guaidó.

Como contrapartida, América Latina nutrió su política exterior con Rusia, miembros de la Unión Europea, China y otros actores puntuales. Hay un parangón entre la situación de América Latina y África en el repliegue estadounidense, que habilitó el avance de Rusia y China oportunamente. Aunque deben destacarse en ambos casos la progresiva reactivación del SouthCom y AfriCom en este último tramo temporal.

¿Qué avances hubo  en Brasil y México?

De los países de la región pueden destacarse Brasil y México en su expansión tecnológica y vinculación estratégica internacional. Siempre en la referencial comparación de índole regional, ya que a escala mundial, solamente Brasil manifiesta un desarrollo de alianzas claves bajo un patrón firme de inserción internacional y desarrollo industrial equilibrado con peso específico. No obstante, la apuesta tecnológica en ambos países se basó en orientar el desarrollo industrial a modelos más modernos de clusters, coproducción, comercialización, servicios duales e incentivo a la I+D, dos ejemplos de notoriedad son los sectores: aeroespacial y naval adaptados a los diseños de Fuerzas Armadas y vinculados a la estructura económica en cada país.

La política y desarrollo del sector Defensa Nacional (como un todo) en los demás países ha sido ubicada en un ´espacio residual´, ejecutándose de manera inercial de acuerdo a los presupuestos y burocracias existentes. Perdiendo en su mayoría capacidades operativas y agenda internacional con el paso de los años. Esa ubicación secundaria de la Defensa expone a los países de la región a mediano y largo plazo  a converger en coyunturas apremiantes y subordinaciones indeseadas (específicamente con Estados Unidos y China por su confrontación actual). La relegación y desatención de los asuntos estratégicos en las agendas nacionales no elimina las amenazas y riesgos, por el contrario, los potencia e introduce más actores que pujan por el poder.

Debería asimilarse que la expansión regional de China (inicialmente basada en el intercambio) aumenta las tensiones con Estados Unidos debido a que, la penetración de Beijing, comienza a intensificarse en los aspectos políticos y militares, que si bien no se ha materializado con la instalación de bases, muchos países concuerdan ideológicamente en su rivalidad política con los Estados Unidos.  Rusia por su parte expandió y profundizó en estas dos décadas su política exterior en América Latina con las grandes potencias regionales sin dejar de lado a Venezuela y Cuba.

Los contextos advertidos luego de 20 años

El ataque a las Torres Gemelas inauguró el siglo XXI, que prosiguió con los conflictos de Afganistán, Irak, Israel versus Hezbollah, Siria, Libia, Yemen, Myanmar, Donbás (Ucrania) transitando hasta la actualidad donde perduran otros activos como los del Sahel y de Oriente Próximo (resabios de las primaveras árabes) en una lista extenuante, difícil de enumerar en éste artículo. Incorporando sorpresivamente, la guerra entre Armenia y Azerbaiyán. Claro está, que muchas de las contiendas bélicas dejaron su huella en occidente con ataques del terrorismo yihadista, en esos contextos, vale decir que: ´la propagación metastásica de la guerra no avistó sistemas de Seguridad Nacional característicamente proactivos´.

No caben dudas que la diplomacia ha sido la herramienta más valiosa que ha dado la civilización para proliferar la paz y generar desarrollo. El fortalecimiento del multilateralismo siempre otorgó puntos de partida y cimientos positivos para las sociedades. Empero, la degradación de los organismos internacionales y el anacronismo de sus procedimientos burocráticos se asocia a la calidad humana e intelectual de sus actores, más que a las instituciones propiamente dichas.

La plataforma de ´alta política´ que significa el teatro internacional y que llevó consigo a individuos destacados hoy se ha teñido de una burocracia global deslucida con lógicas endogámicas carente de capacidad y visiblemente irresoluta; es por ello, que muchas de las decisiones claves viraron hacia otros núcleos del poder político y económico.

“El aspecto genésico de la palabra y los acuerdos deberían ser acompañados de voluntades y capacidades; ´expresar no significa crear´. Principalmente, cuando alguna de las partes puede incumplir o percibir al otro como impotente en los planos más ásperos de la política, es decir: en el aspecto militar. Por ende, aquellos Estados y élites políticas en una posición débil, difícilmente pueden generar la paz, hacia dentro y fuera de sus fronteras”.

Núcleos duros actuales de la conflictividad global a tener en cuenta para Latinoamérica

Inclinándonos a los escenarios de la Post Pandemia de COVID-19, los diferentes efectos de la contracción económica planetaria y la debilidad de muchos Estados están estimulando la escalada en algunos teatros que ya se mostraban conflictivos en 2019.

A grandes rasgos podemos crear dos categorías que se superponen en un sistema multipolar y de alianzas con agendas diversas: la primera sería la de ´Liderazgo Global´ integrada por Estados Unidos (confrontada especialmente con China), Rusia (imponiéndose defensivamente hacia la OTAN y con una incipiente intervención en los conflictos armados focalizados) y China (siguiendo una gran trayectoria económica mundial que tiende a tornarse estratégica y militar en su compleja zona de influencia directa).

La segunda categoría, rodea agendas múltiples de ´expansión, consolidación y acceso a recursos´, donde intervienen todas las demás grandes potencias y las potencias medias: India, Japón, Corea del Sur, Francia, Reino Unido, Pakistán, Indonesia, Alemania, Italia, España, Turquía, Irán, Arabia Saudita, Israel, Egipto y Australia.

Y a su vez, se entrelazan mediante diferentes alianzas con aquellos países que detentan la superioridad global en agendas múltiples no lineales. Es destacable el rol que están llevando adelante los países europeos para ganar contratos de la industria militar y a su vez expandirse en el entramado de negocios en la zona del Mediterráneo; participando de la explotación de los recursos energéticos.

China posee numerosos frentes conflictivos en plena escalada, el primero con Estados Unidos (revalidado discursivamente por el presidente electo Biden), el segundo con India y el tercero con Taiwán, si bien existen otros asuntos tensos de menor porte en la región. Empero, en noviembre de 2020 se firmó el acuerdo RCEP de libre comercio entre 15 países que componen el 30% del PIB mundial. En el plano económico China se expande por toda la geografía mundial a pasos agigantados incluyendo América Latina.

En otro orden de la cuestión, algunas potencias occidentales apuestan a fortalecer las capacidades de Defensa en India, corrigiendo rápidamente las variables militares relacionadas a la dotación de tecnologías en cantidad y calidad (no olvidemos las tensiones y reyertas en la disputada frontera en 2020).  Es decir que en toda el área de Asia-Pacífico los actores estatales imprimen un nuevo espacio de participación que superpone conflictos y acuerdos comerciales al mismo tiempo. Por su parte, Rusia aprovecha las coyunturas para posicionarse rápidamente en el globo, un ejemplo es la nueva base naval en Sudán, que es la primera instalación militar en territorio africano luego de la disolución de la Unión Soviética. 

Tres focos de orden regional que introdujeron ´variables no convencionales´ en la pugna por el control de los recursos estratégicos

El desarrollo de numerosos conflictos internacionales debe tenerse en vista por los gobiernos latinoamericanos debido a que los recursos estratégicos y la infraestructura se colocan en un primer orden  de disputa por parte de las élites políticas contemporáneas. El petróleo, el gas, el suelo fértil, los minerales, el agua, las vías navegables, etc.; son objetivos prioritarios en las pendencias contemporáneas.

Es necesario tener presente que existe un rápido abandono a utilizar la guerra como último recurso, hay élites que definen su razón de ser en el conflicto armado permanente por fuera de sus fronteras y de los márgenes defensivos; casos como el de Irán o Turquía son un ejemplo.

Expansión iraní y balance de poder en Oriente Próximo

Podemos afirmar que el régimen iraní ha logrado expandirse como nunca (colindando militarmente con Israel por su influencia en Líbano y Siria). Innegablemente, con el aporte de sus capacidades militares se extendió ininterrumpidamente en una década. 

Agregándole contenido ideológico a los intereses tangibles, arrogan una noción política enmarcada en los determinismos de acciones prefijadas que llevan a un futuro estrictamente más apocalíptico. La élite iraní también ambiciona apropiarse de Arabia Saudita y lo ha demostrado con su participación en Yemen (apoyando a los rebeldes Hutíes), cuestión que enciende la alarma de los analistas y decisores; ya que se presume como ´acto consumado´ la mantención de distintos frentes de hostilidades a lo largo del tiempo. La proliferación nuclear de Irán con fines militares determinará el escenario futuro para toda la órbita de Próximo y Medio Oriente.

Energía y disputas en el Mediterráneo Oriental

“El descubrimiento de los yacimientos de gas en el mar Mediterráneo cambió el mapa energético regional. Los Estados buscan consolidar la explotación del recurso mejorando sus capacidades militares para garantizar que Turquía no acceda ilegítimamente a ellos. El gobierno turco reclama en diferentes frentes el derecho a acceder al gas y promueve la escalada del conflicto, incluso en el plano militar”.

Turquía, hoy bajo el gobierno de Recep Erdogán, también incorporó elementos a su fórmula política que se encapsulan en el neo-otomanismo y al hado gentil de las grandes conquistas pasadas, llevándose por delante la moderación que marcó su prolífico Islam moderado y la concordia multicultural en la región. Las actitudes y acciones del gobierno turco perturban a los miembros de la OTAN progresivamente.

El intento de acceso a los recursos energéticos del Mediterráneo (basados en fundamentos de orden limítrofe) y su injerencia en los conflictos de Siria y Libia son acompañados siempre de actos y discursos relacionados al campo religioso orientado al regodeo populista, recordemos que la antigua Basílica de Santa Sofía fue transformada actualmente en mezquita, lo que trajo más rechazo entre los Ulemas del Islam debido a que no existe ley coránica o tradición de la sunna del profeta Muhammad que habilite la apropiación de templos religiosos que en las instituciones cristianas de la región o por la queja de los gobiernos occidentales frente a esa actitud hacia un templo que era considerado patrimonio de la humanidad y estaba exenta de las disputas religiosas.

Turquía desafía y altera la relación volumétrica de la política regional en el mediterráneo oriental: Grecia, Egipto, Chipre, e Israel reacomodan sus lineamientos estratégicos en función de estos nuevos roles que otorga la explotación del gas en el mar y el petróleo libio. Un detalle destacado, es la capacidad de la élite turca de conjugar las capacidades de sus Fuerzas Armadas, la tecnología aeroespacial y las milicias yihadistas para cambiar el curso de las guerras; lo hizo en Libia (repeliendo el asedio a Trípoli llevado a cabo por el LNA) y en el conflicto de Nagorno Karabaj en su explicito apoyo al gobierno Azerí de Ilham Aliyev.

Nilo Azul y GERD

El tercer conflicto a tener en cuenta se circunscribe sobre el cauce del Nilo Azul en Etiopia debido a la construcción de la Gran Presa del Renacimiento (GERD por sus siglas en inglés), sobre este asunto se pueden vislumbrar los diferentes recursos que se ponen en juego: la mega-infraestructura hidroeléctrica, el recurso hídrico, la planificación agrícola y ganadera de la región; esta compleja problemática reúne a la Republica de Sudan y Egipto como actores más perjudicados en términos de accesibilidad al agua e incrementa los niveles de tensión en el continente africano, ya que  desde la Unión Africana no se han logrado consensos firmes.

Hay que recordar que las negociaciones tripartitas datan de 2011 y han convocado incluso a las potencias mundiales en un intento fallido de resolución. En dicha crisis la ´variable militar´ entre los actores involucrados se encuentra altamente presente y establece varias hipótesis de conflicto factibles, incluidas las no convencionales, ya que Etiopía posee numerosos enfrentamientos internos entre el gobierno federal y la milicia del FLPT en la región de Tigray. Debe notarse como elemento yuxtapuesto la cuantiosa presencia de bases militares extranjeras en los países del Cuerno de África que ejercen presión en el contexto de riesgo citado.

Deconstruyendo actitudes de políticas públicas de Defensa en América Latina

Como corolario de estos 20 años, América Latina presentó algunos frentes de inestabilidad política tangible en la etapa 2019-2020: 1- el proceso boliviano donde se materializó un Golpe de Estado Cívico-Militar (ya neutralizado con la elección de un nuevo gobierno constitucional y democrático); 2- Chile, con el estallido social que convulsionó la seguridad interna (crisis desactivada con la decisión de llevar adelante el referendo nacional que cambiará la vetusta Constitución Política de 1980); 3- Perú, con la crisis de representatividad (en proceso); 4- El permanente problema fronterizo en Colombia y Venezuela. Sumado a la decrepitud del régimen autoritario de Venezuela  que podría desencadenar una mayor inestabilidad en la seguridad regional y utilizarse como pivote para la confrontación de las potencias de primer orden. 

En este marco situacional de debilidades institucionales, y por las experiencias descriptas ut supra, vale insistir en que el rol de las Fuerzas Armadas del hemisferio occidental deben estar enmarcadas en la democracia, el Estado de Derecho y bajo la conducción y control de los poderes del Estado. De hecho, los avances en el rol de las Fuerzas Armadas en materia del control y conducción política de la Defensa en la mayoría de los países se han consolidado (aunque en los niveles de autonomía organizacional difieren de acuerdo a cada país). Ahora bien, dicho panorama filtra otras variables que tienen vinculación con el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas en su faceta de ´capacidades operativas´. Cuestión que sigue siendo una deuda pendiente en la mayoría de países de parte de las gestiones gubernamentales federales.

Retomando nociones substanciales, puede enfatizarse que todos los Estados democráticos poseen una actitud defensiva, ese concepto que le asigna derecho a activar su sistema de Defensa de agresiones externas de otros Estados (sumando las estratagemas subrepticias no convencionales) tiene que ser materializado —conditio sine qua non—  con capacidades operativas reales y efectivas.

El contexto internacional está demostrando los cortos márgenes entre la paz y la guerra; es por ello, que los gobiernos deberían desarrollar sus Fuerzas Armadas creando primero estrategias sostenibles y alianzas estables respetando los márgenes de la soberanía nacional. Cabe afirmar, que en las dos décadas pasadas sin conflictos armados entre Estados no se aprovechó la oportunidad de repotenciarlas en la mayoría de los casos de la región.

Presupuestos de Defensa Nacional y creatividad política

En cuanto al análisis de los alcances de las políticas públicas de Defensa en América Latina puede advertirse en su generalidad la escasa incidencia real que han tenido en el desarrollo de las Fuerzas Armadas las gestiones gubernamentales en Defensa. A pesar que en la mayoría de los casos, los presupuestos crecieron. Esto se debe a una falta de percepción de la política exterior, la escasa priorización de la Defensa como tema de agenda nacional y la falta de innovación hacia dentro de los ministerios para crear planes y programas acordes a los contextos de ciencia y tecnología contemporáneos.

En este punto, sirve sumar a los ´pretextos presupuestarios´ el diseño organizacional de los ministerios, las inercias burocráticas y la ´excesiva politización en temas de fomento industrial y científico-tecnológicos sectoriales´ sin tener ejecutividad en la toma de decisiones del máximo nivel político.  El ímpetu de las gestiones de defensa en justificar objetivos y metas connaturalmente irrealizables de desarrollo industrial como elemento de consumo político-electoral ha desvirtuado el sentido material de los requerimientos reales de las Fuerzas Armadas en la región. La brecha entre ´lo requerido y lo adquirido´ es enorme, y el estado de atraso se profundizó más en aquellos países que tienen embargos de armas.

Paralelamente, los gobiernos han tratado de mantener activos sistemas que se han repotenciado que bajo un criterio lógico hubieran sido dados de baja hace tiempoaumentando los riesgos en el adiestramiento y las operaciones que se llevan adelante. Incluso en la esfera de los ejercicios conjuntos  y combinados internacionales ´de relevancia´ las Fuerzas Armadas de América Latina tienen una escasa participación por el añejo material con el que cuentan, lo que les resta paralelamente incidencia y protagonismo en la política internacional. La clase política regional no asume el valor simbólico y real de la variable militar en las Relaciones Internacionales.

Asimismo, la endogamia ministerial muestra una actitud de gestión inercial en la mayoría de los países. Acentuado las prioridades de las agendas de corto plazo de los ministerios, posponiendo temas estratégicos y de inversiones que son de largo plazo. Esto tiene vinculación al nivel de preponderancia que se otorgan a las agendas diplomáticas y al sistema de alianzas que establezcan los mandatarios. La agenda de las Relaciones Exteriores está íntimamente ligada a las de Defensa.

En otro orden de la cuestión, los ´liderazgos demodé´ han propulsado y deprimido los asuntos estratégicos nacionales contaminando la política exterior con actitudes de la política doméstica, incluso la desarticulación interministerial se muestra como rescoldo de las internas políticas de los gobiernos. Muchos Presidentes, Parlamentarios,  Ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores se han expresado y tomado decisiones con escaso conocimiento de la cuestión de la Seguridad Internacional. Que a nivel externo, degradó la confianza entre Estados intra y extra regionales. Estos elementos impactaron directamente en la capacidad de desarrollo, ya que las industrias de Defensa en la actualidad se estructuran y articulan a nivel  mundial. Las cadenas de valor global y las de suministros son un indicio claro que el desarrollo viene de la mano de la cooperación internacional con base en alianzas permanentes y fiables. Un camino que, en sus primeros pasos, comenzaron a transitarlo Brasil y México. 

 

* Especialista en Seguridad Internacional, Geopolítica y Estrategia. Licenciado en Ciencia Política, con especialización en Administración Pública, por la Universidad Nacional de Rosario, Obtuvo el título de posgrado de Magister en Defensa Nacional de la Escuela de Defensa Nacional Argentina (UNDEF). Ha cursado la Maestría en Gestión de la Ciencia, La tecnología y la Innovación en la Universidad Nacional de General Sarmiento. Conforma el Comité Nacional de la Cámara Argentina de Profesionales en Seguridad integrada (CAPSI), siendo el coordinador de cooperación Internacional.

 

Prohibida su reproducción.

©2021-saeeg®

 

LA DESTRUCCIÓN DEL PUERTO DE BEIRUT Y EL “NUEVO ORDEN” EN ORIENTE MEDIO

Giancarlo Elia Valori*

La poderosa explosión que arrasó el puerto y parte de la ciudad de Beirut el pasado 5 de agosto, a las 6 de la tarde, con un saldo de muertos desconocido pero al menos superior a 150, con 4 mil heridos, 300.000 mil personas dejadas fuera del hogar, fue generado por la explosión de 2.750 toneladas de nitrato de amonio, residuo de un extraño “negocio” de una empresa, con sede chipriota, propiedad de un pequeño “oligarca” ruso, material nunca reclamado ni utilizado de otra manera. Los marineros no remunerados del oligarca fueron repatriados por los Organismos Internacionales.

La gran explosión generó, cabe señalar, un terremoto de magnitud 3,5 Richter.

Mientras tanto El Líbano espera el veredicto sobre el asesinato de Rafik Hariri que tuvo lugar, con un acto terrorista en 2005. Los acusados son sólo cuatro, in absentia, pero todos pertenecientes a Hezbollah, que también fue el partido político fundamental para apoyar al gobierno libanés, que acaba de dimitir.

Sin embargo, muchas fuentes, incluso en Estados Unidos, piensan que las órdenes del ataque contra Rafik fueron de los propios saudíes. Piense aquí en ese mismo Saad, el hijo, que fue “secuestrado” en un hotel de lujo, por Mohammed Bin Salman por deudas, en 2017, para regresar tres semanas después.

Otra pieza inevitable del tema: el default del Estado libanés, anunciado oficialmente el pasado mes de marzo por el primer ministro Hassan Diab, un “independiente” acogido por Hezbollah.

Sin embargo, cabe señalar que los bancos privados libaneses todavía tienen un excelente bocado de capital disponible, justo a tiempo, antes del despojo de lo poco que queda del Estado.

En ese momento, el default se hizo sobre una deuda de 1.200 millones de eurobonos y ya con una relación deuda/PIB del 170%, los eurobonos no se reembolsaron, sino para comprar importaciones de bienes primarios.

El Líbano lleva un tiempo funcionando con una economía imaginaria, con las reservas de divisas del Banco Central, para todas las monedas, reducidas a US$ 29 mil millones que, entre los bonos con los bancos locales y las reservas fijas y más, se reducen a sólo 4 mil millones que son útiles para pagar la deuda.

Posteriormente, el Fiscal suspendió la actividad de 20 bancos libaneses el 5 de marzo.

Pero muchos expertos locales juran que algunos bancos locales todavía están llenos de depósitos. Lo cual es muy probable. Y quien esté planeando el default político de El Líbano no espera nada más.

Un país económicamente destruido, por tanto, al que la explosión asestó el golpe final. La explosión, entonces, puso en un instante el complicado sistema constitucional de división entre drusos, chiítas, sunitas, cristianos y otras etnias que habían construido el castillo de naipes de los distintos gobiernos.

Las masas, con las finanzas que ya no existen y el turismo se evaporaron con el Covid-19, por lo tanto con una economía reducida a cero, siempre se manifiestan juntas y ya no perciben las diferencias religiosas en las que sus viejos “emprendedores políticos” habían hecho fortuna.

Las viejas facciones, entonces, ya no tienen recursos selectivos para distribuir, por lo que, con la relativa excepción de Hezbollah, ya no tendrán seguidores.

Aquí me viene a la mente un documento reciente del Carnegie Endowment for International Peace, “Destroyng Lebanon to Save It”, que reporta un documento que salió del ambiente republicano, con un proyecto final muy simple: integrar al Líbano en el sistema estadounidense contra Irán. Lo veo difícil.

Pero luego la ejecución reportada por el documento del Think-Tank estadounidense establece que ni el Fondo Monetario Internacional debería dar ni un dólar a Beirut, un puerto que los chinos querían comprar, pero ahora llegan a Trípoli donde hay otra pieza.

Ni siquiera un dólar, pero solo hasta que las masas libanesas se vuelvan claramente contra la corrupción y sobre todo contra Hezbollah que, además, es la única red de bienestar religiosa disponible hoy en día en un Estado fallido.

Para Estados Unidos, o para sus republicanos, cuando intentan pensar en política exterior, por tanto, la estabilidad de El Líbano es un dato irrelevante y, de hecho, negativo ya que se convertirá en un activo estratégico para Irán y el propio Hezbollah en el futuro.

Pero los libaneses, como un solo hombre, pero cada vez más enfermos y hambrientos, deberían clamar por “libertad” y “guerra contra los tiranos”, que también tienen su propia fe, cultura y hábitos. Los mejores deseos.

Ni siquiera con los dramas del Instituto Einstein podrán transformar a los libaneses. Otra pieza. O destruyen El Líbano, o deben intentar, no con esta tontería democrática, tomarlo todo en una sola pieza y no en alguna facción.

Por lo tanto, el nitrato de amonio en el puerto de Beirut ya ha transformado el Medio Oriente de una manera radical.

Los efectos serán, y de hecho ya son: a) la obvia desestabilización de El Líbano, que pasará a formar parte de los nuevos bloques en formación o simplemente un paso hacia Siria, para volver a desestabilizarse, y al final Irán, entonces hay, b ) el control y desestabilización del flanco sur de la Franja y la Ruta de China, d) la reducción de Hezbollah ad nihilo, sin más redes locales y coberturas, e) la creación de una guerra infinitamente larga en Siria para luego desestabilizar Irán, finalmente la entrada de Turquía a sus nuevas áreas, en Siria y para apuntar también a Jordania, que ahora es un Estado fallido.

Con 1,4 millones de refugiados sirios viviendo de préstamos del FMI cada vez más “largos” nos hacen prever, para el Gran Rey y su pequeño reino jordano, un futuro “trato” libanés.

Hay otros dos elementos en el escenario libanés que han cambiado recientemente. Los ajustes geopolíticos, para países que importan poco, se hacen sin cumplidos y en poco tiempo.

Aquí está la cuestión: la nueva configuración de pozos de gas natural y petróleo entre Chipre y Egipto, a través del Líbano e Israel. Hablaremos de eso.

Luego, la crisis del covid-19, un acelerador para la creación de Estados fallidos, generadores de migración, como en África, o de operaciones de “golpe y fuga” sobre sus materias primas. Como en África.

Y, en cualquier caso, la cuestión del gas y el petróleo en el Mediterráneo oriental es fundamental para su nueva “reelaboración” posterior a la destrucción del puerto de Beirut.

Turquía, por ejemplo, con un Líbano inexistente, puede cerrar su Zona Económica Exclusiva desde la costa libia de Trípoli hasta Kastellorizo, en la frontera de Grecia, y luego llegar no solo a las zonas grecochipriotas, sino a las costas ya libanesas.

El arco de cierre de los intereses petroleros turcos en el Mediterráneo.

Por supuesto, con la mozzarella enmohecida alrededor, Erdogan lo pasará bien.

En el primer año de producción, los hidrocarburos costeros del Líbano podrían generar al menos 8.000 millones de beneficios. Si Turquía pierde su papel en el mundo del gas del Mediterráneo oriental, también lo perderá como socio del gasoducto de Rusia. Ankara ni siquiera piensa en eso. Aquí hay otra clave.

Luego está el papel de Arabia Saudí. Por lo general, El Líbano se utilizó para un juego de equilibrios y escaramuzas entre los saudíes y Damasco, con referencia a Irán.

El canal de Riad en El Líbano, la familia Hariri, siempre ha sido clandestino.

Pero, tras el asesinato de Rafik Hariri los saudíes también se están acercando lentamente al régimen de Damasco y, por tanto, a la influencia “legítima” que ejerce Damasco sobre El Líbano.

Mejor los Assad que Irán o los Hezbollahs, piensan en Riad.

Con el comienzo de la guerra en Siria, sin embargo, se produce un bloqueo completo y lógicamente inevitable de la política en El Líbano: los chiítas con Irán, del lado de Assad, incluso a menudo empleados directamente en suelo sirio, pero los saudíes fuertemente alrededor de Hariri, para mantener un grupo sunita no vinculado directamente al enfrentamiento sirio. Los cristianos y otras tradiciones religiosas se dividieron entre el pacifismo y el compromiso con Damasco.

Llegamos a febrero de 2016, cuando el Reino Wahabí bloqueó US$ 3.000 millones de ayuda militar para las Fuerzas Armadas y mil millones adicionales para seguridad. Actualmente, hay propuestas de ayuda financiera de los saudíes, pero solo en condiciones económicas y políticas muy estrictas.

Otra pista: Arabia Saudí ya no está interesada en la unidad del Líbano como país.

A estas alturas, en medio de acuerdos con el apoyo de Israel y de Estados Unidos, así como una nueva reconfiguración de las relaciones entre Riad, los Emiratos y Egipto, los saudíes ya no necesitan una base traicionera y muy fragmentada contra Irán, como lo fue El Líbano.

En todo caso, para los Al Saud sería necesario crear divisiones muy fuertes en la sociedad libanesa, que son imposibles hoy en día, para contrarrestar la influencia de Hezbollah.

Otra pista: evitar, por parte de quienes ordenaron o llevaron a cabo el ataque, con la destrucción del Líbano, la creación simultánea de una “Unión del Levante” entre Chipre, El Líbano, Irak, Palestina (ANP) Jordania, Egipto, que llevaba años al aire y que habría supuesto un bloqueo importante para los fines de algunos actores internacionales.

África ya ha organizado su Área de Libre Comercio Continental Africana, exactamente desde mayo de 2019, por un PIB negociado previsible de US$ 2 billones en promedio.

El “Levante” ofrecería acceso directo a los puertos de China, otro elemento que los que están desestabilizando al Líbano no quieren en absoluto. Otra pista.

Por supuesto, El Líbano actual no debería esperar un rescate financiero del resto del mundo.

Beirut, o lo que queda de ella, necesita de inmediato entre US$ 20 y 24 mil millones en financiamiento externo. El déficit fiscal es del 11,6% del PIB y la relación deuda/PIB es del 170%, como hemos visto.

El tipo de cambio oficial entre la lira y el dólar es 1: 2000 y superior.

Por supuesto, la fuga de capitales no se controla.

Otra pista muy importante es la nueva relación entre los Emiratos Árabes Unidos e Israel.

En el caso de Abu Dhabi, los Emiratos ya han colocado a Hezbollah entre las organizaciones terroristas y han condenado a Hamas.

No fue un proceso corto, pero la lógica de la colaboración es casi natural: tanto países como áreas, Israel y los Emiratos, especialmente Abu Dhabi, están vinculados a Estados Unidos, tienen buenas relaciones con Egipto, tienen los mismos intereses anti-iraníes. E intercambian inteligencia seleccionada durante mucho tiempo.

Para Israel, es la llegada a mercados muy ricos, para los Emiratos Árabes Unidos un nuevo aliado que también es una importante potencia militar regional.

Sin el peligro saudí y emiratí, el viejo Líbano ya no es necesario para los israelíes.

Para Rusia, sin embargo, existe el peligro de que el post-Líbano se reduzca a un corredor entre el Mediterráneo y las áreas de tensión en Siria y luego hacia Irán, debido a una renovada guerra de “estabilización” entre Damasco, Bagdad y, en el futuro, Teherán.

Sería el final del gran proyecto de Moscú que hasta ahora se ha logrado con la victoria en Siria, con el mínimo gasto de fuerzas, y la estabilización del régimen de Bashar el-Assad, amortiguador entre la costa de Oriente Medio y la zona islamista en contacto directo con la Rusia.

Por otro lado, la Federación de Rusia teme que Damasco caiga en manos de las diversas facciones yihadistas y terroristas, pero no quiere entrar directamente en la arena post-Líbano.

Pero Moscú sigue directamente tanto las redes del terrorismo islámico, actualmente muy activo en El Líbano, como los diversos movimientos anteriores a la guerra de algunos países occidentales.

¿Qué querrá entonces Rusia del caos libanés? El cierre de las fronteras hacia Siria, el bloqueo del paso a Siria de los yihadistas destinados a desestabilizarla por orden ajena, la no exportación regional de la crisis libanesa por parte de occidentales.

Otra pista: la próxima crisis de refugiados. En todos los ámbitos (esto también es una pista) en los que algunos están transformando sus connotaciones políticas, demográficas, estratégicas y geopolíticas, es más fácil crear refugiados para utilizarlos como masa de presión, chantaje, incluso guerra económica, que mantener a las viejas poblaciones en el sitio. Otros pagarán por ellos.

El Líbano ya tiene 1,5 millones de refugiados de sus guerras periféricas a los que no concede ningún derecho.

Jordania alberga a otros 780.000 refugiados, pero el Reino Hachemita ya está en la mira de los “grandes transformadores” de Medio Oriente, los que escriben nuevas fronteras con bombas con la misma facilidad con la que Sykes y Picot las redibujaron con lápices y reglas.

No habrá nuevos inmigrantes a la UE desde El Líbano: las poblaciones “excesivas” se dirigirán al resto de Medio Oriente o emigrarán, aparte de la epidemia de Covid-19, al Nuevo Mundo. Aquellos que ya han “cargado” a los Estados más estúpidos de la UE, como el nuestro, con inmigrantes africanos, no tienen ningún interés en aumentar la dosis, lo que haría imposible la respuesta política y, quizás, militar de algunos países de la UE en el post-Líbano. Lo cual será solicitado con enojo. Y también tenemos a la FPNUL II, para evitar que caiga como rehén de nuevos “pacificadores” o actores regionales sin escrúpulos.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor.

©2020-saeeg®

 

EL ACUERDO MILITAR ENTRE SIRIA E IRÁN

Giancarlo Elia Valori*

El 8 de julio pasado, el Jefe del Estado Mayor iraní, Mohammad Baqeri, y el Ministro de Defensa sirio Ali Abdullah Ayub firmaron un acuerdo en Damasco —definido como “completo”— para reforzar la cooperación militar entre los dos países.

Como ambos dijeron, este acuerdo fortalece la cooperación militar entre Irán y Siria, especialmente en relación con el aumento esperado de la presión estadounidense sobre la región. Además, Irán fortalecerá los sistemas de defensa aérea sirios y mejorará el entrenamiento de las tropas y el armamento actualmente disponible para el ejército sirio.

El 1º de julio, Erdogan, Putin y Hassan Rouhani se habían reunido —por videoconferencia- dentro del llamado “formato Astana” para regular sus relaciones dentro del territorio sirio y planear un futuro tratado de paz con Siria, con exclusión de Estados Unidos y otros países occidentales. Mientras tanto, el Primer Ministro israelí ha dicho: “No permitiremos que Irán establezca presencia militar en Siria”. Es una elección totalmente natural, pero no creemos que —en una perspectiva de confrontación militar limitada entre Israel e Irán— Estados Unidos proporcione más que una ayuda simbólica al Estado judío. Un hecho estratégico importante es que este nuevo acuerdo deja de lado la relación tradicional entre Siria y Rusia, tanto defensiva como tecnológica y políticamente.

Rusia ya ha puesto sus misiles Pantsir y S-300 operativos en territorio sirio, pero en las Fuerzas Armadas Sirias se rumorea que estos sistemas de armas no han sido deliberadamente capaces de afectar a las armas israelíes y los ataques aéreos en Jerusalén.

La cuestión es clara: Rusia no activa sus misiles S-300 porque no tiene intención de golpear al Estado judío. Obviamente esto no está en los planes de Siria, que considera la amenaza aérea de Israel como un peligro existencial para el Estado sirio. El papel de Irán será golpear a Israel desde territorio sirio o penetrar en la región israelí con sus propias fuerzas especiales.

Ciertamente, el signo de la separación parcial por parte de la Siria de Assad de la Federación de Rusia es significativo, aunque no parece decisivo, teniendo en cuenta que tanto Rusia como Irán siguen apoyando a Siria.

Sin embargo, es un intento de “sustitución” estratégica que podría tener efectos a largo plazo. Además, algunos analistas rusos señalan que —también en las fases calientes de la guerra entre Assad y los “rebeldes” apoyados por Occidente— la presencia de las tropas iraníes era escasa, mientras que muchos voluntarios chiítas de varias zonas, Pasdaran y muchos asesores militares fueron enviados desde Irán a Siria. La presencia iraní en la guerra siria nunca ha sido masiva, pero, ciertamente, sigue siendo muy importante. Irán, en particular, ha financiado y entrenado a los grupos armados pro-Assad, pero actualmente el presidente sirio tiene que detener —ciertamente sin ayuda rusa— los ataques aéreos israelíes, que a menudo golpean zonas donde también operan los militares iraníes.

Evidentemente, las operaciones israelíes en Siria también han causado daños significativos a las redes y sistemas nucleares de Irán: un incendio en Natanz, a principios de julio, así como la explosión al oeste de Teherán hace unos días, y las nuevas explosiones en Garmdareh y Qods. El 26 de junio de 2020, hubo un incendio en una fábrica de misiles en Khojr, y otro en Shiraz, además de la explosión en una clínica médica el 30 de junio, con 19 víctimas, así como un gran incendio el 3 de julio, de nuevo en Shiraz, y finalmente un incendio y una explosión en Ahwaz. Una secuencia tan racional y bien programada muestra que estos incidentes, a menudo trivializados por el gobierno iraní y su propaganda, son cualquier cosa menos aleatorios.

Obviamente, sin embargo, son sitios importantes para el proyecto nuclear iraní: por ejemplo, la explosión del 1º de julio golpeó el Centro de Ensamble de Centrífugas de Irán (ICAC) en la zona de Natanz. No obstante, todos los expertos y técnicos nucleares iraníes, también los que se encuentran dentro del proyecto de Teherán, suponen un retraso en la ejecución de todo el proyecto en al menos uno o dos años.

Sin embargo, veamos las fechas y la importancia estratégica de la energía nuclear de Irán: en mayo de 2019 Hassan Rouhani anunció que Irán se retiraría unilateral pero progresivamente del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) firmado por Irán en 2015 junto con el P5+1, es decir, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania y la Unión Europea.

Cabe recordar que los Estados Unidos habían abandonado la JCPOA un año antes, en mayo de 2018.

La “máxima presión posible”, es decir, el endurecimiento máximo de las sanciones, anunciado por los Estados Unidos en el momento de su retirada del Acuerdo de Viena, dio lugar a algunas manifestaciones en noviembre, duramente reprimidas por el régimen iraní, que dejó hasta 180 muertos sobre el terreno.

Sin embargo, es probable que al romper permanente y sistemáticamente el Acuerdo de Viena de 2015, Irán quiera mostrar señales no de construir la bomba nuclear, sino de presionar a la comunidad internacional para que levante las sanciones.

Mantequilla primero, luego armas —sólo para citar una vieja broma. ¿Dónde podría Irán lanzar su bomba nuclear? ¿Sobre Israel, que sin duda quiere “borrar del mapa”, pero con el gravísimo peligro de una contraoperación nuclear por parte de Israel contra los sitios económicos y militares más importantes y las ciudades iraníes más pobladas?

¿En Irak, que ya tiene una mayoría chiíta, actualmente bien controlada por los Servicios de Inteligencia iraníes?

¿O en Arabia Saudí? Cada elección abstractamente posible tiene muchos más efectos secundarios que las evaluaciones positivas y racionales. Pero los tomadores de decisiones iraníes no son tontos o minus habens.

Sin embargo, si Irán reduce su cumplimiento de la JCPOA cada dos meses —como parece hacer hoy— tendrá hasta tres oportunidades, desde ahora hasta las próximas elecciones estadounidenses de noviembre, de “endurecer” su sistema nuclear. Esto sin duda tendrá un efecto significativo en el debate político y electoral de Estados Unidos. Este también será un efecto bien organizado, elegido racionalmente por los ayatolás. Obviamente, el presidente Trump fortalecerá el sistema militar estadounidense en el Medio Oriente y esto sin duda disgustará a una gran parte de sus votantes. Irán implementará su estrategia básicamente no convencional (pero aún no nuclear), que consistirá en ataques contra buques cisterna en el estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico; de operaciones “pesadas” de los Kataib Hezbollah en Irak; de una operación probable en la zona chiíta de Afganistán, capaz de romper el muy tenue acuerdo entre los Estados Unidos y los talibanes de febrero de 2020; de un fortalecimiento de la presencia de los “rebeldes” chiítas hutíes o, finalmente, de otra probable operación iraní en El Líbano y, precisamente, de este acuerdo entre Irán y Siria. El criterio inicial de Irán es el de la “paciencia estratégica”.

Esto no implica en modo alguno la exclusión del armamento nuclear, sino que se refiere al uso de sus fuerzas convencionales, mientras que las armas nucleares se lanzarán sobre el agresor o sobre Israel, sólo en caso de un peligro existencial extremo para el Estado. Por otro lado, la “paciencia estratégica” iraní tiene otro propósito: separar a la UE de los Estados Unidos y crear un corredor económico entre Irán y algunos países europeos. Hasta ahora, la UE no ha demostrado ser capaz de reaccionar de manera autónoma a la política estadounidense hacia Irán: han transcurrido dos años y, por lo tanto, con el discurso antes mencionado, Rouhani ha adoptado una estrategia “más dura”. Por lo tanto, el Presidente iraní ha anunciado que Irán seguirá apartándose de las disposiciones de la JCPOA hasta que los demás signatarios del Acuerdo de Viena de 2015 garanticen a Irán el libre acceso al sistema financiero mundial y la libre venta de petróleo iraní.

En otras palabras, cualquier “endurecimiento” del régimen ayatolá sobre la cuestión nuclear irá seguido de una posible apertura ad hoc de Irán a los mercados europeos. Si la UE está de acuerdo en este proyecto, a partir de entonces Irán detendrá su retirada de la JCPOA, de lo contrario su salida del Acuerdo de Viena continuará al ritmo habitual. Hasta ahora, sin embargo, los Estados Unidos han reforzado aún más su sistema de sanciones, mientras que la UE ha amenazado con iniciar el sistema de solución de controversias de la JCPOA. Por lo tanto, la salida final de Irán del Acuerdo de Viena se ha materializado de nuevo, pero tanto Estados Unidos como la UE —que tiene la misma política exterior que un nido de hormigas— deberían darse cuenta de que la amenaza no nuclear y nuclear de Irán es terriblemente grave y podría afectar negativamente a los intereses primarios de ambas regiones occidentales. Hay sobre todo el chantaje a Israel, que también es terriblemente grave, incluso si Irán imaginara una estrategia nuclear “al estilo de Samson”, es decir, su eliminación junto con el enemigo.

Además, el Estado judío considera acertadamente a la UE una guarida de antisemitas que no hace ninguna política exterior (por ahora, ni siquiera sus Estados miembros), mientras que los Estados Unidos conciben y desarrollan su política exterior, sea buena o mala, sólo para el horizonte temporal de una elección de mitad de período. Israel, en cambio, tiene una política militar y estratégica muy estable, pero inevitablemente necesita aliados igualmente estables. No es casualidad, de hecho, que en los últimos dos meses Irán haya fortalecido no sólo el proyecto de abandonar el JCPOA, sino también sus diversas operaciones militares convencionales o las de sus representantes en el Gran Oriente Medio: sólo piensen en la captura del petrolero británico hace un año, así como los dos buques cisterna incautados —probablemente por los Pasdaran— en el Golfo de Omán en junio de 2019, y las muchas operaciones similares llevadas a cabo por la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

La idea de Irán es hacer sentir sobre todo a los europeos el “peso” de estar de acuerdo con los Estados Unidos en cuanto a las sanciones contra Irán, así como golpear las líneas de suministro de los países europeos —coincidentemente de los más cercanos a las posiciones de Estados Unidos, como el Reino Unido— para hacerles entender que Irán puede dañarlos significativamente sin recurrir a una guerra convencional o nuclear. La “línea política” iraní de los encargados de la toma de decisiones sigue siendo básicamente la establecida por el ayatolá Jamenei, poco después de la retirada de Estados Unidos de la JCPOA, que define dos criterios básicos: Irán seguirá aplicando el Acuerdo de Viena, aunque a un ritmo muy lento y —por otro lado— Irán está listo para una posible retirada definitiva de la JCPOA.

Esta es exactamente la mejor definición de “paciencia estratégica”. Además, la posición estratégica del presidente Trump es inexistente: ¿qué hará Estados Unidos si Irán abandona definitivamente la JCPOA? ¿Impondrá otras sanciones además de las actuales? Incluso es difícil imaginarlas.

¿Qué haría la UE en caso de crisis —incluso sólo convencional— que detendría el flujo de petróleo desde el Golfo Pérsico?

¿Cuáles serían las posibilidades de una presión política seria y eficaz sobre Irán para detener sus operaciones convencionales, que podrían llegar con seguridad incluso a la región del Mediterráneo Oriental?

En cuanto a la ruptura “bimensual” de la JCPOA por parte de Irán, los líderes iraníes han superado el límite establecido por el Acuerdo de Viena sobre la producción de agua pesada. También han eliminado todos los límites de la investigación de las centrífugas —de hecho, las destruidas en Natanz eran del último modelo— y finalmente han comenzado de nuevo a enriquecer uranio en las instalaciones de Fordow. Efectivamente, todo parece haber sido puesto en marcha por Irán para calibrar —lenta pero seguramente— la presión sobre los Estados Unidos y sobre los líderes ineptos de la UE, mientras que también hay que recordar que, debido a sus características geológicas, la planta de enriquecimiento de combustible Fordow es muy difícil de eliminar con un ataque dirigido. ¿Cuáles son las perspectivas estratégicas iraníes durante la restricción progresiva de la validez del JCPOA? ¿Ataques con misiles en territorio saudí, como ya ha ocurrido?

Si Estados Unidos levantara las sanciones, Irán demostraría que puede derrotar al “gran Satanás” y las demandas de Irán, especialmente a la UE, aumentarían. Se referirían a las relaciones entre los Estados Unidos e Israel.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor.

 

©2020-saeeg®