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UNA MIRADA A LA LUNA

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de Patou Ricard en Pixabay 

Las declaraciones formuladas recientemente por el Dr. Mohamed Ebrahim AI-Aseeri, director ejecutivo de la Agencia Espacial Científica Nacional del Reino de Bahrein, dan una pausa para pensar, ya que han transcurrido más de cinco décadas desde que los primeros astronautas caminaron sobre la Luna. Desde entonces, solo una flota de sondas ha visitado la Luna, y han hecho un trabajo extraordinario al proporcionar a los centros de investigación una gran cantidad de información sobre el entorno lunar. Tales esfuerzos de investigación han contribuido a una comprensión más profunda de la Luna y allanado el camino para una idea de último momento, pero esta vez para propósitos diferentes a los anteriores.

En las últimas dos décadas, con el creciente papel desempeñado por el sector privado en la industria espacial, los inversores han comenzado a pensar seriamente en explotar el espacio de una manera que pueda garantizar el retorno de su inversión. Surgió la idea de la minería en la superficie de la Luna y la expansión de la implementación de la investigación científica, así como la promoción del turismo espacial, incluidas las visitas a la Luna.

En los últimos años ha habido un cambio positivo hacia el regreso a la Luna, ya que tal iniciativa ha sido anunciada por los Estados Unidos de América, la Unión Europea, Rusia, la República Popular de China, Japón, India, los Emiratos Árabes Unidos, Israel y la República de Corea (Corea del Sur). Su ambición es explorar la Luna a través de una gran inversión en grandes proyectos.

El más importante de todos ha sido el programa Artemisa de 100 mil millones de dólares ideado por la NASA (Artemis, la diosa griega de la luna, fue equiparada por los romanos con la diosa Diana).

El programa Artemis incluye escenarios para permanecer en la Luna y su órbita durante largos períodos de tiempo, y establecer una base espacial que se utilizaría como estación de lanzamiento para misiones al espacio profundo, ya que la Luna tiene una gravedad más baja que la de la Tierra, lo que permite que los cohetes despeguen con facilidad. Esto también hace que la empresa sea más factible económicamente, además de proporcionar la posibilidad de minería, en base a los resultados de la investigación científica que han confirmado la presencia de metales preciosos en la superficie lunar.

Uno de los objetivos importantes de la misión Artemis es aterrizar hombres y la primera mujer en la superficie de la Luna en 2025. El programa final de Artemis incluirá 37 lanzamientos y establecerá una base permanente en la Luna. Viajar a la Luna, sin embargo, seguirá siendo caro. Sin embargo, los planificadores del programa están muy seguros de que los beneficios superarán los costos. Más importante aún, el gobierno de los Estados Unidos espera un buen retorno de la inversión. Comparar las futuras misiones a la Luna con las misiones Apolo nos llevará a reconocer el hecho de que la inversión inicial de Apolo en tecnología, sistemas de satélites climáticos, Sistema Global de Navegación por Satélite (GNSS) y dispositivos de comunicación avanzados creados para apoyar las misiones lunares, ahora son parte de la vida cotidiana en la Tierra.

Como sucedió anteriormente, las nuevas tecnologías desarrolladas para apoyar futuras misiones a la Luna seguramente encontrarán su camino en las economías mundiales, estimulando así un buen retorno de la inversión.

La República Popular China y Japón están invirtiendo fuertemente en misiones espaciales y están considerando seriamente el envío de misiones a la Luna. China y Rusia han anunciado un esfuerzo de colaboración para construir una base lunar antes de 2030. China ha sido muy clara sobre sus intenciones y tiene buenas capacidades para llevar a cabo una misión lunar a largo plazo. Está planeando una misión tripulada que aterriza en la Luna y desarrolla nuevas naves espaciales para tales misiones.

La República Popular China también planea construir una estación de investigación científica en el polo sur de la Luna en los próximos diez años. Los esfuerzos de otros países para llegar a la Luna y estudiarla desde su órbita, o para aterrizar en su superficie, varían considerablemente.

Hasta la fecha, sólo unos pocos Estados han logrado llegar a la superficie de la Luna como parte de misiones exitosas o semi exitosas. Los avances científicos actuales y las tecnologías que se están desarrollando para las misiones lunares permitirán a los científicos realizar estudios más detallados de la superficie lunar y el subsuelo. Los científicos también buscarán respuestas a las grandes preguntas sobre cómo se formó el sistema solar, así como la formación de la Luna y su geología. Las misiones de exploración lunar estimularán la investigación científica y la innovación a gran escala.

Se requiere mucha inversión, esfuerzos de investigación e innovación para superar el problema del entorno hostil de la Luna y permitir a los humanos establecer colonias en la superficie del cuerpo celeste más cercano a la Tierra. La evidencia científica corrobora la abundancia de una gama de recursos naturales dignos con alto valor industrial que pueden ser extraídos a través de procesos mecánicos. Este es uno de los retornos de inversión más importantes en las misiones lunares actuales.

Los estudios basados en el análisis del suelo lunar y las rocas recogidas durante las seis misiones que aterrizaron humanos en la superficie lunar entre 1969 y 1972 indican la presencia de valiosos recursos que pueden ser utilizados en otras misiones espaciales. Por ejemplo, la NASA cree que el oxígeno líquido puede extraerse fácilmente de la Luna y almacenarse para su uso en otras misiones espaciales, particularmente misiones para explorar Marte, ya que el oxígeno antes mencionado es un componente importante del combustible necesario para las misiones espaciales.

No debemos pasar por alto el hecho de que, en las últimas dos décadas, la NASA ha desplegado una serie de sondas en la superficie de la Luna para medir la cantidad de agua dentro o debajo de las rocas. Lo que encontraron fue sorprendente. Había mucha más agua de lo que se pensaba. Hay evidencia de hielo de agua en los polos lunares, oculto en cráteres no alcanzados por la luz solar. La NASA planea usar esta agua para apoyar la colonización de la superficie lunar y para las próximas misiones al espacio profundo.

Regresar a la Luna es un movimiento importante en la planificación de futuras misiones a Marte que han estado atrayendo una mayor atención en los últimos años. La esperanza es que los humanos puedan aprender de su estancia en la Luna cómo vivir en un ambiente hostil antes de poner un pie en lugares más distantes como Marte. Por lo tanto, la experiencia adquirida y las soluciones desarrolladas allanarán el camino para misiones más allá del cinturón de asteroides.

La Luna es un cofre del tesoro, razón por la cual varios países están invirtiendo muchos de sus recursos para visitar la Luna lo antes posible en una carrera espacial no declarada. Científicos de diferentes campos creen firmemente que el esperado regreso del hombre a la superficie lunar en los próximos años podría ayudar a la vida en la Tierra y provocar un gran cambio general.

Además de los beneficios mencionados anteriormente de regresar a la Luna, aquí hay algunos ejemplos principales resumidos en los siguientes puntos:

1) la Luna podría ser una fuente de energía solar ilimitada para la Tierra, al recolectar esa energía a través de paneles de muy bajo costo y luego transmitirla a la Tierra en forma de un haz de microondas;

2) la Luna es rica en helio-3 que se utiliza para la energía de fusión nuclear limpia y segura, aplicaciones médicas, etc.;

3) el lado oscuro de la Luna podría usarse para construir telescopios de radio y ópticos para avanzar en el conocimiento humano del Cosmos y buscar señales de civilizaciones extraterrestres sin ninguna interferencia de las transmisiones y frecuencias de radio de la Tierra;

4) la Luna podría ser un lugar alternativo para almacenar materiales industriales peligrosos, desechos y contaminantes de la Tierra sin preocuparse por sus efectos secundarios en el medio ambiente;

5) el establecimiento de laboratorios en órbita lunar contribuirá a la implementación de numerosas pruebas y experimentos científicos que tendrán un impacto directo en el progreso y el bienestar mundial. Dichos laboratorios también mantendrán la presencia humana en la superficie de la Luna durante largos períodos de tiempo y pueden ayudar en el diseño de futuros laboratorios similares en órbita alrededor de Marte;

6) la colonización de la superficie de la Luna no puede ser realizada y sostenida por un solo Estado, y por lo tanto los diferentes países que comparten los mismos intereses deben trabajar juntos; esto fortalecerá la colaboración internacional en beneficio de toda la humanidad, y los esfuerzos conjuntos podrían prestar un apoyo significativo a la paz en la Tierra.

La relación entre la Tierra y la Luna es fundamental para la existencia de vida en nuestro planeta. La Luna ha sido decisiva para sostener la existencia humana en la Tierra durante miles de millones de años. Un equipo de científicos de la Universidad de Colonia analizó firmas químicas de elementos raros en rocas lunares recolectadas por las misiones Apolo, datando su formación hace unos 4.510 millones de años.

Hoy en día, el papel de la Luna es cada vez más importante y apoyará el desarrollo y el crecimiento humano durante muchas décadas. Con miras a lograr este objetivo, necesitamos regresar a la Luna, estudiarla in situ, entenderla bien y hacer un uso justo de ella para preservar su medio ambiente y garantizar la sostenibilidad de sus recursos naturales.

Mientras usan los recursos naturales de la Luna, los humanos deben evitar repetir los errores anteriores cometidos en la Tierra. Las generaciones futuras estarán conectadas de una manera sin precedentes a la Luna, y esto podría ser la fuente de grandes logros humanos más allá de nuestra imaginación.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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KISSINGER EN DAVOS: BREVE TRATADO DE SENSATEZ GEOPOLÍTICA

Alberto Hutschenreuter*

En el Foro de Economía de Davos, Suiza, Henry A. Kissinger se ha referido a una serie de cuestiones con centro en la actual situación que tiene lugar en Ucrania, país ubicado en una de las tres placas geopolíticas del globo atravesadas por rivalidades y tensiones pasibles de provocar una contienda militar mayor.

Entre otras reflexiones, el influyente pensador estratégico (que acaba de cumplir 99 años) advirtió que si continúa la confrontación, es decir, la que tiene lugar en el territorio ucraniano, pero también la que la acompaña desde el nivel estratégico, concretamente la rivalidad Occidente-Rusia, se afectará peligrosamente la estabilidad internacional.

Kissinger sostuvo también que Ucrania deberá ceder territorio y que el conflicto cambiará la geopolítica.

La intervención del experto causó impacto y, como suele suceder cada vez que aborda temas centrales del mundo, sus apreciaciones rápidamente se difundieron a escala mundial.

Pero nada nuevo hay en los razonamientos de Kissinger. Como todo estudioso que nunca se aparta de un marco teórico desde el que casi apasionadamente se plantea preguntas en términos de estados, poder, capacidades, intereses, equilibrio e intenciones, un marco de pensamiento que desde las perspectivas global-aldeanas y soñadoras resulta cada vez más vetusto, Kissinger nada más siguió el libreto conservador en materia de relaciones entre estados. El mismo que, en otro contexto, aplicó en los años setenta en relación con la Unión Soviética y China: negociar con la primera, a pesar de tratarse de un poder ideológico que no aceptaba el statu quo (como muy bien lo describe en sus «Memorias», y por lo que fue criticado por Zbigniew Brzezinski, otro coloso del pensamiento y proceder estratégico), y sumar a la segunda en términos de equilibrio de poder (el experto George Friedman ha hecho interesantes observaciones a la política de Kissinger en los setenta y a sus consideraciones en Davos: «Why I Disagree With Henry Kissinger», Geopolitical Futures, May 27, 2022).

El término equilibrio es clave en el «mundo-Kissinger». Y en esta guerra (innecesaria) que ha perturbado el orden local, regional y global ha sido, precisamente, la ausencia de equilibrio el factor que precipitó los hechos.

En alguna medida, si en el pasado la Unión Soviética era el actor ideológico que no respetaba el statu quo en las relaciones internacionales, pues su propósito era que «desapareciera el ellos y todos fuesen nosotros», tras la Guerra Fría, Occidente mantuvo un curso de seguridad de carácter revolucionario en relación con evitar toda posibilidad de que Rusia pudiera convertirse en un nuevo poder euroasiático que retara una vez más a Occidente.

Solo así se entiende que la OTAN, una organización política-militar nacida para afrontar el poder de la URSS, se ampliara sin ningún límite, al punto de pisotear el principio de seguridad indivisible, cuestión clave para comprender la crisis y confrontación actual.

En otros términos, las decisiones estratégicas y geopolíticas que Occidente tomó tras la victoria en la Guerra Fría no respetaron la experiencia y la historia, cuestiones de primer orden en las reflexiones de Kissinger, como deja demostrado de manera brillante en su obra cumbre, «La diplomacia» (la que como muy bien sostuvo una vez el especialista Jorge Castro debería haberse titulado «La política de poder»), como así también en otra obra de excelencia, «Orden mundial. Reflexiones sobre el carácter de las naciones y el curso de la historia».

Esa falta de deferencia estratégica y político territorial fue la que creó una situación que implicó, desde Rusia, diferentes políticas de reparación que incluyeron la más riesgosa, la guerra, antes en Georgia y ahora en Ucrania.

Ir más allá de lo conveniente tras una victoria puede poner en riesgo la propia victoria, es decir, provocar reacciones que alguien terminará padeciendo; en este caso, Ucrania. Por ello, Kissinger advierte que, con el fin de evitar lo que podemos denominar «divisibilidad geopolítica», este país tendrá que ceder territorio: la desmesura y la ignorancia geopolítica en las relaciones interestatales casi siempre llevan al fraccionamiento geopolítico de la parte más débil o de la que desafió el equilibrio territorial.

En algún momento, la OTAN debió considerar los límites, aquello que el canciller Bismarck, muy estudiado por Kissinger, denominaba «diagonal» en materia de competencia interestatal. Pero nunca lo hizo, a pesar de las advertencias hechas por «los que saben», entre ellos, el mismo Kissinger, Scowcroft, Kennan (el primero en desaconsejar ampliar la Alianza), Waltz Mearsheimer, por citar algunos de los más notables. Por ello, el accionar de la OTAN fue geopolíticamente revolucionario. Y la historia no ofrece demasiados casos exitosos de cursos geopolíticos irrestrictos o que desconsideren el equilibrio geopolítico entre los poderes preeminentes.

Por último, es posible que la geopolítica cambie tras la guerra en Ucrania. Pero la geopolítica siempre cambia; lo hizo en los noventa cuando parecía que la disciplina quedó sepultada con la Guerra Fría. Entonces, adoptó otra forma, sutil, mas no cambió su fondo: la pugna por captar o controlar territorios y recursos (hay que tener presente que la nueva ola industrial requiere nuevas materias primas, por ejemplo, litio). Tal vez nunca se dio cuenta, pero Clinton, al abrir mercados por todo el mundo y derribar marcos regulatorios de los Estados a través de su política de «ampliación», fue un geopolítico de nuevo cuño, si bien Kissinger no estuvo de acuerdo con su enfoque internacional.

De eso se trató la globalización (o «geobalización»), un régimen de poder blando que predispuso a los países a «hacer entusiasmadamente» lo que los poderosos querían que ellos hicieran.

La geopolítica cambia, pero nunca se va. Más todavía, como siempre, viene hacia nosotros. Y así será mientras las cuestiones hasta hoy inalterables de la política entre estados, esto es, la ambición, el temor, los intereses, entre otras, no sean erradicadas o modificadas. Si un día ello ocurre, entonces nos encontraremos en otra dimensión de la humanidad.

Además, la geopolítica cambia, pero en un sentido de «pluralización», es decir, se suman nuevos territorios, por caso, el digital, y también adquieren nueva relevancia los «viejos territorios», por caso, el aeroespacial. Pero ello no implica que la rivalidad y el conflicto disminuyan sino, por el contrario, se vuelven más sofisticados y difusos. En su ya citada obra «Orden mundial», Kissinger se ha referido a esos «nuevos temas».

En breve, en el encuentro mundial de Davos Kissinger ha hecho advertencias y ha recordado que solamente el equilibrio puede proporcionar un orden que, a su vez, proporcione estabilidad internacional, es decir, paz. Para otras visiones y prácticas, la historia ofrece no pocos casos de frustraciones y precipicios.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Miembro e investigador de la SAEEG. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

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LA GUERRA EN UCRANIA, CONSECUENCIAS GEOESTRATÉGICAS

F. Javier Blasco*

El tiempo pasa inexorablemente sin que cambien mucho las cosas en los diversos frentes abiertos por Rusia en Ucrania, así como tampoco o muy lentamente en la arena internacional. Esto ocurre, sin tener presente que, en la guerra moderna, los prolongados periodos de pocos o nulos progresos, a pesar de la mucha actividad bélica, no son un factor que pueda ayudar a decantar el fiel de la balanza de un platillo al otro.

Los informes, opiniones y partes de guerra diarios se suceden sin parar; pero la situación en general, salvo honrosas y puntuales excepciones, parece estar estancada. Unos dicen que Putin está reorganizando sus fuerzas para dar el golpe definitivo, otros que es muy difícil llevar a cabo el obligado reemplazo de las unidades que se han agotado o desgastado mucho por los combates, que ya no sirven para continuar la lucha con plena efectividad y, aunque también, cada vez son más los que empiezan a creer en la incipiente posibilidad de que las fuerzas ucranias, con los puntuales apoyos recibidos desde el exterior, están haciendo mucho daño al ejército ruso —muy sobrevalorado dentro y fuera de casa— quien, a su vez, empieza a mostrarse incapaz de comerse a la presa aunque varíe de intensidad y escenario.

Pero lo cierto, es que nada es mentira del todo y algo hay de cierto en cada uno de los puntos expresados en el párrafo anterior.

A tenor o como consecuencia de esta guerra —errónea y malamente bautizada y peormente llevada a cabo por parte rusa— a pesar de las grandes diferencias en las capacidades iniciales en todos los campos militares y el correspondiente armamento, Rusia empieza a verse avocada a perfilarse como el gran perdedor final; si bien no y de forma definitiva en campo militar, sí en otros campos, relativamente más importantes.

Somos muchos los que defendemos que aquellos pueblos que no estudian ni analizan su historia adecuadamente, tienen grandes posibilidades de volver a caer en los mismos errores que sus ancestros. No es la primera vez que le ocurre a la URSS o a Rusia, que cuando se encuentran económicamente estancadas, como si de una guerra Santa se tratara, se lanzan a unas cada vez más costosas guerras, que terminan mal para sus intereses.

La situación actual no es muy diferente a cuando Stalin tomó la decisión de lanzarse a intervenir en la Guerra de Corea en 1950. Cosa que también le ocurrió a una URSS tambaleante en 1979, cuando erró y mucho, al invadir Afganistán. Motivo, que hace pensar en que, en adelante, Rusia deberá desconfiar mucho más de los costos y repercusiones potenciales de intervenir o forjar una agresión militar abierta, sobre todo, cuando su economía no se encuentre muy boyante, al igual que obligatoriamente, debe corregir una serie de errores o importantes deficiencias militares propias. Errores que, para poder ser corregidos, deben asumirse plenamente porque marcan el camino al fracaso de sus operaciones militares, a pesar de ser un país que posee un ingente poderío nuclear y ser el tercero del mundo, en liza con la India, que más gasta en defensa para modernizar su equipo y armamento.

Aunque ya se ha hablado y escrito mucho sobre estos, conviene repasarlos brevemente: un deficiente sistema de estudio de los factores que influyen en la decisión (principalmente en lo referente al ambiente, armamento, enemigo y el terreno); un liderazgo militar autocrático, piramidal y excesivamente rígido en el planeamiento y también en la ejecución de las operaciones; la escasa o nula voluntad de vencer de la tropa; que la mayor parte de estos sean de recluta forzosa cuando el sofisticado armamento exige un mayor grado de formación, entrenamiento o la profesionalización de la tropa; la inexistencia de un verdadero empleo intermedio (suboficiales) que entrenen y empujen a los subordinados; no estar preparados a superar las capacidades y peligros de las nuevas tecnologías y que, en general, su armamento y material de transporte es bastante obsoleto unido a que la cadena logística sigue siendo ancestral, lamentable y claramente deficiente.

Factores, que han mermado la agilidad, capacidad y la resistencia de sus militares, máxime cuando se han enfrentado a un enaltecido pueblo en armas, el ucraniano, que sabiendo y conociendo los defectos del adversario, ha venido evolucionando en sentido contrario y recibiendo adiestramiento y apoyos precisos de armamento especifico y eficiente —principalmente por parte de EEUU— durante un periodo de tiempo superior a siete años, sin que Rusia diera mucha importancia o consideración a este hecho.

Deberá analizarse y valorar realmente los efectos y consecuencias económicas, comerciales y de aislamiento internacional traducidas en ‘sanciones’ que pueden negar a Rusia tanto la exportación de sus productos como el libre acceso a multitud de elementos que integran la tecnología vital para la producción de armas modernas y otro tipo de equipamiento, incluido el de doble uso.

Situación que podría llevar a Rusia a un elevado empobrecimiento (llegará a caer hasta un 15% este año) y a un descenso en su prestigio internacional y capacidades tecnológicas; con lo que será relativamente fácil que todos sus aliados o amigos, incluida China, puedan llegar a ver a Moscú como un aliado menos capaz. Al mismo tiempo, que los vecinos que ahora le temen, empiecen a verle como un lobo, menos feroz y al que es posible, con alguna ayuda exterior, llegar a vencer. En cualquier caso, el retroceso económico ruso es altamente probable y puede llegar a ser muy sangrante o hasta definitivo.

Comprobar la eficacia de todas y cada una de las mencionadas sanciones para reducir las capacidades de un peligroso vecino muy molesto, en el futuro llevará a la Comunidad Internacional (CI) a perfeccionar el sistema de imposición de estas, así como a una mayor rapidez y menor vacilación en su aplicación.

En este caso concreto, aunque también extrapolable a otros muchos escenarios, en el aspecto económico y de la necesidad para la subsistencia ha aparecido una nueva arma muy potente y eficaz; me refiero al ‘control del suministro de los productos necesarios’ para obtener energía, minerales precisos y otro tipo de productos que afectan a la subsistencia. Arma de doble filo, que puede ser empleada en ambos sentidos y cuyo control y aprovechamiento puede poner en peligro la actuación de otros factores y actores.

El conflicto en sí mismo, las sanciones impuestas a Rusia y las consiguientes amenazas de Putin sobre los diversos países europeos han dejado bien claro que la enorme y casi absoluta dependencia de Occidente con Rusia en carburantes, derivados del petróleo, gas, minerales de todo tipo y las importaciones de grano, deben llegar a casi desaparecer en un breve periodo de tiempo y, otras fuentes como EEUU se beneficien en detrimento de Rusia, lo que sin duda, afectará duramente a su economía a corto y medio plazo.

Rusia ha conseguido unos efectos contrarios a los pretendidos por Putin en lo referente a sembrar la discordia y las divisiones en el seno de la OTAN y la UE. Aunque si ha logrado imponer ‘el valor de la disuasión nuclear’ para que los países aliados o integrantes no intervengan individual o colectivamente en la guerra, aunque también y sin pretenderlo, por determinado contagio o celos políticos, se ha incrementado el convencimiento de la mayoría de los anteriores para limar sus intereses personales en apoyo a la causa y/o de invertir más en defensa.

Con respecto al valor y efecto de la disuasión por poseer el arma nuclear, se corre el peligro que, en un futuro próximo, países como Corea del Norte, Irán y alguno otro más, caigan en la tentación de mejorar sus capacidades nucleares para asegurarse no ser atacados.

Por otro lado, dado que los planes de invertir en defensa no son de aplicación instantánea, sino plurianuales y algunos como España lo han matizado a muy largo plazo, se corre el riesgo de que si Rusia finalmente acaba con el rabo entre las piernas, puede que muchos se olviden de sus buenos propósitos al respecto.

Un hecho claramente patente es que la UE tiene una enorme falta de capacidades de influir política y militarmente en la resolución de conflictos, incluso, si estos se producen en sus propias fronteras. Hecho que puede le sirva de acicate para tratar de corregir tales deficiencias que la subyugan a casi una irrelevancia en el ámbito de la seguridad.

Por su parte la OTAN, en su próxima cumbre de Madrid, que en principio iba a ser una reunión tranquila para pasar un buen tiempo aprovechando la bonanza climática de la época y el propicio ambiente sin grandes temas que tratar, posiblemente derive en una de las cumbres más importantes de su historia por la necesidad de una redefinición de su Concepto Estratégico, de las condiciones y límites a las posibles ampliaciones y hasta si se mantiene o no la actual política de empleo del arma nuclear (conocida como ‘postura de doble clave’, que basa su empleo solo como disuasión o en caso de defensa) así como, en incrementar o no las propias capacidades nucleares de la Alianza. No siendo precisamente la composición del gobierno de España y de sus apoyos, en gran parte pro rusos o simpatizantes de Putin, el mejor escenario donde poner sobre la mesa estos asuntos con las debidas garantías.

Otra de las consecuencias geoestratégicas en el punto de las mencionadas alianzas es el de la ampliación selectiva de ambas organizaciones con el ingreso o adhesión de países del entorno a Rusia, tema que se da por hecho y con cierto carácter de urgencia.

‘China’ tiene muchos más intereses con el resto del mundo que con Rusia; desde que esta se anexionó la península de Crimea en 2014 se ha venido salvando por su oscurantismo y aparente neutralidad; pero todo apunta a que, en breve, deberán decantarse por uno u otro bando y los chinos son eminentemente comerciales, por lo que el aislamiento ruso puede aumentar exponencialmente.

El éxito logrado en este conflicto con la ayuda norteamericana en material, inteligencia y adiestramiento más o menos encubierta a Ucrania, puede servir de acicate y ejemplo para la resistencia de otros países amenazados por Rusia, China o Corea del Norte y que de una forma u otra, estén bajo el paraguas norteamericano; al mismo tiempo que el —a todas luces— inesperado posible éxito de David contra Goliat, pueda suponer una llamada de aviso para los que amenazan o ambicionan expandirse confiando en la diferencia de capacidades a su favor.

En lo referente a formas y modos de ejercer y practicar el liderazgo por parte de los dirigentes políticos modernos, se aprecia un cierto regreso al pasado. El liderazgo visible e inspirador de confianza del presidente ucraniano Zelenski —quien parece haberse convertido en Winston Churchill en tiempos de la II guerra mundial— así como sus nítidos mensajes a los ucranios y a todo parlamento que le ha querido oír, han generado confianza entre aquellos y muchos más apoyos externos. Por el contrario, el estilo solitario y falaz de Putin y sus interminables mentiras y acciones cruentas, socavan su credibilidad y la de toda Rusia.

En conclusión, con independencia del resultado y momento final de esta guerra, se puede afirmar que los organismos de la CI por separado deberán darle una vuelta a su composición, organización, cometidos y misiones, sobre todo para la ONU y la UE, quienes se han mostrado de muy poca o nula utilidad y que Rusia, en el plano internacional y económico saldrá perdiendo y mucho si se llevan a efecto todas las sanciones y restricciones previstas y en el tintero. Situación está que podría ser causa y motivo de problemas internos de cierta o mucha relevancia hasta para el mismo Putin, lo que su potencial caída, acarrearía una nueva crisis de importante trascendencia mundial.

Por su parte Ucrania y los ucranios, que son los que se están llevando la peor parte, incluso muchas veces en solitario, se encuentran con que actualmente la mayoría de sus importantes ciudades están muy dañadas o totalmente arrasadas, su economía, las capacidades industriales, agrícolas, mineras y de transporte en franco desastre o destruidas; por lo que el país precisará de un gran, urgente y potente plan de recuperación, si no se quiere que acabe como Siria.

Igualmente, se precisarán planes para el regreso de la mayor parte de los casi cinco millones de refugiados y desplazados internos. Costosos y complicados temas de los que, de momento, nadie habla claramente y deberían ser parte ya de los todavía desconocidos planes internacionales de ayuda.

Por último, da la sensación de que al focalizar tanto la atención internacional en este conflicto y su resolución, ha llevado a la CI al abandono del interés y preocupación por la actividad, desarrollo y expansión del Estado Islámico tanto en Oriente Medio como en el continente africano; a lo que hay que unir, la coincidente y forzada finalización, en algunos casos, de la mayor parte de las misiones de paz o de instrucción y adiestramiento a fuerzas aborígenes en el Sahel y alrededores para luchar contra este grupo terrorista, a pesar de los muchos mensajes que la comunidad yihadista sigue mandando con sus ojos y pensamiento puestos en Europa.  

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

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