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1969. ARGENTINA Y EL MONO JUAN: EL PRIMER ASTRONAUTA DE AMÉRICA DEL SUR

Marcelo Javier de los Reyes*

Fuente: Facebook de la Fuerza Aérea Argentina.

El presente artículo fue publicado por el Anuario del CEID / SAEEG de 2019, en conmemoración de los 50 años del lanzamiento del primer astronauta argentino, el Mono Juan. 

La carrera espacial

La década de 1960 estuvo signada por la carrera espacial entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Los soviéticos aventajaban a los estadounidenses en el campo espacial. El 4 de octubre de 1957, la Unión Soviética puso en órbita al Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia. El 3 de noviembre del mismo año, la perra Laika fue lanzada en el satélite ruso Sputnik 2. Laika fue seleccionada entre un grupo de perros “reclutados” de la calle. Le implantaron sendos sensores, uno en las costillas para medir su respiración y otro para medir su pulso en la arteria carótida. En ese momento no había forma de que Laika fuera retornada a la Tierra y se sabe que murió a las seis horas del despegue, ya que los sensores registraron un paro cardíaco. Su muerte se debió al sobrecalentamiento de la cabina y al estrés. En ese momento esta información fue ocultada.

La Unión Soviética envió al primer ser humano al espacio exterior. El 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin, tripulando la nave Vostok 1, permaneció ciento ocho minutos en el espacio. Poco después, en junio de 1963, haría lo propio una mujer, Valentina Tereshkova, quien dio cuarenta y ocho vueltas alrededor de la Tierra durante tres días.

Ante estos desafíos fue que el entonces presidente John F. Kennedy, en un discurso pronunciado el 12 de septiembre de 1962 en la Universidad de Rice, anunció que los Estados Unidos llegarían a la Luna antes de que terminara la década, lo cual se habría hecho realidad en julio de 1969.

Por esos años otros países planearon sumarse a la conquista del espacio, aunque sus proyectos no hayan tenido difusión.

Zambia anunció su programa espacial en 1964, el mismo año en que había proclamado su independencia. El proyecto, impulsado por el profesor de ciencias naturales Edward Makuka Nkoloso, quien en 1960 había fundado la Zambia National Academy of Science, Space Research and Philosophy, aspiraba a enviar a la Luna y a Marte a doce zambianos y diez gatos. Los informes de este propósito no demuestran ser parte de un programa espacial serio.

Argentina se suma a la carrera espacial

Mediante el Decreto Ley 11.822/43, durante la presidencia del general Pedro Pablo Ramírez, se creó el Instituto Aerotécnico, “constituido por el personal y todas las instalaciones, medios y elementos que integran el patrimonio de la actual Fábrica Militar de Aviones”. El Instituto Aerotécnico quedó bajo la directa dependencia de la Dirección General del Material Aeronáutico del Ejército y contaba con autonomía técnica y administrativa[1].

En agosto de 1947 fue creada la División de Proyectos Especiales en el marco del mencionado instituto la que se dedicaría a la investigación de vehículos teledirigidos y motores de cohetes.

El  ingeniero Pablo de León, en su libro Historia de la actividad espacial en Argentina, en su capítulo 13 dedicado a los “Lanzamientos en Argentina”, nos dice:

En 1959 en el Instituto Aerotécnico se planteaba la posibilidad de fabricar un cohete-sonda. En ese momento no existían aún propulsantes compuestos en el país y todavía no se había establecido contacto con fábricas del exterior, entonces se decidió utilizar un propulsante bibásico.[2]

Al frente del instituto se encontraba el comodoro Aldo Zeoli, quien se graduó como ingeniero aeronáutico en 1943 en la Universidad Nacional de Córdoba, quien fue asimilado como personal militar y enviado a realizar una capacitación en los laboratorios de la Power Jets, en Lutterworth, Reino Unido[3]. A principios de la década de 1960 el entonces vicecomodoro Zeoli fue trasladado a la Fábrica Militar de Aviones, desde donde impulsaría el nacimiento del primer cohete de investigaciones realizado en Argentina, el “Alfa Centauro”[iv]. De León señala que “Zeoli fue el jefe de todos los proyectos de lanzadores desde el Alfa Centauro hasta el Tauro, lo que lo convierte en el pionero y padre de la cohetería en el país”[4].

En abril de 1967 fue lanzado un cohete que llegó a casi tres kilómetros de altura, bastante lejos del espacio. A bordo iba Belisario, un pequeño ratón blanco de laboratorio. Fue el primer experimento hecho con seres vivos en la Argentina en su búsqueda de un camino autónomo en la investigación espacial. El destino de Belisario fue diferente al de la pobre Laika, ya que retornó a la Tierra y siguió viviendo.

Belisario, el primer ser vivo lanzado por la Argentina

El 23 de diciembre de 1969, a las 06:30 horas, se impulsó el cohete sonda Canopus II, a bordo del cual iba el mono Juan en un vuelo suborbital de ocho minutos de duración, que alcanzó una altura de 90 kilómetros, rozando el límite de la atmósfera terrestre con el espacio exterior.

Juan era un mono caí oriundo de la provincia de Misiones, capturado por la Gendarmería Nacional. Juan pesaba 1,4 kg y medía 30 cm.

Durante el vuelo fueron monitoreados sus signos vitales y luego se lo trajo nuevamente a Tierra, al igual que a Belisario. Juan iba en un asiento especial en la cabeza del cohete, en posición inclinada para que no lo afectaran las aceleraciones y desaceleraciones. Realizó el vuelo sedado ya que era necesario mantenerlo quieto, pero consciente. Cabe destacar que la cápsula también contaba con un sistema de refrigeración.

El cohete Canopus II, desarrollado en Argentina, tenía una longitud de cuatro metros y 50 kilogramos de carga útil.

El lanzamiento se hizo desde el Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados de Chamical, en La Rioja, reabierto en 2018 luego de un relevante mejoramiento de su infraestructura que contó con un fuerte apoyo de las autoridades provinciales.

La experiencia fue llevada adelante por un equipo de ingenieros, biólogos y médicos argentinos, con tecnologías desarrolladas en el país, en el marco de un proyecto bautizado Experiencia BIO, encabezada por el Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica y Espacial y la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales.

Juan, el primer astronauta argentino y América del Sur

El mencionado proyecto Experiencia BIO, estuvo a cargo del ingeniero Aldo Zeoli y tenía como objetivo principal la experimentación de seres vivos en lanzamientos de cohetes así como comprobar si se podía llegar al espacio, hecho que fue comprobado con total éxito.

El aterrizaje de Juan se produjo en la salina La Antigua, a 60 kilómetros de la base de Chamical, y retornó en perfecto estado de salud.

Juan fue el primer astronauta argentino y luego de haber cumplido exitosamente su misión, vivió durante más de dos años en el zoológico de la ciudad de Córdoba, donde fue la principal atracción del mismo.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Profesor de Inteligencia en la Maestría en Inteligencia Estratégica Nacional, Universidad Nacional de La Plata. Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] “Creación del Instituto Aerotécnico”. Sistema Argentino de Información Jurídica (SAJI), <http://www.saij.gob.ar/11822-nacional-creacion-instituto-aerotecnico-lns0002152-1943-10-20/123456789-0abc-defg-g25-12000scanyel#>.

[2] Pablo de León. Historia de la actividad espacial en Argentina. Carapachay: Lenguaje Claro, 2018, 372 p.

[3] Ídem.

[4] Ídem.

[5] Ídem.

KISSINGER EN DAVOS: BREVE TRATADO DE SENSATEZ GEOPOLÍTICA

Alberto Hutschenreuter*

En el Foro de Economía de Davos, Suiza, Henry A. Kissinger se ha referido a una serie de cuestiones con centro en la actual situación que tiene lugar en Ucrania, país ubicado en una de las tres placas geopolíticas del globo atravesadas por rivalidades y tensiones pasibles de provocar una contienda militar mayor.

Entre otras reflexiones, el influyente pensador estratégico (que acaba de cumplir 99 años) advirtió que si continúa la confrontación, es decir, la que tiene lugar en el territorio ucraniano, pero también la que la acompaña desde el nivel estratégico, concretamente la rivalidad Occidente-Rusia, se afectará peligrosamente la estabilidad internacional.

Kissinger sostuvo también que Ucrania deberá ceder territorio y que el conflicto cambiará la geopolítica.

La intervención del experto causó impacto y, como suele suceder cada vez que aborda temas centrales del mundo, sus apreciaciones rápidamente se difundieron a escala mundial.

Pero nada nuevo hay en los razonamientos de Kissinger. Como todo estudioso que nunca se aparta de un marco teórico desde el que casi apasionadamente se plantea preguntas en términos de estados, poder, capacidades, intereses, equilibrio e intenciones, un marco de pensamiento que desde las perspectivas global-aldeanas y soñadoras resulta cada vez más vetusto, Kissinger nada más siguió el libreto conservador en materia de relaciones entre estados. El mismo que, en otro contexto, aplicó en los años setenta en relación con la Unión Soviética y China: negociar con la primera, a pesar de tratarse de un poder ideológico que no aceptaba el statu quo (como muy bien lo describe en sus «Memorias», y por lo que fue criticado por Zbigniew Brzezinski, otro coloso del pensamiento y proceder estratégico), y sumar a la segunda en términos de equilibrio de poder (el experto George Friedman ha hecho interesantes observaciones a la política de Kissinger en los setenta y a sus consideraciones en Davos: «Why I Disagree With Henry Kissinger», Geopolitical Futures, May 27, 2022).

El término equilibrio es clave en el «mundo-Kissinger». Y en esta guerra (innecesaria) que ha perturbado el orden local, regional y global ha sido, precisamente, la ausencia de equilibrio el factor que precipitó los hechos.

En alguna medida, si en el pasado la Unión Soviética era el actor ideológico que no respetaba el statu quo en las relaciones internacionales, pues su propósito era que «desapareciera el ellos y todos fuesen nosotros», tras la Guerra Fría, Occidente mantuvo un curso de seguridad de carácter revolucionario en relación con evitar toda posibilidad de que Rusia pudiera convertirse en un nuevo poder euroasiático que retara una vez más a Occidente.

Solo así se entiende que la OTAN, una organización política-militar nacida para afrontar el poder de la URSS, se ampliara sin ningún límite, al punto de pisotear el principio de seguridad indivisible, cuestión clave para comprender la crisis y confrontación actual.

En otros términos, las decisiones estratégicas y geopolíticas que Occidente tomó tras la victoria en la Guerra Fría no respetaron la experiencia y la historia, cuestiones de primer orden en las reflexiones de Kissinger, como deja demostrado de manera brillante en su obra cumbre, «La diplomacia» (la que como muy bien sostuvo una vez el especialista Jorge Castro debería haberse titulado «La política de poder»), como así también en otra obra de excelencia, «Orden mundial. Reflexiones sobre el carácter de las naciones y el curso de la historia».

Esa falta de deferencia estratégica y político territorial fue la que creó una situación que implicó, desde Rusia, diferentes políticas de reparación que incluyeron la más riesgosa, la guerra, antes en Georgia y ahora en Ucrania.

Ir más allá de lo conveniente tras una victoria puede poner en riesgo la propia victoria, es decir, provocar reacciones que alguien terminará padeciendo; en este caso, Ucrania. Por ello, Kissinger advierte que, con el fin de evitar lo que podemos denominar «divisibilidad geopolítica», este país tendrá que ceder territorio: la desmesura y la ignorancia geopolítica en las relaciones interestatales casi siempre llevan al fraccionamiento geopolítico de la parte más débil o de la que desafió el equilibrio territorial.

En algún momento, la OTAN debió considerar los límites, aquello que el canciller Bismarck, muy estudiado por Kissinger, denominaba «diagonal» en materia de competencia interestatal. Pero nunca lo hizo, a pesar de las advertencias hechas por «los que saben», entre ellos, el mismo Kissinger, Scowcroft, Kennan (el primero en desaconsejar ampliar la Alianza), Waltz Mearsheimer, por citar algunos de los más notables. Por ello, el accionar de la OTAN fue geopolíticamente revolucionario. Y la historia no ofrece demasiados casos exitosos de cursos geopolíticos irrestrictos o que desconsideren el equilibrio geopolítico entre los poderes preeminentes.

Por último, es posible que la geopolítica cambie tras la guerra en Ucrania. Pero la geopolítica siempre cambia; lo hizo en los noventa cuando parecía que la disciplina quedó sepultada con la Guerra Fría. Entonces, adoptó otra forma, sutil, mas no cambió su fondo: la pugna por captar o controlar territorios y recursos (hay que tener presente que la nueva ola industrial requiere nuevas materias primas, por ejemplo, litio). Tal vez nunca se dio cuenta, pero Clinton, al abrir mercados por todo el mundo y derribar marcos regulatorios de los Estados a través de su política de «ampliación», fue un geopolítico de nuevo cuño, si bien Kissinger no estuvo de acuerdo con su enfoque internacional.

De eso se trató la globalización (o «geobalización»), un régimen de poder blando que predispuso a los países a «hacer entusiasmadamente» lo que los poderosos querían que ellos hicieran.

La geopolítica cambia, pero nunca se va. Más todavía, como siempre, viene hacia nosotros. Y así será mientras las cuestiones hasta hoy inalterables de la política entre estados, esto es, la ambición, el temor, los intereses, entre otras, no sean erradicadas o modificadas. Si un día ello ocurre, entonces nos encontraremos en otra dimensión de la humanidad.

Además, la geopolítica cambia, pero en un sentido de «pluralización», es decir, se suman nuevos territorios, por caso, el digital, y también adquieren nueva relevancia los «viejos territorios», por caso, el aeroespacial. Pero ello no implica que la rivalidad y el conflicto disminuyan sino, por el contrario, se vuelven más sofisticados y difusos. En su ya citada obra «Orden mundial», Kissinger se ha referido a esos «nuevos temas».

En breve, en el encuentro mundial de Davos Kissinger ha hecho advertencias y ha recordado que solamente el equilibrio puede proporcionar un orden que, a su vez, proporcione estabilidad internacional, es decir, paz. Para otras visiones y prácticas, la historia ofrece no pocos casos de frustraciones y precipicios.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Miembro e investigador de la SAEEG. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

©2022-saeeg®

 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO «TESTIGO DE UNA REVOLUCIÓN TRAICIONADA»

Escrito por Portal Empresa

Un diplomático argentino que estuvo en Cuba publica un libro crítico de la revolución cubana

El conflicto de Rusia con Ucrania pone sobre el tapete realidades que, aunque distantes del teatro de operaciones, se encuentran vinculadas por afinidades políticas o estratégicas que no reconocen distancias geográficas. Es el caso de Cuba, que, como se podía esperar, no ha aceptado la denominación casi universalmente aceptada de guerra, sino que también prefirió llamarla operación militar especial en un claro alineamiento con Moscú. No olvidemos que Vladimir Putin, durante su visita a Cuba de julio de 2014, anunció la condonación del 90 % de la deuda de la isla con Moscú, que ascendía a US$ 35.000 millones. Entre 1961 y 1991 transcurrieron 30 años de una asistencia soviética multipropósito, que condujo a Cuba a una dependencia de la URSS mucho mayor que la que había tenido con Estados Unidos antes de 1959. La decisión de Putin fue un paso que no dio Boris Yeltsin, luego de la caída de la URSS en diciembre de 1991. Al contrario, esa deuda, que Fidel Castro expresó que no iba a pagar, distanció seriamente a la naciente Federación Rusa de Cuba. Con su gesto, Putin afirmó el pie que ya había puesto en la isla caribeña.

Entre 2006 y 2009 estuvo destinado en la embajada argentina en La Habana, como ministro y encargado de negocios, Pedro von Eyken, un diplomático de carrera que ya había tenido dos destinos sucesivos en Alemania, donde presenció la caída del Muro de Berlín y la reunificación del país. Durante su estadía, el diplomático recorrió la isla entera y habló con los cubanos de a pie. Como resultado, decidió doctorarse en Ciencias Políticas hace un año con una tesis de 440 páginas que critica severamente la economía cubana. Se titula La Revolución Cubana 50 años después. Impacto de los factores externos e internos en la grave crisis económica y social de Cuba en 2009 y se halla en el repositorio digital de la UCA. El autor sostiene que fueron las decisiones soberanas de Fidel Castro las que causaron la grave crisis económica cubana, hoy acentuada y no el bloqueo norteamericano que Von Eyken prefiere llamar embargo, o la implosión soviética. Fundamenta su investigación, que parte de una observación presencial, en las medidas dirigistas, inconsistentes y contradictorias del líder de la revolución desde 1961, sobre todo a partir de 1991, cuando Cuba pudo girar el timón y no lo hizo. El autor compara la isla con Vietnam, que, aun manteniendo el marxismo-leninismo, sí dio un giro de 180 grados en la economía con el Doi Moi (renovación) desde 1986. Ello, llevó al país asiático a un capitalismo regulado similar al chino. Un modelo que Fidel Castro y sus sucesores no han querido llevar a Cuba. Los resultados, en ambos países, están a la vista.

Consultado su autor sobre el título Testigo de una revolución traicionada, von Eyken respondió: “porque los cubanos fueron engañados con el movimiento que triunfó en 1959. La cubana fue la única revolución que no definió de entrada ese carácter, como sí lo hicieron Rusia, China, Vietnam y Corea del Norte”.

 

Sobre el autor Pedro von Eyken: Licenciado y Doctor en Ciencias Políticas (UCA). Diplomático argentino retirado, fue embajador en Haití y tuvo como destino Cuba y Finlandia, entre otros.

 

Artículo publicado el 30/04/2022 por Empresa, https://empresa.org.ar/2022/presentacion-del-libro-testigo-de-una-revolucion-traicionada/