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DESDE LA PERSPECTIVA EUROPEA, ARGENTINA ES UN PARAÍSO PARA EL LAVADO DE DINERO

Gaby Weber (desde Alemania)*

Que el dinero negro pueda legalizarse en Argentina no es nada nuevo. La expresidenta peronista Cristina Kirchner ya había autorizado en dos ocasiones la declaración de capital no declarado ante las autoridades fiscales para su reincorporación a la economía argentina: con la Ley 26.476 (en 2008) y con la Ley 26.860 (en 2013). Pero el nuevo presidente, el ultraderechista Javier Milei, tiene muchas posibilidades de establecer un récord de lavado de dinero, y las instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea guardan silencio. Pero el sector bancario privado europeo es menos indulgente y ha incluido al país en su lista de sanciones, secretamente.

La primera ley por el lavado de dinero de Milei entró en vigor en julio de 2024, apenas seis meses después de asumir el cargo. La Ley N° 27.743 fue apodada por los medios argentinos como la «Ley de Blanqueo». De ese modo, el capital de origen dudoso podía transferirse a la Argentina e invertirse sin límite, costos adicionales ni impuestos hasta el 31 de diciembre de 2025. No se requería comprobante de origen. Se estima que más de US$ 20 mil millones de dólares estadounidenses ingresaron al país de esta manera.

De repente, aparecieron enormes letreros anunciando «Aptos para el blanqueo» en obras de construcción por todo Buenos Aires. Sin embargo, algunos funcionarios de la AFIP estaban interesados ​​en saber quiénes se beneficiaban de esta nueva ley y en qué medida. Milei, presumiblemente, consideró esto contraproducente y, por lo tanto, disolvió la AFIP mediante el decreto 953/2024. La nueva agencia, ARCA, estaba integrada por personas de su confianza y se encargaría de los asuntos fiscales y aduaneros a partir de entonces. Sin embargo, como alardeaba el autoproclamado anarcocapitalista, sería menos burocrática, lo que haría que todo el proceso fuera «más accesible y eficiente para el ciudadano».

Miembros del Poder Judicial e incluso de la Iglesia Católica advirtieron que los cárteles de la droga, en particular, explotarían estas nuevas regulaciones ―o mejor dicho la falta de regulaciones―, ya que las políticas sociales neoliberales radicales habían incrementado drásticamente el poder de los narcotraficantes. En los suburbios, el nuevo gobierno reprimió a los grupos comunitarios y recortó los programas sociales; los narcotraficantes llenaron este vacío.

El flujo constante de dólares de los narcotraficantes disminuyó el año pasado, por lo que Milei intentó otra ley para hacerse con el «dinero oculto», como lo denominó el Ministerio de Economía. En enero de 2026 entró en vigor la ley de «inocencia fiscal», que legalizaba los ahorros previamente no declarados. Nadie tenía que demostrar cómo había adquirido su riqueza; se presumía su inocencia y se invirtió la carga de la prueba. En lugar de que el propietario del capital tuviera que probar su origen, el sistema judicial debía aportar pruebas concretas. Incluso los bancos locales percibieron problemas con la seguridad jurídica y el cumplimiento de las obligaciones internacionales contra el blanqueo de capitales. Sin embargo, el ministro de Economía, Luis Caputo, desestimó las críticas, decidiendo que una simple solicitud era suficiente y que no se podía exigir ninguna prueba adicional.

También se abolió la normativa que obligaba a notificar automáticamente a las autoridades fiscales las transacciones financieras superiores a 10 millones de pesos, y aún se permitía la compra de bienes inmuebles en efectivo, incluso en pequeños billetes. Esta práctica lleva tiempo prohibida en países vecinos como Uruguay y Chile. Además, se redujeron significativamente las sanciones por evasión fiscal. El Ministerio de Economía pretende controlar los US$ 170.000 millones que sospecha que están bajo del colchón, «ocultos». Se fortalecerán las reservas del Banco Central y se saldarán las deudas externas.

El FMI debería haber dado la voz de alarma y sancionado al país, pero recientemente le ha concedido otro préstamo de US$ 10.000 millones. Y esto es puramente por motivos políticos. Milei apoya incondicionalmente a Donald Trump y Benjamín Netanyahu y ahora quiere privatizar el suministro de agua y la Hidrovía del Paraná.

Su Armada acaba de firmar un memorando de entendimiento con la Cuarta Flota del Comando Sur de Estados Unidos sobre cooperación en materia de «amenazas». En él, las aguas argentinas se consideran un «bien común global», lo que el diario Página 12 describe como una «rendición de soberanía».

Junto con sus homólogos argentinos, los marines estadounidenses planean expulsar a los buques factoría chinos que agotan regularmente los caladeros de la costa. Japón y España hacen lo mismo, pero no se les menciona en este contexto. Milei fue fotografiado en el portaaviones USS Nimitz con su hermana Karina y el ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno (ex de JPMorgan). El embajador estadounidense presente celebró «una nueva era de profundo acercamiento estratégico».

Es comprensible que el FMI no quiera denunciar a la persona tan útil como lavador de dinero. Sin embargo, en Europa, el sector bancario privado tiene una opinión diferente y sus propias listas de sanciones. Cualquier persona que desee ser cliente del Deutsche Bank, por ejemplo, y que resida en Argentina, es informada de que Argentina es un país de alto riesgo y que no es bienvenida como nuevo cliente.

La Comisión Europea no suele ser mezquina a la hora de imponer sanciones, especialmente cuando las empresas hacen negocios con Rusia o cuando los periodistas supuestamente difunden «narrativas rusas».

La Comisión Europea, mediante el Reglamento Delegado (UE) 2016/1675, del 14 de julio de 2016, identificó terceros países que presentan un alto riesgo de blanqueo de capitales y financiación del terrorismo. Su Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) publicó una lista de países sometidos a un escrutinio reforzado (la «lista gris»), que se actualiza periódicamente. Esta lista del GAFI contiene cuatro categorías de países de alto riesgo, entre los que se incluyen Rusia y Bolivia[1].

Por razones inexplicables, Argentina no figura en esta lista, a pesar de que existen muchos motivos para su presencia, entre ellos, las leyes contra el blanqueo de capitales del presidente Milei. En las elecciones provinciales del pasado octubre, su principal candidato por Buenos Aires fue José Luis Espert. Poco antes de las elecciones se supo que había sido financiado durante mucho tiempo por el narcotraficante Fred Machado, quien también le había proporcionado los aviones para la campaña. Machado fue extraditado a Estados Unidos y se declaró culpable de lavado de dinero y fraude. Sin embargo, Milei apoya a su amigo, calificándolo de «víctima de una vil campaña mediática».

El dinero negro repatriado no ha impulsado la economía nacional. Desde que Milei asumió el cargo hace dos años y medio, 24.437 empresas han quebrado; la economía no se encontraba en tan mal estado ni siquiera después del confinamiento de siete meses durante la pandemia de COVID-19. Solo las industrias minera y petrolera siguen recibiendo fondos, pero únicamente las empresas extranjeras se benefician de ello.

 

* Nació en Stuttgart, Alemania, y se doctoró en Berlín. En 1985 se radicó en Montevideo y desde 2002 vive en Buenos Aires. Periodista de investigación con varios libros publicados en Alemania y la Argentina, trabaja para medios de todo el mundo, especialmente en lengua alemana. Entre sus libros podemos mencionar: «Los expedientes Eichmann. Los archivos desclasificados que revelan su relación con el sionismo, la Guerra Fría, la bomba atómica y el engaño sobre su secuestro en la Argentina».

 

Cita

[1] Banking Industry 2026. Reportlinker.com, https://www.bafin.de/SharedDocs/Veroeffentlichungen/DE/Rundschreiben/2026/rs_03_26_hochrisikostaaten_gw.html?nn=156690 

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PRESENTACIÓN DEL ANUARIO DEL CEID 2025

Los Equipos del CEID y de la SAEEG

Los miembros del Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID) y de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG) tenemos el agrado de presentar el Anuario del CEID 2025, que contó con la contribución de autores provenientes de Argentina, Alemania, Australia, Cuba, España, India y República Checa.

El Anuario del CEID 2025, bajo la dirección de la Dra. Isabel Stanganelli ―también directora del CEID― aborda algunos temas que fueron de interés durante el año 2025. Los artículos se encuentran agrupados de acuerdo con sus regiones y temáticas de interés.

Mantenemos nuestro objetivo de ediciones anteriores: aportar artículos de reconocidos especialistas que permitan un mayor conocimiento de lo ocurrido en 2025 para facilitar el análisis de los escenarios nacionales, regionales o globales.

El Anuario del CEID 2025 analiza al mundo desde el sur, entendiéndose desde el «Sur Global», una visión notablemente distintiva y en la que participan expertos de otras latitudes en busca de favorecer la comprensión de un escenario mundial en el marco de una creciente complejidad global.

Expresamos nuestro enorme agradecimiento a los prestigiosos investigadores que nos acompañaron en esta versión de 2025:

María Elena Álvarez Acosta (Cuba), Monojit Das (India), Sunamis Fabelo Concepción (Cuba), Sasha Gillies-Lekakis (Australia), Juan León Giujusa (Argentina), Ruvislei González Sáez (Cuba), Yoslán Silverio González (Cuba), Marek Hrubec (República Checa), Alberto Hutschenreuter (Argentina), Roberto Mansilla Blanco (España), Charles Louis de Montmort (Argentina), Marcelo Javier de los Reyes (Argentina), Xulio Ríos (España), Lía Rodríguez de la Vega (Argentina), Claudia Sánchez Savín (Cuba), Julio Francisco Sotés Morales (Cuba), Isabel Stanganelli (Argentina), Daniel Symcha (Argentina) y Gaby Weber (Alemania – Argentina).

 

Finalmente, deseamos informar que el Anuario del CEID 2025 puede ser descargado gratuitamente desde la página https://saeeg.org/wp-content/uploads/2026/05/CEID-ANUARIO-2025.pdf

 

AGRADECEMOS SU DIFUSIÓN.

 

TAIWÁN SE MIRA AL ESPEJO DE LA GUERRA EN IRÁN

Roberto Mansilla Blanco*

Imagen: Xinhua/Xie Huanchi

En medio del conflicto bélico entre EEUU, Israel e Irán, el pasado 10 de abril, Cheng Li-wun, la presidente del partido Kuomintang (KMT) y líder de la oposición en Taiwán, visitaba Beijing para reunirse con el presidente de la República Popular China (RPCh), Xi Jinping, bajo la perspectiva de propiciar un clima de distensión en un momento de tensiones globales y escalada militar y bélica.

Por su parte, en Taipei, la capital taiwanesa, el gobierno de Lai Ching-te, en el poder desde enero pasado tras sustituir a Tsai Ing-wen (Partido Progresista Democrático, PPD) acentuaba la política taiwanesa de intransigencia al diálogo con Beijing pero con la atenta mirada sobre lo que estaba sucediendo en Teherán. Más allá de la dinámica del conflicto bélico y de la eficaz capacidad iraní en clave geoeconómica para tomar posición del estrecho de Ormuz, la preocupación del presidente taiwanés se enfocaba en otros aspectos más relacionados con sus sistemas de alianzas y de seguridad.

Con un Estados Unidos atascado e incapaz de derrotar militarmente a Irán, en Taipei surge una interrogante: ¿qué tan fiable es Washington para defender la soberanía taiwanesa en caso de que hipotéticamente Beijing decida realizar una acción unilateral contra la isla, similar a la invasión rusa de Ucrania en 2022?

A priori, la seguridad taiwanesa parece estar blindada por parte de Washington. Desde 1955 existe un Tratado de Defensa Mutua entre EEUU y la República de China (Taiwán), cuya vigencia persiste hasta el año 2056. En 1979, Washington aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán que refuerza estos acuerdos.

En enero pasado, Estados Unidos aprobó un nuevo paquete de modernización militar para Taiwán valorado en US$ 11.100 millones con la finalidad de fortalecer sus defensas vía sistemas de cohetes de alta movilidad (HIMARS), misiles tácticos, artillería autopropulsada, drones, software militar especializado, misiles antitanque (Javelin y TOW), repuestos y mantenimiento para misiles antibuque Harpoon, y otros componentes logísticos.

La «balanza de poder» en Indo-Pacífico

En abril pasado, Estados Unidos firmó una alianza estratégica defensiva con Indonesia para modernizar sus capacidades militares y aumentar los ejercicios conjuntos en el Indo-Pacífico.

Esta alianza, que ha generado divisiones internas en Indonesia, implica avanzar en esquemas de cooperación militar y económica con la vista puesta en evitar que el estrecho de Malaca, estratégico para el comercio mundial y por el que transita el 25 % del transporte marítimo global, se convierta en una especie de Mare Nostrum chino que le permita a Beijing tener capacidad de influencia regional. Una clave geoeconómica similar a la que se observa con Irán en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 15 % de las rutas energéticas y comerciales a nivel mundial; e, incluso pero más moderadamente, Rusia en la escala del mar Negro, tal y como se vio con el bloqueo ruso a la exportación de cereal ucraniano que llevó a una breve crisis alimentaria en 2023.

Visto en perspectiva geoeconómica y geopolítica, tres de las principales rutas económicas globales, los estrechos de Malaca y Ormuz así como el mar Negro, estarían bajo las esferas de influencia de China, Irán y Rusia, los tres principales rivales de Estados Unidos que conforman, con sus matices, el denominado eje euroasiático capacitado para confrontar los intereses del eje «atlantista».

Por tanto cercar por todos los medios a China es la prioridad estratégica global de Washington, con sus consecuentes influencias para aliados de Beijing como Moscú y Teherán. Y el estrecho de Taiwán es clave en este cometido geopolítico. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional adoptada por la administración de Donald Trump en diciembre pasado así lo certifica: la región del Indo-Pacífico y la creciente potencialidad de China como nuevo hegemón se erigen como las prioridades estratégicas para la Casa Blanca.

En este nuevo equilibrio de poder regional, Japón anuncia su intención de remilitarizarse y adoptar una nueva estrategia de seguridad con un enfoque más unilateral. Este escenario obviamente preocupa a China pero también a Corea del Norte. Ante el militarismo in crescendo en Asia Oriental, Pyongyang ya ha anunciado su intención de condicionar, e incluso, renunciar a cualquier esquema de reunificación en la península coreana.

El sistema de alianzas estilo balanza de poder de la Europa del siglo XIX comienza a instalarse de manera acelerada en Asia Pacífico y Oriental. La alianza AUKUS impulsada en 2021 por Estados Unidos, Reino Unido y Australia busca su expansión regional con la finalidad de contrarrestar un eje euroasiático China-Rusia-Irán-Corea del Norte capacitado para frenar el expansionismo «atlantista» en la región. Mientras Occidente acelera las sanciones contra Rusia toda vez apuesta por la militarización con horizonte 2030, Moscú ha logrado sortear estas sanciones encontrando nuevos mercados energéticos en el sudeste asiático.

Con este panorama se prevé un avance de la proliferación nuclear con mayor intensidad ante los peligros de volatilidad y conflictividad que se atisban en el horizonte del Indo-Pacífico. Potencias nucleares como Rusia, China, Corea del Norte, India y Pakistán profundizan sus estrategias defensivas. Como ha dejado entrever el Kremlin, la disuasión nuclear supone la principal garantía de soberanía y autonomía para cualquier país.

Mientras se negocia un alto al fuego entre Estados Unidos e Irán, que Washington pretende materializar previo a la cumbre que Trump y Xi realizarán a mediados de mayo en Beijing, la eficaz resistencia iraní y su capacidad para golpear objetivos estratégicos estadounidenses y de sus aliados en Oriente Medio y el Golfo Pérsico persuaden a Taiwán a estudiar todo tipo de alternativas, desde reprogramar prioridades hasta mantenerse expectante ante lo que acuerden Xi y Trump en Beijing.

Tomando en cuenta un contexto global determinado por diversos conflictos desde Ucrania hasta Irán, China y Estados Unidos muy probablemente mantendrán una posición oficial tendiente a la estabilidad. No obstante, y más allá de esta perspectiva de reducción de las tensiones, son varias las aristas que amenazan con tensionar el ambiente.

Un «estrecho» de dilemas en Taipei

En Taiwán observan una realidad de iure: son cada vez menos los países que reconocen oficialmente su legitimidad estatal, siendo en estos momentos doce países. Las elites en Taipei calculan un escenario inquietante: el riesgo de someterse a una especie de aislamiento internacional de facto ante la pérdida de reconocimiento diplomático que afecte su relevancia exterior, en comparación con el ascendente peso de la República Popular China, y cómo ello afectará la capacidad defensiva de Taiwán y su dependencia de sistemas de alianzas, particularmente de Estados Unidos.

A este contexto debe añadirse la cuestión de la identidad nacional, materia de polarizados debates que acrecientan la crispación política en Taipei. Esta división es notoria entre el gobernante PPD y la oposición liderada por el KMT, con enfoques enfrentados en lo que respecta a la relación con China. La líder del KMT, Cheng Li-wun visitará Estados Unidos en junio, lo cual puede anunciar un nuevo momento político en Taipei que condicione la posición intransigente tanto de la anterior presidenta Ing-wen como de su sucesor Ching-te, muy pendiente de lo que se trate en la cumbre Xi-Trump en Beijing.

A nivel geopolítico y de seguridad, en Taipei preocupa la concreción de intereses entre tres potencias nucleares como China, Rusia y Corea del Norte sin olvidar Pakistán e Irán, este último un aspirante a potencia nuclear. El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi visitó Moscú y Beijing previo a las negociaciones con Estados Unidos y la cumbre Xi-Trump, una toma de contacto estratégica con sus aliados más cercanos en medio de las actuales turbulencias globales.

Más allá de la posibilidad de un entendimiento con Beijing, EEUU busca igualmente debilitar la posición china a través de diversas variables. Entre ellas destaca, hasta ahora con escasa efectividad, la creación de discordias entre India y China atizando rivalidades fronterizas. El breve incidente militar fronterizo entre Afganistán y Pakistán escenificado horas antes del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán (28 de febrero) supone otro ejemplo de cómo el riesgo de escalada de conflictos, en este caso en pleno corazón de Asia Central, apunta a escenarios de concreción de marcos de inestabilidad regionales que igualmente definan contrariedades para el eje sino-ruso.

A finales de 2025, China ha realizado ejercicios militares navales disuasivos frente a las costas taiwanesas. Ante este contexto de volatilidad y escenarios imprevisibles, Ching-te percibe las dificultades derivadas del debilitamiento de la posición exterior taiwanesa y ante un posible escenario de “callejón sin salida” por su excesiva dependencia de Washington y su intransigente posición de iniciar un diálogo con Beijing.

Por otro lado, Li-wun y el KMT también calculan los riesgos del peligroso momento de inestabilidad mundial y cómo este contexto afectará la seguridad de Taiwán. No obstante, su óptica es distinta: apuestan por la distensión con China, el «hermano mayor» que calcula todos sus movimientos con su tradicional «paciencia estratégica».

Casi tres meses después de iniciada la guerra contra Irán con su consecuente crisis económica global, la disuasión y la táctica distensión parecen ser las tendencias que, al menos por ahora, determinarán el nivel de relación entre China y Estados Unidos. En lo concerniente a Taiwán, la disuasión ha sido clave en la reciente cumbre Xi-Trump de Beijing, tal y como lo ha manifestado el presidente chino a su homólogo estadounidense estableciendo de inmediato las «líneas rojas» con respecto al estatus de la isla. Una declaración que en Taipei toman nota de su incidencia.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG. 

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