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ANÁLISIS A 20 AÑOS DEL 11-S Y PERSPECTIVAS DE UNA NUEVA POLÍTICA IMPERIALISTA.

Marcelo Javier de los Reyes*

Imagen de David Mark en Pixabay 

Antes de analizar las consecuencias de los ataque del 11-S. en principio habría que hacer una gran digresión y remontarnos varios años antes de ese día fatídico para comprender la complejidad del tema. Porque ¿cuál fue el desenlace de esos hechos? La ocupación de Afganistán, en la que ya los Estados Unidos estaban involucrados antes del 11-S, ya antes incluso de la invasión de la Unión Soviética con el sostén financiero, en armas y de inteligencia, que se produjo en el marco de la “Operación Ciclón” de la CIA, con la intervención de Arabia Saudí, el Reino Unido, Pakistán y la República Popular China, en el marco de las relaciones originadas a partir de la denominada diplomacia del ping-pong, pergeñada por Henry Kissinger y Richard Nixon. Esto es mencionado por Tim Weiner en su libro Legado de Cenizas. La Historia de la CIA, y por el propio Kissinger en su libro China.

A ello se suman los intereses de las compañías petroleras, principalmente UNOCAL, que desplazó un proyecto de gasoducto que estaba llevando a cabo la empresa argentina Bridas —que ya contaba con derechos exclusivos otorgados por Afganistán y Pakistán—, cuyo presidente era Carlos Bulgheroni, de una extensión de más de 1.400 kms desde los yacimientos de Yaslar, en Turkmenistán —donde operaba Bridas— a Pakistán. UNOCAL debió desentenderse de ese proyecto —financiado por Arabia Saudí— después de los atentados a las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania, el 7 de agosto de 1998. Las presiones sobre la petrolera estadounidense fueron tan fuertes que tres días después del 11-S, el ejecutivo de esa empresa difundió un comunicado en el que tomaba distancia del gobierno talibán y que había dejado sin efecto sus proyectos en Afganistán.

Del mismo modo, debe recordarse que, en agosto de 1998, el presidente Clinton ordenó bombardear “bases militares” en Sudán y Afganistán, el mismo día en que la ex becaria de la Casa Blanca, Mónica Lewinsky debía testificar ante el Gran Jurado Federal sobre sus relaciones con Clinton. También que esa operación militar se llevó a cabo en momentos en que el mundo musulmán se disponía a celebrar el Ramadán. En ese entonces, el embajador de Sudán ante las Naciones Unidas, Elfaith Erwa, anunció que presentaría una protesta ante el Consejo de Seguridad debido a que su gobierno había expulsado a Bin Laden de su país en 1996, precisamente a pedido del gobierno de Washington.

Los atentados de 2001 en Nueva York y Washington fueron la causa de una serie de fuertes cambios, tanto dentro de los Estados Unidos como a escala internacional.

En lo interno se aprobaron leyes restrictivas como la denominada Ley Patriótica, que permitió al gobierno una recolección masiva de datos sobre las comunicaciones entre ciudadanos de Estados Unidos y residentes. Se produjo una fuerte restricción sobre las libertades.

Progresivamente los controles se fueron incrementando conforme se iban incorporando avances tecnológicos aplicados a la recolección de información.

Se llevaron a cabo una serie de medidas secretas por partes de los servicios de Inteligencia que luego fueron reveladas por Edward Snowden, quien hizo público los programas de vigilancia masiva e indiscriminada (PRISMA, Tempora, XKeystore, etc.) llevados a cabo por los Estados Unidos, incluso contra líderes de países aliados.

Se trató de una legislación que permitió el control social institucionalizado. De ese modo, la NSA tuvo carta blanca para la recolección de metadatos telefónicos de millones de ciudadanos que podía almacenar por un período de cinco años.

En materia de Inteligencia se creó el Departamento de Seguridad Nacional y se fusionaron veintidós agencias gubernamentales, incluyendo:

  • el Servicio de Inmigración,
  • la Guardia Costera y
  • la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA).

A escala global, cambió la visión que se tenía acerca del terrorismo, fenómeno que existe desde tiempos remotos, pero que a partir del 11-S incorpora el concepto de “terrorismo islámico”, lo que también conlleva a una estigmatización del islam.

La introducción de este concepto, desde lo social, llevó a la estigmatización de los ciudadanos musulmanes e, incluso, derivó en una islamofobia que aún perdura y que se ha desarrollado a partir de las migraciones que, en buena medida, se incrementaron notablemente desde la intervención de los Estados Unidos, de la OTAN y de los países aliados, tanto en Afganistán como en Iraq, Libia y Siria y que afectan directamente a Europa.

En el marco de la Inteligencia, el terrorismo islámico pasó a ser el principal objetivo de los organismos de Inteligencia, por encima de otras amenazas transnacionales como el narcotráfico, el tráfico y trata de personas, el lavado de dinero, etc. En todo caso, se puso el foco en el financiamiento del terrorismo que, en el caso de la población islámica tampoco podía abordarse con precisión por el sistema denominado hawala, una modalidad de transferencia de dinero alternativa, en la que existe un menor nivel de registro o vigilancia. Su uso abarca tanto los envíos locales de dinero como los realizados a gran distancia entre distintos países.

Esto fue grave para los países como los nuestros, los de América, que debieron establecer prioridades de defensa y de seguridad, así como hipótesis de conflictos que nos fueron impuestas por las potencias dominantes, sin que nuestros países pudieran definir sus propias prioridades.

La forma de viajar, de desplazarse, también se vio afectada, principalmente en lo referente a los vuelos internacionales. Se tomaron medidas tanto respecto de la seguridad en los aeropuertos, como dentro de los propios aviones.

Los controles dentro del territorio de Estados Unidos llegaron a asumir extremos denigrantes para algunos viajeros. Personalmente recuerdo que fui invitado a dar unas conferencias en Corea del Sur, en 2002, y puse como condición que mi vuelo fuera a través de Europa y no de Estados Unidos.

También se introdujeron medidas de seguridad en el comercio internacional. El gobierno estadounidense implementó la Iniciativa de Seguridad de Contenedores, que establecía que más del 80% de la carga marítima en contenedores que se importaban se preseleccionaba antes de ingresar a los Estados Unidos. Los escáneres se pusieron a la orden del día.

Desde lo que se considera la lucha contra el terrorismo global, esto ha sido un verdadero fracaso porque lo que estaba focalizado se extendió mundialmente como una metástasis.

Recordemos que el DAESH tiene su origen en la prisión de Camp Bucca, en las afueras de Basora, de donde salieron varios de sus líderes, incluido Abu Bakr Al-Baghdadi. A esa prisión fueron trasladados varios detenidos en la cárcel de Abu Graib, tras el escándalo sobre las torturas a que eran sometidos los prisioneros, torturas que también tuvieron lugar en la prisión de Guantánamo, en la cual, en 2019, aún permanecían cuarenta prisioneros, todos musulmanes y la mayoría de ellos encerrados desde hace quince años. Los centros de detención de supuestos terroristas —conocidos y clandestinos— se multiplicaron.

Por otro lado, esto se incrementó con el respaldo a los movimientos de la denominada “Primavera Árabe”. El caso del apoyo a los rebeldes de Siria es ejemplificador.

A todo esto debe sumarse la cuestión que comprometió a varios servicios de Inteligencia y gobiernos europeos por el traslado de supuestos terroristas en vuelos de la CIA a través de Europa, para conducirlos a centros de detención clandestinos.

Las operaciones militares llevadas a cabo bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo internacional, que en verdad escondían otros fines —intereses petrolíferos y gasíferos, eliminación de regímenes que ponían en riesgo a empresas estadounidenses y a la propia economía de Estados Unidos, como la decisión de Saddam Hussein de eliminar el dólar de las transacciones petroleras y reemplazarlo por el euro; a lo que puede añadirse el trazado de los ductos— solo sirvió para convertir al mundo en un sitio más inseguro, con mayor incertidumbre.

Tampoco hubo una cuestión humanitaria, ya que durante la ocupación de Afganistán se incrementó la muerte de civiles como producto de sus bombardeos indiscriminados perpetrados desde drones, matando a ciudadanos que estaban llevando a cabo bodas o funerales. Las explicaciones oficiales, para estos hechos que se dieron frecuentemente entre los años 2004 y 2010, es que siempre se trataba de grupos terroristas.

Aún es reciente para evaluar las verdaderas argumentaciones del presidente Joe Biden sobre el retiro de las tropas de Afganistán, más aún de la forma en que fue llevado a cabo. Pero lo que parecía dejar en claro era el hartazgo de la guerra, manifestado principalmente por el pueblo estadounidense. No obstante, esto no parece ser desmentido cuando las noticias nos informan acerca de la entrada del portaaviones estadounidense USS Carl Vinson (10/09/2021) —uno de los diez portaaviones de tipo Nimitz de Estados Unidos— en aguas del Mar de China, a lo que debe sumarse la presencia del portaviones británico HMS Queen Elizabeth en una base naval cerca de Tokio (lunes 06/09/2021), en lo que consideraría el comienzo de una presencia militar permanente en una clara provocación a China, a la que parecen querer disputarle el poder en Asia.

USS Carl Vinson. Foto: U.S. Navy Photo
HMS Queen Elizabeth. Foto: Royal Navy.

Claramente, desde el Brexit, el establishment del Reino Unido se ha podido liberar de las ataduras de la Unión Europea, y comienza a mostrar su músculo junto a los Estados Unidos, cuyo presidente expresó contundentemente que Afganistán ya no tenía un interés estratégico para la Casa Blanca. El objetivo de los “anglos”, hoy en día, parece ser dominar Asia para frenar a China, las explotaciones petroleras frente al Esequibo, en Venezuela, y el Atlántico Sur —en el que ambas potencias muestran su interés— pero en el caso británico, su objetivo es continuar avanzando sobre el espacio oceánico —usurpado a la Argentina— para asegurarse la proyección hacia la Antártida.

Todo esto significa un serio peligro que algunos de la región no parecen comprender, ni los miembros de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS). Menos comprensible aún es la inacción que las autoridades de la Argentina, gobierno —Cancillería, Secretaría de Pesca y Agencia Federal de Inteligencia— y legisladores, manifiestan ante esta situación, quienes son responsables del estado de indefensión de la Nación.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

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INTELIGENCIA Y GEOPOLÍTICA POST-AFGANISTÁN

Giancarlos Elia Valori*

La retirada de las tropas ha dejado a Afganistán en el caos y las diversas agencias de inteligencia (incluidas las israelíes y las británicas) evalúan que se están operando juegos geopolíticos; Estados Unidos y Europa están preocupados de que la República Popular China y Rusia “controlen” Afganistán.

Desde que los talibanes conquistaron Kabul, la opinión pública occidental comenzó a afirmar que las relaciones públicas chinas y rusas se beneficiarían del desastroso fracaso de los Estados Unidos.

Ya el día 19, el Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad, Joseph Borelli, amenazó: “No podemos permitir que China y Rusia controlen la situación en Afganistán”.

Así como había retirado sus tropas y responsabilidades de Siria, Estados Unidos no se hizo cargo de los intereses europeos en ambas ocasiones, y el problema de los refugiados siempre ha caído en nuestro continente, ya que el país con barras y estrellas se dedica a la construcción de muros mexicanos.

Izvestia de Rusia citó a Andrei Kortunov, director del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales, diciendo que si el llamado “control” de Rusia y China trae estabilidad a Afganistán y evita la aparición de refugiados, Europa debería beneficiarse.

Joseph Borelli emitió esa “advertencia” en un discurso ante los eurodiputados. Dijo que los países occidentales retiraron urgentemente a sus diplomáticos después de que los talibanes tomaron el poder, mientras que Rusia y China fortalecerán su presencia en Afganistán en un futuro próximo. No cerrarán las embajadas allí, sino que ampliarán su presencia. Esto cambiará el equilibrio geopolítico. “Debemos trabajar con nuestros aliados, Estados Unidos y el Reino Unido, para intensificar los esfuerzos diplomáticos”.

Tal voz también se puede escuchar en los Estados Unidos. Fox News informó que el congresista republicano Charles Chabert dijo que la retirada de Biden le dará a la RP China un punto de apoyo más fuerte en la región y obstaculizará los intereses de Estados Unidos en el extranjero. “China se beneficiará. Ya lo han hecho. Esto es una tragedia y la pagaremos durante varios años, décadas”.

El semanario alemán “Focus” informó que Estados Unidos y la UE no están dispuestos a renunciar a su influencia geopolítica en la región. Después de consultar con los ministros de Relaciones Exteriores de los Estados miembros, Joseph Borelli dijo que la UE está dispuesta a dialogar con los talibanes. Estados Unidos no solo está preocupado por los juegos políticos, sino también por las “pérdidas” reales.

Según Reuters, la administración Biden está considerando destruir los depósitos de guerra de Estados Unidos con ataques aéreos por temor a que sus armas dejadas en Afganistán sean utilizadas por los talibanes o grupos militantes para atacar a los propios Estados Unidos, o sean entregadas a “adversarios” como la RP China y Rusia.

“La declaración de Borell es sorprendente”, dijo Novosti. Informó que el viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Aleksandr Grushko, dijo que aunque el ejército estadounidense se ha retirado de Afganistán, Occidente todavía considera a este país como un objetivo político. Y en el juego de suma cero, los propios afganos son considerados los últimos en el ranking. Leonid Slutsky, presidente del Comité de Asuntos Internacionales de la Duma Estatal rusa, refutó que cualquier afirmación de que “China y Rusia dividen a Afganistán” es un intento de desviar la atención del fracaso de la política occidental en Afganistán. “Lo que la UE nunca debería hacer es continuar perdonando el comportamiento arriesgado y egoísta de los Estados Unidos”.

El South China Morning Post de Hong Kong informó que el Consejero de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, advirtió en una conversación telefónica con el Primer Secretario de Estado y Secretario de Estado de Relaciones Exteriores, Dominic Raab, que Afganistán no debería usarse como una arena geopolítica.

Los rusos también comentaron “que en los últimos veinte años Estados Unidos y Europa han gastado miles de millones de dólares en Afganistán. Este dinero podría haber convertido completamente a este país en un jardín, pero en cambio se ha convertido en un infierno. Es hora de que los países occidentales acepten la realidad de que la situación en Afganistán se ha convertido en un símbolo del colapso de la ideología occidental de exportar la democracia por la fuerza de las bombas”.

Estados Unidos y la UE están preocupados por China: pero ¿qué piensan los talibanes?

Reuters informó que el portavoz talibán Sohail Shahin dijo en una entrevista que la RP China ha desempeñado un papel constructivo en la promoción de la paz y la reconciliación en Afganistán, y Afganistán da la bienvenida a la contribución de la RP China a la reconstrucción de Afganistán.

¿Y los aliados? Boris Johnson esperó 36 horas antes de hablar con Biden. Según un asesor principal en asuntos europeos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, es dudoso que Biden tenga el coraje de responder a la prueba de los rusos o los chinos, porque ahora la credibilidad de los Estados Unidos está en cero.

Esta desconfianza es particularmente grave entre Estados Unidos y sus aliados europeos. Varios funcionarios y diplomáticos europeos dijeron a CNN que estaban conmocionados por los comentarios de Biden. Biden dijo que el único interés de la Casa Blanca en Afganistán era eliminar a los terroristas que atacaron a Estados Unidos y evitar nuevas amenazas al territorio estadounidense. Pero ahora Europa está preocupada por las consecuencias humanitarias y políticas de la afluencia masiva de refugiados. Como dijo un funcionario de la UE: “Cuando Estados Unidos cambió su posición sobre Siria, desencadenó una crisis en Europa, no en su propio país”. Y así fue con Afganistán. Estados Unidos se ha roto, y Europa se lleva los pedazos, como de costumbre.

El Daily Telegraph británico escribió que en un momento crítico, Biden ignoró las llamadas telefónicas del primer ministro británico durante 36 horas, causando un alboroto en la opinión pública.

El informe afirma que a las 10 p.m. del día siguiente Kabul fue conquistada por los talibanes, el primer ministro británico intentó ponerse en contacto con Biden por teléfono, pero no habló hasta 36 horas después. Después de responder a la llamada, Johnson instó a Biden a no renunciar a la intervención en Afganistán, obviamente en respuesta a la afirmación de Biden de que la misión de Estados Unidos en Afganistán no estaba construyendo una nación.

La cadena de noticias políticas de Estados Unidos dijo que un ex primer ministro conservador del Reino Unido describió esta situación como “inimaginable” en administraciones anteriores, incluida la de Trump. Un diplomático británico cree que Biden no es tan indiferente al Reino Unido; es mejor decir que Biden está tratando de minimizar todo y evitar llamar a líderes extranjeros. Aparte de Johnson, el único líder extranjero con el que Biden ha hablado desde el domingo pasado es la canciller alemana, Angela Merkel.

La revista estadounidense “Foreign Affairs” comentó que la crisis afgana no solo reveló el grave malentendido de Washington sobre la situación en Afganistán, sino que, lo que es más inquietante, llevó a los funcionarios europeos actuales y anteriores y al público a preguntarse si los gobiernos europeos y otros aliados estadounidenses pueden confiar en cualquier gobierno estadounidense, ya sea la administración Biden o el futuro gobierno republicano.

Miles de personas esperaban ansiosas frente a la puerta del Aeropuerto Internacional de Kabul, mientras que afganos con documentos de viaje acampaban fuera de los puestos de control talibanes y alambre de púas.

The New York Times” describió irónicamente la escena de que el comandante militar estadounidense está negociando todos los días con el personal talibán para garantizar que las personas desplazadas puedan llegar al aeropuerto. Un funcionario afgano dijo a The Associated Press que según el negociador jefe de los ganadores, Serajuddin Haqqani, los talibanes han llegado a un acuerdo con Estados Unidos y no tienen la intención de tomar ninguna decisión sobre el nuevo gobierno antes de la retirada total de las tropas estadounidenses.

La administración Biden ha sido cuestionada no solo por la caótica retirada. El “Wall Street Journal” reveló que más de 20 diplomáticos estadounidenses en Afganistán habían enviado un telegrama interno al secretario de Estado Tony Blinken el mes pasado, advirtiendo que Kabul se arriesgaba a caer entre los talibanes poco después de la fecha límite para la retirada de las tropas estadounidenses. Este telegrama clasificado proporciona la evidencia más clara hasta la fecha, indicando que la administración Biden recibió una advertencia por adelantado de que el ejército afgano podría no ser capaz de detener la ofensiva talibán.

CNN comentó que la Casa Blanca enfrentaba su mayor crisis desde que Biden asumió el cargo. Una asistente de la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo que había pedido a la Casa Blanca que celebrara varias sesiones informativas sobre Afganistán, incluida una sesión informativa pública en video para todos los miembros de la Cámara de Representantes y al día siguiente una cara a cara a puerta cerrada. Esto se debe a que Estados Unidos no había comenzado a evacuar a los afganos que ayudaron a Estados Unidos durante el período en cuestión, lo que se convirtió en el tema de extrema preocupación para los miembros del Congreso.

El británico “The Economist” publicó un editorial en el que afirmaba que la desastrosa derrota en Afganistán fue un golpe al status de los Estados Unidos. Por lo tanto, no es de extrañar que Washington no haya logrado convertir a Afganistán en una democracia, cuando no ayudó ni siquiera a los pequeños afganos que habían estado a la altura de la “misión” de Estados Unidos. Construir un Estado a imagen y semejanza es difícil y casi nadie imaginó desde el principio que Afganistán se convertiría en Suiza, por las razones que he informado en algunos de mis discursos anteriores.

Pero Biden, que recientemente se quedó dormido mientras el primer ministro israelí Naftali Bennett hablaba con él cara a cara, debería haberse retirado de ese país de manera responsable y ordenada, además de que ni siquiera mostró ninguna preocupación por los intereses tanto del pueblo afgano como de aquellos ciudadanos que creían en el Gran País.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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QUO VADIS MUNDI

F. Javier Blasco*

Hoy en día, todo lo que requiera cierto reposo cómo dar una opinión, tomar decisiones y cambiar de parecer o de actitud se realiza con mayor frecuencia y rapidez. La frenética evolución de los acontecimientos, la falta de cimentados criterios sociales y morales y la fugaz pérdida de interés sobre los sucesos aunque sean de importancia —a pesar del bombardeo informativo— hacen que realmente las cosas se afronten y estudien con escaso tiempo para proceder a un análisis exhaustivo y certero.

Pasamos de un tema a otro con mucha facilidad, enterramos la mayoría de los asuntos al poco tiempo de producirse y sin haberlos digerido totalmente. Los grandes lobbies y casi todo gobierno, dirigidos por extrañas y ocultas fuerzas políticas, económicas, mafiosas o religiosas, mantienen bajo control y dictan la editorial a la mayor parte de los medios y redes con lo que la información es filtrada y traducida a opinión, que rápidamente se convierte en pública. La sociedad civil, falta de verdaderas asideras y raíces culturales o morales, es ahora un pelele fácilmente dirigido y manipulable.

Aunque a diario vemos y oímos titulares sobre catástrofes naturales o problemas medioambientales, nuevas o viejas interminables guerras, atentados, amenazas o actos terroristas, masivos movimientos de refugiados, desfalcos de dinero público y hasta que en Estados Unidos, que han sido “ejemplo” de respeto democrático, todo se puso patas arriba tras denuncias de Trump sobre pucherazos electorales y oscuras implicaciones en motines populares al asalto de su sacrosanta casa, el Senado; a la hora de la verdad, individual como colectivamente, todo nos importa un bledo; tan solo las noticias que aporten réditos económicos o políticos persisten durante meses o años. Cada uno va a lo suyo y solo se conmueve por lo que a él le quita el sueño; asuntos, que cuando se conocen, dan pena o risa por su nimiedad.

Los políticos, aparte de demasiados sátrapas y dictadores que dominan y atemorizan a gran parte del mundo, no son una casta que nace en árboles especiales; proceden de la sociedad y suelen arrastrar lo mamado en ella como los demás. Aunque se les pide y suponen determinadas cualidades de liderazgo —perfectibles con el tiempo—, sus preocupaciones suelen orbitar en torno a su sillón, mejorar su situación, aumentar la permanencia en el cargo y figurar o aparentar que hacen mucho más de lo que son capaces de aportar.

Son una casta en decadencia y degradación que se mueve, salvo honrosas excepciones, en el egocentrismo, el chovinismo, la incompetencia y en cubrir sus espaldas con cientos de asesores; por lo que esperar de ellos buenas, rápidas y poco costosas soluciones a los graves problemas nacionales o internacionales, es imposible.

Los imperios y los liderazgos, nacen, crecen y se desarrollan; paulatinamente y ayudados por causas exógenas o endógenas, van decayendo y perdiendo fuelle hasta que son superados o absorbidos por otros similares que han venido forjando su espacio para tomar el testigo en un relevo cada vez más exiguo y sin interrupción. Es el caso de Estados Unidos, país que desde la caída del muro de Berlín ha sido la primera potencia económica y militar del mundo, pero para ello ha tenido que moverse mucho, gastar ingentes cantidades de dinero y perder miles de vidas en muchos escenarios; liderazgo, que ciertamente no se han ganado por la calidad y el empuje moral de, al menos sus últimos presidentes, sino por la inmensa maquinaria y el entusiasmo que sus ciudadanos —renunciando a otros privilegios que otros disfrutamos— han sido capaces de poner en marcha y engrasar. Todo apunta a que al vetusto y cansado Biden está viviendo momentos muy amargos y podría ser quien cierre la puerta del efímero liderazgo mundial.

En los liderazgos al igual que en las monarquías, a rey muerto, rey puesto. Desde hace tiempo, nadie es ajeno a que Rusia y China optan a ser los nuevos aspirantes a dicho puesto. China, tiene más papeletas a su favor por capacidad económica, importante desarrollo sostenido en el tiempo, bien controlada su extensa población y por la férrea disciplina y espíritu de trabajo que su máximo dirigente, Xi Jimping —convertido en eterno como Putin o Kim— impone a su pueblo.

Existen otros cortesanos que tratan de ampliar sus condados con vistas a un futuro próximo y por si, algún día tienen que remar en la misma dirección. Me refiero aunque con diferente medida, a la India, Pakistán, Turquía, Arabia Saudí e Irán entre algunos más.

La Comunidad Internacional (CI) y varios de sus organismos, como la ONU y la OTAN, tras la crisis de Afganistán convertidos en meros observadores, han demostrado que sus mandatos, fundamentos, misiones, capacidad de decisión y mastodónticas estructuras constituyen una maquinaria demasiado costosa y pesada, que ya no resuelve nada y a la que nadie obedece; por lo tanto, deberán cambiar mucho, por el riesgo a desaparecer o quedar en irrelevancia.

La UE lleva bastantes años de mínima supervivencia a base de invertir muchos millones —que no tiene—, ha protagonizado temas graves como su desastroso y aún no digerido Brexit, el papel no jugado con los refugiados —salvo pagar para que los cuiden otros— en las crisis de Oriente Medio y el Norte de África y la grave inoperancia en esta crisis en Afganistán.

Queda claro que las aspiraciones europeas son realmente un sueño o quimera; realmente, jamás pasó de ser una asociación comercial, social y económica con determinados alcances y limitaciones. Su escasez de liderazgo, las constantes peleas internas, la poca preparación de muchos de sus responsables, lo incierto de las próximas elecciones en Alemania y Francia y que cuando no saben qué hacer vuelven a recuperar ideas poco viables cómo la fuerza militar europea, son patentes y patéticas. Nunca ha acertado en elegir a alguien lo suficientemente competente para desarrollar y aplicar con éxito su cambiante política exterior.

Las guerras, sus consecuencias y secuelas siempre son graves. El mundo, desde el paraíso terrenal, es un espacio hostil donde no sabemos estar sin guerrear. Las amenazas son constantes y en él, los ejércitos son auténticas marionetas en manos de osados e inexpertos políticos que los manejan a su antojo y ensalzan o repudian según sea la conveniencia del momento.  

A pesar de la gran evolución de las fuerzas armadas en todos los ámbitos, de ser auténticos profesionales y haber mejorado mucho sus tácticas, técnicas, procedimientos y el armamento, las experiencias recientes llevan a pensar que sus consejos, análisis y predicciones raramente se toman en consideración por los políticos, tal y como ha sucedido en la evacuación de Afganistán. Vergonzoso y precipitado desastre —precedido por otros similares de menor entidad— debido a falta de organización y previsión (reacción de última hora por el efecto CNN) que, aunque algunos traten de darle la vuelta y mostrarlo como un éxito, pasará a los anales de la historia militar como los de Dunkerque o Filipinas.

Estos repliegues no suelen ser espontáneos; obedecen a grandes pérdidas de interés, motivos políticos o a que nuevas necesidades surgidas en el horizonte requieran fondos y medios empleados actualmente. En consecuencia, es probable que pronto veamos a las tres grandes potencias (Estados Unidos, China y Rusia, en menor medida) —todos juntos o emparejados de dos en dos— enzarzadas en: el domino del espacio, prometedoras zonas hasta ahora abandonadas por su extrema climatología como el Ártico o grandes espacios marítimos, como el Mar de China que da acceso al inmenso mercado oriental y asiático.

En los últimos años la sociedad civil occidental ha ido perdiendo su interés por los valores humanos, sociales y cristianos que durante siglos la han mantenido en pie a través de la educación, la política, el espíritu nacional, la moral y el ámbito familiar. La desidia por mantenerlos vivos y haberse alejado de su valor e importancia son la piedra angular sobre la que se basen a futuro los errores que impedirán el desarrollo político, económico y social en un cordial ambiente de paz y seguridad.

La experiencia acumulada en los últimos años viene demostrando que tratar de imponer la democracia contra los totalitarismos y el comunismo por la fuerza de las armas o graves presiones es un acto difícil y muy costoso, que requiere mucho tiempo y grandes esfuerzos materiales y personales; aunque, a pesar de todo ello, sus resultados suelen quedar alejados del fin pretendido, tesitura que, sin duda, influirá en el futuro sobre los necesarios cambios de objetivos o de las vías para conseguirlos.

La crueldad presente en las guerras del Islam demuestra que son guerras por la imposición de su propia versión de la misma religión o para combatir al apostata y que las diversas vertientes del yihadismo se enfrentan por motivos de sucesión, egoísmos, hegemonía, expansión territorial, prevalencia o mandato y grado de visibilidad o expansión en la comunidad musulmana. No obstante, las ramas mantienen una serie de factores comunes como el seguimiento e imposición de la Sharia o Ley islámica, la expansión de la Yihad o Guerra Santa contra los enemigos del islam, la recuperación de territorios perdidos y, sobre todo, sus inagotables deseos de matar a quien se opone a su camino. Situaciones que se agravan por la imparable expansión del movimiento religioso-cultural en la mayor parte de los continentes.

Es muy probable que Afganistán se convierta en el foco y refugio de la mayor parte de los movimientos yihadistas por no quedar allí un gobierno que les combata abiertamente o tenga capacidad suficiente. Los potenciales encontronazos entre los talibanes y Al-Qaeda juntos contra las diferentes franquicias del Estado Islámico pueden ayudar a clarificar el ambiente de futuro desde el punto de vista religioso y terrorista. Por otro lado, la previsible masiva diáspora de afganos por temor a represalias talibanes puede ser, de nuevo, otra fuente de problemas para ser admitidos en bastantes países y portadora, a su vez, de terroristas disfrazados entre ellos.

Afganistán y sus vecinos cercanos, Irán, Pakistán, China y los tres “tanes” pro rusos constituyen un punto caliente para el futuro de la paz en la zona. Aparte de lo ya mencionado, los grandes intereses creados (drogas, ruta de la seda y las tierras raras) en cuya explotación Rusia y sobre todo China quieren participar, las diferencias ideológicas religiosas contra los chiíes (Irán) y haber sido considerado de siempre el territorio donde establecer la retaguardia paquistaní en un eventual enfrentamiento con la India, hacen que haya muchos gallos atentos y pretendiendo mandar en el complejo gallinero.

El arma nuclear como elemento de amenaza, defensa y disuasión sigue estando ahí y todo apunta a que países como Corea del Norte, Irán y posiblemente Arabia Saudí, si es que el apoyo norteamericano desaparece de Oriente Medio, tratarán de conseguirlas o aumentar sus actuales capacidades a corto plazo.

Tras muchos titubeos sobre la realidad del cambio climático, ha aparecido una gran euforia mundial a apuntarse a la alocada implantación de fuertes medidas sobre los usos del consumo energético para evitar su progresividad. Cosa que se ha hecho de forma muy precipitada y sin analizar el costo que supone para el bolsillo del ciudadano, máximo tras cortar el carbón o declararse antinucleares muchos países. Costo, que unido a las posibles perturbaciones en el Norte de África, Rusia y Ucrania donde se produce o pasa el gas que llega a Europa por sus extremos, pondrán en peligro la continuidad de muchos gobiernos próximamente.  

Capítulo aparte merece la pandemia del Coronavirus y sus consecuencias que han demostrado que el mundo no está preparado para este tipo de crisis de gran envergadura; aún se desconocen las verdaderas causas del origen del mismo (ninguna descartable totalmente); se siguen muriendo miles de personas al día; se ha tardado mucho en encontrar una vacuna efectiva, que ahora ponemos en duda ante las variantes que aparecen; todavía se desconoce si debe ser anual como con la gripe y por no tomarla en consideración, se ha tambaleado la gobernabilidad de muchos países y hasta ha costado la silla a dirigentes que la tenían asegurada como Trump.

Ha venido a demostrar una gran insolidaridad internacional, los países pobres han quedado abandonados sin apenas vacunas, mientras los ricos ya plantean aplicar su tercera dosis; durante meses ha constituido una desorbitada guerra de precios y especulación con los mercados orientales y ha dejado patente que el mundo no es seguro sanitariamente a pesar de los organismos internacionales encargados de la salud.

Como hastío o rechazo a las, a veces, excesivas medidas adoptadas, se ha generado un generalizado ambiente de insatisfacción, negacionismo y protesta en diversos países de todos los continentes que, bien dirigidos por grupos antisistema, son aprovechados para otros fines como atentados o insurrección civil contra la autoridad. 

En resumen, las crisis de Afganistán y sanitaria han puesto de manifiesto que pueden acarrear todo tipo de consecuencias imprevisibles; que muchos de los países más potentes del mundo, la cacareada CI y sus organismos, y no sólo Estados Unidos, han quedado vergonzosamente de rodillas por su incapacidad ante los deseos y caprichos de los terroristas yihadistas; tras veinte costosos y penosos años, precipitadamente y sin planes previos, se han abandonado a miles de personas usadas previamente y a un país dejándolos a su suerte, lo que puede derivar en graves masacres, el principal nido del yihadismo mundial o desembocar en una cruenta guerra civil o zonal para dominarlo; que los métodos usados para implantar la democracia deben ser redefinidos, cambiados totalmente o anulados; que el mundo está muy desunido en lo que se refiere a la ayuda internacional y que, ante los errores de Estados Unidos, ya hay más de un candidato para relevarle en el papel de líder mundial.

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

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