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LA PELIGROSA SITUACIÓN DE “NO GUERRA” ENTRE ARMENIA Y AZERBAIJÁN

Alberto Hutschenreuter*

 

Según el jurista y filósofo político alemán Carl Schmitt, a las situaciones internacionales de paz y guerra hay que sumar una tercera, la “no guerra”, que no es una situación de paz ni de guerra, sino que implica un contexto que estaría anticipando un estado de guerra; una suerte de “umbral” de una confrontación militar mayor.

La historia está llena de situaciones de “no guerra”, siendo una de las más conocidas el ambiente internacional que se vivía en Europa en los dos años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Pero una situación de “no guerra” no siempre termina en un choque abierto. Puede finalmente imponerse la diplomacia, y aquella situación acaba perdiendo fuerza. Acaso, la inminente guerra entre Argentina y Chile hacia fines de los años setenta es un ejemplo de ello.

Un caso actual en relación con ese contexto singular es el conflicto entre Armenia y Azerbaiján por el territorio de Nagorno Karabaj, un enclave que durante la era soviética se denominó Región Autónoma de Nagorno Karabaj, la que formó parte de la República Soviética de Azerbaiján. Habitada mayoritariamente por armenios, la condición de autonomía proporcionaba un importante margen de independencia cultural a los armenios. Pero, como sostiene la experta Audrey Altstadst, los armenios querían que Nagorno Karabaj fuera parte de Armenia.

Por ello, cuando la Unión Soviética, que había rechazado cambios de status político en la Región Autónoma, despareció, la guerra entre Armenia y Azerbaiján, que se había iniciado en 1988, se intensificó y terminó costando más de 30.000 muertos y un millón de desplazados. Derrotada Azerbaiján, en 1994 se alcanzó una tregua y los armenios del enclave proclamaron la República de Alto Karabaj (la que no fue reconocida por ningún Estado, incluida la misma Armenia, y cuya autodenominación desde 2017 es República de Artsaj).

Casi un cuarto de siglo después, sin que fuera un hecho inesperado, el 27 de septiembre pasado se registraron enfrentamientos militares entre las fuerzas armenias y azeríes a lo largo de la denominada Línea de Contacto, que es la que desde 1994 separa a las fuerzas de Armenia y Azerbaiján en el conflicto por el territorio en cuestión.

Si bien trascendió muy poca información sobre qué parte inició los ataques en las primeras horas de ese día domingo, los choques habrían causado centenares de muertos, la mayoría militares, y significativas pérdidas de medios militares, particularmente drones y vehículos.

La situación no fue una sorpresa, pues desde hace una década ambos países viven un estado de “no guerra”; incluso desde antes, cuando a principios de siglo se abrió una ventana esperanzadora desde la tregua de mediados de los noventa. Pero posteriormente cada parte se fue endureciendo, al punto que prácticamente ningún especialista que seguía la cuestión esperaba otra cosa que no fuera un choque armado, hecho que finalmente sucedió en abril de 2016. Si bien se trató de un breve enfrentamiento, la utilización de nuevos equipos (siempre negado por ambos) corroboró la carrera de armamentos en la que se encontraban los contendientes desde hacía tiempo.

Pero no solo hay una carrera de armamentos que supone una inversión militar anual del 4 por ciento del PBI por parte de cada actor, según datos del SIPRI: el discurso nacionalista-bélico por parte de ambos se ha ido afirmando, la militarización a lo largo de la frontera se incrementó, los encuentros diplomáticos fueron cada vez más frustrantes, las escaramuzas (como las de julio pasado) se sucedían, etc. En suma, todo representaba una situación de “no guerra” o de confrontación latente.

Pero acaso la situación más categórica y más “novedosa” en relación con el conflicto es lo que ha destacado Jeffrey Mankoff en la entrega digital de “Foreign Affairs”, donde sostiene que tanto las autoridades de Ereván como las de Bakú enfrentan cada vez mayores presiones para adoptar medidas duras ante dicho conflicto.

En Armenia, dichas presiones obedecen a una percepción relativa con cierta ambivalencia (e incluso distanciamiento) de Rusia en cuanto a continuar manteniendo una posición de no cambio en el status del enclave. Hay que recordar que el actual primer ministro del país, Nikol Pashinyan, llegó al poder en 2018 en medio de una ola de protestas populares que terminó con el gobierno anterior, algo que no fue bien visto en Rusia, país que mantenía nexos con los dirigentes anteriores, los que hoy enfrentan causas por corrupción. Asimismo, desde adentro podría haber descontentos: en septiembre de 2019 renunció el director del poderoso Servicio de Seguridad Nacional, Artur Vanetsyn, quien criticó al gobierno por “exceso de espontaneidad”.

En Azerbaiján, que mantiene una buena relación con Rusia, de donde ha adquirido importante cantidad de armamento, el problema pasa por la recesión, el descontento social y las inquietantes dudas sobre el producto que ha hecho del país lo que es, pues se considera que, por varias razones, sobre todo por la oferta, el precio del petróleo se mantendrá bajo.

Por tanto, el recurso a posiciones de afirmación nacional y la estimulación del nacionalismo ante el rival por parte de las autoridades de ambos países, serían las principales causas y los disparadores de los enfrentamientos actuales.

Además, si Armenia percibe riesgos en relación con Rusia, que mantiene una base y 5.000 efectivos en su territorio y con el que lo une un acuerdo de defensa y la pertenencia a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (firmado en 1992), Azerbaiján percibe oportunidades en relación con Turquía, país con el que en 2010 firmó el Tratado de Asociación Estratégica y Ayuda Mutua, y que desde el mismo día que estallaron las hostilidades con Armenia, fiel en su búsqueda de un eje geopolítico multivectorial propio, se comprometió como nunca antes con apoyo militar.

Estas posiciones de Armenia y Azerbaiján dificultan sobremanera las posibilidades para la diplomacia del grupo integrado por Estados Unidos, Rusia y Francia en el contexto de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, en relación con la búsqueda de una salida del conflicto.

Pero aún quedan algunas esperanzas para evitar que la situación de “no guerra” pro-activa acabe transformándose en una guerra total. En buena medida, una presión mayor por parte de Rusia, una diplomacia menos “armada” por parte de Turquía y ningún intento del oeste en relación con pretender ganar poder debilitando a aquella y “disciplinando” a ésta, expandirán esas esperanzas en el sur del Cáucaso.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Profesor de la asignatura Rusia en el ISEN. Profesor en la Diplomatura en Relaciones Internacionales en la UAI. Ex profesor en la UBA y en la Escuela Superior de Guerra Aérea. Autor de varios libros sobre geopolítica. Sus dos últimos trabajos, publicados por Editorial Almaluz en 2019, son “Un mundo extraviado. Apreciaciones estratégicas sobre el entorno internacional contemporáneo”, y “Versalles, 1919. Esperanza y frustración”, este último escrito con el Dr. Carlos Fernández Pardo.

 

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AZERBAIYÁN Y ARMENIA INTENSIFICAN EL CHOQUE ARMADO EN TORNO AL ENCLAVE EN DISPUTA DEL ALTO KARABAJ

 

 

 

El Deber*

Ambos países se acusan mutuamente de ataques a la población civil mientras Moscú, la UE y la OTAN piden un alto al fuego inmediato

 

Las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán y de Armenia intensificaron este domingo los combates en la frontera entre ambos países, enfrentados desde el derrumbe de la URSS por el montañoso enclave del Alto Karabaj. Los enfrentamientos se producen tras duras acusaciones cruzadas de ataques contra la población civil en ambos países en las que se habría producido muertos, aunque no hay ninguna confirmación oficial.

El Ministerio de Defensa de Azerbaiyán lanzó una “contraofensiva” en respuesta a los ataques que, asegura, Armenia efectuó a primera hora de la mañana contra posiciones azeríes. Armenia, por su parte, acusa a Azerbaiyán de haber iniciado las hostilidades y declaró la ley marcial y la movilización militar en su territorio. Moscú, aliado de Armenia, donde tiene una base militar, la UE y la OTAN pidieron un alto el fuego inmediato que permita “comenzar las negociaciones” para calmar la situación. Mientras tanto Turquía ofreció todo su apoyo a Azerbaiyán.

Según Bakú, Armenia violó el débil alto el fuego en la región al lanzar la primera hora de este domingo “provocaciones a gran escala” con bombardeos intensivos contra las posiciones del Ejército azerí a lo largo de todo el frente y contra asentamientos en primera línea de la zona de conflicto. El Ministerio de Defensa aseguró haber causado al país rival severas pérdidas tanto en material bélico como en soldados. Además, Zakir Hasanov, ministro de Defensa azerí, informó de que tomaron el control de seis aldeas y de varios puntos estratégicos. Los armenios lo negaron y sostienen, sin embargo, que consiguieron esquivar “exitosamente” los ataques, según el primer ministro, Nikol Pashinián.

Las fuerzas azeríes, apoyadas por tanques, misiles y artillería, aviación y drones, destruyeron 12 sistemas de misiles antiaéreos de Armenia, según Bakú. Azerbaiyán admitió el derribo de un helicóptero de combate por parte de Armenia, pero afirmó que el piloto logró aterrizar y que no hubo pérdidas humanas. Al mismo tiempo, negó que perdieron varios tanques, como los armenios informaron horas antes.

 

En un mensaje de su cuenta de Twitter, Pashinián denunció la ofensiva de Azerbaiyán con ataques aéreos y misiles contra Artsaj (nombre armenio del Alto Karabaj), y aseguró que el Ejército haría todo para proteger a su “patria de la invasión azerí”. “Prepárense para defender nuestra patria sagrada”, digo Pashinián a la población en un comunicado citado por la cadena británica BBC.

Ante este aumento de las hostilidades, la OTAN llamó a ambos países a una solución pacífica. “Las partes deben cesar de inmediato las hostilidades que causaron ya víctimas civiles. No hay solución militar a este conflicto. Las partes deben reanudar las negociaciones para lograr una resolución pacífica, indicó la Alianza Atlántica en una declaración oficial atribuida al representante especial para el Cáucaso y Asia Central, James Appathurai.

Turquía, actor clave en este conflicto, respondió ofreciendo su “total apoyo” a Azerbaiyán y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que la “solidaridad” con Bakú “continuará y se incrementará”. Turquía mantiene como política estatal un apoyo sin fisuras a Azerbaiyán.

Ante esta situación, el mandatario armenio Pashinyan, pidió a la comunidad internacional que se asegure de que Turquía no se involucra en el conflicto de su país con Azerbaiyán por la región del Alto Karabaj, informa Reuters. Pashinyan advirtió de que el comportamiento de Turquía podría tener consecuencias destructivas para el sur del Cáucaso y las regiones vecinas.

Una escalada del conflicto preocupa a los países de la región, porque temen que una nueva guerra pueda arrastrar también a Rusia —aliado de Armenia—, y a Turquía —que el domingo reiteró su apoyo a Bakú—, defendiendo a Azerbaiyán. Moscú, de inmediato, abogó por la calma y el restablecimiento del alto el fuego, mientras que Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, llamó a ambos países a detener las hostilidades y volver a las negociaciones “sin precondiciones”.

El enclave montañoso del Alto Karabaj (o Nagorno Karabaj), controlado por Armenia en suelo de Azerbaiyán, es escenario de uno de los conflictos territoriales que quedó enquistado tras el derrumbe de la Unión Soviética. Da la impresión que, desde la breve guerra de cuatro días que enfrentó a Armenia y Azerbaiyán en 2016, ambos Estados se han ido preparando para nuevos conflictos armados y, de hecho, los combates se repitieron de forma cada vez más frecuente y con mayor intensidad.

Además, no solo circunscritos al enclave del Alto Karabaj, sino a lo largo de la frontera entre ambos países, como ocurrió en julio en la región de Tavush. Aquel fue un choque que dejó una quincena de muertos y que Bakú achaca a un ataque armenio en una zona estratégica de Azerbaiyán, ya que junto a ella discurren varias tuberías clave para el suministro de petróleo y gas del Caspio hacia Europa.

En 1994, Bakú y Ereván alcanzaron un alto el fuego y encauzaron una resolución al conflicto en el marco de diálogo del llamado grupo de Minsk (codirigido por Rusia, EEUU y Francia y bajo el amparo de la OSCE), pero desde entonces se han seguido produciendo incidentes.

Aumento en gasto militar

El gasto en Defensa de ambos países se disparó en la última década y se lleva un parte importante de su presupuesto: en torno al 4 % del PIB, según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri). Gracias a la bonanza petrolera que vivió Azerbaiyán desde 2000, Bakú modernizó sus Fuerzas Armadas y cuadriplicó su gasto militar hasta superar los 1.500 millones de dólares anuales, incorporando armamento puntero de origen ruso, israelí y turco.

Armenia trató de hacer lo mismo, pero debido a que su economía es más pequeña, su presupuesto militar es un tercio del de su vecino y rival. Sin embargo, el Gobierno azerí se queja de que, en el último año, Ereván recibió 500 toneladas de material militar ruso y, según algunas informaciones, se trata de armamento de alta tecnología.

“Detectamos envíos por avión y por tierra a través de Kazajistán, Turkmenistán e Irán. Preguntamos a nuestros colegas rusos qué enviaron y por qué, pero no recibimos ninguna respuesta”, lamentó el jefe del Departamento de Asuntos Exteriores de la Presidencia de Azerbaiyán, Hikmet Hajiyev, en un reciente encuentro con periodistas en Estambul.

“Sabemos que no es material de uso civil, sino militar, pero no sabemos en concreto de qué armas se trata. Además, hemos detectado en los últimos meses una concentración inusual de tropas armenias en la frontera”. Pero, Azerbaiyán también reforzó sus posiciones con la llegada de militares turcos y, según denuncian diversos medios, rebeldes sirios como los que Turquía también empleó en la guerra de Libia.

 

Nota original publicada por El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/mundo/azerbaiyan-y-armenia-intensifican-el-choque-armado-en-torno-al-enclave-en-disputa-del-alto-karabaj_202197

GAS Y BUQUES MILITARES, EL EMBROLLO PERFECTO EN EL MEDITERRÁNEO

Giancarlo Elía Valori*

Defender la autonomía turca y las «manos libres» en el Mediterráneo oriental es, para los estrategas turcos, una prioridad estratégica. Y es en ese cuadrante donde se mueven los intereses estratégicos que afectan no solo a Italia y Grecia. 

Para entender cómo piensa estratégicamente la Turquía de Erdogan, necesitamos ver la evolución reciente del sistema político de Ankara, junto con sus determinantes geopolíticos históricos, que siempre están definidos. Como dijo Napoleón, para establecer la política exterior de un país, sólo hay que mirar su mapa. El primer gobierno del AKP, un partido islamista que es reformulado y refundado después que algunos de sus miembros no fueran considerados regulares por la Corte Constitucional, duró de 2002 a 2010. Y más, como sabemos.

Originalmente en 1970, nació en Turquía el primer partido islamista, el “Partido de la Orden Nacional” (MNP) encabezado por Necmettin Erbakan que fue cerrado por el Tribunal Constitucional, para resurgir al año siguiente como el “Partido de la Salvación Nacional”, que en las elecciones de 1973 obtuvo 48 escaños en el Parlamento.

En 1981 fue cerrado por el Consejo de Seguridad Nacional, junto con todas las demás formaciones políticas, ninguna excluida esta vez, debido al golpe “constitucional” de las Fuerzas Armadas. En 1983, cuando se permitió de nuevo la formación de los diversos partidos políticos, nació, de las cenizas del MNP y de la “Salvación Nacional”, el “Partido del Bienestar”, siempre dirigido, tras bambalinas, por Erbakan. Ese siempre será el modelo explícito y venerado de Erdogan. De todos modos este partido no tuvo el consentimiento de los militares para participar en las elecciones de 1983.

Para todos los años 80, el “Partido del Bienestar” no superó el umbral del 10% y por lo tanto no entró en el Parlamento. Pero comenzó a crecer considerable e inesperadamente en la década de 1990, hasta la victoria en las elecciones de 1997 y la posterior, ahora inevitable, intervención de las Fuerzas Armadas turcas. En 1998 el Tribunal Constitucional “cerró” de nuevo el Partido de Bienestar que reapareció en 1999, como el “Partido de la Virtud” que logró poco consenso en las elecciones de 1999 y fue cerrado de nuevo por la Corte. Luego vino el “Partido de la Felicidad”, de una división tradicionalista del ala “modernista”, que se encuentra en el AKP. Pero no llegará muy lejos.

¿La ideología? Es la del Milli Goru, o la “perspectiva nacional”, que ve una clara separación entre la civilización occidental, materialista, colonialista, represiva hacia los “terceros” países, destinados todos —rasgo importante— a una muerte rápida, y la civilización islámica, basada en un hecho esencial y típico: la justicia. Por lo tanto y a partir de esta ideología, las reformas modernizadoras que desde Ataturk han secularizado la sociedad y la política turcas, tampoco son buenas. Aunque el nacionalismo que también caracterizó la tradición “secular” de Turquía a principios del siglo XX está muy bien.

No hay pertenencia a la UE, por supuesto, ni ninguna relación, si no agresiva, al menos en palabras, con Israel. Pero aquí está la columna vertebral de esta nueva ideología del AKP que podríamos definir genéricamente como «islamismo», es que solo Turquía, solo Turquía, tendrá que liderar el nuevo mundo islámico unido. De hecho, el secularismo sólo se acepta en la medida en que permite la libertad de religión, pero se rechaza en nombre del Islam, que es la única verdad.

Otro elemento de la ideología islamista, que luego se mueve casi en su totalidad hacia el AKP, es el “orden correcto”, adil d’zen, un modelo de “tercera vía” superior al capitalismo y al socialismo. No hay interés en el comercio, aunque el mecanismo financiero se organiza actualmente según el sistema bancario islámico, también modelado en las líneas de Al Qaradawi, predicador príncipe de Al Jazeera y entre las figuras más importantes de la Hermandad Musulmana. Este es también un punto que tanto los saudíes como al-Sisi están cuestionando fuertemente.

Moody’s en enero de 2020, verificó que los intercambios bancarios islámicos en Turquía son alrededor del 15% del total de transacciones. Mucho más que muchos países de Oriente Medio, pero menos que en Arabia Saudí o incluso Malasia. A partir de aquí, de nuevo, el odio masivo hacia el FMI, el Fondo Monetario Internacional, la UE, incluso la OTAN, pero hablaremos de ello más adelante. Sin embargo, los partidos islamistas turcos son los únicos partidos de masas que quedan hoy en día, después de que la política posmoderna también infectara a Oriente Medio o incluso a los países orientales.

“El AKP es una democracia conservadora”, dijo Erdogan en las elecciones de 2002. Pero también está la declaración explícita, de nuevo por Erdogan, del libre mercado, de las privatizaciones y la inversión extranjera en Turquía, también define la relación entre Ankara y Washington como fuerte, incluso con la OTAN y con las Repúblicas, a veces de origen turaniana de Asia Central. La democracia es vista sobre todo como un escudo contra la interferencia del Estado secular.

A nivel geopolítico, Erdogan repite, mezclándolas, las piezas de la estrategia global tradicional turca: un control cuidadoso de los puertos mediterráneos para evitar que las zonas sensibles de Ankara sean objeto de operaciones enemigas. Entonces, aquí está el punto: Chipre. Fue Bulent Ecevit, el primer ministro turco secular y de centro-izquierda, quien ordenó la invasión de Chipre en 1974. Es cierto que Atenas había derrocado, justo antes, al arzobispo Makarios y declarado la Enosis, la unión con Grecia.

Y ahora está la clara negativa de Ankara a aceptar una zona económica exclusiva (ZEE) de Chipre griega, y luego el acuerdo leonino con la Libia de Trípoli —de la Hermandad Musulmana— para lograr una ZEE turca que va de la costa libia tripolitana a la isla (griega) de Kastellorizo y a todo el mar chipriota, con partes de la posible futura ZEE griega.

Como sabemos, las ZEE son zonas que se extienden hasta 200 millas náuticas desde la línea de base de un estado costero y, desde el punto de vista jurídico, son la “territorialización del mar”, ya que permiten la explotación de los recursos naturales del fondo marino.

Italia y Grecia han ratificado recientemente un acuerdo, que luego debe ser firmado por nuestro Presidente de la República, aunque Italia ya tiene una “casi ZEE” en el mar Tirreno, desde el mar de Liguria hasta el mencionado Tirreno, especialmente para la protección de la fauna marina. Atenas y Roma ya han decidido, sin embargo, que para el futuro, deberían hacerlo, dada la visión que Italia tiene de Turquía, y la manía, ya certificada por Cavour, de ir a favor de cualquier diplomático para “estar allí”. La ZEE ítalo-turca será, muy probablemente, la definida por el Tratado de 1977. El acuerdo griego para permitir a 68 de nuestros barcos pesqueros, sobre la base del Reglamento 1380/2013 de la UE, el acceso a las aguas territoriales griegas, también se aplicaría en el futuro.

Nuestros políticos sólo piensan en la pesca, por supuesto importante, pero nunca piensan en cables de Internet, estaciones de defensa remota de áreas relevantes de nuestro territorio, líneas comerciales, vías de primera o segunda respuesta ante operaciones adversas. O congeladores de pescado. Por supuesto, Grecia ha silenciado a Italia, que se ocupa sólo de pulpos, mejillones y atún, con un acuerdo favorable, pero Atenas está examinando sobre todo la proclamación de su “gran ZEE”, que irá, y esto es bien conocido por los turcos, hasta Egipto y gran parte de Chipre.

La próxima medida de Atenas será un acuerdo con sus vecinos, de nuevo para su “gran” ZEE, especialmente con Albania. Pero también Egipto, que tiene la gran cuenca gasífera de Zohr, que descubrió ENI pero que no me extrañaría que se “pasara”, por la generosidad típica de los muertos de hambre, a la propia Grecia, ya que todavía no tenemos negociaciones efectivas de la ZEE con El Cairo. No me gustaría que terminara en un juego, como en el Tratado de Caen en 2015: con los “mapas equivocados” difundidos por casualidad por los franceses que fueron entonces declarados, precisamente, falsos. Me pregunto por qué.

Por supuesto, el Tratado de Caen sigue siendo un secreto cerrado con siete sellos. La “línea media” del agua y todas las demás frescuras jurídicas de la Convención son seguras, como se lee, pero siguen existiendo dudas sobre la protección efectiva de nuestras fronteras económicas, militares, comerciales, políticas y fiscales. Cuando se trata de la ZEE y las fronteras, siempre hay una parte trasera disponible: la nuestra.

Así que este es el escenario principal: a principios de este mes de agosto, después que Turquía llevó a cabo ejercicios navales en todo el Mediterráneo oriental, con la extensión de sus análisis sísmicos del fondo marino. Grecia consideró estas “observaciones” y ejercicios militares completamente ilegales, hubo enfrentamientos, confrontación militar diplomática y luego también marítima, entre Turquía, Grecia, Francia e incluso Italia. También hubo buques italianos y franceses en apoyo operativo de los griegos, pero Turquía ya ha colocado todos sus peones en el Mediterráneo oriental.

El acuerdo de 2019 entre Ankara y el Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA) en Trípoli se refiere principalmente, cabe destacar aquí, la cooperación militar y la jurisdicción marítima. Entre los dos países, Trípoli-GNA y Turquía, la ZEE ya mostró superposiciones bilaterales, tanto en el sur como en el norte, con la Zona Económica Exclusiva Griega y Ankara también tiene la oportunidad de hacer exploraciones, exclusivas, en el mar frente al Estado muy débil del GNA y Al Serraj.

La estrategia mediterránea turca, llamada Mavi Vatan, o “Patria Azul”, se basa en el hecho de que la propagación generalizada de las islas peloponésicas de Grecia “no puede tener un efecto de la exclusión de Turquía hacia el resto del Mediterráneo, y con el acuerdo con Libia del GNA hemos demostrado que no podemos aceptar ningún hecho consumado”. Así lo dice el Ministro de Defensa en Ankara. Defender la autonomía turca y las “manos libres” en el Mediterráneo oriental es, para los estrategas turcos, una prioridad estratégica.

Pero veamos cómo reacciona Turquía a las políticas de gas de Estados Unidos y de la Federación de Rusia, que es el verdadero complot para entender lo que está pasando hoy. El 15 de junio de 2020, el Departamento de Estado de los Estados Unidos desarrolló una política restrictiva para las empresas que operan en North Steam 2, el gasoducto ruso, y también para Turk Stream 2. Las sanciones a Turk Stream 1 y 2 son esenciales para entender las reacciones marítimas actuales de Ankara. TurkStream, repetimos, envía el gas desde Rusia por Turquía, con ramales menores hacia Bulgaria, Grecia, Macedonia del Norte, y es un oleoducto que ha comenzado a operar en enero 2020.

Gazprom, la conocida empresa rusa, y BOTAS, la empresa estatal turca, siguen completando la fase final de TurkStream2. Los intereses turcos en la red TurkStream 2 ahora son marginales. Estos son sólo derechos de paso, que no resuelven la crisis económica turca y los proyectos a veces faraónicos del régimen de Erdogan. Pero Turquía, en este sector del gas, tiene tres objetivos reales: el rápido desarrollo del campo de gas en el mar Negro, en Sakarya, un depósito de 320 mil millones de metros cúbicos, entonces Ankara quiere bloquear la competencia de gas de Rusia y el Mediterráneo, finalmente para promover el gasoducto trans-anatolio, que lleva el gas azerbaiyano a través de Turquía al gasoducto trans-adriático a Grecia, una línea que también podría ampliarse con gas de Israel, el país kurdo iraquí y de Turkmenistán.

Turquía también favorece el paso de los buques que contienen GNL desde el canal de Estambul, aunque pronto estará abierto un canal artificial que conecta 28 millas del mar Negro y el mar de Mármara, hacia Bulgaria, Rumania y Ucrania. El canal se terminaría en 2025, tal vez antes. Los derechos de paso de los buques deberían ser mucho mayores que los de los oleoductos, e incluso podrían cambiar lentamente el equilibrio financiero del Estado turco. Así que Turquía tiene poco interés, o tal vez quede complacida con las sanciones estadounidenses contra TurkStream2.

Casualmente Estados Unidos comienza a convertirse en uno de los principales exportadores de gas licuado cuando comienza la legislación de Washington contra los gasoductos rusos a Europa. En julio de 2018 fue afectado el NordStream2, pero TurkStream no fue sancionado hasta junio de 2019. La industria del gas se encuentra ahora en una etapa muy compleja.

La demanda de gas de la UE disminuyó un 8% de enero a mayo de 2020, pero existe una posibilidad real de que el gas natural pueda participar plenamente en la próxima carrera de hidrógeno, ya que el metano extraído del gas natural puede producir hidrógeno, que también se puede transportar fácilmente en tuberías antiguas. Por lo tanto, no se está haciendo más exploración del gas, dada la volatilidad del mercado mundial y esto mantiene el futuro del gas mediterráneo y, sobre todo, el Mediterráneo oriental en espera. Pero recién en 2018 Turquía redujo su dependencia del gas ruso.

Ankara también importa gas de buques de Qatar, Estados Unidos, Argelia y Nigeria. Hoy Turquía es el tercer importador de gas natural estadounidense en Europa después de España y Francia. Y Ankara descubrió recientemente un nuevo campo de gas natural submarino, el Tuna-1, también en el mar Negro. Así que Turquía ya no depende del gas de los antiguos gasoductos, pero ahora Israel ha ganado su batalla geoeconómica con los acuerdos de Egipto y Jordania como importadores permanentes del nuevo gas natural israelí. Esto se mantendrá, si Chipre sigue estando lejos de la influencia turca en la nueva zona del gas, una reserva que no puede ser prohibida, salvo en casos particulares, por el hegemonismo turco, incluso delante de Egipto o frente al Líbano.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo publicado por International World Group https://www.internationalworldgroup.it/gas-e-navi-militari-ecco-lingorgo-perfetto-nel-mediterraneo-analisi-di-valori/ y traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. 

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