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AZERBAIYÁN Y ARMENIA INTENSIFICAN EL CHOQUE ARMADO EN TORNO AL ENCLAVE EN DISPUTA DEL ALTO KARABAJ

 

 

 

El Deber*

Ambos países se acusan mutuamente de ataques a la población civil mientras Moscú, la UE y la OTAN piden un alto al fuego inmediato

 

Las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán y de Armenia intensificaron este domingo los combates en la frontera entre ambos países, enfrentados desde el derrumbe de la URSS por el montañoso enclave del Alto Karabaj. Los enfrentamientos se producen tras duras acusaciones cruzadas de ataques contra la población civil en ambos países en las que se habría producido muertos, aunque no hay ninguna confirmación oficial.

El Ministerio de Defensa de Azerbaiyán lanzó una “contraofensiva” en respuesta a los ataques que, asegura, Armenia efectuó a primera hora de la mañana contra posiciones azeríes. Armenia, por su parte, acusa a Azerbaiyán de haber iniciado las hostilidades y declaró la ley marcial y la movilización militar en su territorio. Moscú, aliado de Armenia, donde tiene una base militar, la UE y la OTAN pidieron un alto el fuego inmediato que permita “comenzar las negociaciones” para calmar la situación. Mientras tanto Turquía ofreció todo su apoyo a Azerbaiyán.

Según Bakú, Armenia violó el débil alto el fuego en la región al lanzar la primera hora de este domingo “provocaciones a gran escala” con bombardeos intensivos contra las posiciones del Ejército azerí a lo largo de todo el frente y contra asentamientos en primera línea de la zona de conflicto. El Ministerio de Defensa aseguró haber causado al país rival severas pérdidas tanto en material bélico como en soldados. Además, Zakir Hasanov, ministro de Defensa azerí, informó de que tomaron el control de seis aldeas y de varios puntos estratégicos. Los armenios lo negaron y sostienen, sin embargo, que consiguieron esquivar “exitosamente” los ataques, según el primer ministro, Nikol Pashinián.

Las fuerzas azeríes, apoyadas por tanques, misiles y artillería, aviación y drones, destruyeron 12 sistemas de misiles antiaéreos de Armenia, según Bakú. Azerbaiyán admitió el derribo de un helicóptero de combate por parte de Armenia, pero afirmó que el piloto logró aterrizar y que no hubo pérdidas humanas. Al mismo tiempo, negó que perdieron varios tanques, como los armenios informaron horas antes.

 

En un mensaje de su cuenta de Twitter, Pashinián denunció la ofensiva de Azerbaiyán con ataques aéreos y misiles contra Artsaj (nombre armenio del Alto Karabaj), y aseguró que el Ejército haría todo para proteger a su “patria de la invasión azerí”. “Prepárense para defender nuestra patria sagrada”, digo Pashinián a la población en un comunicado citado por la cadena británica BBC.

Ante este aumento de las hostilidades, la OTAN llamó a ambos países a una solución pacífica. “Las partes deben cesar de inmediato las hostilidades que causaron ya víctimas civiles. No hay solución militar a este conflicto. Las partes deben reanudar las negociaciones para lograr una resolución pacífica, indicó la Alianza Atlántica en una declaración oficial atribuida al representante especial para el Cáucaso y Asia Central, James Appathurai.

Turquía, actor clave en este conflicto, respondió ofreciendo su “total apoyo” a Azerbaiyán y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que la “solidaridad” con Bakú “continuará y se incrementará”. Turquía mantiene como política estatal un apoyo sin fisuras a Azerbaiyán.

Ante esta situación, el mandatario armenio Pashinyan, pidió a la comunidad internacional que se asegure de que Turquía no se involucra en el conflicto de su país con Azerbaiyán por la región del Alto Karabaj, informa Reuters. Pashinyan advirtió de que el comportamiento de Turquía podría tener consecuencias destructivas para el sur del Cáucaso y las regiones vecinas.

Una escalada del conflicto preocupa a los países de la región, porque temen que una nueva guerra pueda arrastrar también a Rusia —aliado de Armenia—, y a Turquía —que el domingo reiteró su apoyo a Bakú—, defendiendo a Azerbaiyán. Moscú, de inmediato, abogó por la calma y el restablecimiento del alto el fuego, mientras que Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, llamó a ambos países a detener las hostilidades y volver a las negociaciones “sin precondiciones”.

El enclave montañoso del Alto Karabaj (o Nagorno Karabaj), controlado por Armenia en suelo de Azerbaiyán, es escenario de uno de los conflictos territoriales que quedó enquistado tras el derrumbe de la Unión Soviética. Da la impresión que, desde la breve guerra de cuatro días que enfrentó a Armenia y Azerbaiyán en 2016, ambos Estados se han ido preparando para nuevos conflictos armados y, de hecho, los combates se repitieron de forma cada vez más frecuente y con mayor intensidad.

Además, no solo circunscritos al enclave del Alto Karabaj, sino a lo largo de la frontera entre ambos países, como ocurrió en julio en la región de Tavush. Aquel fue un choque que dejó una quincena de muertos y que Bakú achaca a un ataque armenio en una zona estratégica de Azerbaiyán, ya que junto a ella discurren varias tuberías clave para el suministro de petróleo y gas del Caspio hacia Europa.

En 1994, Bakú y Ereván alcanzaron un alto el fuego y encauzaron una resolución al conflicto en el marco de diálogo del llamado grupo de Minsk (codirigido por Rusia, EEUU y Francia y bajo el amparo de la OSCE), pero desde entonces se han seguido produciendo incidentes.

Aumento en gasto militar

El gasto en Defensa de ambos países se disparó en la última década y se lleva un parte importante de su presupuesto: en torno al 4 % del PIB, según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri). Gracias a la bonanza petrolera que vivió Azerbaiyán desde 2000, Bakú modernizó sus Fuerzas Armadas y cuadriplicó su gasto militar hasta superar los 1.500 millones de dólares anuales, incorporando armamento puntero de origen ruso, israelí y turco.

Armenia trató de hacer lo mismo, pero debido a que su economía es más pequeña, su presupuesto militar es un tercio del de su vecino y rival. Sin embargo, el Gobierno azerí se queja de que, en el último año, Ereván recibió 500 toneladas de material militar ruso y, según algunas informaciones, se trata de armamento de alta tecnología.

“Detectamos envíos por avión y por tierra a través de Kazajistán, Turkmenistán e Irán. Preguntamos a nuestros colegas rusos qué enviaron y por qué, pero no recibimos ninguna respuesta”, lamentó el jefe del Departamento de Asuntos Exteriores de la Presidencia de Azerbaiyán, Hikmet Hajiyev, en un reciente encuentro con periodistas en Estambul.

“Sabemos que no es material de uso civil, sino militar, pero no sabemos en concreto de qué armas se trata. Además, hemos detectado en los últimos meses una concentración inusual de tropas armenias en la frontera”. Pero, Azerbaiyán también reforzó sus posiciones con la llegada de militares turcos y, según denuncian diversos medios, rebeldes sirios como los que Turquía también empleó en la guerra de Libia.

 

Nota original publicada por El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/mundo/azerbaiyan-y-armenia-intensifican-el-choque-armado-en-torno-al-enclave-en-disputa-del-alto-karabaj_202197

CÓMO FUNCIONAN LOS SERVICIOS RUSOS

Giancarlo Elia Valori* 

 El presidente Vladimir Putin habla en una reunión con oficiales de la inteligencia militar rusa, GRU en Moscú, Rusia, noviembre de 2018. (Alexei Druzhinin, Sputnik, Foto de la piscina del Kremlin vía AP).

El sistema de seguridad de la Federación de Rusia estaba formado, por supuesto, por los restos de la KGB, que se había disuelto deliberadamente y tal vez de manera irrazonable en 1991. Gran parte del “Comité” fue destruido sin ningún programa, y luego redistribuyó algunos elementos de la KGB a otros organismos o incluso a otras oficinas que no son de inteligencia, siempre tratando de contrastar y competir con las oficinas y los aparatos de seguridad entre ellos. Una idea razonable, pero para ser utilizada de una manera no exclusiva. Pero, cabe señalar, los Servicios de Seguridad rusos fueron reconstruidos y modificados después de la Guerra Fría, precisamente según el modelo estadounidense, no porque Estados Unidos hubiera ganado la “Guerra Fría”, sino porque Washington todavía mantiene, y es un error allí también, hasta 17 servicios diferentes en funcionamiento. El fin de la confrontación global había debilitado y marginado incluso antes de 1989 a las estructuras occidentales. La unidad de inteligencia política en los EE.UU. fue abolida en 1985, al igual que la División General de Inteligencia del FBI.

En Inglaterra, la Subdivisión F, la unidad contra las “actividades subversivas” cambió del MI5 a la lucha contra el terrorismo, y el criterio básico en Londres, que hoy parece cuestionable, era operar contraespionaje en el país y el espionaje sólo en el extranjero. El divide y reinarás de la clase política en los Servicios. Pero también una garantía de ineficiencia y “agujeros” informativos.

La Rusia postcomunista hizo lo mismo: la KGB fue desmembrada, con la asignación de la Guardia Fronteriza a otro organismo ad hoc y tropas de comunicaciones a la FAPSI, otra nueva agencia, mientras que los búnkeres secretos fueron en gran parte retirados o asignados a una simple oficina de la Administración Presidencial. Sin embargo, el sistema nacido de la antigua KGB duró hasta 1998. En 1991 Yeltsin intentó, sin embargo, establecer un único Ministerio de Seguridad y Asuntos Internos, una vieja reforma que había sido establecida en 1953 por Stalin, pero la Corte Constitucional bloqueó la decisión.

Y, por supuesto, ningún país puede permitirse hoy una concentración de poder como la derivada de un único servicio. Especialmente las clases políticas cleptocráticas o, como suele ser el caso de Occidente, las que son completamente incompetentes. O ambas cosas.

La larga guerra entre las clases políticas y los Servicios se ganaría, en este caso, precisamente por los Servicios. Y no es verdad que esto siempre sea malo. Las amenazas a Moscú no fueron particularmente agudas a principios de la década de 1990 por lo que el Servicio Ruso pudo transformarse, con la debida lentitud burocrática, de una manera bastante radical. Y sin demasiados daños, excepto por la falta de noticias sobre la relación entre los operadores de la transformación clepto-liberal de la economía y la clase política. No es extraño, era el objetivo que querían alcanzar.

La “liberación” de la economía rusa postsoviética fue el fin, el silencio obligatorio de los Servicios, o su participación en el clepto-sistema, era el medio. Una gran parte de la KGB, especialmente la relacionada con la contrainteligencia, fue reconstruida como FSB.

La Primera Dirección Central, la de operaciones extranjeras y espionaje, se convirtió en el Servicio de Inteligencia Extranjera, el SVR; la 6ª y 8ª Dirección de la KGB, que ya operaban en inteligencia electrónica y señales, se fusionaron y organizaron en una nueva Agencia, la Agencia Federal de Comunicaciones e Inteligencia Gubernamentales, FAPSI, sobre el modelo explícito de la NSA estadounidense. La 15ª Dirección de la KGB se convirtió en la Dirección Presidencial de Programas Especiales, responsable de la protección de la infraestructura más secreta y delicada del país, mientras que la Primera Dirección de Seguridad, o 9ª Dirección de la antigua KGB, tenían como objetivo proteger a las personalidades más importantes del país.

Las tropas fronterizas, como ya hemos señalado, se convirtieron en una administración autónoma. Fue Yeltsin quien se aseguró de que la competencia entre los Servicios y las agencias fuera máxima, también para evitar que sus ministros conocieran cuestiones antes o mejor que él.

Pero el problema es la comprensión, no «tenerlo primero». Si el estadista no lo logra, no hay nada que pueda mostrarle una nota del Servicio, una nueva idea, iniciativa, una nueva operación, nada. Están los que nacieron evaluadores de tráfico, los que nacieron estadistas. Y nosotros, como asesores de segundo nivel, somos demasiados. El SVR también compitió con el GRU (el Servicio Militar) y el FSB, que luego participó en competencias reales con la FAPSI.

Dentro de la Presidencia, también estaban los servicios que los rusos llaman “sociológicos”: el GAS, para monitorear la situación sociopolítica (y económica) en las regiones más alejadas de Moscú, luego el Vybory, que sirve para monitorear los procesos electorales y también el desafío de controlar los costos administrativos. Eficiente incluso hoy.

En 1993 incluso se fortaleció el sistema de competencia interna de los Servicios. Ese año también apareció la Policía Tributaria, que competía directamente con el Departamento de Seguridad Económica del FSB. En manos de Putin, estas estructuras, especialmente la Oficina Tributaria, se convirtieron en la principal herramienta, muy selectiva, contra los «oligarcas». Los oligarcas afines fueron elegidos, los otros fueron forzados al exilio o algunas visitas a Siberia.

Una elección racional y práctica para no destruir el sistema, que habría sido exagerado, y una manera de mantenerse en el poder.

La competencia excesiva entre los Servicios puede dar lugar a peligrosas luchas internas por la estabilidad del Estado y, sobre todo, por la fiabilidad de la información, por lo que la Presidencia trató de poner un límite a este “juego de matanza”. En 1998, la idea de reunir todas las piezas en las que la vieja KGB había sido dividida renació justamente para evitar que la competencia entre las Estructuras destruyera la función misma de inteligencia. Pero no fue hasta 2003 que Putin, ahora en el poder, abolió el Servicio Federal de Policía Tributaria, luego también la FAPSI, finalmente la Agencia Federal para la Guardia Fronteriza y algunas otras oficinas. En cambio, nació el “Comité Estatal para combatir el comercio ilegal de estupefacientes”, los Guardias Fronterizos se reincorporaron al FSB y la FAPSI se dividió de nuevo entre el FSB y el Servicio Federal de Seguridad. Eso se había mantenido intacto entre las diversas y a menudo inteligentes “reformas”.

El FSB tuvo inmediatamente un control total, casi directo, del Ministerio del Interior. La 5ª Dirección de la KGB, que se ocupaba de la “investigación política” dirigida e inventada por Yuri Andropov, escapó en parte de la reconstrucción-fragmentación de los servicios rusos. Como dijo el propio Andropov, la 5ª Dirección fue creada para “luchar contra la subversión ideológica inspirada en nuestros enemigos en el extranjero”. Y pensar que algunos periódicos italianos, cuando se convirtió en secretario del PCUS, hablaron de su “pasión por el jazz” y por el “arte moderno”. Nada lo prohíbe, por supuesto, pero Andropov no dudaría por un momento en enviar a ciertos artistas al frío siberiano.

El 1º Departamento de la 5ª Dirección se especializó en la infiltración y el control de los sindicatos, el 2º operaba contra los centros, internos y extranjeros, que apoyaban a los disidentes soviéticos en el extranjero, la 3ª operaba dentro del mundo estudiantil, y sólo la 5ª Dirección, con la 14ª controlaban a periodistas extranjeros, el 13º mantuvo un ojo en los punks y grupos espontáneos, el 8º a los judíos. Llegaron a emplear hasta 2.500 empleados. Para “limpiar” la imagen de la 5ª Dirección, en 1989, fue renombrada “Dirección para la Protección de la Constitución”, pero fue eliminada formalmente en agosto de 1991. Después de siete años, en 1998, la nueva Dirección para la Protección de la Constitución nació dentro del FSB. Opera, según la Presidencia rusa, en la “esfera sociopolítica” contra la “sedición interna” que siempre ha sido, afirmaba Yeltsin, “más peligrosa que las invasiones externas”.

Luego, este departamento fue colocado en el departamento de “Lucha contra el Terrorismo”, debido a que los servicios de inteligencia rusos siempre han separado el “terrorismo” de la “subversión”, una señal de que su análisis político es más fino que el occidental. Pero en 2002, de nuevo por temor a concentrar demasiado poder en un servicio, el Servicio de Lucha contra el Terrorismo se dividió en dos. Increíble cómo una agencia de inteligencia podría haber trabajado con esta continua trituración institucional. El Servicio BT, o Contraterrorismo, fue devuelto al FSB pero con un nuevo nombre, SZOKS y BPeh, el “Servicio para la Protección de los Fundamentos del Sistema Constitucional” en el primer caso y el de “Lucha contra el Extremismo Político” en el segundo. Se debe tener en cuenta que la lucha contra el terrorismo siempre estuvo separada de la lucha por la “protección de la Constitución”.

En esos años, nació una nueva necesidad rusa: el control del vecino extranjero, es decir, la CEI. El proyecto vigente de la Federación Rusa-Belarús nació en 1999.

Pero en 2005 el FSB necesitó realizar operaciones serias más allá de sus vecinos, por ejemplo en las zonas europeas y norteamericanas. Desde entonces, los servicios rusos tienen especial cuidado de no permitir que las revoluciones de color, típicas del enfoque actual de los Servicios Occidentales a la desestabilización/aislamiento de la Federación de Rusia, estallen en su “área de respeto”. Todo surge de la transformación “democrática” serbia, de la red de OTPOR, organizada en la embajada de Estados Unidos en Hungría, y de las redes de las fundaciones estadounidenses e incluso europeas.

Ante las revoluciones de color, el FSB también resultó una agencia de inteligencia del viejo estilo, con su nueva “Dirección para la Coordinación de la Información Actual” (UKOI) y la de “planificación estratégica, análisis y previsión” (DAPSP) como los órganos más importantes y poderosos del Servicio. El GRU y el SVR también retoman su antigua función como agencias de inteligencia en las etapas de la llegada y los primeros años de Putin en el poder.

En 2005, la estructura del FSB que organiza las relaciones con los países de la CEI, es renombrada como “Servicio de Información Actual”. En 2003, vimos que los Guardias Fronterizos finalmente fueron retornados al FSB.

Pero hay, la Federación siempre sigue siendo un “estado policial”, otros dos cuerpos que se ocupan de las fronteras y que no son dirigidos por el Kremlin. Es el “Centro Antiterrorista de los Países de la CEI” y luego el sistema de control interno de la Organización de Cooperación de Shanghái. En 2006, la Duma aprobó el establecimiento de un servicio especial que elimina a los terroristas en el extranjero. Escribí “elimina”. Por otro lado, un Servicio también tiene que ver con ciertas etapas de la vida.

Siempre recordamos el delicado y largo momento del pasaje entre Yeltsin y Putin en 2000. En ese año que Vladimir Putin insertó una parte del FSB en las Fuerzas Armadas, feudo del excelente GRU, nunca muy manipulado por los políticos. El FSB, que era el objetivo geográfico y estratégico, organizó inmediatamente una “Dirección para el Cáucaso Norte” y una contrainteligencia militar en esa área.

También cambia el estilo de trabajo del Servicio: a partir de 2003, el FSB y el SVR no sólo revelan la información confidencial que han recopilado, sino que también la interpretan, algo a lo que la vieja KGB nunca se habría atrevido.

El “kappa” fue excelente, como todos los Servicios que tienen detrás de ellos un verdadero Estado (meditación actual para Italia) especialmente para las operaciones en el extranjero y para la penetración en otros lugares, como en Italia, por ejemplo, pero nunca se atrevió a interpretar los datos que recopiló, esperando irremediablemente al discurso paramarxista y osificado del Kremlin. Según la charla pseudo-marxista, la KGB hizo lo que se le antojaba. Buenos tiempos. La información llegaba casi sin procesar y sólo al escritorio del director de la KGB (y luego, por un tiempo, también al del FSB) y sólo él quien seleccionaba los datos que consideraba importantes. Los datos recogidos por el Servicio eran enviados a los diversos departamentos de la Comisión Central, y por supuesto aquí radicaba el control del Partido sobre la KGB.

Luego, en la década de 1990, se añadieron a la Lubjanka otras Direcciones: el Servicio Psicológico, que estaba interesado en los fenómenos de masas y la contrapropaganda.

El análisis de fuentes abiertas, tan importante hoy en día para todos los servicios, no existía entonces como tal. Ni antes ni después de la caída del régimen soviético. Hubo algún estudio de los errores y de las evaluaciones correctas realizadas por el Servicio en años anteriores y para casos similares. También existía la campaña, organizada a través de los muchos canales occidentales complacientes, para crear el «mito» del FSB, como años antes se había realizado para la KGB, sin duda un excelente servicio, pero no tan extraordinario como la propaganda indicaba, incluso la occidental.

Pero la propaganda, para un Servicio, siempre debe estar bien organizada y apoyada, no como sucede en Italia, donde parece que nuestros Servicios están representados principalmente por los militantes de “Avanguardia Operaia”. Y, por nombrar uno, uno de estos viejos militantes fue ministro del interior y de un partido de derecha. Está muy implicado Francesco Cossiga, que votó a favor de una moción individual de no confianza sobre este líder político.

Aquí, incluso hoy en día, los Servicios Soviéticos, aunque excelentes y eficientes (especialmente desde el punto de vista operativo) surgen de esta larga odisea entre clases políticas inciertas, evaluaciones sectoriales y a menudo de “consensos” políticos incompetentes. Hoy es crucial el papel de Putin, que ha restablecido la competencia entre las agencias, pero de una manera más compleja y controlada por el Kremlin. Después de Vladimir Vladimirovic, y este es sin duda uno de los objetivos de las actuales operaciones occidentales, los servicios rusos volverán al caos resultante de una poliarquía política a menudo para-criminal.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. 

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POLONIA. A 40 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DEL MOVIMIENTO SOLIDARIDAD.

Marcelo Javier de los Reyes*

Lech Wałęsa y el Movimiento Solidaridad

Introducción

Se suele considerar que el fin de la Guerra Fría se produjo cuando los alemanes derrumbaron el Muro de Berlín en 1989 o con la implosión de la Unión Soviética entre 1991 y 1992. Varios hechos previos fueron llevando hacia ese proceso, entre ellos la fundación del movimiento sindical Solidaridad en Polonia, responsable en buena medida de la crisis del sistema en el bloque socialista, crisis que ya acumulaba serias dificultades económicas. Por ese entonces, la suerte de Polonia estaba atada al destino de la Unión Soviética.

Las reformas iniciadas por Yuri Andropov

Moshe Lewin dice que cuando Yuri Andropov —quien fuera jefe de la KGB entre 1967 y 1982— asumió, en noviembre de 1982, tenía la convicción de que “la brecha entre las necesidades crecientes y medios en constante disminución (incluidos los recursos intelectuales de los dirigentes) no hacía más que agrandarse” tanto en términos económicos como políticos[1]. Según Lewin, Yuri Andropov y Alexis Kosyguin sabían que el sistema estaba enfermo pero se precisaba que los dirigentes se convencieran de ello. Habían heredado una Unión Soviética sometida a un serio estancamiento y superada en casi todos los sectores por los Estados Unidos. También imperaba la corrupción que involucraba a altos dirigentes del Partido Comunista.

Andropov consideraba la necesidad de implementar reformas radicales para reconstruir el sistema y dotarlo de vitalidad. Su intención era restaurar la disciplina en el ámbito laboral y reeducar a las elites. Para ello se formaron comisiones, se realizaron purgas en el aparato del partido, procuró mejorar la situación de las ciencias sociales, acelerar el progreso científico y técnico y que las fábricas trabajasen “sobre la base de un completo autofinanciamiento”.

Entre sus objetivos estaba cambiar la “designación” por una verdadera “elección” dentro de las estructuras partidarias y esto conmocionó a los dirigentes. Andropov, que estaba muy enfermo, no tuvo tiempo para las reformas porque murió en 1984 y su sucesor, Constantin Chernenko, comprometido con el viejo esquema no continuó con ellas. Chernenko gobernó durante trece meses y a su muerte fue elegido Mikahil Gorbachov. Pero la situación en Polonia comenzó a tomar otro rumbo el mismo año en que falleció Alexis Kosyguin, quien debió retirarse de su cargo de Presidente del Consejo de Ministros por cuestiones de salud dos meses antes de su fallecimiento, el 18 de diciembre de 1980.

El movimiento Solidaridad emergió en el contexto de la crisis soviética

Cuando Kruschev abandonó el poder en 1964 lo sucedió el ingeniero Leonid Breznev quien estuvo en su cargo hasta su muerte en 1982. Con respecto a la política exterior favoreció la distensión con Occidente y el desarme nuclear. Paralelamente se desarrolló una expansión del imperio soviético, lo que precisó de un incremento del presupuesto de defensa a partir de 1965, permitiéndole a la URSS alcanzar el rango de potencia global, es decir, de poder desplazar su marina de guerra a cualquier parte del planeta. Ya hacia mediados de la década de 1960 el bloque socialista comenzaba a mostrar algunos obstáculos económicos y debía enfrentar dos grandes problemas a vencer: aumentar el número de productos y mejorar su calidad Eso motivó que se pusieran en práctica algunas reformas[2].

Hacia el final de la era Breznev los gastos militares se incrementaron con motivo de la ocupación de Afganistán, lo que implicó un mayor deterioro en una economía estancada, generando hacia 1982 que, por primera vez desde la guerra, los ingresos reales de la población dejaran de aumentar y se paralizara el desarrollo. Esta situación también influyó sobre la moral de la población.

Lo que está claro es que en la Unión Soviética hubo informes de la crisis por la que atravesaba el país, los cuales no trascendieron fuera de sus fronteras y por eso es que la implosión en 1991/92 sorprendió al mundo.

A principios de la década del 70, Polonia (siendo primer secretario del Partido Obrero Unificado Polaco – POUP, Edward Gierek, crítico con la fracción más cercana a Moscú del partido en el gobierno) vivía un período de “prosperidad” gracias a que los créditos extranjeros —más precisamente de Occidente— permitieron que las tiendas estuvieran llenas de mercaderías, se crearan nuevas industrias y que el nivel de vida de los polacos subiera, pero el 25 de junio de 1976 se produjo la primera crisis con los motines en Radom y Ursus, una ola de huelgas y manifestaciones callejeras en las que alrededor de 70.000 u 80.000 personas protestaron en, al menos, 90 lugares de trabajo en 24 provincias polacas. En la víspera el primer ministro Piotr Jaroszewicz había anunciado un aumento drástico en los precios de muchos productos alimenticios —incluyendo carne y pescado en un 69%, un 64% en los lácteos, un 150% el arroz y un 90% el azúcar. El primer ministro introdujo el aumento como un proyecto pero la gente sabía que esto no era así y que la consulta pública anunciada era una ficción[3]. De tal modo que la época próspera llegaba a su fin, la deuda externa crecía, se produjo una caída de los ingresos reales de la población, la que además estaba siendo afectada por un desabastecimiento.

Como producto de esta crisis se incrementaron las huelgas y las protestas de los trabajadores y se creó el Comité de Defensa de los Obreros, (KOR) y otras organizaciones opositoras ilegales y la Iglesia comenzaron a tomar cierto protagonismo canalizando las necesidades sociales más acuciantes. Las protestas se multiplicaron hasta llegar a la huelga general cerrando de esta manera el período de Edward Gierek, quien intentó realizar un cambio potenciando el consumo con el lema de “Construyamos la Segunda Polonia”.

En 1980 se produjo una nueva subida de precios que provocó una fuerte reacción de los trabajadores. Fue el momento en que en Gdansk los obreros crearon un Comité de Huelga Interempresarial pero que no fue respondido por la fuerza desde el gobierno como en los casos anteriores. De esta coyuntura emergió una organización sindical independiente: NSZZ Solidarność (“Solidaridad”), encabezada por Lech Wałęsa. Edward Gierek fue obligado a dimitir y reemplazado primero por Stanislaw Kania y luego, a partir del octubre de 1981, por el general Wojciech Jaruzelski. Cabe recordar que en 1978 el Cardenal de Cracovia, Karol Wojtyla, había sido elegido Papa y que en 1979 realizó su viaje-peregrinación a Polonia como Juan Pablo II, lo que insufló un nuevo aliento a los movimientos de oposición, en especial para “Solidaridad”. La visita de Juan Pablo II fue relevante en dos sentidos: en la renovación religiosa y en el reforzamiento de la conciencia ciudadana de los polacos.

“Solidaridad” se transformó rápidamente en un movimiento social que aglutinó a más de nueve millones de miembros, incluyendo un considerable número de afiliados al mismo partido comunista. Este movimiento sindical no tenía un objetivo político revolucionario, gozaba de un amplio apoyo de fuerzas políticas y sindicales de Occidente así como también de la Iglesia polaca y del Vaticano. Como movimiento social transformó la realidad política de Polonia y también provocó que se reflejaran en él otros movimientos de oposición del bloque comunista. En este contexto no habría sido casual que en 1980 le otorgaran el Premio Nobel de literatura a Czeslaw Milosz, un poeta polaco exiliado.

Por su parte la Unión Soviética presionaba para restablecer el orden en Polonia y como resultado de ello asumió el general Wojciech Jaruzelski quien declaró el estado de guerra (13 de diciembre de 1981) e impuso la ley marcial, que estuvo vigente hasta julio de 1983. El ejército utilizó la fuerza para poner fin a las huelgas, lo que provocó la muerte de varios mineros como consecuencia de la represión, mientras que otros activistas fueron encarcelados o tuvieron que emigrar. Sin embargo la crisis económica continuó y la resistencia social fue incrementándose. Juan Pablo II retornó a Polonia en 1983, en 1987 y en 1991 (en dos oportunidades). Durante su pontificado, Juan Pablo II realizó nueve visitas a Polonia, siendo la última en 2002. Cabe destacar que Lech Wałęsa, líder de “Solidaridad”, recibió el Premio Nobel de la Paz.

Pese a las presiones del gobierno, “Solidaridad” continuó con su lucha publicando boletines y hojas informativas con el respaldo de la Iglesia, logrando en 1988 iniciar las conversaciones con el gobierno y con los representantes del POUP. En el invierno de 1989, como resultado de las negociaciones denominadas de la “Mesa Redonda” se firmó un acuerdo que estableció las elecciones a la Cámara de los Diputados y al Senado.

Las elecciones del 4 de junio de 1989 dieron la victoria a “Solidaridad”. Aunque la Dieta eligió al general Jaruzelski como presidente, el 24 de agosto de 1989 asumió como primer ministro Tadeusz Mazowiecki, quien fue jefe del grupo de consejeros del Comité de Huelga en Gdansk en 1980. El 29 de diciembre de 1989 la Dieta cambió la Constitución y el nombre oficial del Estado. La “República Popular de Polonia” comenzó a denominarse “República de Polonia” conocida como la “III República”.

Año 2000. La bandera de la OTAN junto a la de Polonia en la sede del gobierno en Varsovia. Foto: Marcelo Javier de los Reyes.

Algunas reflexiones finales

Los hechos de Polonia son muy significativos porque fueron el inicio del proceso de desintegración del bloque comunista y el fin del orden impuesto en la conferencia de Yalta. Del mismo modo debe tenerse en cuenta que la transición hacia la democracia pudo realizarse en forma pacífica gracias a que en la Unión Soviética se había producido un cambio generacional en la dirigencia, la cual comenzó a trabajar en un programa de reformas que incluían una apertura política y económica hacia el resto del mundo.

Finalmente, debe destacarse que Solidaridad significó verdaderamente una revolución obrera, pues nació de un sindicato, a diferencia de la Revolución Bolchevique que se vistió con el ropaje de los trabajadores.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] Citado por Marcelo Javier de los Reyes. “De Gorbachov al espacio postsoviético”. Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID), 15/03/2010, <http://www.ceid.edu.ar/biblioteca/2010/de_los_reyes_marcelo_javier_de_gorbachov_al_espacio_postsovietico.pdf>. Moshe Lewin. Le siècle soviétique. Paris: Fayard, 2003, 526 p.

[2] Fikriat Tabeev et al. Planificación del socialismo. Barcelona: Oikos-Tau S.A. Ediciones, 1968, 216 p.

[3] Andrzej Wroński. “Czerwiec 1976 – Radom, Płock, Ursus”. Niezalezna (Polonia), 25/06/2016, <http://niezalezna.pl/82390-czerwiec-1976-radom-plock-ursus>, [consulta: 27/12/2017].

 

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