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ME VUELVO A ILUSIONAR

Iris Speroni*

Pueblo 1, Gobernantes 0.

 Quiero ganar la tercera

Quiero ser campeón mundial

Fernando Romero

 

Escribo esto el día anterior a la final de la Copa Mundial de Fútbol. Así que, obviamente, no sé cuál será el resultado.

Cualquiera sea, no invalida las conclusiones que podemos obtener de esta maravillosa aventura colectiva que hemos vivido millones de personas estas últimas semanas.

Sobre geopolítica, soft power en Relaciones Exteriores, el destino manifiesto del Gran Pueblo Argentino (¡Salud!), y sobre nuestro futuro de grandeza, que está al alcance de la mano. Arrancamos.

La canción elegida como preferida por el público, creada por Fernando Romero e interpretada por La Mosca, tiene mucha tela para cortar. No voy a analizar sus méritos artísticos, porque me excede. Me referiré al contenido.

Es un compendio de los amores del pueblo, en feliz desorden.

    • Enumera los fracasos y el dolor que produjeron (“Las finales que perdimos/Cuantos años la lloré”). Inmediatamente postula que se empieza de nuevo y que permite renacer la esperanza (“Pero eso se terminó/Porque en el Maracaná/La final con los brazucas/La volvió a ganar papá). Sobreponerse a los fracasos es un signo de adultez.
    • Recuerda nuestra mayor gesta heroica reciente, Malvinas. Nunca agradeceremos lo suficiente a La Mosca por destruir de un plumazo 40 años de desmalvinización intentada de arriba hacia abajo. Con una simple canción demuestra una vieja tesis mía de que a los pueblos no se los doblega fácilmente. Podrán callar, pero no necesariamente cambiar de parecer (“De los pibes de Malvinas/Que jamás olvidaré”).
    • Rinde homenaje al héroe fallecido.
    • Ya no es el ídolo A en competencia con el ídolo B, sino la validación (ficcional) del consagrado quien entrega el testimonio al nuevo demiurgo, en una malabarismo conceptual excelso (“Don Diego y La Tota/Alentándolo a Lionel”). Reformula lo que creo es uno de los puntos más valiosos de nuestra Constitución, el contrato intergeneracional: “para nosotros, para nuestra posteridad”. Lionel releva a El Diego en este juego de postas sublime. Traspaso que se repetirá ad infinitum cuando cuadre. Así nace la inmortalidad de las naciones.
    • Valora los logros anteriores. Esto es fundamental para todo proyecto de nación. Tener orgullo de lo propio. Autoconvencerse que lo que uno se propone lo va a lograr por la simple razón que por más difícil que sea el objetivo, ya se hizo con antelación (“Quiero ganar la tercera”, ergo, ya gané dos, ya lo hice, sé que puedo hacerlo).

Como programa político o propaganda de programa político, la canción es perfecta. Saber que niños de 4 ó 5 años la cantan, es escupirle en la cara a todos los políticos desde 1983 a hoy que hicieron lo posible e imposible para esconder el orgullo de la Gesta de Malvinas. No puedo explicarles lo que disfruto.

Hagamos esta cuenta: El 65% de la población argentina tiene menos de 40 años. Esto quiere decir que 30 millones de personas nacieron luego de la Guerra del Atlántico Sur, incluidos todos los jugadores del plantel. Sin embargo, a pesar del dinero invertido por el Estado argentino, el desinterés manifiesto de Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde, Kirchner, Cristina Fernández, Macri y Alberto Fernández, los oropeles dados a Bauer por su acción de propaganda y los té con celebrities de cabotaje en la embajada, la mayoría de la población grita a los cuatro vientos, frente a las cámaras de TV internacionales, que no se olvidó ni nunca se va a olvidar. Esto para mí es: Pueblo 1, Gobernantes 0.

Destino Manifiesto

En junio de 2019 escribí para La Prensa «Nuestra verdadera tragedia fue haber cancelado en 1982 el proyecto de Nación». Sostuve (y sostengo) que Argentina tiene un proyecto de Nación. Orgullosa, un poco canchera, con deseos de grandeza y ser potencia mundial, levemente fanfarrona y autosuficiente, convencida de sus virtudes y su destino manifiesto.

A partir de 1983 sufrimos gobiernos de intervención con mandatos claros como debilitar hasta la nulidad las FFAA, desindustrializarnos, desmoralizar al pueblo mediante un conjunto de operaciones:

    • esparcir tristeza (con la excepción de Menem todos los gobernantes que tuvimos fueron tristes, mala onda, depresivos o gruñones, perdedores con justificaciones permanentes de los errores que siempre ponían en cabeza de otras personas),
    • tratar de convencernos de que somos tristes, depresivos, malas personas y perdedores. Lo describió con maestría Gatin. Al servicio de este programa pusieron a trabajar a las agencias estatales (como TV Pública, Télam e INCAA) y subcontrataron a todos los privados,
    • ocultar los logros por más pequeños que sean (ej. ser campeones mundiales de toda disciplina [1] que no sea fútbol),
    • disminuir en lo posible la población del país,
    • disuadir la inversión privada,
    • acallar las tradiciones,
    • dejar caer en la inoperancia y obsolescencia la infraestructura de transporte del país,
    • buscar relegarnos a la insignificancia.

Quienes estamos en la vereda opuesta a los interventores, siempre denunciamos y abjuramos del proyecto oficial. En Restaurar numerosos columnistas han expuesto en ese sentido y recomendado las estrategias para a) preservar nuestra identidad y defender su existencia en tiempos hostiles, b) renacer de las cenizas y recuperar el proyecto nacional abandonado.

Eso no quiere decir que cada tanto no se flaquee. Las dudas abruman. Que el interventor es poderoso y maneja los resortes del poder, que le lavan la cabeza a los más jóvenes, que se pierde el sentido nacional, que nadie recuerda el proyecto, que no se puede ir a caballo a ver a la Virgen de Luján, que el Washington Post nos difama y otros lamentos.

Estas últimas semanas dieron por tierra todo esto. El pueblo ha demostrado que conserva sus capacidades intactas: i) alegría de vivir, ii) fe en sí mismo, iii) compañerismo y comunión en un presente y futuro común, iv) confianza en las propias virtudes, v) orgullo por ser argentino, vi) creatividad, vi) amor propio, vii) pasión, viii) memoria, ix) agradecimiento (es de buen nacido ser agradecido), x) hambre de gloria. Somos ganadores, no perdedores.

Repito: que niños chiquitos canten lo que no es otra cosa que la promesa de no olvidar Malvinas, me llena el corazón de alegría.

Soft Power y Relaciones Exteriores

Como dijo el presidente de China hace un par de meses atrás, Argentina es un país importante en el concierto mundial. No lo van a escuchar de ningún político, quienes lloran desgracias y autojustifican por qué nos hacen pasar hambre (mercados que se derrumban —Cristina Fernández—, “pasaron cosas” —Mauricio Macri—, la guerra de Ucrania y el Covid —Alberto Fernández—).

Este mundial en particular nos enfrentó a cómo nos ven en diversas partes del mundo.

No es casual la campaña internacional contra nosotros. A las potencias no les gustan los que se desmarcan. Odian los insumisos. En ese contexto debemos entender el libelo que publicó The Washington Post.

Sacarnos de encima la mirada de los arrastrados locales (la mayoría), que siempre ven grandiosidades en los países desarrollados de Occidente se ha vuelto un objetivo relevante. Occidente (con excepción de EEUU) no nos compra nada y nos vende poco. Nuestros socios comerciales son otros. Quienes nos apoyan disfrutan una decidida senda de crecimiento, como quienes integran los BRICS. Nada de lo que sucede es casual. Es el lugar que Argentina tuvo desde que mandamos al Almirante Bouchard con patente de corso a hacer lío por el mundo. Cuando Perón pensó y co-organizó los No Alineados, cuando lideramos la Conferencia de Bucarest en 1974, cuando nos enfrentamos a una potencia mundial en 1982. ¿Por qué no nos van a ver con admiración gente que sufrió duramente el yugo inglés? ¿Por qué no van a admirar a nuestros atletas que se destacan en numerosos deportes? Para ellos somos un ejemplo de coraje y éxito frente a la adversidad.

Estas semanas son un pasaporte para iniciar una era de excelentes negocios. El softpower está de nuestro lado. Tenemos que aprender a sacar provecho de ésta virtud.

Objetivo de mínima: poner el país de pie. De máxima: recomponer las Provincias Unidas del Río de la Plata, Guinea Ecuatorial (África) incluida.

Un rayito de esperanza

Cuando uno ve cómo se recuperó Rusia en sólo 20 años luego de estar al borde de la disolución con la glasnost, vemos que podemos dar vuelta la taba en poco tiempo y darle a nuestro pueblo una era de prosperidad, alegría y esperanza.

Sólo tenemos que echar a estos amargados, tristes, depresivos, chantas, inútiles y garcas que nos gobiernan.

El futuro es todo nuestro.

 

Otro sí digo:

Temas personales: Tengo 59 años. Vi a Argentina ganar en fútbol en 1978 y 1986 y dos medallas de oro JJOO. Me di otros lujos. Ver ganar la Copa Davis, que se había deslizado de los dedos de Vilas, Clerc, Jaite. Cecilia Rognoni y Luciana Aymar elegidas las mejores jugadoras del mundo (hockey sobre césped) numerosas veces, la selección femenina campeona mundial, la masculina oro olímpico. Basket, medalla oro JJOO y campeones mundiales. Numerosos premios en el Dákar, Pechito López campeón mundial. Oros JJOO en ciclismo, vela, artes marciales, en fin, seguro me olvido de varios. Vi jugar al rugby a Hugo Porta, Santiago Gómez Cora, Marcos Moneta (ahora mejor jugador del mundo). Cracks como Adolfo Cambiasso, de quien Maradona dijo “Me gustaría ser el Cambiasso del fútbol”. Antes de irme de este mundo quisiera ver a Argentina campeón mundial de rugby, en JJOO y en XV. Con eso, cartón lleno.

Como siempre dice @Lady_Astor, no elegí nacer acá, sólo tengo el privilegio.

Bajo la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia. Que hoy esté de nuestro lado.

Una abrazo a todos.

 

Horas después…

Nota

[1] Nadie sabe que los varones de hóckey sobre patines fueron campeones mundiales seis veces, al igual que la selección femenina. ¿Quién sabe que Marcos Moneta fue elegido el mejor jugador del mundo en rugby seven este año? ¿Cuántos atletas no son cubiertos por la prensa cuando van a defender la celeste y blanca, a veces con enormes dificultades?

 

Notas relacionadas

«Nuestra verdadera tragedia fue haber cancelado en 1982 el proyecto de Nación»

http://iris-speroni.blogspot.com/2019/06/nuestra-tragedia-cancelar-en-1982.html

El mito fundacional

http://restaurarg.blogspot.com/2018/08/el-mito-fundacional.html

Preppers II

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Alineados por lo mediocre

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Ayer y hoy

http://restaurarg.blogspot.com/2022/04/ayer-y-hoy.html

 

Artículo publicado el 18/12/2022 en Restaurar, http://restaurarg.blogspot.com/2022/12/me-vuelvo-ilusionar.html.

ESTE TRIUNFO ES NUESTRO

Santiago González*

Argentina trae de Catar una copa mundial, una reverdecida conciencia nacional y una multitud de lecciones que debería aprovechar

Esto es nuestro, de nosotros y de nuestros jugadores. Y de nadie más: ni de los políticos, ni de los medios ni de las corporaciones y sus publicidades patrioteras. Fue nuestro desde un principio, cuando todos esos miraban de reojo a la selección, y se acomodaban en sus sillones, cancheros y sobradores, sobriamente escépticos, calculando beneficios, mientras entre nosotros y nuestros jugadores se iba tejiendo una historia de amor que estalló este domingo sin otro propósito que su propia felicidad. Fue nuestro, es nuestro y seguirá siendo nuestro, estallido incontenible de nuestra identidad de nación abrazada, optimista, orgullosa y pujante, que no pide permiso ni acepta ser sujeta por decretos de necesidad y urgencia, por cámaras de reconocimiento facial, por promociones para los primeros seis meses.

Esto es nuestro, y es casi un milagro que lo hayamos advertido con tanta anticipación. Más allá de las razonables expectativas que despertaba una selección de trayectoria impecable, se respiraba en el aire algo distinto esta vez. Más que un deseo o una premonición, una certeza: la convicción de que esta hora era nuestra hora, un ímpetu arrollador que nos envolvió a todos, a nosotros y a nuestros jugadores, y que se volvió contagioso. Pocas veces, en circunstancias similares, los colores argentinos despertaron en el ancho mundo tantas inesperadas simpatías, tantas previsibles antipatías, imprevistamente más agrias y enconadas que de costumbre. La derrota inicial nos puso a prueba, en el campo de juego y en la tribuna, y supimos responder, estuvimos a la altura: en el pasto y en el tablón todo fue una cuestión de identidad. Somos lo que somos.

Pero dejemos que lo cuenten los protagonistas. El espíritu de la tribuna está perfectamente contenido en tres o cuatro imágenes de “Muchachos”, el tema de La Mosca que se convirtió en himno de la hinchada. “La canción es hermosa. La letra es emotiva”, describe el cantante del grupo, Guillermo Novellis. “Es la Argentina: habla de derrotas, habla de victorias, habla de frustraciones, habla de Malvinas, de esperanza, de soñar, de tener ilusión, y a la gente se le metió en el corazón. Habla de Leo, habla de Diego en el cielo, habla de la familia. La canción nombra a don Diego y a doña Tota. Yo digo: ¿se le ocurriría a un alemán hacer una canción nombrando a los padres de Beckenbauer? No. Eso es de argentino”.

Toda la canción es una afirmación de identidad: “En Argentina nací, tierra de Diego y Lionel, de los pibes de Malvinas que jamás olvidaré”. ¿Qué tiene que hacer la guerra en una canción deportiva? En ambos casos se trata de defender los colores de la patria, simbólicamente en el campo de juego y materialmente en el campo de batalla. La canción evoca dolorosas frustraciones, que supone difíciles de entender para quienes no sientan como propia la azul y blanca: “No te lo puedo explicar”. Pero las evoca sin quejas ni lamentos, apenas como punto de apoyo para enunciar un propósito, una determinación: “Pero eso se terminó”. Una contundencia inquietante para quienes desde hace medio siglo sacan réditos de la derrota y del fracaso, los promueven.

La canción de La Mosca es antes que nada una tonada futbolera, de las que corean habitualmente los aficionados argentinos en los estadios, y que en más de un caso se han propagado por el mundo. Pero la letra de Fernando Romero introduce deliberadamente señales ajenas al deporte, principalmente, como observa Novellis, Malvinas y los padres de Maradona. Malvinas es la patria, y es la pelea y el sacrificio por la patria, y es la terquedad de sostener esa pelea: “jamás olvidaré”. Cuarenta años de desmalvinización no han servido para nada. En términos de identidad nacional, Malvinas es en el siglo XXI el Viva Perón del siglo XX: una afirmación y un desafío.

Si Malvinas es la patria, don Diego y doña Tota son la familia. Esta imagen de Maradona rodeado cariñosamente por sus padres ya había aparecido en las imágenes que poblaron las paredes argentinas tras la muerte del jugador. Maradona, el genio nacional, víctima de sus propios extravíos, usado, abusado y explotado hasta el último aliento por quienes se decían sus amigos incondicionales, encontraba finalmente la paz y el cuidado en el abrazo de sus padres, en el hogar, en lo que perdura y sostiene en los momentos de adversidad. Los tres, como una deidad laica, alientan ahora los pasos de Messi. Messi, no una contrafigura imaginaria de Maradona, sino su heredero, el que recibió la llama y debe pasarla a otros.

En esa formidable afirmación de identidad contenida en una canción de ritmo pegadizo y letra tan sencilla no hay grietas: no hay ellos y nosotros, no hay enemigos internos. Los rivales, deportivos o históricos, están afuera. La letra oscila permanentemente entre la primera persona del singular y la primera del plural: “Nos volvimos a ilusionar”, “Quiero ser campeón mundial”, “Cuántos años la lloré”, “Desde el cielo lo podemos ver”. El yo se confunde con el nosotros, las emociones, los recuerdos, las alegrías y los sufrimientos son a la vez personales y compartidos por todos, sin exclusiones. En el horizonte están la felicidad del pueblo (la hinchada) y la grandeza (deportiva) de la nación: “Ser campeones otra vez”, en un infinitivo impersonal, de todos y de cada uno.

También en la cancha se trató de una cuestión de identidad, como ya describí en otra nota en los comienzos del torneo. El director técnico y el capitán de la selección lograron armar un equipo caracterizado por la unidad de acción y pensamiento, que consiguió el éxito armonizando las cualidades individuales con el rendimiento colectivo, y en el que todos los jugadores fueron rotando según la necesidad estratégica del momento. La única pieza insoslayable fue Lionel Messi, y éste intervino decisivamente cuando tuvo que hacerlo y se mostró extremadamente generoso con sus compañeros en todas las demás instancias, como quien buscar darles oportunidades para su lucimiento.

Cuando la selección sufrió en Catar frente a Arabia Saudita su primera derrota tras una racha de 36 victorias consecutivas, Messi propuso “volver a las bases de lo que somos”. No se puede pedir mayor expresión de identidad y confianza en sí mismo, intensa como para volverse contagiosa y embarcar al resto en el empeño. “Ahora hay que demostrar que éste es un grupo de verdad”, insistió. Confianza y seguridad en las propias fuerzas que no fueron sinónimos de autocomplacencia: “Hay que corregir las cosas que hicimos mal y aprender, porque estas cosas siempre pasan por algo”. Y que sumaron la audacia del compromiso: “Le pedimos a la gente que confíe. Este grupo no los va a dejar tirados”.

El triunfo frente a México solventó esa seguridad: “Llegó el gol y volvimos a ser nosotros”, comentó tras ese partido, insistiendo en el punto de la identidad. Y agregó otro ya casi olvidado en la cultura pública argentina: la conciencia del deber y la responsabilidad de cumplirlo: “Sabíamos cuál debía ser nuestra respuesta. Sabíamos que íbamos a responder así”. Al concluir el encuentro con Polonia, Messi no tuvo excusas para reconocer su equivocación en el penal fallido, y aprovechó para extraer del caso nuevas lecciones. “Quedé con bronca por haber errado el penal, pero tras ese error mío el equipo salió fortalecido. Esta es la fortaleza de este grupo: la unión”.

Lo mismo tras el triunfo frente a Croacia que aseguró el pase a la final: “Por dentro sabíamos que podíamos llegar hasta acá. No éramos los máximos candidatos pero no le íbamos a regalar nada a nadie. Todo lo que hicimos fue mérito propio, saliendo de una muy difícil cuando nos tocó empezar mal. Este grupo es muy inteligente, sabe leer cada momento de los partidos, con un cuerpo técnico muy bueno que no deja nada al azar: en cada momento sabemos lo que tenemos que hacer”. Messi puso en cada oportunidad énfasis en las mismas cosas: unidad, trabajo, responsabilidad, reconocimiento de los errores pero también conciencia de las propias capacidades. Y también disposición a medirse, sin excusas; en palabras del técnico Lionel Scaloni: “Estamos para competir. Esta selección compite”. Cuántas lecciones…

Con este campeonato Lionel Messi corona una carrera impecable, en la que cosechó todos los títulos y todos los récords habidos y por haber. Messi ha sido un modelo de conducta, dentro y fuera de la cancha, metódico y trabajador, responsable y cumplidor, más bien introvertido y modesto, padre de familia. “La familia de Leo es como nuestra familia, Antonella y los chicos son nuestra familia, porque los argentinos somos así”, dice Novellis, el cantante de La Mosca. Para la tribuna fogosa esas cualidades lo hacían parecer distante y “pecho frío”, pero en una sola temporada disipó todas esas sensaciones, y se hizo acreedor a un amor incondicional como el que acompañó a Maradona. En un momento crucial de su vida encontró la sintonía perfecta con el técnico Scaloni, y esa armonía le permitió “soltarse” (maradonizarse, dicen algunos) y demostrar sus condiciones de líder.

Este Messi, y esta selección, no habrían sido posibles sin la guía sobria y sin estridencias de Lionel Scaloni, que puso el énfasis en la unidad del equipo y en el respeto por el otro: respeto del técnico por los jugadores, y respeto de los jugadores entre sí. Respeto, y reconocimiento de que el equipo y la estrategia están por encima de los pergaminos, o los caprichos, individuales. Cualquiera puede estar en el campo o en el banco según lo dicten las circunstancias sin sentirse menoscabado. En el debe de la escudería figura una rara inclinación a desconcentrarse, especialmente cuando el partido parece bajo control: frente a Arabia Saudita costó una derrota, y frente a Holanda y Francia llevó al equipo a resolver el resultado en la angustiosa instancia de los penales. Otra vez, cuántas lecciones…

Este triunfo es nuestro, de los jugadores y de todos los argentinos que vibramos con ellos a lo largo de estas semanas. Esta comunión de pasto y tablón es nuestra, nos pertenece porque la engendramos nosotros. Y de nosotros depende qué hacer con ella. El modelo exitoso de liderazgo y de comportamiento que propone, nos revela, por contraste, en qué acertamos y en qué nos equivocamos en el manejo de nuestras cosas comunes, y en las razones por las que, como país, hace medio siglo que no logramos levantar cabeza, conseguir un triunfo como el que logró nuestra selección.

De Catar, la Argentina no sólo trae su tercera copa mundial de fútbol, sino una reverdecida conciencia nacional y una multitud de lecciones. Está ahora en nuestras manos aprovechar esos trofeos. O bien le damos la razón a los previsibles titulares de prensa: “Argentina se entrega a la felicidad del fútbol para olvidar por un momento sus problemas”, o bien le damos la razón al Messi de la arenga en el Maracaná: “¿Y saben qué es lo mejor de todo? Que depende de nosotros, que depende de nosotros ganar esta copa”.

 

* Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y se inició en la actividad periodística en el diario La Prensa de la capital argentina. Fue redactor de la agencia noticiosa italiana ANSA y de la agencia internacional Reuters, para la que sirvió como corresponsal-editor en México y América central, y posteriormente como director de todos sus servicios en castellano. También dirigió la agencia de noticias argentina DyN, y la sección de información internacional del diario Perfil en su primera época. Contribuyó a la creación y fue secretario de redacción en Atlanta del sitio de noticias CNNenEspañol.com, editorialmente independiente de la señal de televisión del mismo nombre.

 

Artículo publicado el 18/12/2022 en Gaucho Malo, El sitio de Santiago González, https://gauchomalo.com.ar/

 

DEFENSA Y FUERZAS ARMADAS: ANECDOTARIO DE OTRA INFAMIA KIRCHNERISTA

Ariel Corbat*

La realidad de la Argentina exhibe el sostenido declive de su poderío militar desde 1983, una constante peligrosa cuando el punto partida de cualquier planificación de Defensa es un extenso territorio sobre el que hay notorias ambiciones extranjeras.

A la obviedad del territorio insular usurpado bajo dominación militar británica hay que sumar otras presencias igualmente indeseables como el enclave chino en Neuquén, con buena parte de la facción en el gobierno queriendo alinear el país a los intereses del Partido Comunista Chino, el activismo secesionista de la izquierda disfrazada de etnonacionalismo mapuche, la vocación colonial que llevó al presidente Alberto de la Fernández a ofrecerse a Putin como puerta de entrada para Rusia en América Latina, la expansión del narcotráfico con organizaciones trasnacionales que en su afectación de la soberanía argentina lograron cierto control de los cielos para el tráfico y, a la par de todo ello, una grosera descomposición social en la que proliferan escenarios de Guerra Civil Molecular haciendo de la Seguridad Interior un queso gruyere.

En lo que va del siglo XXI Argentina se gobierna como si fuera un experimento para determinar cuánto tiempo puede sobrevivir un país atentando contra su propia existencia. Y nos acostumbramos.

Tanto nos acostumbramos, que todavía no se entiende que para recuperar la voluntad de ser y prevalecer de la Nación Argentina es necesario actualizar, reformular y aplicar una nueva Doctrina de la Seguridad Nacional. La sola idea de repensar la Seguridad Nacional asumiendo que hay enemigos externos e internos espanta a la corrección política impuesta por el marxismo a través de la subversión cultural. La cobardía intelectual ha llegado al punto de cuestionar cualquier intención del ser y prevalecer de la Nación Argentina, como si ello atentara contra la paz (contra alguna idea indigna de la paz); cual si no existieran el Himno y la Constitución Nacional imponiendo deberes para con las futuras generaciones.

Y claro, para comprender y cumplir esos deberes, es imprescindible desear que haya futuras generaciones de argentinos, cosa que los que gobiernan en lo que va del siglo, expulsando población joven y formada como sometiendo el país todo a la miseria, evidentemente no desean.

Como un síntoma más de esa erosión al ser y prevalecer de la Nación Argentina, se impuso hace tiempo la estúpida creencia que contemplar las hipótesis de conflicto promueve los conflictos y así se repite, como si fuera algo beneficioso, que «Argentina no tiene hipótesis de conflicto». Algo más que imbécil cuando, de mínima, hay un conflicto con los británicos por la integración del territorio nacional.

En ese contexto cabe enmarcar la breve cronología de otra infamia kirchnerista que motiva este artículo.

A finales de noviembre, Alberto de la Fernández asesorado por Casa Militar y la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), dependiente de Naciones Unidas, dispuso la compra de un nuevo avión presidencial. Se trata de Boeing 757-256 para 39 pasajeros, con dormitorios y grandes comodidades, lo necesario a efectos que el seudo Presidente pueda llevar aquella fiesta de Olivos al aire.

Argentina es un país empobrecido y empobreciéndose, SOBRE ESA REALIDAD UN AVIÓN PRESIDENCIAL NO PUEDE SER PRIORIDAD. Nada justifica hoy, ni desde la austeridad ni desde la seguridad presidencial que el presidente no viaje como pasajero común en cualquier vuelo de línea. Y muy especialmente porque, a todas luces, hay cosas más relevantes que proteger.

Lo que nuevamente revela la compra del avión presidencial es que los políticos argentinos, más allá de cuál sea la facción en el poder, tienen una propensión absoluta a considerarse más importantes que aquello que hace a la razón de sus funciones.

En este caso ello ha sido explicitado por Alberto de la Fernández en una entrevista con Financial Times, diciendo, con posterioridad a su decisión de proveerse un avión de dignatario relevante, que:

«Argentina tiene que destinar sus recursos a cosas más importantes que la compra de aviones militares hoy en día. Porque estamos en un continente muy desigual con todos los problemas que anteriormente usted comentó, pero es un continente en el que no hay problemas de guerra. La paz es el común denominador entre nosotros y la búsqueda de la unión regional como en su momento Europa construyó la unidad regional, es la búsqueda de América Latina, con lo cual para nosotros hay otras prioridades, antes de comprar armas».

O sea: avión presidencial sí, aviones de combate no. Prioridades de casta. Ellos valen más que nosotros…

Nada nuevo, por cierto. Pero la infamia no es solamente el hecho en sí de comprar un avión suntuario y ni uno para proteger nuestros cielos.

La cosa sigue porque el orden de prioridad establecido por Alberto de la Fernández anteponiendo su comodidad a la seguridad de la Nación, lleva implícita en su argumentación ante el Financial Times el total desconocimiento de la relación intrínseca entre diplomacia y Fuerzas Armadas, que es decir entre la capacidad de consensuar en la mesa de negociaciones y disuadir en el terreno.

Entonces contradiciendo sus propias palabras, como cada vez que lo que dice se confronta con algo que dijo antes (ya que si hay alguien que no sobrevive a la prueba del archivo es Alberto de la Fernández), al tiempo que declara que la paz reinante en la región no justifica comprar aviones de combate, la Cancillería ensayaba una insignificante protesta diplomática (sin ningún respaldo militar) denunciando que la participación de efectivos kosovares en ejercicios militares en Malvinas «constituye una injustificada demostración de fuerza».

No es preciso mucho análisis para entender que cada vez que el gobierno argentino expresa su «contundente rechazo» a cualquier medida con que los británicos responden a sus necesidades de Defensa, mismas que no descuidan porque Argentina si lo haga, la nota va al archivo de las insignificancias.

Ya desde el año 2012, a 30 años de la guerra, el entonces ministro de Defensa inglés Philip Hammond afirmó que la Argentina «no es una amenaza militar creíble» para la continuidad de la usurpación británica sobre las Islas Malvinas.

Ahora, a 40 años de la Guerra de Malvinas, no sólo no son una amenaza creíble para la usurpación británica, no son un elemento de disuasión significativo frente a ninguna de las amenazas que se ciernen sobre la República Argentina.

Con su idílica, cómoda y falsa visión de la América del Sur como una región de paz garantizada, parece ignorar Alberto de la Fernández que esa supuesta paz puede dejar de existir de la noche a la mañana. En su ignorancia deliberada, parece no haberse enterado que allá por el 2004, ante fallas en el suministro de gas, el Presidente de Chile Ricardo Lagos puso sobre su escritorio la opción militar contra la Argentina y le advirtió a Néstor Kirchner, cuyo Jefe de Gabinete era un tal Alberto Fernández, que «el día en que las casas no tuvieran gas, me vería obligado a declararle la guerra a su país, porque esa carencia provocaría una revolución aquí. Me daba cuenta de lo que significaba mi amenaza, pero no tenía otra herramienta para exigir que se cumpliera el contrato», narró el chileno en su biografía.

Entendamos que si Chile por una cuestión de gas puso la opción militar en la mesa de negociaciones, cualquier otro país podría hacer lo mismo. De hecho, en el plano de la ficción, la novela de Carlos González Robles «CHINA INVADIÓ ARGENTINA ¿La Tercera Guerra Mundial?», plantea un conflicto en el que los chinos recurren a su aparato militar para ocupar el país con la excusa de cobrar deuda argentina. Remarco que es una ficción, pero una ficción posible, del tipo de ficciones que lo son hasta que dejan de serlo.

Y alguno de los cráneos que, embriagados de paz, establecen prioridades en Argentina podría decir que frente a tal hipótesis no tendría sentido, por la disparidad de poderío, ofrecer ninguna resistencia. Son los mismos cráneos que supusieron que la campaña rusa en Ucrania sería una guerra relámpago. En el ejemplo ucraniano hay que saber valorar el esfuerzo militar convencional como manifestación de la voluntad de ser y prevalecer de una Nación. Cierto es que Ucrania recibió y recibe una importante ayuda militar extranjera, pero la puede recibir porque desde antes de la guerra tuvo la voluntad de fortalecer su instrumento militar.

Si hasta aquí lo expuesto en este artículo ha impactado en su pensamiento con la preocupación sobre el lamentable estado de indefensión que ofrece la Argentina, prepárese para indignarse al comprender algunas de las razones por las que estaremos todavía peor.

No es novedad que tenemos por ministro de Defensa a un fulano con pasado terrorista. Jorge Taiana es hoy el encargado de sostener el plan kirchnerista para el escarnio y la humillación constante de las Fuerzas Armadas (algo que arrancó en 2003 con hechos públicos y notorios cuya enumeración al día de hoy sería a más de larga muy penosa).

No hay en el destrato de gobierno a las Fuerzas Armadas ninguna casualidad, todo, absolutamente todo lo que se hace es con la finalidad de sacarlas del eje de la Defensa y convertirlas en un instrumento servil a la propaganda política Incluso con César Milani, generalito traidor a la sangre de los combatientes del Ejército Argentino, quien desde el retiro tiene el descaro de proponer una revolución que implicaría el fin de la República y la culminación del proyecto totalitario de corrupción estructural kirchnerista.

Es así que en este mismo país que derrocha su presupuesto en ideología de género, Ministerio de la Mujer incluido, al mismo tiempo que se prioriza la compra de un avión presidencial por sobre la adquisición de aviones de combate, al mismo tiempo que la Cancillería protesta porque los británicos obran como dueños absolutos de las Islas Malvinas, al mismo tiempo que condenada la vicepresidente Cristina Fernández por corrupta el gobierno entero se abroquela en defensa de la corrupción, es decir en el momento que el país está más cerca que nunca de ser un completo hazmerreír que de volver a ser una República con un mínimo de seriedad, el Ministerio de Defensa dedica toda la pompa de su ceremonial a la inauguración de un banco rojo en el Edificio Libertador…

Supone la progresía que simbolismos estúpidos como el del banco rojo concientizan sobre la necesidad de evitar la violencia contra las mujeres, y en tal sentido explicó  la directora de Políticas de Género, Laura Masson, que «desde el Ministerio de Defensa trabajamos diariamente para llevar adelante diferentes políticas públicas para prevenir y erradicar la violencia de Género en el ámbito de la Defensa Nacional y para promover la equidad en el ámbito laboral que pretendemos sea libre de todo tipo de violencias».

Pocas imágenes son tan ridículas como las de funcionarios inaugurando bancos pintados de rojo y en el caso de Defensa es todavía más grotesco por el contexto aludido que muestra un deliberado y completo abandono de la razón de ser de ese Ministerio.

Esto no puede más que empeorar, porque además tampoco hay en la conducción militar de las Fuerzas Armadas ningún atisbo de dignidad, sólo parece haber ordenanzas de la resignación, tan dispuestos a subirse a cualquier banquito como a pintar otros, a olvidar a los camaradas muertos en combate, A NO DEJAR NINGUNA HUELLA MÁS QUE HABER OSTENTADO UN GRADO.

Cualquier mirada sobre la conducción política y militar de las Fuerzas Armadas, lleva a pensar que a los jóvenes argentinos con vocación militar, el más sano consejo que se les puede dar es que mejor se enlisten en la Legión Extranjera antes que vestir uniforme nacional para que los humillen todos los días.

Y no tengo que explicarle a ningún lector lo que al escribir ese último párrafo se agita en mi interior. Eso mismo que a Usted.

 

* La Pluma de la Derecha, un liberal que no habla de economía.

Artículo publicado el 11/12/2022 en La Pluma de la Derecha.