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AFGANISTÁN ¿UNA DERROTA MÁS? ¿UNA NUEVA FALLA DE INTELIGENCIA?

Marcelo Javier de los Reyes*

Titular del diario español ABC del 01/04/2004. Titular de France 24 del 14/08/2021.

¿Qué es más importante para la historia mundial? ¿Los talibanes o la caída del imperio soviético? ¿Algunos locos islamistas o la liberación de Europa central y el fin de la guerra fría?

Zbigniew Brzeziński[1]

 

Cuando ocurre lo que la Inteligencia no prevé

El domingo 15 de agosto de 2021 los talibanes llegaron a Kabul, la capital afgana. En cuestión de horas tomaron la ciudad sin derramamiento de sangre mientras que el presidente Ashraf Ghani salió en secreto del país.

Los talibanes aseguraron que “la guerra” había “terminado” y que en breve informarían sobre el rumbo político y religioso que tomará el país.

Los medios informaron inmediatamente que el aeropuerto internacional en Kabul estaba en situación de caos con miles de personas rodeando los aviones sin que ninguno pudiera despegar por prohibición de vuelos comerciales, además de que miles de personas intentaban ingresar al mismo, ya que era la única zona controlada por militares estadounidenses, el resto de la ciudad había sido tomada por los talibanes. Sin embargo, las imágenes de la televisión no mostraban que las fuerzas estadounidenses mantuvieran algún control sobre el aeropuerto ya que solo se observaba caos y cientos de hombres intentando subir o colgándose de los aviones que comenzaban a carretear. Las imágenes eran por demás conmovedoras.

Mientras tanto, el líder talibán, Mullah Baradar, les decía a sus seguidores: “Hemos alcanzado una victoria que no se esperaba, deberíamos mostrar humildad ante Alá… ahora es el momento de la prueba, ahora se trata de cómo servimos y aseguramos a nuestra gente, y aseguramos su futuro”.

Por su parte, el Pentágono autorizó 1.000 soldados adicionales para ayudar con la evacuación de Kabul, dijo un funcionario estadounidense, lo que elevó el número total de tropas en Afganistán temporalmente a 6.000. El gobierno de España aceleraba el plan de evacuación en Kabul: dos aviones fueron enviados rumbo a Dubái para dirigirse a Afganistán, aunque también se informaba la posibilidad de llevar a cabo la evacuación de personal español y de colaboradores afganos a través de Uzbekistán, país que ha permitido la entrada en la frontera de los soldados desertores pero no de las armas y armamento que portaban. Varios vuelos más se sumaron a esos dos.

La Agencia de Prensa Saudita SPA informaba que Arabia Saudí había evacuado a todos los miembros de su misión diplomática en Afganistán, debido a las condiciones inestables en el país.

Fuentes del Reino Unido indicaron que ese país aumentaría su presencia militar en Afganistán en 900 efectivos para evacuar a sus ciudadanos a la vez que se informaba que el ejército británico planeaba, además de evacuar a sus perros militares, evacuar también sus gatos y al personal veterinario afgano que estuvo a cargo de ellos durante estos meses. Cabe recordar que en febrero de 2014 los talibanes difundieron un vídeo de un perro capturado al ejército estadounidense, de nombre Colonel, que consideraron que debía ser muy importante dado que las tropas estadounidenses lanzaron una operación para rescatarlo.

En este escenario caótico, Turquía evacuó a 324 de sus ciudadanos en un primer vuelo desde Kabul.

Quizás en el peor momento de la presidencia de Joe Biden, al menos hasta ahora, su antecesor, Donald Trump, expresó: “Lo que Joe Biden ha hecho con Afganistán es legendario. ¡Será una de las mayores derrotas en la historia de Estados Unidos!”

Más realista y sincera ha sido la canciller alemana Angela Merkel al expresar: “Todos, y por eso también asumo mi responsabilidad, evaluamos erróneamente la situación. Toda la comunidad internacional dio por supuesto que podríamos seguir con la ayuda al desarrollo”. Es evidente que si “todos” se guiaron por la inteligencia estadounidense, estuvieron —una vez más— mal informados o, quizás, la cuestión pasa por los tomadores de decisión.

Los informes de inteligencia

El 15 de abril de 2021, la agencia de noticias turca Anadolu difundió información acerca del reporte anual de evaluación de amenazas de la Directora Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, Avril Haines. Según el mismo, la inteligencia estadounidense evaluaba “que las perspectivas de un acuerdo de paz seguirán siendo bajas durante el próximo año. Es probable que los talibanes obtengan ganancias en el campo de batalla, y el gobierno afgano luchará para mantener a raya a los talibanes si la coalición retira su apoyo”[2].

El documento fue publicado el día anterior a que el presidente Joe Biden anunciara oficialmente la retirada de las fuerzas estadounidenses de Afganistán a más tardar en septiembre. El informe expresa que “Kabul sigue enfrentando reveses en el campo de batalla, y los talibanes confían en que pueden lograr la victoria militar” y agrega que “las fuerzas afganas continúan asegurando las principales ciudades y otros bastiones del gobierno, pero siguen atadas en misiones defensivas y luchan por mantener el territorio recuperado o restablecer una presencia en áreas abandonadas en 2020”.

Sin embargo, hubo otro informe de inteligencia más reciente que ha alcanzado mayor difusión en la prensa estadounidense. El primero en difundirlo fue el The Wall Street Journal, el 23 de junio[3]. Según la nota, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos había concluido la semana anterior que el gobierno de Afganistán podría colapsar seis meses después de que fuera completada la retirada de las tropas estadounidenses.

A los militares afganos se habían unido algunas milicias de ese país dispuestas a repeler a los talibanes, las cuales se encontraban luchando en el norte. Las fuerzas afganas se rindieron a menudo sin ofrecer resistencia, dejando en manos de los talibanes el material proporcionado por Estados Unidos, vehículos blindados y arsenales de armamento, incluidas piezas de artillería, morteros y ametralladoras pesadas.

Cuando el norte cedió y los insurgentes continuaron su avance, las agencias de inteligencia estadounidenses revisaron sus estimaciones, anteriormente más optimistas.

Hasta ese momento, el ejército ya había retirado más de la mitad de sus 3.500 soldados y su equipo y el resto debía ser evacuado antes del 11 de septiembre, fecha que fue tomada en forma simbólica.

El tema del informe de inteligencia fue abordado también por el The Washington Post[4]. El informe había sido entregado unos días antes a los funcionarios estadounidenses y mostraba un panorama desolador mientras los talibanes continuaban avanzando sobre el territorio, ante la falta de resistencia de los militares afganos o tras enfrentamientos sangrientos con el ejército regular. Esta situación llevó a que se considerase que la caída del gobierno afgano podría anticiparse.

Cuando el 25 de junio el presidente afgano Ashraf Ghani se reunió en la Oficina Oval con el presidente Biden, éste le afirmó que Estados Unidos continuaría apoyando a Afganistán.

El vocero del Pentágono, John Kirby, se negó a comentar sobre la evaluación de inteligencia difundida por primera vez por The Wall Street Journal, aunque reconoció la preocupación ante el deterioro de la seguridad en algunas partes de Afganistán[5].

Según la información, Estados Unidos continuaría apoyando financieramente al gobierno afgano, pero Biden concluyó que ya no le conviene “a los intereses estadounidenses” mantener su ejército en Afganistán después de 20 años de guerra.

El presidente Ghani, además de reunirse con su par estadounidense, lo haría con el secretario de Defensa Lloyd Austin y otros altos funcionarios de Estados Unidos. Según el portavoz Kirby, el secretario Austin le garantizaría al mandatario afgano que su país nunca más se convertiría en un “refugio seguro para los grupos terroristas que representan una amenaza para el territorio estadounidense”[6].

¿Cuál es el origen de este desmadre?

La respuesta es el Acuerdo de Doha, celebrado el 29 de febrero de 2020 entre el gobierno de Estados Unidos, representado por el enviado de paz de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, y el referente de los talibanes, Abdul Ghani Baradar. A pesar de que en numerosas oportunidades de la historia reciente, altos funcionarios estadounidenses se cansaron de expresar —haciendo uso de una gran pero ya natural hipocresía— que “Estados Unidos no negocia con terroristas” o que “no hace concesiones a terroristas”. La historia los desmiente en varias regiones del mundo, a través de los muyaidines en Afganistán, con el mismísimo Osama Bin Laden, luego con los talibanes, con los albanos-kosovares en la guerra contra Yugoslavia, también con los rebeldes en Siria o, en América, cuando quedó al descubierto el famoso caso “Irán – Contras”, una operación que involucró a la CIA pero también al Mossad de Israel.

De tal modo que en ese Acuerdo de Doha estuvieron los talibanes, pero no estuvo el gobierno afgano —al que supuestamente el gobierno de Washington respaldaba—, tampoco estuvieron los aliados de Estados Unidos, sobre todo los europeos, siempre llevados de las narices a participar de las “aventuras” por los imprevisibles dirigentes de la gran potencia del norte.

29 de febrero de 2020. El enviado de paz de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, a la izquierda, y el mulá Abdul Ghani Baradar, líder político del grupo talibán, en oportunidad de la firma del acuerdo de paz entre talibanes y funcionarios estadounidenses en Doha, Qatar. Foto: © Hussein Sayed / AP

El ex presidente Donald Trump negoció ese acuerdo con los talibanes, según el cual les exigía que rompieran con Al-Qaeda, una solicitud que albergaba una gran ingenuidad ya que durante todos estos años ambos grupos no solo han contribuido en la lucha, sino que también se habían emparentado entre sí a través de casamientos mixtos. En síntesis, Al-Qaeda ha logrado una protección por parte de los talibanes y esto ha saltado a la luz en una redada llevada a cabo en octubre de 2020 en una remota aldea de Afganistán, operación que había sido poco difundida. El hecho tuvo como objetivo al anciano líder de Al-Qaeda Husam Abd-al-Rauf —quien resultó muerto—, en la provincia afgana de Ghazni. La redada reveló que el grupo terrorista sigue activo y prosperando en Afganistán bajo la protección de los talibanes y permitió detectar mensajes de Al-Qaeda entre Afganistán y Siria, según un funcionario afgano[7]. Los resultados de la operación contra Husam Abd-al-Rauf, conocido como “Abu Muhsin al Masri”, quien figuraba en la lista de los terroristas más buscados por el FBI desde 2018, ha dejado al descubierto que Al-Qaeda no se ha debilitado y que mantiene lazos con otras ramas de la red en otras regiones. Mientras que los miembros de Al-Qaeda instruían a los talibanes en lo referente a la recaudación de fondos y en la fabricación de artefactos explosivos, los insurgentes afganos les otorgaban protección pero, como puede apreciarse, ya no solo existía una relación ideológica sino también familiar entre ambas organizaciones terroristas.

Husam Abd-al-Rauf en un cartel de los más buscados por el FBI de 2019.

Este descubrimiento pone en tela de juicio no solo lo que la administración Biden sostenía, que Al-Qaeda estaba debilitada, sino que el “objetivo” de la presencia de Estados Unidos en Afganistán no había sido cumplido. Bien, quizás no se necesitaba mucha inteligencia para llegar a esos resultados.

Varios medios inmediatamente dieron cuenta que Trump pedía la renuncia de Biden por la estrepitosa retirada y caída de Afganistán, mientras que el Independent en Español informaba que los republicanos han eliminado la página web en la que se celebraba el acuerdo de Trump con los talibanes[8]. La página que promocionaba el “histórico acuerdo de paz” del ex presidente habría desaparecido durante el fin de semana.

El día 10 de agosto de 2021, en un nuevo artículo del The Washington Post, los periodistas indicaban que la administración Biden se estaba preparando para que la capital de Afganistán cayera mucho antes de lo que se temía debido a que “una rápida desintegración de la seguridad ha provocado la revisión” del informe de inteligencia en cuestión. El artículo menciona que un funcionario que habló bajo condición de anonimato debido a la delicadeza del tema, expresó que el ejército de Estados Unidos había actualizado su evaluación, por lo que un colapso podría ocurrir en 90 días mientras que otros dijeron que podría suceder dentro de un mes. Algunos funcionarios, confidencialmente, percibían que la situación en Afganistán era más grave que en junio, “cuando los funcionarios de inteligencia evaluaron que una caída podría producirse tan pronto como seis meses después de la retirada del ejército estadounidense”[9].

A pesar de la delicada situación en el terreno, el presidente Biden insistió en que su decisión de retirar las fuerzas estadounidenses no está en debate y que no se “arrepintió” de haberla tomado para poner fin a la campaña de 20 años, más allá del avance de los talibanes.

Biden manifestó a los periodistas en la Casa Blanca que gastaron más de un billón de dólares en 20 años y que entrenaron y suministraron equipo moderno a más de 300.000 efectivos afganos[10], pero esto es parte del relato estadounidense. En diciembre de 2019, The Washington Post publicó un artículo de investigación en el que revelaba “18 años de mentiras en la guerra de Afganistán”, basado en “miles de páginas de entrevistas a los protagonistas que desmontan la narrativa oficial de que se estaban produciendo progresos en el conflicto”[11]. El diario informa que se basa en más de 400 entrevistas realizadas a militares, diplomáticos, cooperantes y oficiales afganos, todos protagonistas del conflicto que ofrecieron sus declaraciones “creyéndose amparados por el anonimato”. Se trata de documentos que forman parte de “un proyecto federal, bautizado como Lecciones Aprendidas, puesto en marcha en 2014 para diagnosticar los errores en el conflicto”. Según revela el diario, en 2015, el general de tres estrellas Douglas Lute, quien ejerció el alto mando en la guerra durante las administraciones de George W. Bush y Barack Obama, expresó: “Carecíamos de un conocimiento fundamental de Afganistán, no sabíamos qué estábamos haciendo. ¿Qué tratamos de hacer aquí? No teníamos la más remota noción de lo que estábamos acometiendo”[12].

Este artículo hace referencia a otro más amplio, del reportero del The Washington Post Craig Whitlock, autor del libro The Afghanistan Papers: A Secret History of the War (“Los documentos de Afganistán: Una historia secreta de la guerra”), en el que afirma que “desde 2001, más de 775.000 soldados estadounidenses se han desplegado en Afganistán, muchos de ellos repetidamente. De ellos, 2.300 murieron allí y 20.589 resultaron heridos en acción, según cifras del Departamento de Defensa”[13].

El informe del periodista Craig Whitlock cita a Neta Crawford, profesora de ciencias políticas y codirectora de Costos de Proyecto de guerra en la Brown University, quien estima que desde 2001, el Departamento de Defensa, el Departamento de Estado y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) han gastado o asignado entre US$ 934 mil millones y US$ 978 mil millones. Entre estas cifras no se incluyen los gastos de otras agencias como la CIA y el Departamento de Asuntos de Veteranos, que es responsable de la atención médica de los veteranos heridos[14]. En este punto debe tenerse en cuenta que esa suma se estima desde 2001 pero debe tenerse en cuenta que, con anterioridad, los Estados Unidos financiaron la “Operación Ciclón”, nombre en clave del programa de la CIA para reclutar a los fundamentalistas islámicos —los muyahidines— que enfrentaron al gobierno de la República Democrática de Afganistán (1978-1992) y al ejército de la Unión Soviética entre 1979 y 1989.

Basado en información del Departamento de Defensa, del Proyecto de Costos de Guerra de la Brown University, de la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán y del Comité para la Protección de Periodistas, el artículo del The Washington Post presenta un gráfico titulado “El peaje de la guerra”, en el que muestra que desde 2001 se estima que 157.000 personas han muerto en la guerra de Afganistán[15]:

64.124 fuerzas de seguridad afganas (estimado)

43.074 civiles afganos (estimado)

42.100 combatientes talibanes y otros insurgentes (estimado)

3.814 contratistas de EE.UU.

2.300 personal militar de EE.UU. (cifra actualizada hasta noviembre de 2019)

1.145 tropas de la OTAN y de la coalición

424 trabajadores de ayuda humanitaria

67 periodistas y trabajadores de los medios.

Podría continuarse con las evaluaciones previas al descalabro que hoy presenciamos en Afganistán, pero la estrepitosa y humillante salida del ejército estadounidense está a la vista, por más amenazas que Biden quiera esgrimir ante potenciales ataques a su personal.

Estados Unidos y Afganistán antes de la ocupación soviética: inteligencia y toma de decisiones desde 1978

Adolph “Spike” Dubs, diplomático de carrera que sirvió en Alemania, Liberia y la Unión Soviética —desempeñándose en este último destino como encargado de negocios en la Embajada de los Estados Unidos en Moscú, en los años 1973-74—, considerado un experto en temas soviéticos, en 1978 fue nombrado embajador en Afganistán, tras el golpe de Estado del 27 de abril de ese año —la Revolución de Saur— que llevó al poder a la facción Khalq del Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), alineado con los soviéticos.

El 14 de febrero de 1979, Dubs fue secuestrado por militantes armados que se hicieron pasar por policías, y exigieron la liberación del líder de su partido encarcelado. El gobierno se negó a negociar con los secuestradores, rebeldes que enfrentaban al régimen prosoviético, quienes llevaron al embajador Dubs como rehén a una habitación del hotel Kabul, en el centro de la ciudad. Los policías afganos, acompañados de asesores soviéticos, atacaron el hotel, hecho en el que resultó muerto el diplomático. Su muerte dejó algunas dudas respecto a los perpetradores y sus reclamos, pero estaba claro que el país ya estaba fuera de control. No se nombró a un sucesor de Dubs y la Unión Soviética invadió Afganistán en diciembre de 1979. La embajada de Estados Unidos finalmente se cerró en 1989 debido al deterioro de la seguridad.

Mientras tanto, se sabía que desde Pakistán los rebeldes islamistas pergeñaban una revolución para derrocar al gobierno marxista, lo cual significó una fuerte alarma para la dirigencia soviética en Moscú, atento a que unos cuarenta millones de musulmanes vivían en las repúblicas soviéticas de Asia Central[16]. Ante esta percepción de amenaza, Yuri Andropov, jefe de la inteligencia soviética, declaró “no podemos perder Afganistán”[17].

Tim Weiner, reportero del New York Times y ganador del Premio Pulitzer, afirma que la CIA, durante los siguientes nueve meses “fue incapaz de advertir al presidente de Estados Unidos de una invasión que cambiaría la faz del mundo”[18]. El 23 de marzo de 1979, en un informe de alto secreto de la CIA a la Casa Blanca, se expresaba: “Los soviéticos serían bastante renuentes a introducir un gran número de fuerzas terrestres en Afganistán”. En la misma semana, 30.000 efectivos soviéticos comenzaban su despliegue en cercanías de la frontera afgana en camiones, tanques y transportes blindados[19].

Entre julio y agosto del mismo año, al intensificarse los ataques de los rebeldes, Moscú envió un batallón de unidades de combate aerotransportadas a la base de Bagram en las afueras de Kabul. La CIA hizo uso de sus mejores analistas, de sus satélites y de toda su aparatología de reunión de información para brindar un nuevo informe, el 28 de septiembre de 1979, en el que afirmaba que la Unión Soviética no invadiría Afganistán. Mientras tanto, las fuerzas soviéticas continuaban llegando a Afganistán[20]. Nuevamente, el 19 de diciembre, los analistas de la CIA consideraron que “el ritmo de los despliegues soviéticos no sugiere … una contingencia urgente”[21].

Sin embargo, hay que retrotraerse unos pocos meses atrás de ese informe de diciembre. A instancias del consejero de seguridad Zbigniew Brzezinski, el 3 de julio de 1979, el presidente Jimmy Carter firmó la primera directiva de asistencia secreta en apoyo a los muyahidines que enfrentaban al régimen prosoviético de Kabul[22]. El propio Brzezinski afirmó que ese mismo día le escribió una nota al presidente en la que le explicaba que con “esa ayuda provocaría una intervención militar de los soviéticos”[23]. Es decir que reconoció que los Estados Unidos se involucraron en el conflicto afgano antes de que los soviéticos invadieran el país, dando origen a la mencionada “Operación Ciclón” de la CIA.

Cuando en una entrevista que le realizó Le Nouvel Observateur —en enero de 1998— le preguntaron a Brzezinski si no se había arrepentido “de haber favorecido el integrismo islamista, de haber aportado armas y consejo a futuros terroristas”, el polaco devenido en consejero de seguridad de Carter respondió:

¿Qué es lo más importante para la historia mundial? ¿Los talibanes o la caída del imperio soviético? ¿Algunos locos islamistas o la liberación de Europa central y el fin de la guerra fría?

En la entrevista le hicieron una última pregunta: “¿Algunos locos? Si se está diciendo constantemente que el fundamentalismo islámico representa hoy una amenaza mundial”. A lo que Brzezinski contestó:

¡Tonterías! Se dice que Occidente debería tener una política global con respecto al islamismo. Es una estupidez: no hay islamismo global. Miremos al Islam racionalmente y no demagógicamente o emocionalmente. Es la religión líder en el mundo con 1.5 mil millones de seguidores. Pero, ¿qué tienen en común la Arabia Saudí fundamentalista, el Marruecos moderado, el Pakistán militarista, el Egipto pro-occidental o el Asia Central secularizada? Nada que no sea lo mismo que une a los países de la cristiandad …[24]

Entrevista a Zbigniew Brzezinski, Le Nouvel Observateur, 15/01/1998.

En esa entrevista Brzezinski hizo uso del cinismo que caracterizó a la dirigencia política estadounidense y británica respecto al tema del islamismo, entre otros. Estos son los antecedentes que, primero, llevaron a la invasión soviética de Afganistán y, luego, a la implosión de la Unión Soviética. Por lo tanto, es justo recordar estas circunstancias para la comprensión de por qué el radicalismo islámico logra esa fuerza que le permite una expansión global.

Cabe agregar que este “nuevo juego” en Afganistán se produjo durante el gobierno iraní de Mehdi Bazargan, quien lo encabezó de forma interina tras la Revolución Islámica, gobierno con el que Estados Unidos mantenía contactos. Además del triunfo de la mencionada revolución en 1979, el 4 de noviembre se llevó a cabo el asalto de la embajada de los Estados Unidos y el secuestro de los diplomáticos. A finales del mes de diciembre el Ejército Rojo ingresó a Afganistán.

Arabia Saudí y las monarquías del Golfo, wahabitas y sunitas, no estaban dispuestos a perder el control religioso en favor de los chiítas iraníes por lo que se aliaron a los muyahidines afganos, quienes solo contaban con algunas facciones de filiación wahabita y con los partidarios de la yihad armada[25]. En el noroeste de Pakistán, en torno a Peshawar, en donde existían bases y campos de entrenamiento, había tres millones de refugiados, “el caldo de cultivo para el islámico internacional”[26]. Con financiamiento saudí, armamento estadounidense, tráfico de heroína y colaboración de los servicios de inteligencia paquistaní y estadounidense —el ISI (Inter-Services Intelligence) y la CIA—, además del componente religioso de las grandes organizaciones paquistaníes, principalmente Jami’at-e islami fundada por Abul Ala Mawdadi (Aurangabad, India, 1903 – Búfalo, Estados Unidos, 1979), periodista y teólogo musulmán fundamentalista que desempeñó un papel importante en la política paquistaní y la red de madrasas deobandis[27].

Este movimiento, apadrinado por los Estados Unidos, Arabia Saudí, los Estados del Golfo y Pakistán, desempeñó un papel clave en la derrota que sufrieron las tropas soviéticas en 1989 y que llevó a la evacuación del país. Pero allí también está el semillero que dio origen al terrorismo de sesgo islámico.

Los medios gráficos también dejaron plasmados aquel encuentro que, en febrero de 1983, el entonces presidente Ronald Reagan mantuvo con los talibanes en la Casa Blanca y que fue registrado por su fotógrafo oficial, Michael Evans.

Febrero de 1983. Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos, reunido con una delegación de los talibanes en un salón de la Casa Blanca. Foto: Michael Evans.

En abril de 1992 Kabul y Afganistán cayeron en manos de los muyahidines. En 1994 aparecieron los talibanes, quienes durante ese año se apoderaron de Kandahar y de las provincias meridionales de Lashkargah y Helmand. Los talibanes gobernaron la casi totalidad de Afganistán entre 1996 y 2001 y la empresa petrolera argentina Bridas de Carlos Bulgheroni obtuvo un contrato para la construcción de un gasoducto de 1.492 kilómetros desde Turkmenistán hasta Pakistán con el visto bueno de los talibanes. Bien pronto, con el avance de los Estados Unidos en el espacio postsoviético, la empresa argentina fue perdiendo todos sus negocios en favor de las estadounidenses, principalmente con Unocal [28]. ¿Se trataba entonces de cuestiones de seguridad de Estados Unidos? ¿Se trataba de derrotar a Al-Qaeda en Afganistán?

Estos datos son relevantes para comprender los motivos que fueron llevando a la implosión soviética y a la expansión de los Estados Unidos en el espacio postsoviético. La globalización propuesta por Washington estaba en marcha en un esquema que los propios estadounidenses y algunos analistas internacionales consideraron como “unipolar”.

Otra cuestión que, a la luz de los hechos actuales, se ha tornado como una preocupación es el papel que China tomaría en la actual situación. Bien, aquí también debemos regresar a la historia y citar nuevamente a Tim Weiner, quien informa acerca de lo que considera “la misión de tráfico de armas más importante de la CIA” para poder proveer a los muyahidines, operación que contó con un respaldo de los saudíes que igualó al que estaba llevando a cabo la CIA, mientras que “los chinos enviaron armas por un valor de varios millones de dólares, y lo mismo hicieron los egipcios y los ingleses”, mientras la CIA coordinaba los envíos[29]. Entonces queda claro que China se involucró en Afganistán gracias a la “invitación” de los Estados Unidos, para lo cual debe recordarse que pocos años antes Richard Nixon y Henry Kissinger habían sido protagonistas en la denominada “diplomacia del ping-pong”. Como en inteligencia es fundamental verificar las fuentes, veamos que nos dice el propio Kissinger:

En Afganistán, la Unión Soviética vivió muchas de las vicisitudes que había sufrido Estados Unidos en Vietnam, en este caso, con el apoyo y la coordinación de Estados Unidos, China, los países del Golfo y Pakistán, que financiaron y prepararon a la resistencia armada.[30]

Otros “compromisos” con el islamismo

En el marco de la guerra contra el terrorismo, algunos periodistas y analistas internacionales aseguran que el gobierno estadounidense de turno se equivocó al llevar adelante la invasión de Iraq para derrocar a Saddam Hussein cuando aún no se había consolidado en Afganistán. Esa operación se inició el 20 de marzo de 2003 con los primeros bombardeos.

Tras la invasión de Iraq, los estadounidenses establecieron un campo de detención en el desierto de ese país, en las afueras de la ciudad de Basora, al que denominaron “Camp Bucca”, en el que tuvo su origen el grupo extremista que luego pasó a autodenominarse “Estado Islámico”. Muchos de los más de 25.000 detenidos en ese presidio fueron transferidos desde la cárcel de Abu Ghraib, luego del escándalo que dio vuelta al mundo con fotos que mostraban las torturas y abusos que sufrían los prisioneros.

En “Camp Bucca”, precisamente, estuvieron detenidos varios de los que serían los miembros principales de la dirigencia del Estado Islámico (ISIS o DAESH), entre ellos su líder Abu Bakr al-Baghdadi. Por otro lado, el desmantelamiento del ejército iraquí también nutrió las filas de esta organización con hombres bien entrenados.

Como si esto fuera poco, desde Estados Unidos se respaldó lo que se denominó la “primavera árabe” (2010 – 2012), lo que derivó en la desestabilización de varios regímenes de los países árabes. Debe también mencionarse el ataque a Libia para derrocar a Mamuar Gadafi, operación militar llevada a cabo por Estados Unidos, acompañado por varios países europeos, y que contó con la anuencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que, en marzo de 2011, votó en su favor. Una vez más, las democracias occidentales favorecieron a los rebeldes, ya que esta decisión benefició al último bastión rebelde que quedaba en Bengasi.

La insurgencia siria también recibió apoyo de las democracias occidentales y del gobierno turco con la intención de derrocar al gobierno de Bashar Al-Assad. Cuando se inició el conflicto en Siria, en marzo de 2011, el cual se originó a partir de una manifestación en la ciudad de Deraa, que fue propagándose por otras ciudades del país y reprimidas fuertemente por el gobierno, comenzaron a aparecer diferentes grupos rebeldes, algunos de los cuales contaron con el apoyo económico y de armas por parte de Estados Unidos, Turquía y otros países. El diario alemán Bild, en agosto de 2012, publicó que un buque espía de la Armada alemana navegaba frente a las costas de Siria. Esta nave en ese momento, contaba a bordo con la última tecnología de espionaje del Bundesnachrichtendienst (BND) —el servicio alemán de inteligencia exterior— y proporcionaba información específica a los rebeldes sirios en su lucha contra el presidente Bashar al-Assad. Esa tecnología le permitía observar movimientos de tropas hasta 600 kilómetros de profundidad en territorio sirio. Según el informe, las observaciones se transmitían a los servicios asociados estadounidenses y británicos. Estos, a su vez, también transmitían esa información al Ejército de Liberación de Siria[31]. Otros medios alemanes también replicaron esa información; por el ejemplo, Welt, basándose en información de Bild am Sonntag, informaba que “los agentes del BND también están estacionados en la base turca de la OTAN en Adana. Desde allí, interceptaron llamadas telefónicas y comunicaciones por radio de Siria”[32]. Asimismo, agregaba que se mantenía un contacto informal con fuentes cercanas al régimen de Al-Assad. Según esa información, un funcionario del servicio secreto estadounidense habría afirmado que “ningún servicio secreto occidental tiene fuentes tan buenas en Siria como el BND”[33].

Welt también informaba que el servicio secreto británico estaba apoyando a los rebeldes sirios con información sobre los movimientos de las tropas sirias. Los británicos seguían la situación de Siria desde Chipre —donde mantiene dos bases militares con fines de inteligencia—, según habría manifestado un representante de los insurgentes a The Sunday Times. Esta fuente reveló que la información recopilada luego se transmitía a los Estados Unidos y a Turquía y que ellos lo conseguían a través de los turcos. La información proporcionada por los británicos permitió a los insurgentes conocer el movimiento de las tropas sirias en su despliegue en dirección a Alepo, en el noroeste de Siria, lo que favoreció un ataque que los rebeldes llevaron a cabo contra el ejército sirio a principios de agosto de 2012, cerca de la ciudad suroccidental de Idlib[34].

El entonces presidente del BND, Gerhard Schindler —quien debió renunciar en abril de 2016 por el escándalo de las escuchas telefónicas a los aliados por parte de la NSA estadounidense—, en una entrevista explicó que su servicio tenía recursos limitados, por lo cual establecía prioridades, como por ejemplo, Siria y Afganistán[35].

Quien haya seguido de cerca estos veinte años de intervención estadounidense en Afganistán se ha familiarizado con expresiones como “errores de inteligencia”, “daños colaterales” y otras similares que sirvieron para “justificar” los ataques que las fuerzas de ocupación hicieron sobre la población civil. Pueblos enteros en la frontera Af-Pak fueron sometidos al terror de los drones estadounidenses, los cuales sobrevolaban los mismos mientras sus habitantes esperaban el momento en que lanzaran sus bombas. Hubo noticias en las que se informaba de “ataques por error” a afganos que se encontraban celebrando una boda.

Además de las violaciones y torturas en “Abu Ghraib” y de “Guantánamo” deben recordarse los centros clandestinos de detención de la CIA en Europa, en países europeos, y los vuelos que la CIA realizó a través de ese mismo continente trasladando supuestos terroristas durante el gobierno de George W. Bush, cuya difusión comprometió seriamente a varios gobiernos europeos. 

Reflexiones parciales en un momento de incertidumbre

Como puede apreciarse, la historia nos permite precisar cómo han sido los hechos y quitar el velo de algunas cuestiones que la “propaganda” ha impuesto a lo largo de estos últimos cuarenta años.

El gobierno estadounidense ha sido el sustento del islam radical desde antes de la invasión de la Unión Soviética a Afganistán, como lo ha afirmado el propio Brzezinski, y con la intención de provocar la intervención de Moscú para llevarlos a su “propio Vietnam”.

Los ataques del 11-S fueron una débil argumentación para proceder a la invasión en Afganistán, como también lo fue la falsedad de la existencia de armas de destrucción masiva para justificar el ataque a Iraq. A eso le siguió el involucramiento en Siria y la embestida contra Libia. En este contexto, nunca dejó de agredirse a Irán, aun cuando su gobierno pareció acogerse a lo pactado respecto del acuerdo nuclear. Finalmente el entonces presidente Donald Trump retiró a su país del acuerdo nuclear, en el marco interno, por su intención de deshacer todo lo realizado por su antecesor, Barack Obama, y en el marco externo, para alinearse con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quien mantuvo siempre vigente su propaganda contra Irán a escala mundial, influyendo no solo en Medio Oriente sino también en América del Sur. De alguna manera, la destrucción de los países que se constituían en adversarios de Israel ha borrado a sus grandes enemigos, salvo Irán, y abrió las puertas a que estableciera relaciones diplomáticas —Acuerdos de Abraham— con Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, países árabes del Golfo Pérsico.

Sin embargo, esas operaciones de la CIA, esas prisiones clandestinas y toda la política que han llevado a cabo en el marco de la “guerra contra el terrorismo global” que, precisamente provocó una gran desestabilización en una amplia región que se extiende desde el norte de África, pasando por Medio Oriente hasta llegar a Afganistán, ha llevado a que ese terrorismo que Brzezinski negaba que fuera global, a la vez que consideraba que solo se trataba de unos locos islamistas, se haya transformado en una metástasis a escala mundial.

Una vez más, como una concreción de una profecía, luego de que la Casa Blanca y sus países aliados alertaran de potenciales ataques en el aeropuerto de Kabul, el jueves 26 de agosto dos explosiones provocaron la muerte de al menos 90 personas —entre ellos 13 soldados estadounidenses— y más de 150 heridos en la capital de Afganistán, incluidos niños y mujeres. Una nueva franquicia ha aparecido en el espectro terrorista y se constituye como el principal enemigo de los talibanes: ISIS-K o Provincia del Estado Islámico de Khorasan.

Estados Unidos, una vez más, se ha mostrado como un aliado nada confiable, capaz de cambiar de rumbos sin advertir a sus propios aliados de esos virajes que los someten a un verdadero caos en el que los pone innecesariamente en riesgos. Este es un claro ejemplo de ello como así también, mediante la “política del ping pong”, dejó fuera del juego a Taiwán e hizo su apuesta por la República Popular China, la que pasó a sentarse en la banca de Taiwán en el Consejo de Seguridad, con derecho a veto. Allí está el origen del poder que fue tomando el régimen de Beijing que, como se pudo ver, también fue invitado a colaborar con los rebeldes afganos en la década de 1980. Haciendo una digresión, en este contexto, ¿cuál será el futuro de Taiwán luego de esta retirada de Estados Unidos que mostraría una clara debilidad ante China?

¿Cómo hoy pueden sorprenderse de que China y Rusia estén negociando con los talibanes desde antes de esta bochornosa retirada? Los que “se mudan” lejos son los estadounidenses, quienes les dejan nuevamente a sus molestos vecinos, contra los cuales comenzaron a combatir los soviéticos en 1979. Bien, ante un acuerdo unilateral, ante una decisión inconcebible y sin un “plan B” por parte de Washington, los rusos y los chinos, así como otros vecinos de la región que no pueden “mudarse” lejos como los estadounidenses, deben establecer alguna negociación para convivir desde ahora y de cara al futuro. No obstante, la retirada de Estados Unidos no deja de ser un alivio, al menos por ahora, para Rusia y China. Por su parte, el presidente ruso, Vladímir Putin expresó la esperanza de que el talibán (movimiento proscrito en Rusia) “cumpla sus promesas de restaurar la paz en Afganistán”.

Las contradicciones han quedado a la vista. Al inicio de este artículo se ha mostrado un titular del diario español ABC del 01/04/2004 que decía que los gobiernos occidentales prometían no abandonar Afganistán a su suerte y otro de France24 del 14/08/2021, que titula que “Occidente se apresura a abandonar Afganistán, mientras el Talibán se toma más de la mitad del país”.

En función de ello, debe considerarse que los gobernantes de Occidente siempre han llenado horas con pomposos discursos humanitarios, pero a la vez impidiendo que los migrantes llegasen a sus costas y a sus territorios, quienes huían —en muchas ocasiones— de los desastres y guerras que de la mano de Washington y de la OTAN, con sus serviles europeos y australianos que siempre hacen de “coro griego” y participan de la tragedia, pero ya no en los escenarios de un teatro sino en escenarios regionales: desde Corea, Vietnam hasta los más recientes de Afganistán, Iraq, Siria, Libia. Tampoco debe olvidarse que de ese coro también forman parte Canadá y Nueva Zelanda.

Josep Borrell, Alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, en una entrevista que le realizaron el 18 de agosto en la RTVE, expresó que lo sucedido en Afganistán es una derrota del mundo occidental. A continuación agregó: “Hay que extraer lecciones de eso y saber los errores que hemos cometido, por qué hemos llegado hasta aquí y saber de qué manera podemos defender mejor nuestros valores y nuestros intereses en el mundo”.

Como dijo Aldous Huxley: “Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”.

Los líderes de los países occidentales acaso deban preguntarse: el fracaso de Occidente en Afganistán ¿no es el resultado de no haber tenido en cuenta las experiencias de décadas que están hasta escritas en la Historia?

Bien, queda en el aire la pregunta pero hay otros interrogantes que debemos tener en cuenta. En función del acuerdo celebrado entre el gobierno de Estados Unidos y los talibanes, no ha habido ataques de este grupo a las fuerzas estadounidenses, los que se retiran, “regalándoles” no solo el país a los talibanes sino también todo un arsenal que podrá ser empleado por ellos. Toda la inversión en armamento destinada a las fuerzas armadas de Afganistán, ahora está en posesión de los nuevos dueños del país. ¿Quizá haya habido un nuevo acuerdo con los talibanes como en la década de 1980?

Finalmente, la ocupación y la desbandada de Afganistán ha puesto en evidencia, como en tantas otras ocasiones, que quizás lo que se consideran “fallas de inteligencia” en verdad no lo son, sino que la dirigencia política —es decir, la que toma las decisiones— hace caso omiso a lo que la inteligencia le informa y procede por su lado responsabilizándola de las cosas que parecen salir mal.

El paso del tiempo permitirá ver con mayor claridad algunas cuestiones que aún parecen inexplicables.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] “Les révélations d’un ancien conseiller de Carter. ‘Oui, la CIA est entrée en Afghanistan avant les Russes…’” Nouvel Observateur, 15/01/1998.

[2] Michael Gabriel Hernández. “Reporte de inteligencia de EEUU afirma que es poco probable lograr un acuerdo de paz en Afganistán”. Agencia Anadolu, 15/04/2021, https://www.aa.com.tr/es/política/reporte-de-inteligencia-de-eeuu-afirma-que-es-poco-probable-lograr-un-acuerdo-de-paz-en-afganistán/2209343, [consulta: 20/04/2021].

[3] Gordon Lubold y Yaroslav Trofimov, “Afghan Government Could Collapse Six Months After U.S. Withdrawal, New Intelligence Assessment Says”. The Wall Street Journal, 23/06/2021, https://www.wsj.com/articles/afghan-government-could-collapse-six-months-after-u-s-withdrawal-new-intelligence-assessment-says-11624466743

[4] Dan Lamothe y Shane Harris. “Afghan government could fall within six months of U.S. military withdrawal, new intelligence assessment says”. The Washington Post, 24/06/2021, https://www.washingtonpost.com/national-security/afghan-government-could-fall-within-six-months-of-us-military-withdrawal-new-intelligence-assessment-says/2021/06/24/42375b14-d52c-11eb-baed-4abcfa380a17_story.html

[5] Ídem.

[6] Ídem.

[7] Nick Paton Walsh, Evan Perez, Mohammed Tawfeeq. “ómo una redada en Afganistán reveló que al Qaeda sigue teniendo alcance mundial bajo la ‘protección’ de los talibanes. CNN en Español, 28/05/2021, https://cnnespanol.cnn.com/2021/05/28/al-qaeda-sigue-creciendo-bajo-la-proteccion-de-talibanes-trax/

[8] John Bowden. “Republicanos eliminan página web que celebra el acuerdo de Trump con los talibanes”. Independent en Español, 17/08/2021, https://www.independentespanol.com/noticias/republicanos-eliminan-web-acuerdo-trump-talibanes-b1903686.html

[9] Dan Lamothe, John Hudson, Shane Harris and Anne Gearan. “U.S. officials warn collapse of Afghan capital could come sooner than expected”. The Washington Post, 10/08/2021, https://www.washingtonpost.com/national-security/2021/08/10/afghanistan-intelligence-assessment/

[10] Ídem.

[11] Pablo Guimón. “Una investigación de ‘The Washington Post’ revela 18 años de mentiras en la guerra de Afganistán”. The Washington Post, 10/12/2019, https://elpais.com/internacional/2019/12/09/estados_unidos/1575911162_574027.html, [consulta: 10/12/2020].

[12] Ídem.

[13] Craig Whitlock. “The Afghanistan Papers. A secret history of the war. At War With The Truth”. The Washington Post, 09/12/2019, https://www.washingtonpost.com/graphics/2019/investigations/afghanistan-papers/afghanistan-war-confidential-documents/ [consulta: 10/12/2020].

[14] Ídem.

[15] Ídem.

[16] Tim Weiner. Legado de cenizas. La historia de la CIA. [1ª ed.] Buenos Aires: Debate, 2008, p. 380.

[17] Ídem.

[18] Ídem.

[19] Ídem.

[20] Ibíd., p. 381.

[21] Ídem.

[22] “Les révélations d’un ancien conseiller de Carter. ‘Oui, la CIA est entrée en Afghanistan avant les Russes…’” Nouvel Observateur, 15/01/1998.

[23] Ídem.

[24] Ídem.

[25] Gilles Kepel. La yihad. Expansión y declive del islamismo. Barcelona: Península, 2001, p. 207.

[26] Ídem.

[27] Los deobandis son uno de los grupos de los musulmanes. Está íntimamente relacionado con la Universidad de Deoband, en India (Dar al-‘Ulum, “Casa del Conocimiento”. En sus orígenes en la India ya expresaba un fuerte rechazo contra el avance de Occidente y su civilización materialista laica en el subcontinente indio. Sus objetivos eran preservar las enseñanzas del Islam, su fuerza y sus rituales, resistir a las destructivas actividades misioneras del invasor británico y su cultura y difundir el Islam y su cultura.

[28] Ahmed Rashid. Los talibán. El Islam, el petróleo y el nuevo “Gran Juego” en Asia Central. Barcelona: Península, 2001, 375 p.

[29] Tim Weiner. Op. cit., p. 400.

[30] Henry Kissinger. China. Buenos Aires: Debate, 2012, p. 403

[31] „Deutsches Spionageschiff laut «BamS» vor Syrien im Einsatz”. Bild, 19/08/2012, https://www.bild.de/news/aktuell/deutsches-spionageschiff-laut-bams-vor-syrien-1-25725408.bild.html, [consulta 26/08/2012].

[32] “Deutsches Spionageschiff hilft syrischen Rebellen”. Welt, 19/08/2012, https://www.welt.de/politik/ausland/article108682338/Deutsches-Spionageschiff-hilft-syrischen-Rebellen.html, [consulta 26/08/2012].

[33] Ídem.

[34] Ídem.

[35] Martin Lutz, Uwe Müller. „Alle sollten stolz sein, für den BND zu arbeiten”. Welt, 11/08/2012, https://www.welt.de/politik/deutschland/article108568246/Alle-sollten-stolz-sein-fuer-den-BND-zu-arbeiten.html, [consulta 26/08/2012].

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EL CHOQUE EN EL VALLE DE GALWAN: IMPERATIVOS ESTRATÉGICOS DE INDIA CONTRA CHINA

Siddhant Hira*

A nivel estratégico, la rivalidad sino-india tiene unas pocas décadas de antigüedad. Históricamente —cada vez que la República Popular China (RPC/China) se enfrenta a presiones internas y externas— ha establecido su dominio en la región al mostrar agresión contra la India. Curiosamente, la India en 1962 y la República Popular China en 2020 se equivocaron a la hora de anticiparse a la otra parte: en 1962, la India no creyó que China libraría una guerra y tampoco China pensó que la India respondería en 2020.

Harsh V. Pant escribió que China ha estado persiguiendo activamente “políticas para prevenir la aparición de otros poderes regionales, o por lo menos para limitar su desarrollo relativo a ella”. Y esto es especialmente cierto desde que Xi Jinping se transformó en el presidente chino en 2012: su gobierno ha sido sinónimo de varias agresiones que incluyen la diplomacia lobo-guerrero, la expansión marítima y los conflictos territoriales. Estos temas se han manifestado en su dominio en el Mar del Sur de China, la Iniciativa de la Ruta del Cinturón (BRI) y la política de trampa de la deuda, la interferencia en Sri Lanka, Nepal, Bangladesh y las Maldivas. La China de hoy ha superado su embarazoso siglo, pero no lo ha olvidado. Y ahora, su interés nacional es un deseo de independencia nacional, igualdad y reconocimiento en la escena internacional.

Los cuatro objetivos clave de su política exterior son la seguridad territorial, la estabilidad política, el progreso económico y la identidad nacional. La seguridad territorial es el objetivo más importante para lograr la seguridad nacional, que garantiza un fuerte control sobre el Estado. La presencia de estabilidad política es crucial en la región para el desarrollo pacífico. Y su política económica es asegurar éxitos —dentro de ciertos límites definidos por el Estado— para las empresas o negocios. Al promover su identidad nacional, China pretende proyectar su influencia cultural al mundo como potencia titular de un estatus y un activo buscador de reconocimiento.

El año pasado, el 15 y 16 de junio de 2020, China atacó a las tropas indias en el punto de patrullaje 14 en el valle de Galwan, a lo largo de la Línea de Control Real (LAC). Creyó que esta vez también el ejército indio estaría en desorden como lo estuvo en 1962. Pero en realidad, el ejército indio era similar a 1967 y 1987. La agresión china en la LAC en realidad comprendió tres escaramuzas separadas involucrando 300 tropas en total.

Durante las conversaciones del 5 de junio de 2020 se acordó desmantelar un campamento del Chinese Observation Post (OP) pero fue repuesto unos días después. Para preguntar sobre la re-erección, el Coronel Santosh Babu —al mando de 16 Bihar— dirigió personalmente un equipo a pie para hablar con el CO chino. Todos se sorprendieron cuando no reconocieron a los chinos; después de haberse desplegado en la región el tiempo suficiente, estaban familiarizados con sus oponentes.

Hubo dos razones para el primer enfrentamiento: la beligerancia de la nueva fuerza china sobre el CO indio preguntando sobre el campamento reconstruido, y luego un soldado chino empujando inmediatamente al Coronel Babu mientras también gritaba obscenidades en mandarín. Fue entonces cuando el CO de 16 Bihar entendió que las acciones chinas no eran de naturaleza táctica sino estratégica, viniendo directamente de Pekín. Estas acciones llevaron a los indios a responder ferozmente con sus puños, saliendo victoriosos después de 30 minutos. 16 Bihar incluso aplastó y luego redujo a cenizas al OP chino.

El segundo altercado es el más conocido, lo que resultó en que India y China perdieran hombres en las gélidas aguas del río Galwan. El Coronel Babu murió en las aguas después de ser golpeado en la cabeza por una piedra grande y cayó al río. Las emociones y la conmoción obviamente eran intensas, pero los indios mantuvieron la calma.

El detonante del tercer y último cuerpo a cuerpo fue cuando 16 Bihar escuchó un dron que estaba monitoreando el área para proporcionar inteligencia de imágenes (IMINT) para un nuevo asalto. India reforzó sus fuerzas con pelotones Ghatak —unidades de infantería de élite que lideran ataques, actuando como “tropas de choque”— del 16 Bihar y el Regimiento 3 de Punjab. Esta fase, de nuevo por encima y a lo largo del río Galwan, implicó el número máximo de ambos lados. También se intercambiaron heridos y bajas. Pero todo el personal tardó tres días más en llegar a sus lados respectivos.

Un año después de la escaramuza del valle de Galwan, tanto la India como China han mejorado su presencia militar, desplegado armas, logística e infraestructura fronteriza. Recientemente, China ha reemplazado dos divisiones en la LAC, ambas incluyendo dos regimientos móviles y un regimiento blindado, de artillería y de defensa aérea cada uno. También están mejorando la construcción detrás de los puntos de fricción en Aksai Chin. Los chinos comenzaron a establecer refugios reforzados para sus tropas, lo que significó el despliegue de tropas durante el invierno. Solo entonces India hizo lo mismo.

La India está bien preparada para contrarrestar estos movimientos a lo largo de la frontera indo-china y —después de Galwan— ha completado proyectos en un año que normalmente habría tomado cinco años. La República Popular China tal vez se sorprendió más por la rápida velocidad de la India en el desarrollo de la infraestructura fronteriza, que es quizás la más frecuente “causa raíz de las tensiones” entre los países: la velocidad de respuesta de la India y la acumulación de tropas se ha visto estimulada por las acciones de China, pero China parece estar viéndolo como una provocación en sí misma. A partir del 10 de marzo de 2021, la India ha construido 57 carreteras, construido y renovado 32 helipuertos, desarrollado 47 puestos avanzados y 12 campamentos de preparación para la Policía fronteriza indo-tibetana. En el ejercicio 2020-2021, la construcción de la frontera india fue de 1.200 kms con más de 1.000 kms a lo largo de ALC.

La nueva política de la India en la frontera sino-india es “defensa ofensiva”: aviones de combate y helicópteros de primera línea se han desplegado como disuasión estratégica, el 1er Cuerpo mecanizado se ha reorientado desde la frontera con Pakistán para manejar el ALC y, si es necesario, golpes relámpagos en el Tíbet. En términos de mano de obra, una formación de 10.000 soldados se ha unido al 17 Cuerpo de Ataque de Montaña, la única fuerza ofensiva de la India contra China especializada en la guerra de montaña. Y 50.000 soldados más acaban de ser estacionados, lo que eleva el total a 200.000 la Fuerzas de Operaciones Especiales de los tres comandos —Paracaidistas del Ejército (Fuerzas Especiales), comúnmente conocido como PARA (SF); los Comandos de Infantería de Marina de la Armada (MARCOS) y los Comandos Garud de la Fuerza Aérea (Garuds)— todos han sido incorporados a posiciones de avance en el este de Ladakh. En noviembre de 2020 MARCOS también se desplegó en el lago Pangong y la adquisición por parte del Ejército de 17 botes de fondo plano para el despliegue rápido de tropas debido a contingencias da crédito a la teoría de que ahora tiene una presencia permanente allí.

Aparte de la posible razón clave explicada anteriormente, hay varios otros factores detrás del ataque de China a ALC. Estos incluyen el amplio poder nacional de China (CNP) y la orden de seguridad asiática, el desapego de la India del Quadrilateral Security Dialogue (QSD, también conocido como Quad), el deseo de participación india en la BRI, el control sobre las líneas marítimas de comunicación (SLOCs), la re-separación de la cuestión indo-paquistaní y el estatus de Ladakh como territorio de la Unión.

En términos del CNP de China y el orden de seguridad asiático, los expertos en relaciones internacionales han declarado este siglo como el “siglo asiático”, pero creo que la presunción del Estado en el valle de Galwan fue un intento de iniciar un “siglo chino”. Antes, el gran plan nacionalista de la RPC era recuperar su gloria perdida durante el “Siglo de la Humillación”, pero ahora ha evolucionado de uno de interés propio a la dominación global. El motivo oculto de China es ser el líder mundial en todos los campos, utilizando métodos cuestionables para una gran mayoría del orden internacional.

Pekín quiere que la India se desprenda del Quad por dos razones principales: la revitalización del Quad limita sus propios objetivos expansionistas y su conciencia de las crecientes ambiciones globales de la India, y cualquier noción que tuviera en sentido contrario fue refutada por la postura militar de Nueva Delhi después de Galwan. La República Popular China ve a la India como su competidor directo en Asia y, para mantenerla bajo control, el presidente Xi Jimping quiere mantener al país fuera de la órbita de los Estados Unidos. China quiere que la India permanezca restringida al sur de Asia, mientras que unos lazos más estrechos con Washington permitirán a Nueva Delhi proyectar poder más allá de su vecindad inmediata.

En cuanto a la cuestión indo-pakistaní, las dos potencias —junto con China— tienen políticas independientes al respecto que se aplican simultáneamente y, por lo tanto, siempre están enfrentadas. Pakistán siempre ha mantenido la cuestión indo-paquistaní dividida con su antigua política de “desangrar a la India a través de mil recortes”, mientras que la India ha hecho continuos intentos de separarla. Y como China considera a la India su rival asiático más poderoso, ha comenzado a volver a separar la cuestión indo-pakistaní. Shivshankar Menon escribe en su libro India and Asian Geopolitics: The Past, Present que “la presencia a largo plazo de China en POK como parte del CPEC es una apuesta china por el continuo control de Pakistán en territorio indio, y ha profundizado el interés chino en la longevidad de un Pakistán dominado por su ejército”. Se ha asegurado de que en la eventualidad de hostilidades más allá del nivel en el valle de Galwan, la India se distraerá y se verá obligada a dividir sus recursos a través de las fronteras pakistaníes y chinas en una guerra de dos frentes.

Incluso cuando Xi Jinping inauguró el BRI en mayo de 2017, el PRC ha estado presionando a la India para participar. Nueva Delhi no concederá a Pekín este deseo, ya que cree que el proyecto es puramente para beneficios estratégicos chinos en lugar de un equilibrio con el de la nación anfitriona, así como el paso de la BRI a través del territorio en disputa —Cachemira ocupada por Pakistán (PoK)— que la India considera firmemente propio.

Bajo el disfraz de su diplomacia de deuda-trampa y la estrategia mayor del “collar de perlas” a través de la BRI, la RPC ha estado desarrollando puertos con fines comerciales para monitorear y, en última instancia, controlar los SLOCs en el mar Arábigo y en el océano Índico. Estos proyectos de desarrollo están a tasas de interés tan altas que la única opción viable para la nación anfitriona es arrendarlos de nuevo a China: Hambantota en Sri Lanka en 2017 por 99 años y Gwadar en Pakistán en 2015 por 40 años son solo dos casos bien conocidos. Los precedentes anteriores han demostrado que las instalaciones de doble uso como base naval nunca pueden descartarse.

El 12 de octubre de 2020, justo un día después de la séptima ronda de conversaciones a nivel de comandantes, China reiteró por segunda vez que “no reconoce el territorio de la Ladakh Union establecido ilegalmente por la parte India”. Cree que una porción de Ladakh es su parte de su territorio y tiene la costumbre demostrada de hacer reclamos geopolíticos históricos unilaterales cuando se trata de la frontera con la India y el territorio en disputa, así como reclamos sobre el estado indio de Arunachal Pradesh. La mayoría de las veces, estas afirmaciones son falsas. Haciéndose eco de Vikram Sood en su book The Ultimate Goal, un adagio explica el quid de la cuestión: di una mentira una vez, es falsa –pero dila innumerables veces– y se convierte en la verdad del Evangelio. O, al menos, se ha difundido lo suficiente como para que tales falsedades solo puedan remediarse mediante una estrategia a largo plazo.

Teniendo en cuenta la agresión china a lo largo de ALC, la India tiene que tomar una decisión difícil: ¿seguir siendo un cuidador de cercas y equilibrar sus lealtades entre Estados Unidos y Rusia, o elegir un lado y mantenerse firme en su decisión? ¿Qué tanto se involucra con Quad? El crecimiento económico y el desarrollo sin duda ayudarán a tomar esta decisión, así como desempeñar un papel crucial en la lucha contra la RPC. Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta clara y definitiva, ya que China siempre ofusca su razonamiento estratégico, sus decisiones y sus acciones.

Dado que ni las conversaciones diplomáticas (Mecanismo de Trabajo para la Consulta y Coordinación) ni las conversaciones militares (nivel de Comandante de Cuerpo) con China están logrando ningún avance concreto todavía, creo que el único método para que la India aborde el Estado es una combinación de comprensión de la historia, el idioma y la cultura chinos, el establecimiento de una política estratégica práctica que no sea de naturaleza reaccionaria ni receptiva y una red de inteligencia desarrollada, la casi paridad económica y el desarrollo de habilidades que surgen de los juegos de guerra en varios escenarios en todos los campos. China siempre ha jugado a largo plazo, y ahora es el momento de que India derrote a la oposición..

 

* Graduado de Relaciones Internacionales y cursante de la Maestría en Estudios de Seguridad Nacional en el King’s College de Londres. Investiga acerca de la intersección de las Fuerzas de Operaciones Especiales, Inteligencia, Seguridad Internacional y Política Exterior —especialmente en el contexto indio— y en las relaciones sino-indias.

 

Artículo publicado originalmente el 05/07/2021 en OFCS.Report – Osservatorio – Focus per la Cultura della Sicurezza, Roma, Italia, https://www.ofcs.it/internazionale/galwan-valley-clash-strategic-imperatives-for-india-against-china/#gsc.tab=0

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor.

 

 

EUROPA: ENTRE UN MUNDO QUE NO ES Y EL REAPRENDIZAJE DE LA GEOPOLÍTICA

Alberto Hutschenreuter*

Imagen: telam.com.ar

Después de la Segunda Guerra Mundial, los países de Europa decidieron que para no repetir el pasado había que “sujetar” a Alemania, el “perturbador”, a un emprendimiento interestatal colectivo mayor. En otros términos, debilitar la posibilidad relativa con que Alemania dispusiera de sus recursos y emprendiera (eventualmente) un nuevo desafío geopolítico en la Europa central. De allí, la Comunidad Económica del Carbón y el Acero, el cimiento de la Comunidad Económica Europea y la Unión Europea.

El pasado no solo debía ser olvidado, sino enterrado. Y así Europa se fue convirtiendo en un territorio de complementación cada vez mayor, hasta lograr configurar lo que el británico Robert Cooper denominó el “Estado pos-moderno”, es decir, un territorio donde pervivían las patrias, pero se descentralizaban las soberanías. Efectivamente, Europa ingresó en una era pos-westfaliana que implicó un cambio de escala en su basculante y largo pasado de guerras y pactos.

Pero si bien es cierto que en 1945 la derrota militar la sufrió Alemania, la victoria de las potencias europeas (Francia y Reino Unido) fue parcial, en tanto el poder finalmente se fue de Europa hacia los grandes centros que definieron la contienda total e iniciaron un nuevo orden entre Estados. El general Charles de Gaulle fue acaso quien mejor comprendió esa nueva realidad.

Dicha combinación de victoria y derrota europea quedó evidenciada en la colosal asistencia económica de Estados Unidos al continente y en la condición de protectorado estratégico-militar en la que quedó Europa Occidental. Fue el primer secretario general de la OTAN, Lord Hastings Ismay, quien como nadie expresó con precisión la nueva ecuación en el continente: “Estados Unidos adentro, la Unión Soviética fuera y Alemania debajo” (en rigor, Europa).

Así, Europa se reconstruyó, se amplió y alcanzó un grado de integración prácticamente excepcional, si bien nunca logró que una de las partes más vitales, Reino Unido (que se sumó a la CEE en los años setenta), se comprometiera más allá de la zona de libre comercio. Y en esa condición estratégico-militar, Europa “ganó” la Guerra Fría. Pero todos sabemos quién fue el verdadero ganador. En todo caso, Europa, una vez más, se encontró “en el bando ganador”

Pero si consideramos que cuando terminó la contienda bipolar debió comenzar a pensar per sé en términos geopolíticos, y no quiso, no pudo o no supo hacerlo, acaso Europa se encontró en el lado ganador en una condición sub-estratégica. Simplemente fue partícipe de un gran hecho histórico, pero no asumió (con el tiempo) el reto que los tiempos exigían.

Dicho reto era la aplicación de una estrategia cuyo objetivo fuera lograr una “Europa arriba”, es decir, abandonar la comodidad que implicaba la aceptación de un “tutor externo” o “primus Inter pares”, y asumir el papel de un jugador estratégico. Este era el desafío para Europa por aquellos años estratégicos de 1989-1991, cuando casi vertiginosamente se abrían diferentes “imágenes” (esperanzadoras algunas) sobre el advenimiento de una nueva situación internacional. Tras décadas de poder duro o “filoso”, el surgimiento del “poder blando”, esto es, interdependencia, comercio creciente, redes tecnológicas, negocios, instituciones, etc., colocaban a Europa en valor mayor.

Europa continuó el camino de la unidad sin reformular su condición estratégica, incluso cuando todavía se encontraban activos algunos de los hombres con memoria de guerra y, por supuesto, de rivalidad bipolar. Este dato no es menor, pues treinta años después aquella vieja ecuación estratégica y jerárquica de tres términos advertida por Lord Ismay continúa vigente, pero lo novedoso radica en que la nueva generación de líderes europeos no solo no tiene aquel registro histórico, sino que ha crecido en una Europa donde predominan las instituciones, el derecho y la cultura de paz. Sin duda que muchos de ellos han estudiado el pasado, pero consideran que, en buena medida, ese pasado ha sido superado.

Pero esas condiciones (que han reducido la anarquía entre Estados) reinan solo allí. Porque más allá de la Unión Europea el mundo continúa basándose en las situaciones habituales casi protohistóricas: anarquía, competencia, suspicacia, capacidades, tensiones, no guerra, etc. En ninguna parte se reprodujo el modelo de convivencia interestatal europeo; a lo más, los emprendimientos geoeconómicos, particularmente en América, nunca fueron más allá del área de libre comercio y el arancel externo común, y algunos de ellos han desaparecido mientras que otros se encuentran atravesados por conflictos que comprometen seriamente las posibilidades de retorno.

El hecho de renunciar a la soberanía estratégica implicó que la UE siguiera mandatos estratégicos del centro no europeo. Fue así que Europa se embarcó en aquellas decisiones relativas con la rentabilización de la victoria de Estados Unidos en la Guerra Fría, siendo la principal la ampliación de la OTAN más allá de los territorios de Europa central. Asimismo, el despliegue global de fuerzas estadounidenses para combatir al terrorismo transnacional también fue acompañado por países de la UE.

Posteriormente, tras el impasse que implicó la reacción de Rusia en Georgia, la OTAN se aproximó a la zona geopolítica roja mayor rusa, Ucrania, situación que derivó en la amputación territorial de este país clave de Europa del este. A partir de entonces, la relación entre Occidente y Rusia se fue deteriorando más, hasta que los sucesos relativos con el líder opositor Alexéi Navalny prácticamente pusieron fin a cualquier posibilidad de mejora entre las dos partes, particularmente entre la UE y Rusia.

Es decir, la UE, que hasta 2014 consideraba muy baja la posibilidad de tensiones entre Estados en el continente, acabó sumida en un conflicto interestatal nada más y nada menos que ante Rusia, la gran potencia terrestre del mundo. Entonces, se hizo cada vez más evidente (para la UE) que no bastaba con olvidar, ignorar, transformar o relativizar la geopolítica, una disciplina que a menudo allí se superpone o confunde con política exterior.

Pero la UE no solo se encontró con una situación de discordia creciente frente a Rusia, sino que se halló rodeada de hechos de cuño marcadamente geopolítico: Libia, Turquía, Bielorrusia, Moldavia, el Ártico, el Cáucaso, la iniciativa china del “cinturón”, etc. Sin duda, fue esta abrumadora situación de hechos, en los que intereses políticos se volcaban sobre territorios con fines relativos con ganancias de poder, la que hizo ver a la UE que su “concepción blanda” o “híbrida” de la geopolítica, esto es, el rechazo a toda concepción político-territorial que no se fundara en los valores de la UE, correspondía a la de “un mundo que no es”.

En otros términos, la geopolítica que la UE debía recentrar era la habitual, no la de un modelo basado en normas y valores que, exportados (según su concepción), neutralizarían la geopolítica en clave clásica, como bien han sostenido Cristian Nitoiu y Monika Sus en un trabajo de 2019 sobre el ascenso de la geopolítica en la UE.

En 2020, la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se refirió a la necesidad de establecer una “Comisión Geopolítica”, cuyo fin debía ser trabajar para reaprender la disciplina desde sus cimientos, es decir, reaprender a usar el lenguaje de los intereses y el poder, puesto que, como bien advierte Kissinger, “la geopolítica trata de los intereses de los Estados, no de las buenas intenciones de los Estados”.

Aunque muy tardíamente, se trata de un buen comienzo. Pero si ese reaprendizaje no va acompañado del abandono del “confort estratégico europeo”, difícilmente la UE pasará al mundo de la geopolítica real y vital, cuya primera exigencia es la defensa y promoción de los intereses propios. El abandono no implica ruptura; supone complementación con base en la igualdad estratégica, no complementación con base en una relación de nivel estratégico/sub-estratégico como la que existe entre Estados Unidos y Europa desde 1945.

La reciente visita a Europa del presidente estadounidense Joseph Biden ha dejado en claro que el propósito de Washington es mantener la situación. En este sentido, el retiro de la presión del gobierno demócrata a Alemania en relación con el gasoducto ruso-germano “Nord Stream 2” no ha sido un mensaje de buena voluntad a Rusia, como se dijo, sino una concesión a Alemania y a los demás actores de la UE.

Porque para Estados Unidos, un actor de dimensión geopolítica integral, Rusia y China son rivales frente a los cuales las alianzas son centrales. Y hasta ahora ha sido funcional para sus intereses que prácticamente se haya quebrado la posibilidad de que la UE y Rusia recuperaran terreno en relación con idea de comunidad ruso-europea que existió durante las dos décadas que siguieron al fin de la Guerra Fría.

El reto ahora para Estados Unidos es que la iniciativa geoeconómica y geopolítica de China no empuje a la UE (que tiene un enorme intercambio comercio-tecnológico con Pekín) a redefinir intereses, es decir, que comience a ejercer la geopolítica pensando en sí misma.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL) y profesor en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) y en la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Es autor de numerosos libros sobre geopolítica y sobre Rusia, entre los que se destacan “El roble y la estepa. Alemania y Rusia desde el siglo XIX hasta hoy”, “La gran perturbación. Política entre Estados en el siglo XXI” y “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”. Miembro de la SAEEG.

 

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