Archivo de la etiqueta: China

QUE NO CUNDA EL PÁNICO, SOMOS CHINOS. LA RESPUESTA DE BEIJING A LA PANDEMIA.

Giancarlo Elia Valori*

En Europa, Estados Unidos, América del Sur, la temida segunda ola de la epidemia de Covid 19 se está extendiendo y genera no solo pánico a nivel de opinión pública e instituciones, sino que comienza a presionar los sistemas de salud y las economías que, con dificultad, comenzaban a recuperar el aliento tras el impacto de la primera ola epidémica que, entre el invierno y la primavera de este año, redujo el ritmo de producción industrial y manufacturera y las tasas de productividad en los sectores del comercio, turismo y restauración, con cifras que sugieren un futuro decididamente oscuro.

En nuestro país, ante el incremento de contagios que, sin embargo, cabe destacar, no significa un incremento en el número de pacientes. El gobierno ha decidido delegar en los gobernadores de las Regiones la activación de procedimientos de limitación de libertades individuales y colectivas en nombre de un “estado de emergencia” que se prolonga desde el pasado mes de marzo y parece destinado a acompañarnos también en los próximos meses. Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un término siniestro y preocupante reapareció en los comunicados oficiales y en las noticias: “toque de queda”.

En los próximos días en Campania y Lombardía estará prohibido circular por las calles de 23.00 a 5.00 horas, mientras que las compras de alcohol y el horario de funcionamiento de los centros comerciales, bares y restaurantes serán limitados. Para completar un escenario de tonos cada vez más dramáticos, la ministra de Salud, Speranza, instó el 20 de octubre a los italianos a “quedarse en casa el mayor tiempo posible” con un cierre voluntario que parece presagiar la adopción de medidas que podrían devolvernos a la última primavera con incalculables daños sociales y económicos.

Toques de queda, encierros, cierres selectivos o generalizados son moneda corriente en estos días, incluso en Francia, Reino Unido, Irlanda y España, países que, como el nuestro, han sufrido el devastador impacto económico de la primera ola y que podrían caer de rodillas ante la nueva emergencia pandémica.

En este punto hay que plantearse una pregunta: ¿qué pasó y qué está pasando en el país donde empezó todo? ¿Cómo están las cosas en esa China que en nuestros medios, obsesivamente centrados en los problemas internos, se menciona solo de manera superficial o de pasada?

“China está cerca”, decía el título de una película de Marco Bellocchio de 1967, que evoca la expansión imparable del verbo maoísta. “China está muy lejos” debemos decir hoy, encapsulados en los estereotipos construidos por la cultura occidental, que nos impiden analizar seriamente su evolución política, económica y social y sobre todo aprender del modelo político-sanitario que ha permitido a los chinos salir con la cabeza en alto por la emergencia de Covid.

El 22 de septiembre, en un discurso frente a la Asamblea General de Naciones Unidas, el presidente Trump acusó a China de ser responsable «de esparcir esta plaga por todo el mundo» y, para enfatizar el concepto , llamó al coronavirus el «virus chino». En el mismo lugar, el presidente chino, Xi Jinping, invitó sobriamente a todos los países afectados por la epidemia a seguir el ejemplo de su país y «seguir las direcciones de la ciencia sin intentar politizar el problema».

Los números dicen que el modelo chino es importante y digno de atención. En China, donde todo comenzó en diciembre de 2019, de una población de aproximadamente mil cuatrocientos millones de habitantes, la epidemia de Covid 19 ha causado, hasta la fecha, 4.739 muertes de 90.604 enfermos. En el mismo período en los Estados Unidos, de una población que es aproximadamente una quinta parte de la de China, se registraron 7.382.194 casos de contagio, seguidos de la muerte de 209.382 personas (datos de la revista médica inglesa The Lancet, 8 de octubre de 2020).

El Reino Unido, con una población veinte veces menor que la de China, ha tenido que afrontar cinco veces más infecciones que China y registrar diez veces más muertes.

Estos son los números del pasado 20 de octubre, referidos a toda China: 19 casos de la enfermedad, todos importados del exterior. Se mantuvieron en observación 24 infecciones asintomáticas y 403 casos de hisopados positivos. Todos, excepto uno, importados del exterior (!). Números, como se puede ver, globalmente más bajos ¡aún hoy! que los registrados en una sola región italiana desde el comienzo de la emergencia.

Frente a estas cifras, parece difícil escapar a una simple y doble pregunta: ¿cómo lograron los chinos combatir y controlar la epidemia? Entonces, ¿por qué no seguimos su ejemplo basándonos en su experiencia?

China fue acusada de haber respondido tardíamente a la primera aparición del virus en diciembre de 2019 y de haber informado tardíamente a la OMS (Organización Mundial de la Salud) del inicio de una nueva epidemia. Ambas acusaciones son completamente falsas.

Tras la aparición del nuevo virus, en los últimos días de diciembre, científicos chinos aislaron e identificaron la secuencia del genoma del Covid 19 el 10 de enero de 2020 y pocos días después, tras alertar a la OMS, las autoridades dieron las contramedidas.

Los chinos estaban preparados para la emergencia: desde que en 2002 la epidemia de Sars, un virus similar al Covid 19, había provocado algo más de 700 muertos, pero daños muy graves a la economía por el bloqueo de vuelos, turismo y exportaciones, el gobierno había dado órdenes de preparar planes de contingencia precisos que se activarían con prontitud en caso de nuevas epidemias. Estos planes que no han sido preparados y guardados en un cajón, sino actualizados y probados cuidadosamente, se activaron inmediatamente después de la primera alarma.

Wuhan, la ciudad epicentro de los primeros contagios con sus 12 millones de habitantes, fue inmediatamente puesta en bloqueo total, mientras que en el resto del inmenso país se invitó a la población (sin toques de queda ni estados de emergencia) a seguir las medidas más elementales y efectivas. Prevención y autoprotección: distanciamiento social, uso de máscara, lavado frecuente de manos. En Occidente se ha dicho que China ha reaccionado con tanta eficacia porque está gobernada por un régimen autoritario. En realidad, Confucio es mucho más importante para los chinos que Mao. La filosofía social confuciana que ni siquiera 71 años de gobierno comunista ha logrado eclipsar, con sus bases de respeto por el orden jerárquico natural, hace de los chinos un pueblo naturalmente educado, ordenado y obediente.

Pero sigue siendo la rapidez de la respuesta de las autoridades políticas y sanitarias de Beijing la raíz del éxito innegable en la lucha, primero y luego en la contención de la epidemia.

Como se mencionó, Wuhan fue inmediatamente aislada y sometida a un bloqueo total durante 76 días, mientras que se impusieron cierres selectivos en la provincia de Hubei. En todo el país, se han establecido 14.000 puntos de control de salud en los principales centros de transporte público y dentro de las dos semanas posteriores al brote «oficial» de la pandemia solo en la ciudad de Wuhan, 9 millones de habitantes han sido sometidos a pruebas de hisopado.

Como uno de los principales productores y exportadores de material sanitario, China no se ha encontrado desprevenida en términos de suministros hospitalarios y dispositivos de protección individual: en resumen, sin crisis de máscaras.

Mientras que en Estados Unidos y Europa la gente, a pesar del encierro no parecía inclinada al uso generalizado de máscaras (el presidente Trump las usó en público recién en septiembre pasado), los chinos se adaptaron de inmediato con disciplina a las indicaciones de las autoridades. Todas las cámaras de seguridad de las ciudades han sido “reconvertidas” para controlar el uso de máscaras por parte de los ciudadanos, mientras que drones equipados con altavoces han volado por todas las zonas del inmenso país para comprobar el cumplimiento de sus habitantes con reglas. La agencia estatal Xinhua ha publicado las imágenes tomadas desde un dron en Mongolia Interior, en las que vemos a una mujer mongol estupefacta a la que se dirige el dron diciendo: “Oye, no puedes salir sin una máscara. Úsela de inmediato y cuando llegue a casa recuerde lavarse las manos”. Es un episodio de color pero ciertamente en China no hemos sido testigos del espectáculo de la Movida que los italianos hemos visto en Roma, Nápoles o Milán, espectáculo del que derivan tantos de nuestros problemas estos días.

El 5 de febrero de 2020, se inauguró el primer hospital de Fangcang en Wuhan, una estructura prefabricada dedicada al cuidado de los que no estaban gravemente enfermos, mientras que los hospitales tradicionales estaban reservados para el cuidado de personas gravemente enfermas. El uso de los hospitales de Fancang (se han construido decenas de ellos) permitió limitar la presencia en la familia de personas con síntomas leves pero aún fuentes de contagio a la hospitalización domiciliaria, lo contrario de lo que ocurre en Italia, donde se aconseja a los enfermos leves que se queden en casa y así evitar la rápida propagación del virus desde los hogares. La red de hospitales de Fancang aseguró la disponibilidad de 13.000 camas y fue desmantelada a partir del 10 de mayo de 2020 cuando finalizó la primera ola epidémica en China y no fue seguida por una segunda ola. Para evitar esta última posibilidad, las autoridades chinas han relajado los controles “internos” y han hecho muy estrictas las medidas de control para los que vienen del exterior: En un período en el que en España e Italia los controles para los viajeros entrantes son prácticamente irrisorios, en China todos aquellos que ingresan al país, por cualquier motivo, son sometidos a hisopados y sujetos a cuarentena estrictamente controlada.

En esencia, China primero contrarrestó, luego controló la propagación de la epidemia de Covid 19 con medidas drásticas pero racionales y sobre todo comprendidas y aceptadas por una población educada por Confucio para respetar las jerarquías y la disciplina. China hoy puede ser un ejemplo para el resto del mundo y está ahí para testificar que con medidas rígidas pero inteligentes, incluso las situaciones más peligrosas pueden abordarse con éxito.

Es un ejemplo que conviene estudiar y seguir sin la típica arrogancia del “hombre blanco”, teniendo también en cuenta una circunstancia nada despreciable: mientras la economía de nuestro país y sus socios europeos crece, por así decirlo, desde punto cero (si tenemos suerte), el PIB de Beijing según las últimas encuestas es un 4,9% más que el año pasado.

Hay que aprender de China tanto en términos de gestión de una emergencia sanitaria como en términos de protección del sistema económico.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo exclusivo para SAEEG. Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

©2020-saeeg®

 

EL NEFASTO E IRREPETIBLE ACUERDO PESQUERO CON LA UNIÓN EUROPEA

César Augusto Lerena*

Días pasados participé como oyente, en el Seminario Anual del CARI y escuché azorado la disertación leída del Director del Comité Sobre la Cuestión Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur del CARI Embajador (J) Santos Goñi quién, entre otras cosas, se refirió a que “dentro de las políticas que debiera llevar adelante la Argentina es la de reeditar el Acuerdo de Pesca de 1994 con la entonces Comunidad Económica Pesquera, que duró 5 años y no fue renovado por intereses diversos, aunque, merece ser mirado nuevamente y tal vez incorporado a nuestras relaciones con la Unión Europea con relación a la pesca…”, mensaje, en el que destacó la presencia entre el auditorio del Director del Comité de Asuntos Europeos del CARI, Embajador (J) Alberto Luis Davérède. Llama mucho la atención su opinión, propuesta y mención —con el mayor de los respetos— no solo por el evidente desconocimiento de Goñi de los efectos negativos “del Acuerdo sobre las Relaciones en Materia de Pesca Marítima con la Comunidad Económica Europea” (Ley 24.315, sancionada el 20 de abril de 1994, inicialado en Buenos Aires el 30 de noviembre de 1992), (en adelante Acuerdo CEE, sino porque —dijo— hacerlo en “consenso en el Comité”, lo cual, es más preocupante aún y, también por los antecedentes del mencionado Davérède, respecto a su intervención como Subsecretario de Política Exterior de la Cancillería y, en su carácter de Consejero Legal de la Cancillería y Jefe de Delegación de “La Conferencia de las Naciones Unidas sobre las Poblaciones de Peces cuyos territorios se encuentran dentro y fuera de las Zonas Económicas Exclusivas (poblaciones de peces transzonales) y las poblaciones de peces altamente migratorias”, que culminarían en 1995 con el llamado Acuerdo de Nueva York (en adelante Acuerdo NY) en el que se promovería la creación de las lamentables OROP pues violan la Disposición Transitoria Primera de la Constitución y, permitirían avanzar a los Estados sobre los recursos de los Estados ribereños; y también —un hallazgo de los que investigamos— que la delegación que encabezaba Davérède, también era miembro Eduardo Pucci —entonces Asesor de la Secretaría de AGyP— hoy, uno de los principales promotores de OPRAS, una supuesta ONG conservacionista que promueve las OROP con Cámaras Extranjeras y Cámaras Nacionales integradas mayoritariamente con empresarios extranjeros. Una Estrategia británica y de otros países desarrollados que “no se cocina” en un día y es, implacablemente aplicada por mandatorios, que bajo supuestos argumentos conservacionistas arman estructuras internacionales de apoderamiento de espacios y recursos. Las OROP y las AMP (Área Marinas Protegidas) son un ejemplo, que podría abordar con amplitud (Lerena, César “El desacuerdo pesquero de Nueva York. El control del Estado ribereño de la pesca en la Alta Mar” (10/1/2019); “La cesión de la pesca argentina a los Estados desarrollados. El Acuerdo de Nueva York”, 12/10/2020) pero escapa a este escrito.

El Acuerdo CEE también dejó gravísimas implicancias económicas, biológicas, laborales, comerciales y relativas a la soberanía nacional respecto a Malvinas, cuya sociedad con intereses españoles es absolutamente manifiesta y, de inquebrantable mutua conveniencia. Pero, lo más llamativo, de la sugerencia de este destacado miembro del CARI, es que no hubiera merecido ni una sola observación del auditorio del Seminario ni del propio Secretario de Estado de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur de la Cancillería el Lic. Daniel Filmus, quien manifestó “coincidir en general con todo lo aquí planteado en materia de políticas pesqueras…”. No comparto tampoco sus dichos de que la pesca en la alta mar no es ilegal. Ya he fundado en anteriores artículos, en el sentido de que el hecho que según la CONVEMAR la pesca sea libre, no sea ilegal en la mayoría de los casos. Lo es en las condiciones actuales en que se realiza, al igual de la que se practica en el área de Malvinas. De la definición de Pesca INDNR es claro que ambas son ilegales.

Nadie parece entenderse; ni nadie entendió la importancia de la pesca en los Acuerdos de Madrid; tampoco cuando se firmó el Acuerdo CEE; alguien, se dio cuenta en el artículo 2º de la Ley 24.543 que ratificó la CONVEMAR y volvieron a regalarla en el Acuerdo NY. Y, hoy vuelve a estar en el centro de la escena: la pesca es central en la discusión final del Brexit y ya en 2012 un funcionario británico de menor jerarquía, el director ilegal de Pesca en Malvinas John Barton manifestó que “sin las licencias de pesca no hubiéramos sobrevivido en Malvinas” (Penguin News, 14 de marzo de 2012), es decir, consideró vital para el sostén británico en Malvinas desde el fin de la guerra de 1982.

Concluyo respecto algunos otros comentarios antes de entrar en el tema de fondo del Acuerdo CEE. La Argentina tiene mayor capacidad científica y técnica que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (en adelante el R.U.) en el Atlántico Sur; es más, dentro de las políticas erróneas de la Cancillería Argentina en 1990 está el Acuerdo sobre Cooperación en la Conservación de los Recursos Pesqueros de Investigación Pesquera Conjunta con el R.U., como consecuencia del cual el INIDEP y sus calificados científicos aportaron —con períodos de suspensión que sufrió este acuerdo— todos los recursos humanos y materiales del conocimiento biológico sobre las especies migratorias argentinas. Una información sustancial y sensible biológicamente, para el sostén principal en la economía de Malvinas y la consolidación del R.U. en las islas. La motivación para que se suspendieran por primera vez en 2005 fue el otorgamiento de licencias británicas por 25 años, la mayoría de ellas, a empresas españolas. Lo que demuestra una vocación depredadora del R.U. —porque los Rendimientos Máximos Sostenibles deben establecerse anualmente— y una clara sociedad española-británica.

Entrando de lleno en el Acuerdo CEE, debo decir, que fue nefasto respecto a la relación con Malvinas y en sus efectos sobre nuestra soberanía en el Atlántico Sur y absolutamente negativos en materia biológica, ambiental, económica, social y comercial en el mar y la Pesca.

La soberanía no solo es política, económica y territorial, también lo es alimentaria, ambiental, social y comercial y, prueba de ello, es que en las tratativas previas al Acuerdo de Madrid I cuando el Representante Especial para “la Normalización de las Relaciones Bilaterales con el R.U.”, el reconocido embajador Lucio García del Solar minimizó ante su interlocutor la cuestión pesquera, cometiendo uno de los más graves errores de la diplomacia argentina relativos a la pesca, ratificado —como dije— con las declaraciones del británico Barton.

Los efectos negativos del Acuerdo sobre Malvinas

Recordemos, en primer lugar, que el Acuerdo CEE se firmó en 1994 y que, el mismo año, el R.U. declaró una pretendida Zona Marítima (FOCZ) —en adelante una Zona Económica Exclusiva, que después se perfeccionaría con la presentación de la plataforma— de 200 millas alrededor de Malvinas y que el Acuerdo CEE fue 100% con los españoles ya que tenían sus barcos parados en Europa, porque éstos estaban siendo retirados de la U.E. y, NUNCA, pescaron en la FICZ británica (conocida vulgarmente como de protección) de Malvinas durante el Acuerdo CEE y ninguna de las especies fundamentales (Anexo II, K, 1: merluza hubbsi y Calamar: al norte del paralelo 47º S. Además de ello el gobierno nacional estableció una veda a la captura del calamar por parte de los buques argentinos para garantizar a los isleños la llegada a Malvinas de este vital recurso sostén de la economía en Malvinas, inclusive, se asignó a los buques de las sociedades mixtas españolas-argentinas la captura de una subpoblación de esta especie que no migra al archipiélago. Al mismo tiempo que el R.U. estableció un área “GAP” al noroeste de las islas, dentro de la ZEE Argentina por fuera de la ilegal alrededor de Malvinas, de unos 1.400 Km2, para proteger sus importantes capturas de calamar. Está claro, que NUNCA el Acuerdo CEE lesionó ningún interés del R.U. y por el contrario dio el pretexto necesario para consolidar sus inconsistentes pretensiones de considerarse Estado ribereño, ajustándose a la normativa de la CONVEMAR y a un acuerdo ruinoso como el de la CEE basado en supuestos aportes de transferencia tecnológica y de una flota congeladora. La Argentina tenía plena capacidad y se instaló un modelo pesquero que hasta nuestros días beneficia a los intereses de España. En 1994 la Argentina tenía su actividad pesquera absolutamente desarrollada, destinada mayoritariamente a la exportación y con acceso a los mercados más exigentes del mundo (EEUU, UE, Japón y otros países asiáticos, Brasil, etc.), mercados que no tenían las carnes rojas (por ej. EEUU) y que hasta hace dos años, exportaba US$ 300 millones por año más de que esas carnes y el pescado fue el primer alimento en la Argentina que exportó (y exporta) certificado con el sistema de autocontrol más importante del mundo: los planes HACCP. Nada podían en 1994 los pescadores españoles enseñar a los pescadores argentinos, ni abrirles los mercados que ya tenían abiertos; quienes además disponen de los recursos pesqueros: los españoles son deficitarios e importan de Argentina US$ 398 millones año (2019).

Se repitió el modelo de los Acuerdos Marcos con la URSS y Bulgaria, que tampoco sus buques pescaron en el área de Malvinas durante los Acuerdos Marco promovidos por Caputo. Otro fracaso de la diplomacia argentina, donde se pretendió ejercer soberanía a través de los acuerdos con la URSS en Malvinas.

Si ya el Acuerdo CEE fue negativo en 1994, hoy sería absolutamente peor, porque desde hace años está constituida una sociedad española británica para la pesca en el Atlántico Sur y, especialmente en Malvinas. Los primeros licenciatarios en el Archipiélago en 2019 y, desde hace años, son los buques de bandera española-británica (105 buques), taiwaneses (73), coreanos del sur (30) y otros (4) y las extracciones en el área de Malvinas se destinan en un 95% al Puerto de Vigo (España).

Los españoles (mayoritariamente gallegos) refieren a “su caladero” cuando hablan de Malvinas. Han constituido joint ventures españolas-británicas y son los motores para la construcción de un puerto de 400 metros en Puerto Argentino desde donde esperan realizar sus operaciones; cuya licitación, ya ha sido adjudicada a una empresa inglesa y, en estos momentos, se está iniciando su replanteo y construcción. Este puerto es central en el desarrollo de Malvinas, ya que va a servir de apoyo a toda la operatoria pesquera de los buques en Malvinas, pero también en el GAP y la Alta Mar. Ya los británicos finalizaron otro puerto en Georgias del Sur con capacidad para operar buques militares, oceanográficos y pesqueros, a pesar de que la pesca en esas aguas está sujeta al Sistema Multilateral de la Comisión de Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA/CCAMLR) y, al propio tiempo, en incompatibilidad con la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur.

Conforme el Brexit sea duro —con aranceles para la importación en la U.E. de productos originados en Malvinas— las materias primas entrarán a la U.E. con bandera española para evitarlo. Si es blando —sin aranceles— continuarán como hasta hoy ingresando a Europa con bandera española o británica indistintamente. Si los españoles avanzan en el armado logístico y el proceso de industrialización de las materias primas en Malvinas será virtualmente irreversible la consolidación en Malvinas de las empresas españolas y del R.U. En esta posición de crecimiento sostenido ya construyeron un puerto en Georgias del Sur y mediante la banalidad de la “cooperación argentina” de proveerles vuelos a Chile y San Pablo, podrán incluso, en especial en San Pablo (30 millones de consumidores AB1) colocar todos productos y tener una puerta al mundo; hacer cambio de tripulación; logística, etc. Los que promovieron el Pacto Foradori-Duncan —una exigencia británica de continuidad de los Acuerdos de Madrid— dejaron clara su vocación de “colaborar en el crecimiento y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas” (un texto claramente británico) y de colaborar —ambos países, pero, el R.U. como ocupante ilegal de Malvinas, como si se tratara de un Estado ribereño más— en las Organizaciones Regionales de Ordenamiento Pesquero (OROP), herramientas diseñadas por los Estados de Bandera para administrar el Ecosistema del Atlántico Sur, entre otros, que abriría las puertas al R.U. en una abierta violación a la cláusula transitoria primera de la Constitución Nacional. La misma letra el mismo objetivo.

A raíz del Brexit, donde la pesca nuevamente ocupa un lugar central de las negociaciones (para el 2050 las proteínas de la pesca ocuparán un 25% en el consumo, en medio de restricción a las áreas pesqueras por razones ambientalistas), el R.U. pretende recuperar para su explotación las aguas británicas donde hoy pescan 88 buques españoles de gran porte (los británicos son exportadores e importadores de la U.E. en forma equilibrada). Los franceses ya han acordado pagarles cuotas a los británicos. ¿Dónde se supone que irán a pescar esos buques españoles? A Distancia: al área de Malvinas y en la alta mar del Atlántico Sur. Nunca dejarían Malvinas donde tienen mayor seguridad jurídica y, además, la necesidad de acordar la pesca con licencias británicas en Malvinas y en el Atlántico Nordeste. Jamás cambiarían ello, por obtener permisos dentro de la ZEE Argentina indisputada, donde, además, no hay recursos excedentes y tendrían toda la oposición —sin quiebres como ocurrió en 1994— del sector empresario (nacional e incluso de las empresas españolas radicadas en Argentina), gremial y científico. Y, ahora, a todo ello, le agregamos la falta de flotas y aeronaves de control. Aun así, si alguien, si un director del Comité de Malvinas y otro de Asuntos Europeos del CARI refieren a que “el Acuerdo es un modelo que seguir” y, convencen a la Cancillería de ello, por supuesto (¡!) que los españoles tratarían de conseguir cuotas en la ZEE Argentina, ahora, claro, ello sería, no abandonando NUNCA su Asociación Estratégica en Malvinas. ¡Bonito negocio soberano, económico y biológico haríamos! Una prueba acabada de ello, son los recientes contratos privados de una ignota ONG conservacionista (¿?) OPRAS, conformada mayoritariamente por expresas pesqueras extranjeras radicadas en la Argentina que firmó un entendimiento con la Cámara española CEPESCA y otras, entre ellas una chilena (¿?) donde los españoles pretenden acordar con Argentina, manteniendo las licencias otorgadas por los británicos en Malvinas (contratos a disposición).

Por otra parte, el compromiso argentino con las Naciones Unidas se asienta en su Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020. La U.E. pretende transformar en Áreas Marinas Protegidas entre un 20% al 30% de sus aguas comunitarias: ¿Dónde se supone que van a ir a pescar los buques españoles? Pues bien, el 83% de los buques de arrastre lo harán fuera del área comunitaria y muchos de ellos pescarán subsidiados a distancia, en el área de Malvinas y en la Alta Mar. En este aspecto concluyo, que los españoles nunca dejarían Malvinas por más que Argentina les ofreciese acordar pescar en la ZEE Argentina indisputada e incluso, acordar la captura de los recursos migratorios argentinos en la alta mar, cuestión esta última, que la Argentina no tiene posibilidad alguna de lograr, sino otorga concesiones de captura en la ZEE Argentina indisputada, que como dije, es algo inviable: no hay especies excedentarias y, por el contrario, el ecosistema está desequilibrado y nunca el INIDEP ni el sector pesquero aceptarían superar la Captura Máxima Sostenible. Esta táctica (el Acuerdo CEE), hoy no puede formar parte de ninguna estrategia. Sería inadmisible respecto a nuestros intereses soberanos, biológicos, ambientales y sociales.

Las especies excedentarias en la ZEE Argentina, los buques españoles y la industria nacional

Cuando se firmó el Acuerdo CEE, la Argentina no había determinado la existencia de especies excedentarias (cuestión que exigía el Acuerdo, porque dividía las cuotas en excedentarias y no excedentarias), por lo tanto, al formar sociedades mixtas españolas-argentinas, debió incorporar los buques españoles y desguazar un buque nacional de similar capacidad de captura (Y así los exigía el Acuerdo CEE). En algunos casos ocurrió; en otros se agregó más esfuerzo al incorporar buques congeladores con mayor capacidad de pesca que los fresqueros reemplazados y, lo peor, también hubo reemplazos no efectivos y ambos buques siguieron pescando (Auditorías de la UBA y AGN).

El Acuerdo CEE produjo la mayor depredación de la historia pesquera que obligó a dictar en el Congreso de la Nación La Emergencia Nacional Pesquera que limitó las capturas de merluza (la principal especie exportadora argentina en esa época) y, con ello, el derrumbe industrial y la más importante caída laboral que dio lugar a que, por primera vez, el Estado Provincial debió subsidiar el pago de salarios a las empresas para sostener el empleo, en una actividad que nunca había recibido aportes de este tipo.

El ingreso de buques congeladores que se instaló con el Acuerdo CEE produjo la reducción del empleo industrial en tierra, de tal forma, que hace ya casi 30 años que la Argentina le obsequia nuestra mano de obra a la Unión Europea y esto se hace con materias primas de origen argentino que deben competir en inferioridad de condiciones en el mercado internacional con productos originarios de la ZEE Argentina y/o migratorios originarios de esta Zona capturados ilegalmente (INDNR) por los españoles.

Contrariamente a lo referido por Goñi, el Acuerdo no se denunció por “intereses determinados”. Se dejó sin efecto, después de varios intentos, cuando estos acuerdos cumplieron el tiempo temporario establecido; fueron muy beneficiosos para los españoles porque la CEE les pago a éstos el 100% de los créditos bancarios de sus barcos y les efectuó aportes económicos y, con éstos, se asociaron a empresarios argentinos en condiciones muy favorables (recibiendo aportes económicos); destrozaron los recursos pesqueros (recién se está recuperando la merluza y en 2020 según Pescare.com.ar “descargándose 181.380 toneladas, hubo una merma interanual del 21,2%”) y, algunos, se quedaron con las empresas nacionales.

Quebraron las más importantes empresas nacionales de la época, como producto de una pésima política económica y acuerdos de este tipo. A raíz de las consecuencias que produjo el Acuerdo CEE y otras, el principal responsable político del sector pesquero reconoció el desacierto de su implementación.

Muy poco dejo este Acuerdo a la Argentina —algunos barcos—, comenzó la desnacionalización del sector y ni siquiera permitió un acceso libre de aranceles a la U.E. a los productos argentinos con alto valor agregado. Exportamos commodities con escaso valor, regalando nuestra mano de obra.

Como en el siglo XIX cuando los españoles nos traían aceite de oliva español, aguardientes de Holanda, vinos de Francia y españoles de La Rioja, elementos de labranza, además de telas varias: angaripolas, bayetas y bayetillas, calzones, chaquetas bastas, faldas, camisas de trabajo; lienzos de lino, algodón, coletas, paños finos y ordinarios, sedas e hilados; marquetas de velas, sebos y ceras; municiones y cartuchos diversos; habanos cubanos y perfumes de lavanda traídos de Europa y, nosotros les entregábamos tasajos, charques, grasas y cueros vacunos; todos baratos producidos con los esclavos traídos desde África. Hoy son importamos buques fabricados en Vigo y nosotros enviamos pescados sin valor agregado.

Y nadie tome como algo personal los cuestionamientos institucionales que planteo para la República.

Reeditar el Acuerdo CEE (hoy UE) sería profundizar la internacionalización del Atlántico Sur, afianzar aún más la posición británica en los Archipiélagos australes y la Antártida y la entrega lisa y llana de la administración de los recursos vivos marinos. El suicidio colectivo de la actividad pesquera Argentina, sus empresas, sus trabajadores y sus ciudades portuarias del litoral marítimo. 

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Provincia de Corrientes). Ex Profesor Universidad UNNE y FASTA. Asesor en el Senado de la Nación. Doctor en Ciencias. Consultor, Escritor, autor de 24 libros (entre ellos “Malvinas. Biografía de Entrega”) y articulista de la especialidad. 

Copyright ©2020

 

 

EL MARCO 17 + 1 ENTRE CHINA Y EUROPA

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de David Yu en Pixabay

En marzo de 2019, el primer ministro chino Li Keqiang hizo un largo viaje a Europa del Este.

La referencia para ese viaje, llena de reuniones bilaterales, fue la que se encuentra en la Declaración Conjunta de la Cumbre UE-China del 9 de abril de 2019.

Un documento en el que, como es habitual, se señalan algunos puntos clave: en primer lugar, la Asociación Estratégica Integral, que reafirma el multilateralismo estratégico mundial, así como el “desarrollo sostenible” —lo que queramos decir con este término—, pero en el que, sin embargo, la UE reafirma su política de una sola China.

También reafirma el apoyo al Grupo de Trabajo Cibernético UE-China; el fortalecimiento de la Fuerza de Acción de Addis Abeba; la financiación a la agencia conjunta de migración; la voluntad de lograr una economía global e inclusiva; apoyo al Grupo Mixto de Reforma de la OMC y más apoyo al G20; la acción conjunta para el “Foro Global sobre el exceso de capacidad del acero”, así como la reforma del sistema financiero internacional y el examen de las nuevas cuotas del FMI; el “Acuerdo climático de París” y su Protocolo de Montreal; la Asociación Azul para los Océanos.

Con respecto a la política exterior —como si todo lo demás no lo fuera—, se hace referencia explícita al apoyo de ambos actores, a saber, la UE y China, para la JCPOA nuclear de 2015 con Irán. También se menciona el proceso de paz en Afganistán, así como Venezuela.

En esta lista de cuestiones bilaterales también está la petición de una solución pacífica y democrática para Kabul.

Por no hablar —por supuesto— de la Ley del Mar y, por último, de la situación en Myanmar.

Una enciclopedia de temas internacionales muy importantes, que sólo se proclaman y se mencionan como títulos. Pero, por lo que sé, ni siquiera en conversaciones confidenciales han ido más allá de las buenas intenciones con las que, como todos sabemos, el camino al infierno está pavimentado.

En esa Cumbre, la tensión podría percibirse fácilmente.

China quería tener a la UE de su lado, en un momento de máxima tensión comercial con los Estados Unidos, mientras que la UE tenía cada vez más dudas sobre la ampliación —el llamado Marco 17+1— de la Iniciativa Franja y Ruta a los Balcanes y la ex Yugoslavia.

Cabe recordar que Italia, Hungría, Grecia y Portugal rompieron la unidad de la UE hacia China en ese momento.

¿Fue sólo una señal para la UE? ¿O una elección bien considerada basada en el hecho de que la UE era una estructura tecnócrata que operaba codo con codo con los Estados miembros —como ha dicho Alemania—, pero no los sustituyó? Aún no lo sabemos.

Lo que es seguro, sin embargo, es que la seducción china hacia el Mediterráneo y la UE oriental se basa en dos hechos: la lentitud de Estados Unidos se desvincula del pilar de la OTAN de la UE, independientemente de su futuro presidente, y la conciencia de China de que tiene que lidiar con una UE que ahora es un “tigre de papel”.

Sin embargo, China llevó a cabo una operación aún más práctica, al menos siguiendo la lógica confuciana: el apoyo a una red de cinturones y carreteras, a saber, el “Marco 16+1 de cooperación con los países de Europa Central y Oriental” —que celebra su octavo aniversario— al que se unió Grecia.

La reunión sobre la que estamos hablando tuvo lugar en Dubrovnik en abril de 2019.

La lógica del Marco chino es estar estrechamente relacionada con la “Iniciativa de los Tres Mares” de 2016, una iniciativa de la UE en la que China simplemente participó.

Como se indicó anteriormente, en ese momento Grecia se unió al grupo.

Sin embargo, el Marco se creó en Budapest en 2012 para fomentar la cooperación entre los (entonces) 16 países europeos más China, sobre la base de la nueva Ruta de la Seda China y la inversión en infraestructura, con miras a crear la línea exprés tierra-mar entre China y Europa.

Además de Grecia, los países europeos que participan en el Marco son la República Checa, Polonia, Hungría, Albania, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Estonia, Lituania, Rumania, Serbia, Macedonia, Montenegro, Eslovaquia y Eslovenia.

Entre los participantes actuales, 16 son Estados miembros de la UE, cinco son miembros de la zona del euro, cuatro son candidatos a participar en la moneda única e incluso uno es un Estado miembro potencial de la UE. Desde el punto de vista geopolítico, China ha construido un formato ad hoc básicamente dentro de la UE, un mecanismo que minimiza los riesgos de crisis en la Eurozona, crea un espacio autónomo de interés para China e incluso puede crear una mainmise china dentro de la UE, lo que también podría socavar su desarrollo futuro, si lo hay.

El consorcio chino que gestiona la operación es China-Road and Bridge Corporation, una subsidiaria de China Communication Construction Company, una empresa incluida en la lista Fortune 500. La idea subyacente de los países de Europa oriental era utilizar el apoyo chino para estimular su desarrollo pero, en un documento del gobierno checo, se señala que los compromisos bilaterales ahora apenas se respetan.

Esto se debe al coronavirus y a la actual crisis financiera en los países europeos, así como a una carga de deuda a menudo elevada por parte de China. La UE, sin embargo, ha cambiado su enfoque político y económico hacia China, considerando más rápidamente sus estándares normales.

En enero de 2019, de hecho, la Federación de Industrias Alemanas (BDI) publicó un documento que definió a China como un “inversor sistémico” y pidió a la UE que hiciera más estrictas sus normas y reglamentos con vistas a competir con China y proteger a sus empresas.

Esto fue seguido en marzo de 2019 por un documento del Servicio Europeo de Acción Exterior, la estructura con sede en Bruselas que cree que es un servicio secreto, a menudo con resultados cómicos.

El documento nos decía que era necesario: a) fortalecer las relaciones con China, aunque con cuidado, en vista de promover intereses comunes a nivel mundial; b) controlar la inversión china en la UE, en pie de igualdad (grandes posibilidades) y c) para empujar a China hacia una economía “sostenible”.

Un psicolingüista debería ayudarnos a investigar los efectos de la palabra “global” en la mente de los líderes políticos actuales.

El documento también nos informaba de que la UE debería buscar una relación más sólida y, sobre todo, mutua a nivel económico.

Por último, se sostuvo —casualmente— que los países del Marco 17+1 deberían actuar en una relación homogénea con las leyes de la UE. Podemos estar seguros de que lo harán.

Luego estaba la misma vieja historia sobre los “derechos humanos” y el evidente desarrollo “sostenible”, por no hablar del cambio climático, las afirmaciones de China sobre el Mar de China Meridional que, imaginamos, se perseguirían con o sin las “buenas almas” de la UE, así como la solicitud de una conexión entre China y la UE en Europa del Este —aparte del Marco 17+1— que se perseguiría de todos modos hasta que China viera su interés, y por último, la repetición sustancial del acuerdo entre China y la UE declarado antes de 2019.

Sólo para evitar permanecer en un mundo imaginario, debemos recordar aquí un concepto maquiavélico muy útil: “No hay que evitar la guerra, sólo se puede posponer en beneficio de los demás”.

Sin mencionar que “los Estados no están gobernados y mantenidos con palabras”. ¿Cuál es la solución al dilema? Con toda probabilidad, la UE ha tenido una fuerte advertencia de los Estados Unidos y está tratando de frenar, ralentizar y restringir sus relaciones con China.

En relación con el 5G, una cuestión clave para los Estados Unidos, la Comisión Europea ha señalado una serie de “medidas necesarias”.

El documento de la UE nos dice que la red 5G es muy importante —justo lo que necesitábamos— y que la Unión también apoya la competencia y el mercado mundial. A continuación, enumera las agencias europeas que se ocupan de ella.

Por último, la solución para la UE es fomentar la ciberseguridad “a través de la diversidad de proveedores a la hora de construir la red”.

Cabe recordar que Japón firmó un acuerdo con la UE sobre las mismas cuestiones en septiembre de 2019.

Sin embargo, todo se sabrá una vez que el mecanismo de selección de inversiones extranjeras de la UE haya dado sus resultados, teniendo en cuenta que se puso en marcha el 10 de abril de 2019 y se aplicará antes del 11 de octubre de 2020. Está relacionada con la Comunicación de la Comisión “Una nueva estrategia industrial para Europa”, que sostiene que “necesitamos una nueva forma de hacer negocios en Europa” y que esto debe “reflejar nuestros valores y tradiciones de mercado social”.

También afirma que “nuestra estrategia industrial es emprendedora en espíritu y acción”, pero también que “la escalabilidad es fundamental en la economía digitalizada” —y este es otro punto clave para nosotros.

Un tema esencial, pero dejado al margen.

Dejemos de lado las otras banalidades y trivialidades típicas de los manifestantes de 1968 recién convertidos a la economía de mercado.

Evidentemente, la nueva Agencia tendrá los siguientes objetivos: crear un “mecanismo de cooperación entre la Comisión Europea y los Estados miembros para intercambiar información” —como si no estuviera ya en vigor— para permitir a la Comisión realizar una evaluación (obviamente no obligatoria) para detener las operaciones relativas a cualquier inversión extranjera —aunque no está clara si para las PYME o de otro tipo— para que los Estados miembros autoricen a “comentar” sobre las inversiones extranjeras en la UE; para enumerar una secuencia —aunque no exhaustiva— de los sectores de inversión extranjera que podrían desencadenar un análisis por parte de esta organización tan poderosa: infraestructura y tecnología críticas, insumos críticos, acceso a datos personales y finalmente garantía de pluralismo de los medios, que poco tiene que ver con ello, pero “todo vale” y cada poco ayuda.

Eso es todo, hasta ahora.

En diciembre de 2015, China creó la Fuerza de Apoyo Estratégico del Ejército Popular de Liberación (PLASSF), la estructura de las Fuerzas Armadas chinas que se ocupan de la ciberguerra, la guerra espacial y las operaciones electrónicas. ¿Tiene la UE algo similar?

Obviamente no. Además, la OTAN tiene una política de ciberdefensa, definida en la Cumbre de Gales de septiembre de 2014 y en la Cumbre de Varsovia de 2016. Pero no tiene una agencia conjunta para la política cibernética, que no es sólo la defensa, sino también el ataque.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. 

©2020-saeeg®