Archivo de la etiqueta: Rusia

LA PELIGROSA SITUACIÓN DE “NO GUERRA” ENTRE ARMENIA Y AZERBAIJÁN

Alberto Hutschenreuter*

 

Según el jurista y filósofo político alemán Carl Schmitt, a las situaciones internacionales de paz y guerra hay que sumar una tercera, la “no guerra”, que no es una situación de paz ni de guerra, sino que implica un contexto que estaría anticipando un estado de guerra; una suerte de “umbral” de una confrontación militar mayor.

La historia está llena de situaciones de “no guerra”, siendo una de las más conocidas el ambiente internacional que se vivía en Europa en los dos años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Pero una situación de “no guerra” no siempre termina en un choque abierto. Puede finalmente imponerse la diplomacia, y aquella situación acaba perdiendo fuerza. Acaso, la inminente guerra entre Argentina y Chile hacia fines de los años setenta es un ejemplo de ello.

Un caso actual en relación con ese contexto singular es el conflicto entre Armenia y Azerbaiján por el territorio de Nagorno Karabaj, un enclave que durante la era soviética se denominó Región Autónoma de Nagorno Karabaj, la que formó parte de la República Soviética de Azerbaiján. Habitada mayoritariamente por armenios, la condición de autonomía proporcionaba un importante margen de independencia cultural a los armenios. Pero, como sostiene la experta Audrey Altstadst, los armenios querían que Nagorno Karabaj fuera parte de Armenia.

Por ello, cuando la Unión Soviética, que había rechazado cambios de status político en la Región Autónoma, despareció, la guerra entre Armenia y Azerbaiján, que se había iniciado en 1988, se intensificó y terminó costando más de 30.000 muertos y un millón de desplazados. Derrotada Azerbaiján, en 1994 se alcanzó una tregua y los armenios del enclave proclamaron la República de Alto Karabaj (la que no fue reconocida por ningún Estado, incluida la misma Armenia, y cuya autodenominación desde 2017 es República de Artsaj).

Casi un cuarto de siglo después, sin que fuera un hecho inesperado, el 27 de septiembre pasado se registraron enfrentamientos militares entre las fuerzas armenias y azeríes a lo largo de la denominada Línea de Contacto, que es la que desde 1994 separa a las fuerzas de Armenia y Azerbaiján en el conflicto por el territorio en cuestión.

Si bien trascendió muy poca información sobre qué parte inició los ataques en las primeras horas de ese día domingo, los choques habrían causado centenares de muertos, la mayoría militares, y significativas pérdidas de medios militares, particularmente drones y vehículos.

La situación no fue una sorpresa, pues desde hace una década ambos países viven un estado de “no guerra”; incluso desde antes, cuando a principios de siglo se abrió una ventana esperanzadora desde la tregua de mediados de los noventa. Pero posteriormente cada parte se fue endureciendo, al punto que prácticamente ningún especialista que seguía la cuestión esperaba otra cosa que no fuera un choque armado, hecho que finalmente sucedió en abril de 2016. Si bien se trató de un breve enfrentamiento, la utilización de nuevos equipos (siempre negado por ambos) corroboró la carrera de armamentos en la que se encontraban los contendientes desde hacía tiempo.

Pero no solo hay una carrera de armamentos que supone una inversión militar anual del 4 por ciento del PBI por parte de cada actor, según datos del SIPRI: el discurso nacionalista-bélico por parte de ambos se ha ido afirmando, la militarización a lo largo de la frontera se incrementó, los encuentros diplomáticos fueron cada vez más frustrantes, las escaramuzas (como las de julio pasado) se sucedían, etc. En suma, todo representaba una situación de “no guerra” o de confrontación latente.

Pero acaso la situación más categórica y más “novedosa” en relación con el conflicto es lo que ha destacado Jeffrey Mankoff en la entrega digital de “Foreign Affairs”, donde sostiene que tanto las autoridades de Ereván como las de Bakú enfrentan cada vez mayores presiones para adoptar medidas duras ante dicho conflicto.

En Armenia, dichas presiones obedecen a una percepción relativa con cierta ambivalencia (e incluso distanciamiento) de Rusia en cuanto a continuar manteniendo una posición de no cambio en el status del enclave. Hay que recordar que el actual primer ministro del país, Nikol Pashinyan, llegó al poder en 2018 en medio de una ola de protestas populares que terminó con el gobierno anterior, algo que no fue bien visto en Rusia, país que mantenía nexos con los dirigentes anteriores, los que hoy enfrentan causas por corrupción. Asimismo, desde adentro podría haber descontentos: en septiembre de 2019 renunció el director del poderoso Servicio de Seguridad Nacional, Artur Vanetsyn, quien criticó al gobierno por “exceso de espontaneidad”.

En Azerbaiján, que mantiene una buena relación con Rusia, de donde ha adquirido importante cantidad de armamento, el problema pasa por la recesión, el descontento social y las inquietantes dudas sobre el producto que ha hecho del país lo que es, pues se considera que, por varias razones, sobre todo por la oferta, el precio del petróleo se mantendrá bajo.

Por tanto, el recurso a posiciones de afirmación nacional y la estimulación del nacionalismo ante el rival por parte de las autoridades de ambos países, serían las principales causas y los disparadores de los enfrentamientos actuales.

Además, si Armenia percibe riesgos en relación con Rusia, que mantiene una base y 5.000 efectivos en su territorio y con el que lo une un acuerdo de defensa y la pertenencia a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (firmado en 1992), Azerbaiján percibe oportunidades en relación con Turquía, país con el que en 2010 firmó el Tratado de Asociación Estratégica y Ayuda Mutua, y que desde el mismo día que estallaron las hostilidades con Armenia, fiel en su búsqueda de un eje geopolítico multivectorial propio, se comprometió como nunca antes con apoyo militar.

Estas posiciones de Armenia y Azerbaiján dificultan sobremanera las posibilidades para la diplomacia del grupo integrado por Estados Unidos, Rusia y Francia en el contexto de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, en relación con la búsqueda de una salida del conflicto.

Pero aún quedan algunas esperanzas para evitar que la situación de “no guerra” pro-activa acabe transformándose en una guerra total. En buena medida, una presión mayor por parte de Rusia, una diplomacia menos “armada” por parte de Turquía y ningún intento del oeste en relación con pretender ganar poder debilitando a aquella y “disciplinando” a ésta, expandirán esas esperanzas en el sur del Cáucaso.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Profesor de la asignatura Rusia en el ISEN. Profesor en la Diplomatura en Relaciones Internacionales en la UAI. Ex profesor en la UBA y en la Escuela Superior de Guerra Aérea. Autor de varios libros sobre geopolítica. Sus dos últimos trabajos, publicados por Editorial Almaluz en 2019, son “Un mundo extraviado. Apreciaciones estratégicas sobre el entorno internacional contemporáneo”, y “Versalles, 1919. Esperanza y frustración”, este último escrito con el Dr. Carlos Fernández Pardo.

 

©2020-saeeg®

 

CÓMO FUNCIONAN LOS SERVICIOS RUSOS

Giancarlo Elia Valori* 

 El presidente Vladimir Putin habla en una reunión con oficiales de la inteligencia militar rusa, GRU en Moscú, Rusia, noviembre de 2018. (Alexei Druzhinin, Sputnik, Foto de la piscina del Kremlin vía AP).

El sistema de seguridad de la Federación de Rusia estaba formado, por supuesto, por los restos de la KGB, que se había disuelto deliberadamente y tal vez de manera irrazonable en 1991. Gran parte del “Comité” fue destruido sin ningún programa, y luego redistribuyó algunos elementos de la KGB a otros organismos o incluso a otras oficinas que no son de inteligencia, siempre tratando de contrastar y competir con las oficinas y los aparatos de seguridad entre ellos. Una idea razonable, pero para ser utilizada de una manera no exclusiva. Pero, cabe señalar, los Servicios de Seguridad rusos fueron reconstruidos y modificados después de la Guerra Fría, precisamente según el modelo estadounidense, no porque Estados Unidos hubiera ganado la “Guerra Fría”, sino porque Washington todavía mantiene, y es un error allí también, hasta 17 servicios diferentes en funcionamiento. El fin de la confrontación global había debilitado y marginado incluso antes de 1989 a las estructuras occidentales. La unidad de inteligencia política en los EE.UU. fue abolida en 1985, al igual que la División General de Inteligencia del FBI.

En Inglaterra, la Subdivisión F, la unidad contra las “actividades subversivas” cambió del MI5 a la lucha contra el terrorismo, y el criterio básico en Londres, que hoy parece cuestionable, era operar contraespionaje en el país y el espionaje sólo en el extranjero. El divide y reinarás de la clase política en los Servicios. Pero también una garantía de ineficiencia y “agujeros” informativos.

La Rusia postcomunista hizo lo mismo: la KGB fue desmembrada, con la asignación de la Guardia Fronteriza a otro organismo ad hoc y tropas de comunicaciones a la FAPSI, otra nueva agencia, mientras que los búnkeres secretos fueron en gran parte retirados o asignados a una simple oficina de la Administración Presidencial. Sin embargo, el sistema nacido de la antigua KGB duró hasta 1998. En 1991 Yeltsin intentó, sin embargo, establecer un único Ministerio de Seguridad y Asuntos Internos, una vieja reforma que había sido establecida en 1953 por Stalin, pero la Corte Constitucional bloqueó la decisión.

Y, por supuesto, ningún país puede permitirse hoy una concentración de poder como la derivada de un único servicio. Especialmente las clases políticas cleptocráticas o, como suele ser el caso de Occidente, las que son completamente incompetentes. O ambas cosas.

La larga guerra entre las clases políticas y los Servicios se ganaría, en este caso, precisamente por los Servicios. Y no es verdad que esto siempre sea malo. Las amenazas a Moscú no fueron particularmente agudas a principios de la década de 1990 por lo que el Servicio Ruso pudo transformarse, con la debida lentitud burocrática, de una manera bastante radical. Y sin demasiados daños, excepto por la falta de noticias sobre la relación entre los operadores de la transformación clepto-liberal de la economía y la clase política. No es extraño, era el objetivo que querían alcanzar.

La “liberación” de la economía rusa postsoviética fue el fin, el silencio obligatorio de los Servicios, o su participación en el clepto-sistema, era el medio. Una gran parte de la KGB, especialmente la relacionada con la contrainteligencia, fue reconstruida como FSB.

La Primera Dirección Central, la de operaciones extranjeras y espionaje, se convirtió en el Servicio de Inteligencia Extranjera, el SVR; la 6ª y 8ª Dirección de la KGB, que ya operaban en inteligencia electrónica y señales, se fusionaron y organizaron en una nueva Agencia, la Agencia Federal de Comunicaciones e Inteligencia Gubernamentales, FAPSI, sobre el modelo explícito de la NSA estadounidense. La 15ª Dirección de la KGB se convirtió en la Dirección Presidencial de Programas Especiales, responsable de la protección de la infraestructura más secreta y delicada del país, mientras que la Primera Dirección de Seguridad, o 9ª Dirección de la antigua KGB, tenían como objetivo proteger a las personalidades más importantes del país.

Las tropas fronterizas, como ya hemos señalado, se convirtieron en una administración autónoma. Fue Yeltsin quien se aseguró de que la competencia entre los Servicios y las agencias fuera máxima, también para evitar que sus ministros conocieran cuestiones antes o mejor que él.

Pero el problema es la comprensión, no «tenerlo primero». Si el estadista no lo logra, no hay nada que pueda mostrarle una nota del Servicio, una nueva idea, iniciativa, una nueva operación, nada. Están los que nacieron evaluadores de tráfico, los que nacieron estadistas. Y nosotros, como asesores de segundo nivel, somos demasiados. El SVR también compitió con el GRU (el Servicio Militar) y el FSB, que luego participó en competencias reales con la FAPSI.

Dentro de la Presidencia, también estaban los servicios que los rusos llaman “sociológicos”: el GAS, para monitorear la situación sociopolítica (y económica) en las regiones más alejadas de Moscú, luego el Vybory, que sirve para monitorear los procesos electorales y también el desafío de controlar los costos administrativos. Eficiente incluso hoy.

En 1993 incluso se fortaleció el sistema de competencia interna de los Servicios. Ese año también apareció la Policía Tributaria, que competía directamente con el Departamento de Seguridad Económica del FSB. En manos de Putin, estas estructuras, especialmente la Oficina Tributaria, se convirtieron en la principal herramienta, muy selectiva, contra los «oligarcas». Los oligarcas afines fueron elegidos, los otros fueron forzados al exilio o algunas visitas a Siberia.

Una elección racional y práctica para no destruir el sistema, que habría sido exagerado, y una manera de mantenerse en el poder.

La competencia excesiva entre los Servicios puede dar lugar a peligrosas luchas internas por la estabilidad del Estado y, sobre todo, por la fiabilidad de la información, por lo que la Presidencia trató de poner un límite a este “juego de matanza”. En 1998, la idea de reunir todas las piezas en las que la vieja KGB había sido dividida renació justamente para evitar que la competencia entre las Estructuras destruyera la función misma de inteligencia. Pero no fue hasta 2003 que Putin, ahora en el poder, abolió el Servicio Federal de Policía Tributaria, luego también la FAPSI, finalmente la Agencia Federal para la Guardia Fronteriza y algunas otras oficinas. En cambio, nació el “Comité Estatal para combatir el comercio ilegal de estupefacientes”, los Guardias Fronterizos se reincorporaron al FSB y la FAPSI se dividió de nuevo entre el FSB y el Servicio Federal de Seguridad. Eso se había mantenido intacto entre las diversas y a menudo inteligentes “reformas”.

El FSB tuvo inmediatamente un control total, casi directo, del Ministerio del Interior. La 5ª Dirección de la KGB, que se ocupaba de la “investigación política” dirigida e inventada por Yuri Andropov, escapó en parte de la reconstrucción-fragmentación de los servicios rusos. Como dijo el propio Andropov, la 5ª Dirección fue creada para “luchar contra la subversión ideológica inspirada en nuestros enemigos en el extranjero”. Y pensar que algunos periódicos italianos, cuando se convirtió en secretario del PCUS, hablaron de su “pasión por el jazz” y por el “arte moderno”. Nada lo prohíbe, por supuesto, pero Andropov no dudaría por un momento en enviar a ciertos artistas al frío siberiano.

El 1º Departamento de la 5ª Dirección se especializó en la infiltración y el control de los sindicatos, el 2º operaba contra los centros, internos y extranjeros, que apoyaban a los disidentes soviéticos en el extranjero, la 3ª operaba dentro del mundo estudiantil, y sólo la 5ª Dirección, con la 14ª controlaban a periodistas extranjeros, el 13º mantuvo un ojo en los punks y grupos espontáneos, el 8º a los judíos. Llegaron a emplear hasta 2.500 empleados. Para “limpiar” la imagen de la 5ª Dirección, en 1989, fue renombrada “Dirección para la Protección de la Constitución”, pero fue eliminada formalmente en agosto de 1991. Después de siete años, en 1998, la nueva Dirección para la Protección de la Constitución nació dentro del FSB. Opera, según la Presidencia rusa, en la “esfera sociopolítica” contra la “sedición interna” que siempre ha sido, afirmaba Yeltsin, “más peligrosa que las invasiones externas”.

Luego, este departamento fue colocado en el departamento de “Lucha contra el Terrorismo”, debido a que los servicios de inteligencia rusos siempre han separado el “terrorismo” de la “subversión”, una señal de que su análisis político es más fino que el occidental. Pero en 2002, de nuevo por temor a concentrar demasiado poder en un servicio, el Servicio de Lucha contra el Terrorismo se dividió en dos. Increíble cómo una agencia de inteligencia podría haber trabajado con esta continua trituración institucional. El Servicio BT, o Contraterrorismo, fue devuelto al FSB pero con un nuevo nombre, SZOKS y BPeh, el “Servicio para la Protección de los Fundamentos del Sistema Constitucional” en el primer caso y el de “Lucha contra el Extremismo Político” en el segundo. Se debe tener en cuenta que la lucha contra el terrorismo siempre estuvo separada de la lucha por la “protección de la Constitución”.

En esos años, nació una nueva necesidad rusa: el control del vecino extranjero, es decir, la CEI. El proyecto vigente de la Federación Rusa-Belarús nació en 1999.

Pero en 2005 el FSB necesitó realizar operaciones serias más allá de sus vecinos, por ejemplo en las zonas europeas y norteamericanas. Desde entonces, los servicios rusos tienen especial cuidado de no permitir que las revoluciones de color, típicas del enfoque actual de los Servicios Occidentales a la desestabilización/aislamiento de la Federación de Rusia, estallen en su “área de respeto”. Todo surge de la transformación “democrática” serbia, de la red de OTPOR, organizada en la embajada de Estados Unidos en Hungría, y de las redes de las fundaciones estadounidenses e incluso europeas.

Ante las revoluciones de color, el FSB también resultó una agencia de inteligencia del viejo estilo, con su nueva “Dirección para la Coordinación de la Información Actual” (UKOI) y la de “planificación estratégica, análisis y previsión” (DAPSP) como los órganos más importantes y poderosos del Servicio. El GRU y el SVR también retoman su antigua función como agencias de inteligencia en las etapas de la llegada y los primeros años de Putin en el poder.

En 2005, la estructura del FSB que organiza las relaciones con los países de la CEI, es renombrada como “Servicio de Información Actual”. En 2003, vimos que los Guardias Fronterizos finalmente fueron retornados al FSB.

Pero hay, la Federación siempre sigue siendo un “estado policial”, otros dos cuerpos que se ocupan de las fronteras y que no son dirigidos por el Kremlin. Es el “Centro Antiterrorista de los Países de la CEI” y luego el sistema de control interno de la Organización de Cooperación de Shanghái. En 2006, la Duma aprobó el establecimiento de un servicio especial que elimina a los terroristas en el extranjero. Escribí “elimina”. Por otro lado, un Servicio también tiene que ver con ciertas etapas de la vida.

Siempre recordamos el delicado y largo momento del pasaje entre Yeltsin y Putin en 2000. En ese año que Vladimir Putin insertó una parte del FSB en las Fuerzas Armadas, feudo del excelente GRU, nunca muy manipulado por los políticos. El FSB, que era el objetivo geográfico y estratégico, organizó inmediatamente una “Dirección para el Cáucaso Norte” y una contrainteligencia militar en esa área.

También cambia el estilo de trabajo del Servicio: a partir de 2003, el FSB y el SVR no sólo revelan la información confidencial que han recopilado, sino que también la interpretan, algo a lo que la vieja KGB nunca se habría atrevido.

El “kappa” fue excelente, como todos los Servicios que tienen detrás de ellos un verdadero Estado (meditación actual para Italia) especialmente para las operaciones en el extranjero y para la penetración en otros lugares, como en Italia, por ejemplo, pero nunca se atrevió a interpretar los datos que recopiló, esperando irremediablemente al discurso paramarxista y osificado del Kremlin. Según la charla pseudo-marxista, la KGB hizo lo que se le antojaba. Buenos tiempos. La información llegaba casi sin procesar y sólo al escritorio del director de la KGB (y luego, por un tiempo, también al del FSB) y sólo él quien seleccionaba los datos que consideraba importantes. Los datos recogidos por el Servicio eran enviados a los diversos departamentos de la Comisión Central, y por supuesto aquí radicaba el control del Partido sobre la KGB.

Luego, en la década de 1990, se añadieron a la Lubjanka otras Direcciones: el Servicio Psicológico, que estaba interesado en los fenómenos de masas y la contrapropaganda.

El análisis de fuentes abiertas, tan importante hoy en día para todos los servicios, no existía entonces como tal. Ni antes ni después de la caída del régimen soviético. Hubo algún estudio de los errores y de las evaluaciones correctas realizadas por el Servicio en años anteriores y para casos similares. También existía la campaña, organizada a través de los muchos canales occidentales complacientes, para crear el «mito» del FSB, como años antes se había realizado para la KGB, sin duda un excelente servicio, pero no tan extraordinario como la propaganda indicaba, incluso la occidental.

Pero la propaganda, para un Servicio, siempre debe estar bien organizada y apoyada, no como sucede en Italia, donde parece que nuestros Servicios están representados principalmente por los militantes de “Avanguardia Operaia”. Y, por nombrar uno, uno de estos viejos militantes fue ministro del interior y de un partido de derecha. Está muy implicado Francesco Cossiga, que votó a favor de una moción individual de no confianza sobre este líder político.

Aquí, incluso hoy en día, los Servicios Soviéticos, aunque excelentes y eficientes (especialmente desde el punto de vista operativo) surgen de esta larga odisea entre clases políticas inciertas, evaluaciones sectoriales y a menudo de “consensos” políticos incompetentes. Hoy es crucial el papel de Putin, que ha restablecido la competencia entre las agencias, pero de una manera más compleja y controlada por el Kremlin. Después de Vladimir Vladimirovic, y este es sin duda uno de los objetivos de las actuales operaciones occidentales, los servicios rusos volverán al caos resultante de una poliarquía política a menudo para-criminal.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. 

©2020-saeeg®

 

LA NUEVA RELACIÓN ENTRE ISRAEL Y BAHRÉIN

Giancarlo Elia Valori*

La cuestión de la nueva relación entre Jerusalén y los Emiratos Arabes Unidos (EAU) luego del acuerdo firmado entre Israel y Bahrein, es de particular interés y marca un realineamiento del mundo sunita con el Estado judío y por lo tanto indirectamente con Occidente y es contrario a Irán.

Pero Israel no siempre piensa estratégicamente como sus aliados occidentales, y eso es bueno.

El peso político del petróleo entre el Oriente árabe y el Occidente euro-americano está cambiando (pero la UE aún no se ha dado cuenta) debido al aumento del poderío petrolero estadounidense.

Pero también cambia lo que podríamos llamar el “nivel de protección” militar entre el mundo árabe sunita y el sistema de defensa de Occidente, entre la OTAN y los acuerdos específicos de Estados Unidos o la Alianza Atlántica con los países árabes sunitas. Europa, por supuesto, no ha sido recibida.

Objetivos principales: para los árabes, jugar la carta occidental en su totalidad con respecto a la Federación de Rusia y, en algunos aspectos, también a China; para los occidentales, el juego primordial es recuperar el mundo sunita después de la crisis yihadista y luego, otra vez para Occidente, crear un nuevo mercado para los precios del crudo cuando el petróleo de esquisto estadounidense cambia todo el sistema de precios. Pero para Washington es la manera de impedir que Rusia y China “tomen” estratégicamente el mundo sunita.

El mundo sunita sabe que nunca puede permitir que Occidente enfrente seriamente a Irán y sus representantes, que necesita tecnologías estadounidenses y de la UE para hacer la “transición energética” de los hidrocarburos a las renovables, finalmente necesita armas, tecnologías y probablemente también ayuda militar directa de los Estados Unidos y de la OTAN.

Y, en el futuro, también del Estado judío.

Irán también es una amenaza existencial para ellos, y las áreas de influencia y contacto en Oriente Medio entre Irán y el mundo sunita son tales que no pueden ser compuestas por ningún tratado de paz. El caso de Yemen enseña. Cada movimiento en el Golfo es un juego de suma cero.

Ahora demos un paso atrás, pero aún es necesario. El “Acuerdo de Abraham” entre Israel y los Emiratos Arabes Unidos y luego Bahrein se basa en futuras “relaciones normales” entre el Estado judío y los EAU.

Un acuerdo escrito a mediados de agosto de 2020 largamente preparado por los servicios y, posteriormente, por la diplomacia de las dos partes, y también de algún servicio Europeo, presupone relaciones comerciales habituales, vuelos directos, turismo, intercambios científicos y pleno reconocimiento diplomático. Sin embargo, es bastante obvio que los Emiratos no enviarán un embajador a Jerusalén. No está escrito en los acuerdos, pero sin embargo hay y hubo un intercambio específico de información entre los Servicios pertinentes entre Jerusalén y Arabia Saudí.

Según los Emiratos, pero el texto sigue siendo claro a este respecto, el acuerdo entre Israel y los EAU bloquea inmediatamente cualquier intento de Jerusalén de anexar Cisjordania, pero también prevé una renovación de las negociaciones entre la ANP y el Estado judío para “poner fin al conflicto”.

Un gran programa, habría dicho De Gaulle. Es que los palestinos de la ANP, una criatura, por muy mal pensada que sea, del fin de la Guerra Fría, ya no son útiles para nadie.

Ni los soviéticos, que ya no están allí y ya no necesitan campos de entrenamiento para los terroristas europeos, o tal vez sistemas de presión para sus aliados árabes, ni la izquierda europea (y la UE, pero no sabe) que nada sabía de política exterior y que sólo quería la “reducción” de Israel, y mucho menos a China , que no sabe qué hacer con ella, ni siquiera con la galaxia yihadista, que ha utilizado muy poco la antigua red guerrillera de origen palestino.

Y hoy el papel preeminente de Hamas en la Franja de Gaza y también en Cisjordania, un movimiento que emana de la Hermandad Musulmana, que acepta explícitamente los “Protocolos de los Sabiosi de Sión” en sus estatutos y es ahora plenamente apoyado por Teherán, con la Yihad Islámica palestina, es un papel que ciertamente no interesa a los países sunitas del Golfo. Tal vez sólo a Qatar y Turquía, que tienen mucho que ver con la Hermandad. Pero no creo que Ankara y Doha quieran ir hacia este juego estratégico, con el riesgo de interponerse en el camino de los saudies y gran parte de los Emiratos.

Y, sin embargo, ya no quieren soportar los costos de mantener la ANP, estratégicamente inútil, probablemente incluso peligrosa.

Israel y los EAU ya intentaron la normalización hace años. En 2015, el Estado judío abrió una oficina diplomática en Abu Dabi, en relación con la Agencia Internacional de Energías Renovables, luego hubo reuniones deportivas. Israel también había sido programado como invitado en la Expo Mundial de 2020, hoy pospuesta a octubre de 2021, a excepción de otras evaluaciones, debido a la pandemia de Covid-19. La verdadera señal de que el acuerdo con los Emiratos importaba mucho en Jerusalén fue el aplazamiento por Netanyahu de la anexión de Cisjordania el 1º de junio de 2020.

Los palestinos llamaron inmediatamente a su embajador en los Emiratos. En Jerusalén importa poco la ANP, naufragio de una guerra fría que ya no tiene importancia estratégica, excepto para el papel pro-iraní de Hamas y parte de Fatah, el viejo grupo político de Mahmoud Abbas, por lo que Israel tiende sólo a la Ribera Occidental y, en pleno acuerdo con Egipto, al control antiihadista de la Franja de Gaza y el Sinaí.

Por supuesto, ni los saudíes, ni los Emiratos, ni Bahrein ni otros estados sunitas (aunque Bahrein es mayoritariamente chiíta, pero con una clase dominante sunita), y menos Israel quieren atarse a una clase política corrupta y totalmente ineficiente como la de la ANP, que ahora es el guante dentro del cual se sostiene la mano de Teherán, la única potencia interesada en tomar las dos áreas políticas de la antigua ANP.

El “Acuerdo de Abraham” también fue aceptado por Bahrein, como dijimos y pronto trataremos, por Jordania, que tiene un antiguo tratado de paz con Israel de fecha 1994, pero agobiado por la posterior y grave crisis de 2015-16 siempre con Israel, en el momento de la anexión de Jerusalén Este y por tanto de la Mezquita Al-Aqsa, el “último”, el “extremo”.

Luego está la aceptación también de Egipto, que ve resolverse la tensión yihadista en el Sinaí con una colaboración más directa y explícita del Estado judío. Finalmente el “Acuerdo de Abraham” ha sido elogiado públicamente por Omán, ahora que el nuevo rey Hatham bin Tariq quiere continuar la modernización del reino de Omán y Mascate iniciada por el fallecido Qaboos, cuyos guardias visten el kilt escocés, y con una mayor tasa de independencia estratégica de los otros Emiratos y los sauditas.

¿Quién está en contra? Irán, por supuesto, que ve una correlación estratégica entre Israel y el mundo sunita en el horizonte, con el cierre de la zona emiratí, donde podría haber jugado con operaciones de influencia contra Arabia Saudí y Estados Unidos. También está en contra Qatar, militarmente vinculada a Turquía y base financiera y política de la Hermandad Musulmana, e influye en todos los demás Estados sunitas del Golfo y, en algunos aspectos, en el proceso de reconciliación incluso con los chiítas iraní-sirios y libaneses.

Por supuesto, Turquía también se opone al acuerdo, no a la aceptación del Estado judío en el contexto de las relaciones interárabes, un Estado con el que Ankara tiene relaciones diplomáticas desde 1949, aunque nunca ha reconocido el Plan de Partición de las Naciones Unidas del que nació la propia independencia del Estado judío.

Ankara es fría con el “Acuerdo de Abraham” principalmente porque se encontrará aislada entre los Emiratos y la zona del Golfo, siendo atacada por la Hermandad Musulmana, y perjudica su proyecto de expansión en Asia central que no le permitirá mantener el status quo actualmente favorable en el Golfo y ni siquiera, en perspectiva, buenas relaciones con Qatar.

Despues de Bahrein será el turno, si todo va bien, de Sudán y Omán. Marruecos está aceptando y ya ha aceptado, el acuerdo abrahámico. Marruecos ya ha tenido ministros judíos en sus gobiernos, el empresario privado del rey Hassan II era italiano de Ferrara, que había sido el único que había mostrado solidaridad con él cuando el joven Giorgio Bassani fue expulsado del Liceo, al ejecutarse las infames “leyes raciales” de 1938.

El rey Hamad ya ha permitido a los líderes israelíes asistir a una reunión regional sobre la seguridad del Golfo, el Diálogo de Seguridad de Manama 2020, que se celebrará en la capital del Reino los días 4 y 6 de diciembre próximos.

Netanyahu ya se reunió con el difunto rey Qaboos de Omán en 2018.

Y Bahrein, ¿por qué reconoce oficialmente a Israel bajo el “Acuerdo de Abraham”?

Mientras tanto, porque el Estado judío es una brillante historia de éxito.

Por la tecnología, por su estabilidad, por su fuerza militar, incluso por su excelente inteligencia, Israel es el cuello de muchos, en el mundo árabe y más allá. El sultán bin Khalifa siempre ha expresado abiertamente su estima por el Estado judío.

El ministro de Relaciones Exteriores de Bahréin, en 2018, publicó un mensaje en Twitter a favor de Israel en su guerra contra los canales subterráneos creados por Hezbollah, y luego hizo explícito su favor al ver que Australia también había reconocido Jerusalén Este como la capital del Estado judío.

El sultán de Bahréin ha presionado abiertamente para que el Consejo de Seguridad del Golfo designe a Hezbollah como una “organización terrorista”.

Y aquí no se trata de las tensiones tradicionales entre sunitas y chiítas, sino de una elección geopolítica y estratégica: hacer de los Emiratos y de todo el Golfo una zona pacífica, para iniciar lo antes posible la transición energética y económica que decidirá el futuro de los estados petroleros de la zona.

La guerra congela posiciones, es costosa y no permite la gran transición económica que todas las clases dominantes del Golfo, con la única excepción de Irán, pretenden comenzar lo antes posible.

Por supuesto, Irán no juega tanto con el petróleo como con el gas natural, que no está cubierto por el sistema de la OPEP.

Recuérdese también que Bahrein acogió el Taller de Paz para la Prosperidad de la Casa Blanca en 2019, y en esa ocasión siete periodistas israelíes fueron recibidos en el Reino.

Cabe señalar también que Bahrein está estrechamente vinculada a Arabia Saudí por su economía y la selección de la clase dirigente.

Y tiene la mayoría de la población chiíta, con una casa dominante y una clase dominante sunita. Por lo tanto, más que para otros países del Golfo, Irán, que está en sus costas, es una amenaza existencial.

Y el vínculo entre Manama y Riad es cada vez más fuerte, especialmente después de 2018, cuando el pequeño reino costero tuvo que reprimir, y a menudo con dureza, las “primaveras árabes” que, además, tenían más de una conexión con Teherán.

El error reciente más extraordinario de Occidente en Medio Oriente, la “Primavera árabe”, después del Tratado Sykes-Picot, cuando los franceses perdieron parte de su poder porque el traductor era Luis Massignon, con su refinado árabe que los invasores del desierto no entendían, mientras que el intérprete de los ingleses era Lawrence de Arabia, acostumbrado a la calle y a los plebeyos árabes.

¿Y los palestinos? El 3 de septiembre, se convocó a una videoconferencia entre Beirut y Ramala, casi al mismo tiempo que el anuncio del “Acuerdo de Abraham” por parte de Donald J. Trump en la Casa Blanca, que vio la participación de Abu Mazen y todas las facciones palestinas. También debe señalarse que la videoconferencia había sido organizada por Fatah y Hamas, un caso más único que raro.

En Beirut estaban Ismail Haniyeh, el jefe de la oficina política de Hamas; Ziad Nadalia, el secretario general de la Yihad Islámica y todos los líderes de las facciones a las que no se les permite operar dentro de los territorios de la Autoridad Nacional Palestina.

También estaba en Ramala Mohammed Barakeh, un ex miembro del parlamento israelí.

Para todos, la clave estratégica para la interpretación del “Acuerdo de Abraham” fue la ruptura de la Iniciativa de Paz Árabe, la iniciativa saudí de 2002, luego reafirmada en 2007 y nuevamente en 2017 por todas las cumbres de la Liga Arabe. Esta “iniciativa” se refiere al abandono por parte de Israel de todos los territorios ocupados, a un “alojamiento justo” para los refugiados palestinos sobre la base de la Resolución No 194 de las Naciones Unidas y al establecimiento de un Estado palestino con Jerusalén Este como capital.

¿El resultado de la videoconferencia? La percepción clara y obvia del aislamiento de la ANP, que nadie quiere mantener ahora a pleno costo, ya que se trata de un “naufragio estratégico”, el acuerdo entre Hamas y Fatah, más único que raro, la inevitable apertura de los Territorios ANP a los enemigos declarados del Pacto de Abraham, es decir, Qatar, que intentará una correlación estratégica y militar entre Libia-Trípoli y la Franja de Gaza y la Ribera Occidental, para Turquía, con su Hermandad Musulmana, que es la que fundó Hamas, pero sobre todo será un negocio para Irán, que ya apoya a la Yihad Islámica, algunas otras facciones palestinas en evidente función antiisraelí y esperando a que Hezb’ollah vuelva a sus operaciones más allá del Litani.

Por lo tanto en la jerga de la OLP y la ANP “lucha popular”, aunque no hay ninguna referencia a la “lucha armada”, en el documento final de la videoconferencia, está la solicitud de un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967, ante la verificación de la pérdida del consenso para la causa palestina entre los Estados árabes sunitas del Golfo, que resultará en una restricción adicional a la ayuda económica a la ANP.

Pero el verdadero peligro, que también debería afectar a Israel, es la implosión total de la ANP, que podría crear fenómenos militares, migratorios y económicos de alcance global.

¿Y la Federación de Rusia? Debe volver a ser indispensable en Oriente Medio, el “Acuerdo de Abraham” negociado por Estados Unidos y algunas inteligencias europeas pueden poner fin a la ventaja comparativa y estratégica de Moscú en Siria y la gestión cuidadosa de las relaciones militares y de información con Israel.

Por no hablar de la refinada contención rusa de la presión iraní en Siria, uno de los verdaderos objetivos de la presencia rusa en la república de Bashar el Assad.

¿Qué podría jugarse Rusia en el nuevo Medio Oriente que se está dibujando en estos días? Mucho.

Mientras, desde 2018, Moscú se ha estado reuniendo de nuevo con la Yihad Islámica, mientras que Abu Mazen también se ha reunido con líderes rusos en 2019 para lograr un nuevo «formato» de paz entre Israel y un ANP mediado solamente por la Federación de Rusia.

Luego está la carta libanesa. La presencia de Moscú es cada vez más visible en el país de los cedros, para un evidente soporte de Siria.

Por lo tanto, el juego número uno de Moscú en el nuevo Medio Oriente es mantener relaciones estrechas con todos, pero sólo con todos, los actores regionales, estatales y no estatales, para llegar a ser el único árbitro supremo (incluso contra Israel) de la futura, y a estas alturas inevitable, paz de Medio Oriente.

¿China? A Beijing no le gusta el acuerdo abrahámico, dado que para Beijing resulta un abandono de facto de Medio Oriente por parte de los Estados Unidos, y por lo tanto un aumento en los costos del control estratégico de la zona, pero también un retorno de muchos países sunitas prominentes dentro de una órbita económica estadounidense, cuando China estaba seduciendo a los sauditas y los Emiratos.

El “Acuerdo de Abraham” cierra las puertas del Golfo a muchos países que querían entrar en la zona.

Sin embargo, Beijing pondrá su mejor cara ante el mal juego, apoyando a un país amigo de facto, Israel, y manteniendo las excelentes relaciones habituales con el mundo sunita, con la esperanza de reemplazar, en breve, a Estados Unidos como representante político-militar de la zona.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. 

©2020-saeeg®