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RECORDEMOS AL GENERAL GUGLIALMELLI EN MEDIO DE LA CEGUERA GEOPOLÍTICA Y ESTRATÉGICA

Marcelo Javier de los Reyes*

 

General de División Juan Enrique Guglialmelli (1917 – 1983)

El hombre, su carrera y su obra

Juan Enrique Guglialmelli nació en 1917 en San Martín, Provincia de Buenos Aires. Militar de vocación, tuvo como objetivo la defensa del patrimonio de la Nación y su desarrollo económico y social a través de un camino propio —es decir, de un nacionalismo económico— pero en el contexto de una Argentina integrante del Cono Sur.

En nuestro país, la Geopolítica lo tiene como uno de sus grandes mentores, con una trayectoria en relevantes cargos. El general Guglialmelli fue Jefe del Comité de Planes de la Junta Interamericana de Defensa; Jefe de Estado Mayor de la 7ª División de Infantería y del IV Cuerpo de Ejército; Comandante de la 6ª División de Infantería de Montaña, Director de la Escuela Superior de Guerra y del Centro de Altos Estudios y Comandante del V Cuerpo de Ejército de la República Argentina, en cuyo ejercicio pasó a retiro en el año 1968.

En junio de 1970 fue designado secretario del Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE) pero su paso fue efímero dado que no compartía las políticas liberales implementadas por la conducción económica nacional.

Fundó el Instituto Argentino de Estudios Estratégicos y de las Relaciones Internacionales (INSAR), el cual publicó la reconocida revista Estrategia, en cuyos diversos números se puede apreciar la visión económica nacional y su apoyo a la política industrialista.

El primer número de Estrategia fue publicado en mayo-junio de 1969. El solo hojear la revista, las publicidades de grandes empresas que apostaban por una Argentina industrial y desarrollada —muchas de las cuales ya no existen o fueron erosionadas por años de malas gestiones nacionales—, así como los temas que se abordaban, nos sumergen en un país que ya no existe y que solo quienes contamos con varias décadas podemos recordar a esa Argentina que nos prometía grandezas a pesar de sus convulsiones políticas o, al menos, era lo que percibíamos quienes éramos formados en una Escuela Pública que enseñaba a querer la Patria y sus símbolos nacionales.

En ese primer número el general Guglialmelli expone, en “Propósitos y definiciones”, lo siguiente:

Nuestra tarea, en fin, estará orientada por las normas más estrictas de la libertad académica. No renunciará, empero, a una ideología propia que responde a las necesidades de cambio de nuestro tiempo y que exige como datos esenciales de la estrategia nacional:

      • Objetivos nacionales y políticos claros y definidos.
      • Política exterior independiente capaz de obtener la libertad de acción necesaria para el logro de esos objetivos.
      • Colaboración de los distintos sectores de nuestra sociedad y su participación efectiva en el QUE y COMO hacer concretos.
      • Cabal conocimiento de los intereses externos e internos en conflicto con los propios fines perseguidos, sus modos de operar y sus agentes.
      • Un programa de desarrollo económico, social y cultural ejecutado con ritmo acelerado y definido y definidas prioridades, en áreas geográficas rezagadas, sectores básicos de la producción nacional e infraestructura de servicios, en el diálogo social y en una política educacional y de investigación científica y tecnológica al servicio del desarrollo nacional.[1]

Desde una posición mucho más modesta, la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), aspira a poder erigirse como una sucesora en esa tarea.

Su visión

Su conocimiento profundo de la Patagonia, región en la que estuvo destinado durante su carrera militar, lo llevó a ponderar la necesidad de desarrollar esa extensa área de nuestro país.

Frente a la visión de la Argentina “insular”, basada en el análisis de la situación geográfica del país desarrollada por otro de nuestros grandes geopolíticos, el vicealmirante Segundo R. Storni, el general Guglialmelli considera que la Argentina “tiene ‘carácter peninsular’, en la más amplia acepción geopolítica del término. Mantiene en este sentido su condición marítima pero asume, también el rol continental”.

En efecto. Su territorio, al norte de la línea Cabo San Antonio-San Rafael (Mendoza) se articula con la masa terrestre continental “introduciéndose” en ella. Al sur de aquel linde, se prolonga hacia el sur como una cuña entre los grandes océanos. En su extremo austral, esta región incluye los sectores insular y antártico. Debido a esta conformación, nuestro país recibe la influencia del Pacífico (Chile por medio) y del Atlántico, en particular este último, sobre parte de cuyas aguas, plataforma y subsuelo, extiende su soberanía. Teniendo en cuenta, por último la situación de la América del Sur y de la Argentina dentro de ésta, resalta, como lo señaló Storni, su posición periférica y marítima respecto a las masas continentales del Hemisferio Norte.

Todo el espacio argentino se articula con los países vecinos a través de los aspectos geoambientales fronterizos incluidos los medios de integración física (caminos, ferrocarriles, vías fluviales).[2]

En este concepto geopolítico de la Argentina “peninsular” debe considerarse “al mercado interno, apoyado sobre un aparato productivo integrado en lo espacial y sectorial”[3]. El desarrollo de las diversas regiones, cada una aportando sus riquezas a la producción —alimentos, minería, energía, etc.— debe contar con “un sistema de comunicaciones que vincule, además de los puertos, con preferencia a las distintas regiones y sus grandes polos”, lo que permitirá concretar una “estructura económica integrada, independiente y autosostenida, base indispensable para un destino de gran potencia”[4].

En este concepto de la Argentina “peninsular” le otorga gran importancia a los intereses marítimos, lo que lleva a valorar los recursos del mar y el desarrollo —al igual que proponía el vicealmirante Storni— de una Marina Mercante, “con sus beneficios de trabajo e ingreso por fletes y seguros”[5].

Para el general Guglialmelli, la Argentina, en términos geopolíticos es, entonces, “peninsular”: es continental, bimarítima y antártica. Agrega a esto:

Esta conceptuación significa no sólo una situación geográfica, sino también y fundamentalmente, una economía integrada e independiente, un mercado interno en permanente expansión y una irrenunciable vertebración cultural con los países de América del Sur en particular los vecinos y el Perú”[6].

Era consciente de que las grandes potencias y las corporaciones internacionales, o la combinación de éstas con las primeras, procuran mantener la dependencia del mundo periférico, fomentando integraciones regionales en desmedro de la Soberanía Nacional. Como ejemplo de esas integraciones regionales cita la Cuenca del Plata como una prioridad que puede relegar al resto del país.

Otro de los grandes problemas que percibía era la continuación de la Argentina agroexportadora, “el papel de granja”, en tanto que las exportaciones se basaran solamente en productos primarios, cumpliendo así con las exigencias de la división internacional del trabajo. En este sentido, responsabilizó a la generación militar del 66 pero en particular a la contrarrevolución comenzada en marzo de 1967 desde los más altos niveles de la conducción económica. “Porque allí, en esa área, habían hecho pie quienes por filosofía, desaprensión o, lo que es peor, intereses, defendían la persistencia del modelo agroexportador, disimulando sus propósitos con declamaciones retóricas o sólo tibias reformas”[7].

En este punto fue muy crítico de la conducción económica y de la implementación de las rebajas arancelarias:

En nuestra opinión, a pesar de los fines enunciados, sostenemos que se trata de algo más trascendente y peligroso. El de insertar a la Argentina en un ordenamiento externo, basado en la fórmula de Nelson Rockefeller: que cada país se particularice ‘según su mayor eficacia selectiva y mayor eficiencia relativa’. En virtud de tal premisa nuestro papel será especializarnos en las agroindustrias, con las derivaciones para la seguridad nacional que se verán más adelante.[8]

De ese modo, la Argentina continuaba la dependencia trazada durante la generación del 80, es decir, un país exportador de productos agropecuarios e importador de bienes finales. Esto claramente significaba la “subestimación de los sectores industriales ajenos al ámbito rural y deterioro, cuando no liquidación, de nuestra producción de bienes finales”[9].

Por tanto, el general Guglialmelli era un gran defensor de llevar adelante una política industrialista para salir de esta trampa en la que se encontraba nuestro país. En este sentido, ponderaba el desarrollo que habían alcanzado las Fuerzas Armadas y las iniciativas de los generales Enrique Mosconi y Manuel Savio en pos de una industrialización de la Argentina.

Dramáticas reflexiones finales

Nuestro país ha sido dotado de una gran y diversificada riqueza, tanto en su territorio como en su mar territorial. Sin embargo, se precisaba algunos pasos más para alcanzar ese grado de desarrollo que permitiría concretar una “estructura económica integrada, independiente y autosostenida” como proponía el general Guglialmelli.

Hubo un importante avance en el proceso de industrialización y, en buena medida, los generales Mosconi y Savio contribuyeron con ese objetivo. El país desarrolló una importante comunicación a través de carreteras pero, fundamentalmente, con la construcción de una de las más importantes redes ferroviarias del mundo que superaba los 40.000 kilómetros de vía. Los ferrocarriles, nacionalizados durante el gobierno del general Juan Domingo Perón —no viene al caso aquí formular valoraciones sobre esa nacionalización— se constituyeron en un importante medio de transporte de pasajeros pero sobre todo de bienes.

Del mismo modo, había desarrollado el transporte fluvial de mercaderías y contaba con una Marina Mercante nacional, particularmente la Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA), que llevaba las exportaciones argentinas a todos los puntos del planeta.

Así como el general Giglialmelli expone la fórmula de Rockefeller, cabe aquí mencionar que existió el denominado “Plan Larkin” —elaborado por el general e ingeniero estadounidense Thomas B. Larkin con apoyo del Banco Mundial entre 1959 y 1962—, el cual consistía en una racionalización y modernización de los medios de transporte terrestre y fluvial de nuestro país. Obviamente, el plan apelaba a la reducción de unos 15.000 kilómetros de vías por considerarlos deficientes o improductivos. El plan llegó a la Argentina poco tiempo antes de que fuera derrocado el presidente Arturo Frondizi, quien debió enfrentar a los gremios ferroviarios durante su gobierno. Sin embargo, el plan fue llevado a cabo en los años noventa del siglo pasado por el gobierno peronista/liberal del presidente Carlos Saúl Menem. La Argentina quedó fragmentada y desvinculada con sus políticas de desmantelamiento del sistema ferroviario, fluvial y de la liquidación de la empresa ELMA.

La industria siguió un camino similar a raíz de las concesiones y privatizaciones de sectores vitales de la industria y de la energía.

En una de las críticas que Guglialmelli le formula a Storni, respecto a su visión de la “insularidad”, el general considera que el marino cayó en lo que otro destacado marino denominó “astigmatismo estratégico navalista, primera variedad”. La realidad es que en las últimas décadas la conducción argentina padece de una seria ceguera geopolítica y estratégica que ha provocado un serio y peligroso retroceso de nuestro país, ocasionando la pérdida de poder económico, poder militar y poder diplomático, además de ocasionar un grave deterioro institucional.

En el capítulo dedicado al análisis de si la Argentina es “insular” o “peninsular”, el general Guglialmelli menciona los aspectos negativos que el vicealmirante Storni expone en su libro “Intereses argentinos en el mar”, respecto de por qué los argentinos no tienen una vocación marinera, lo cual sería vital para el desarrollo de la Nación. Al igual que el general Guglialmelli, me gustaría cerrar este artículo reproduciendo una reflexión del vicealmirante Storni:

En nuestra infancia como nación, hemos permanecido poco menos que indiferentes a estos problemas, y la empresa extranjera realizó con el niño incipiente la misión de madre que nutre y educa. Pero si ese estado de cosas hubiera de ser definitivo e imponer un límite a nuestros ideales marítimos, la acción extranjera tomaría el aspecto del impulso generoso que lleva el alimento a la boca del paralítico o de la diestra maniobra del fuerte que explota son compasión al débil”[10].

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] “Propósitos y definiciones”. Estrategia, mayo-junio de 1969, p. 7

[2] Juan Enrique Guglialmelli. Geopolítica del cono sur. Buenos Aires: El Cid Editor, p. 78.

[3] Ibíd., p. 79.

[4] Ibíd., p. 80.

[5] Ídem.

[6] Ídem.

[7] Ibíd., p. 81.

[8] Ibíd., p. 251.

[9] Ibíd., p. 251-252.

[10] Citado por el general Guglialmelli, op. cit., p. 63.

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LA NUEVA RELACIÓN ENTRE ISRAEL Y BAHRÉIN

Giancarlo Elia Valori*

La cuestión de la nueva relación entre Jerusalén y los Emiratos Arabes Unidos (EAU) luego del acuerdo firmado entre Israel y Bahrein, es de particular interés y marca un realineamiento del mundo sunita con el Estado judío y por lo tanto indirectamente con Occidente y es contrario a Irán.

Pero Israel no siempre piensa estratégicamente como sus aliados occidentales, y eso es bueno.

El peso político del petróleo entre el Oriente árabe y el Occidente euro-americano está cambiando (pero la UE aún no se ha dado cuenta) debido al aumento del poderío petrolero estadounidense.

Pero también cambia lo que podríamos llamar el “nivel de protección” militar entre el mundo árabe sunita y el sistema de defensa de Occidente, entre la OTAN y los acuerdos específicos de Estados Unidos o la Alianza Atlántica con los países árabes sunitas. Europa, por supuesto, no ha sido recibida.

Objetivos principales: para los árabes, jugar la carta occidental en su totalidad con respecto a la Federación de Rusia y, en algunos aspectos, también a China; para los occidentales, el juego primordial es recuperar el mundo sunita después de la crisis yihadista y luego, otra vez para Occidente, crear un nuevo mercado para los precios del crudo cuando el petróleo de esquisto estadounidense cambia todo el sistema de precios. Pero para Washington es la manera de impedir que Rusia y China “tomen” estratégicamente el mundo sunita.

El mundo sunita sabe que nunca puede permitir que Occidente enfrente seriamente a Irán y sus representantes, que necesita tecnologías estadounidenses y de la UE para hacer la “transición energética” de los hidrocarburos a las renovables, finalmente necesita armas, tecnologías y probablemente también ayuda militar directa de los Estados Unidos y de la OTAN.

Y, en el futuro, también del Estado judío.

Irán también es una amenaza existencial para ellos, y las áreas de influencia y contacto en Oriente Medio entre Irán y el mundo sunita son tales que no pueden ser compuestas por ningún tratado de paz. El caso de Yemen enseña. Cada movimiento en el Golfo es un juego de suma cero.

Ahora demos un paso atrás, pero aún es necesario. El “Acuerdo de Abraham” entre Israel y los Emiratos Arabes Unidos y luego Bahrein se basa en futuras “relaciones normales” entre el Estado judío y los EAU.

Un acuerdo escrito a mediados de agosto de 2020 largamente preparado por los servicios y, posteriormente, por la diplomacia de las dos partes, y también de algún servicio Europeo, presupone relaciones comerciales habituales, vuelos directos, turismo, intercambios científicos y pleno reconocimiento diplomático. Sin embargo, es bastante obvio que los Emiratos no enviarán un embajador a Jerusalén. No está escrito en los acuerdos, pero sin embargo hay y hubo un intercambio específico de información entre los Servicios pertinentes entre Jerusalén y Arabia Saudí.

Según los Emiratos, pero el texto sigue siendo claro a este respecto, el acuerdo entre Israel y los EAU bloquea inmediatamente cualquier intento de Jerusalén de anexar Cisjordania, pero también prevé una renovación de las negociaciones entre la ANP y el Estado judío para “poner fin al conflicto”.

Un gran programa, habría dicho De Gaulle. Es que los palestinos de la ANP, una criatura, por muy mal pensada que sea, del fin de la Guerra Fría, ya no son útiles para nadie.

Ni los soviéticos, que ya no están allí y ya no necesitan campos de entrenamiento para los terroristas europeos, o tal vez sistemas de presión para sus aliados árabes, ni la izquierda europea (y la UE, pero no sabe) que nada sabía de política exterior y que sólo quería la “reducción” de Israel, y mucho menos a China , que no sabe qué hacer con ella, ni siquiera con la galaxia yihadista, que ha utilizado muy poco la antigua red guerrillera de origen palestino.

Y hoy el papel preeminente de Hamas en la Franja de Gaza y también en Cisjordania, un movimiento que emana de la Hermandad Musulmana, que acepta explícitamente los “Protocolos de los Sabiosi de Sión” en sus estatutos y es ahora plenamente apoyado por Teherán, con la Yihad Islámica palestina, es un papel que ciertamente no interesa a los países sunitas del Golfo. Tal vez sólo a Qatar y Turquía, que tienen mucho que ver con la Hermandad. Pero no creo que Ankara y Doha quieran ir hacia este juego estratégico, con el riesgo de interponerse en el camino de los saudies y gran parte de los Emiratos.

Y, sin embargo, ya no quieren soportar los costos de mantener la ANP, estratégicamente inútil, probablemente incluso peligrosa.

Israel y los EAU ya intentaron la normalización hace años. En 2015, el Estado judío abrió una oficina diplomática en Abu Dabi, en relación con la Agencia Internacional de Energías Renovables, luego hubo reuniones deportivas. Israel también había sido programado como invitado en la Expo Mundial de 2020, hoy pospuesta a octubre de 2021, a excepción de otras evaluaciones, debido a la pandemia de Covid-19. La verdadera señal de que el acuerdo con los Emiratos importaba mucho en Jerusalén fue el aplazamiento por Netanyahu de la anexión de Cisjordania el 1º de junio de 2020.

Los palestinos llamaron inmediatamente a su embajador en los Emiratos. En Jerusalén importa poco la ANP, naufragio de una guerra fría que ya no tiene importancia estratégica, excepto para el papel pro-iraní de Hamas y parte de Fatah, el viejo grupo político de Mahmoud Abbas, por lo que Israel tiende sólo a la Ribera Occidental y, en pleno acuerdo con Egipto, al control antiihadista de la Franja de Gaza y el Sinaí.

Por supuesto, ni los saudíes, ni los Emiratos, ni Bahrein ni otros estados sunitas (aunque Bahrein es mayoritariamente chiíta, pero con una clase dominante sunita), y menos Israel quieren atarse a una clase política corrupta y totalmente ineficiente como la de la ANP, que ahora es el guante dentro del cual se sostiene la mano de Teherán, la única potencia interesada en tomar las dos áreas políticas de la antigua ANP.

El “Acuerdo de Abraham” también fue aceptado por Bahrein, como dijimos y pronto trataremos, por Jordania, que tiene un antiguo tratado de paz con Israel de fecha 1994, pero agobiado por la posterior y grave crisis de 2015-16 siempre con Israel, en el momento de la anexión de Jerusalén Este y por tanto de la Mezquita Al-Aqsa, el “último”, el “extremo”.

Luego está la aceptación también de Egipto, que ve resolverse la tensión yihadista en el Sinaí con una colaboración más directa y explícita del Estado judío. Finalmente el “Acuerdo de Abraham” ha sido elogiado públicamente por Omán, ahora que el nuevo rey Hatham bin Tariq quiere continuar la modernización del reino de Omán y Mascate iniciada por el fallecido Qaboos, cuyos guardias visten el kilt escocés, y con una mayor tasa de independencia estratégica de los otros Emiratos y los sauditas.

¿Quién está en contra? Irán, por supuesto, que ve una correlación estratégica entre Israel y el mundo sunita en el horizonte, con el cierre de la zona emiratí, donde podría haber jugado con operaciones de influencia contra Arabia Saudí y Estados Unidos. También está en contra Qatar, militarmente vinculada a Turquía y base financiera y política de la Hermandad Musulmana, e influye en todos los demás Estados sunitas del Golfo y, en algunos aspectos, en el proceso de reconciliación incluso con los chiítas iraní-sirios y libaneses.

Por supuesto, Turquía también se opone al acuerdo, no a la aceptación del Estado judío en el contexto de las relaciones interárabes, un Estado con el que Ankara tiene relaciones diplomáticas desde 1949, aunque nunca ha reconocido el Plan de Partición de las Naciones Unidas del que nació la propia independencia del Estado judío.

Ankara es fría con el “Acuerdo de Abraham” principalmente porque se encontrará aislada entre los Emiratos y la zona del Golfo, siendo atacada por la Hermandad Musulmana, y perjudica su proyecto de expansión en Asia central que no le permitirá mantener el status quo actualmente favorable en el Golfo y ni siquiera, en perspectiva, buenas relaciones con Qatar.

Despues de Bahrein será el turno, si todo va bien, de Sudán y Omán. Marruecos está aceptando y ya ha aceptado, el acuerdo abrahámico. Marruecos ya ha tenido ministros judíos en sus gobiernos, el empresario privado del rey Hassan II era italiano de Ferrara, que había sido el único que había mostrado solidaridad con él cuando el joven Giorgio Bassani fue expulsado del Liceo, al ejecutarse las infames “leyes raciales” de 1938.

El rey Hamad ya ha permitido a los líderes israelíes asistir a una reunión regional sobre la seguridad del Golfo, el Diálogo de Seguridad de Manama 2020, que se celebrará en la capital del Reino los días 4 y 6 de diciembre próximos.

Netanyahu ya se reunió con el difunto rey Qaboos de Omán en 2018.

Y Bahrein, ¿por qué reconoce oficialmente a Israel bajo el “Acuerdo de Abraham”?

Mientras tanto, porque el Estado judío es una brillante historia de éxito.

Por la tecnología, por su estabilidad, por su fuerza militar, incluso por su excelente inteligencia, Israel es el cuello de muchos, en el mundo árabe y más allá. El sultán bin Khalifa siempre ha expresado abiertamente su estima por el Estado judío.

El ministro de Relaciones Exteriores de Bahréin, en 2018, publicó un mensaje en Twitter a favor de Israel en su guerra contra los canales subterráneos creados por Hezbollah, y luego hizo explícito su favor al ver que Australia también había reconocido Jerusalén Este como la capital del Estado judío.

El sultán de Bahréin ha presionado abiertamente para que el Consejo de Seguridad del Golfo designe a Hezbollah como una “organización terrorista”.

Y aquí no se trata de las tensiones tradicionales entre sunitas y chiítas, sino de una elección geopolítica y estratégica: hacer de los Emiratos y de todo el Golfo una zona pacífica, para iniciar lo antes posible la transición energética y económica que decidirá el futuro de los estados petroleros de la zona.

La guerra congela posiciones, es costosa y no permite la gran transición económica que todas las clases dominantes del Golfo, con la única excepción de Irán, pretenden comenzar lo antes posible.

Por supuesto, Irán no juega tanto con el petróleo como con el gas natural, que no está cubierto por el sistema de la OPEP.

Recuérdese también que Bahrein acogió el Taller de Paz para la Prosperidad de la Casa Blanca en 2019, y en esa ocasión siete periodistas israelíes fueron recibidos en el Reino.

Cabe señalar también que Bahrein está estrechamente vinculada a Arabia Saudí por su economía y la selección de la clase dirigente.

Y tiene la mayoría de la población chiíta, con una casa dominante y una clase dominante sunita. Por lo tanto, más que para otros países del Golfo, Irán, que está en sus costas, es una amenaza existencial.

Y el vínculo entre Manama y Riad es cada vez más fuerte, especialmente después de 2018, cuando el pequeño reino costero tuvo que reprimir, y a menudo con dureza, las “primaveras árabes” que, además, tenían más de una conexión con Teherán.

El error reciente más extraordinario de Occidente en Medio Oriente, la “Primavera árabe”, después del Tratado Sykes-Picot, cuando los franceses perdieron parte de su poder porque el traductor era Luis Massignon, con su refinado árabe que los invasores del desierto no entendían, mientras que el intérprete de los ingleses era Lawrence de Arabia, acostumbrado a la calle y a los plebeyos árabes.

¿Y los palestinos? El 3 de septiembre, se convocó a una videoconferencia entre Beirut y Ramala, casi al mismo tiempo que el anuncio del “Acuerdo de Abraham” por parte de Donald J. Trump en la Casa Blanca, que vio la participación de Abu Mazen y todas las facciones palestinas. También debe señalarse que la videoconferencia había sido organizada por Fatah y Hamas, un caso más único que raro.

En Beirut estaban Ismail Haniyeh, el jefe de la oficina política de Hamas; Ziad Nadalia, el secretario general de la Yihad Islámica y todos los líderes de las facciones a las que no se les permite operar dentro de los territorios de la Autoridad Nacional Palestina.

También estaba en Ramala Mohammed Barakeh, un ex miembro del parlamento israelí.

Para todos, la clave estratégica para la interpretación del “Acuerdo de Abraham” fue la ruptura de la Iniciativa de Paz Árabe, la iniciativa saudí de 2002, luego reafirmada en 2007 y nuevamente en 2017 por todas las cumbres de la Liga Arabe. Esta “iniciativa” se refiere al abandono por parte de Israel de todos los territorios ocupados, a un “alojamiento justo” para los refugiados palestinos sobre la base de la Resolución No 194 de las Naciones Unidas y al establecimiento de un Estado palestino con Jerusalén Este como capital.

¿El resultado de la videoconferencia? La percepción clara y obvia del aislamiento de la ANP, que nadie quiere mantener ahora a pleno costo, ya que se trata de un “naufragio estratégico”, el acuerdo entre Hamas y Fatah, más único que raro, la inevitable apertura de los Territorios ANP a los enemigos declarados del Pacto de Abraham, es decir, Qatar, que intentará una correlación estratégica y militar entre Libia-Trípoli y la Franja de Gaza y la Ribera Occidental, para Turquía, con su Hermandad Musulmana, que es la que fundó Hamas, pero sobre todo será un negocio para Irán, que ya apoya a la Yihad Islámica, algunas otras facciones palestinas en evidente función antiisraelí y esperando a que Hezb’ollah vuelva a sus operaciones más allá del Litani.

Por lo tanto en la jerga de la OLP y la ANP “lucha popular”, aunque no hay ninguna referencia a la “lucha armada”, en el documento final de la videoconferencia, está la solicitud de un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967, ante la verificación de la pérdida del consenso para la causa palestina entre los Estados árabes sunitas del Golfo, que resultará en una restricción adicional a la ayuda económica a la ANP.

Pero el verdadero peligro, que también debería afectar a Israel, es la implosión total de la ANP, que podría crear fenómenos militares, migratorios y económicos de alcance global.

¿Y la Federación de Rusia? Debe volver a ser indispensable en Oriente Medio, el “Acuerdo de Abraham” negociado por Estados Unidos y algunas inteligencias europeas pueden poner fin a la ventaja comparativa y estratégica de Moscú en Siria y la gestión cuidadosa de las relaciones militares y de información con Israel.

Por no hablar de la refinada contención rusa de la presión iraní en Siria, uno de los verdaderos objetivos de la presencia rusa en la república de Bashar el Assad.

¿Qué podría jugarse Rusia en el nuevo Medio Oriente que se está dibujando en estos días? Mucho.

Mientras, desde 2018, Moscú se ha estado reuniendo de nuevo con la Yihad Islámica, mientras que Abu Mazen también se ha reunido con líderes rusos en 2019 para lograr un nuevo «formato» de paz entre Israel y un ANP mediado solamente por la Federación de Rusia.

Luego está la carta libanesa. La presencia de Moscú es cada vez más visible en el país de los cedros, para un evidente soporte de Siria.

Por lo tanto, el juego número uno de Moscú en el nuevo Medio Oriente es mantener relaciones estrechas con todos, pero sólo con todos, los actores regionales, estatales y no estatales, para llegar a ser el único árbitro supremo (incluso contra Israel) de la futura, y a estas alturas inevitable, paz de Medio Oriente.

¿China? A Beijing no le gusta el acuerdo abrahámico, dado que para Beijing resulta un abandono de facto de Medio Oriente por parte de los Estados Unidos, y por lo tanto un aumento en los costos del control estratégico de la zona, pero también un retorno de muchos países sunitas prominentes dentro de una órbita económica estadounidense, cuando China estaba seduciendo a los sauditas y los Emiratos.

El “Acuerdo de Abraham” cierra las puertas del Golfo a muchos países que querían entrar en la zona.

Sin embargo, Beijing pondrá su mejor cara ante el mal juego, apoyando a un país amigo de facto, Israel, y manteniendo las excelentes relaciones habituales con el mundo sunita, con la esperanza de reemplazar, en breve, a Estados Unidos como representante político-militar de la zona.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. 

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GAS Y BUQUES MILITARES, EL EMBROLLO PERFECTO EN EL MEDITERRÁNEO

Giancarlo Elía Valori*

Defender la autonomía turca y las «manos libres» en el Mediterráneo oriental es, para los estrategas turcos, una prioridad estratégica. Y es en ese cuadrante donde se mueven los intereses estratégicos que afectan no solo a Italia y Grecia. 

Para entender cómo piensa estratégicamente la Turquía de Erdogan, necesitamos ver la evolución reciente del sistema político de Ankara, junto con sus determinantes geopolíticos históricos, que siempre están definidos. Como dijo Napoleón, para establecer la política exterior de un país, sólo hay que mirar su mapa. El primer gobierno del AKP, un partido islamista que es reformulado y refundado después que algunos de sus miembros no fueran considerados regulares por la Corte Constitucional, duró de 2002 a 2010. Y más, como sabemos.

Originalmente en 1970, nació en Turquía el primer partido islamista, el “Partido de la Orden Nacional” (MNP) encabezado por Necmettin Erbakan que fue cerrado por el Tribunal Constitucional, para resurgir al año siguiente como el “Partido de la Salvación Nacional”, que en las elecciones de 1973 obtuvo 48 escaños en el Parlamento.

En 1981 fue cerrado por el Consejo de Seguridad Nacional, junto con todas las demás formaciones políticas, ninguna excluida esta vez, debido al golpe “constitucional” de las Fuerzas Armadas. En 1983, cuando se permitió de nuevo la formación de los diversos partidos políticos, nació, de las cenizas del MNP y de la “Salvación Nacional”, el “Partido del Bienestar”, siempre dirigido, tras bambalinas, por Erbakan. Ese siempre será el modelo explícito y venerado de Erdogan. De todos modos este partido no tuvo el consentimiento de los militares para participar en las elecciones de 1983.

Para todos los años 80, el “Partido del Bienestar” no superó el umbral del 10% y por lo tanto no entró en el Parlamento. Pero comenzó a crecer considerable e inesperadamente en la década de 1990, hasta la victoria en las elecciones de 1997 y la posterior, ahora inevitable, intervención de las Fuerzas Armadas turcas. En 1998 el Tribunal Constitucional “cerró” de nuevo el Partido de Bienestar que reapareció en 1999, como el “Partido de la Virtud” que logró poco consenso en las elecciones de 1999 y fue cerrado de nuevo por la Corte. Luego vino el “Partido de la Felicidad”, de una división tradicionalista del ala “modernista”, que se encuentra en el AKP. Pero no llegará muy lejos.

¿La ideología? Es la del Milli Goru, o la “perspectiva nacional”, que ve una clara separación entre la civilización occidental, materialista, colonialista, represiva hacia los “terceros” países, destinados todos —rasgo importante— a una muerte rápida, y la civilización islámica, basada en un hecho esencial y típico: la justicia. Por lo tanto y a partir de esta ideología, las reformas modernizadoras que desde Ataturk han secularizado la sociedad y la política turcas, tampoco son buenas. Aunque el nacionalismo que también caracterizó la tradición “secular” de Turquía a principios del siglo XX está muy bien.

No hay pertenencia a la UE, por supuesto, ni ninguna relación, si no agresiva, al menos en palabras, con Israel. Pero aquí está la columna vertebral de esta nueva ideología del AKP que podríamos definir genéricamente como «islamismo», es que solo Turquía, solo Turquía, tendrá que liderar el nuevo mundo islámico unido. De hecho, el secularismo sólo se acepta en la medida en que permite la libertad de religión, pero se rechaza en nombre del Islam, que es la única verdad.

Otro elemento de la ideología islamista, que luego se mueve casi en su totalidad hacia el AKP, es el “orden correcto”, adil d’zen, un modelo de “tercera vía” superior al capitalismo y al socialismo. No hay interés en el comercio, aunque el mecanismo financiero se organiza actualmente según el sistema bancario islámico, también modelado en las líneas de Al Qaradawi, predicador príncipe de Al Jazeera y entre las figuras más importantes de la Hermandad Musulmana. Este es también un punto que tanto los saudíes como al-Sisi están cuestionando fuertemente.

Moody’s en enero de 2020, verificó que los intercambios bancarios islámicos en Turquía son alrededor del 15% del total de transacciones. Mucho más que muchos países de Oriente Medio, pero menos que en Arabia Saudí o incluso Malasia. A partir de aquí, de nuevo, el odio masivo hacia el FMI, el Fondo Monetario Internacional, la UE, incluso la OTAN, pero hablaremos de ello más adelante. Sin embargo, los partidos islamistas turcos son los únicos partidos de masas que quedan hoy en día, después de que la política posmoderna también infectara a Oriente Medio o incluso a los países orientales.

“El AKP es una democracia conservadora”, dijo Erdogan en las elecciones de 2002. Pero también está la declaración explícita, de nuevo por Erdogan, del libre mercado, de las privatizaciones y la inversión extranjera en Turquía, también define la relación entre Ankara y Washington como fuerte, incluso con la OTAN y con las Repúblicas, a veces de origen turaniana de Asia Central. La democracia es vista sobre todo como un escudo contra la interferencia del Estado secular.

A nivel geopolítico, Erdogan repite, mezclándolas, las piezas de la estrategia global tradicional turca: un control cuidadoso de los puertos mediterráneos para evitar que las zonas sensibles de Ankara sean objeto de operaciones enemigas. Entonces, aquí está el punto: Chipre. Fue Bulent Ecevit, el primer ministro turco secular y de centro-izquierda, quien ordenó la invasión de Chipre en 1974. Es cierto que Atenas había derrocado, justo antes, al arzobispo Makarios y declarado la Enosis, la unión con Grecia.

Y ahora está la clara negativa de Ankara a aceptar una zona económica exclusiva (ZEE) de Chipre griega, y luego el acuerdo leonino con la Libia de Trípoli —de la Hermandad Musulmana— para lograr una ZEE turca que va de la costa libia tripolitana a la isla (griega) de Kastellorizo y a todo el mar chipriota, con partes de la posible futura ZEE griega.

Como sabemos, las ZEE son zonas que se extienden hasta 200 millas náuticas desde la línea de base de un estado costero y, desde el punto de vista jurídico, son la “territorialización del mar”, ya que permiten la explotación de los recursos naturales del fondo marino.

Italia y Grecia han ratificado recientemente un acuerdo, que luego debe ser firmado por nuestro Presidente de la República, aunque Italia ya tiene una “casi ZEE” en el mar Tirreno, desde el mar de Liguria hasta el mencionado Tirreno, especialmente para la protección de la fauna marina. Atenas y Roma ya han decidido, sin embargo, que para el futuro, deberían hacerlo, dada la visión que Italia tiene de Turquía, y la manía, ya certificada por Cavour, de ir a favor de cualquier diplomático para “estar allí”. La ZEE ítalo-turca será, muy probablemente, la definida por el Tratado de 1977. El acuerdo griego para permitir a 68 de nuestros barcos pesqueros, sobre la base del Reglamento 1380/2013 de la UE, el acceso a las aguas territoriales griegas, también se aplicaría en el futuro.

Nuestros políticos sólo piensan en la pesca, por supuesto importante, pero nunca piensan en cables de Internet, estaciones de defensa remota de áreas relevantes de nuestro territorio, líneas comerciales, vías de primera o segunda respuesta ante operaciones adversas. O congeladores de pescado. Por supuesto, Grecia ha silenciado a Italia, que se ocupa sólo de pulpos, mejillones y atún, con un acuerdo favorable, pero Atenas está examinando sobre todo la proclamación de su “gran ZEE”, que irá, y esto es bien conocido por los turcos, hasta Egipto y gran parte de Chipre.

La próxima medida de Atenas será un acuerdo con sus vecinos, de nuevo para su “gran” ZEE, especialmente con Albania. Pero también Egipto, que tiene la gran cuenca gasífera de Zohr, que descubrió ENI pero que no me extrañaría que se “pasara”, por la generosidad típica de los muertos de hambre, a la propia Grecia, ya que todavía no tenemos negociaciones efectivas de la ZEE con El Cairo. No me gustaría que terminara en un juego, como en el Tratado de Caen en 2015: con los “mapas equivocados” difundidos por casualidad por los franceses que fueron entonces declarados, precisamente, falsos. Me pregunto por qué.

Por supuesto, el Tratado de Caen sigue siendo un secreto cerrado con siete sellos. La “línea media” del agua y todas las demás frescuras jurídicas de la Convención son seguras, como se lee, pero siguen existiendo dudas sobre la protección efectiva de nuestras fronteras económicas, militares, comerciales, políticas y fiscales. Cuando se trata de la ZEE y las fronteras, siempre hay una parte trasera disponible: la nuestra.

Así que este es el escenario principal: a principios de este mes de agosto, después que Turquía llevó a cabo ejercicios navales en todo el Mediterráneo oriental, con la extensión de sus análisis sísmicos del fondo marino. Grecia consideró estas “observaciones” y ejercicios militares completamente ilegales, hubo enfrentamientos, confrontación militar diplomática y luego también marítima, entre Turquía, Grecia, Francia e incluso Italia. También hubo buques italianos y franceses en apoyo operativo de los griegos, pero Turquía ya ha colocado todos sus peones en el Mediterráneo oriental.

El acuerdo de 2019 entre Ankara y el Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA) en Trípoli se refiere principalmente, cabe destacar aquí, la cooperación militar y la jurisdicción marítima. Entre los dos países, Trípoli-GNA y Turquía, la ZEE ya mostró superposiciones bilaterales, tanto en el sur como en el norte, con la Zona Económica Exclusiva Griega y Ankara también tiene la oportunidad de hacer exploraciones, exclusivas, en el mar frente al Estado muy débil del GNA y Al Serraj.

La estrategia mediterránea turca, llamada Mavi Vatan, o “Patria Azul”, se basa en el hecho de que la propagación generalizada de las islas peloponésicas de Grecia “no puede tener un efecto de la exclusión de Turquía hacia el resto del Mediterráneo, y con el acuerdo con Libia del GNA hemos demostrado que no podemos aceptar ningún hecho consumado”. Así lo dice el Ministro de Defensa en Ankara. Defender la autonomía turca y las “manos libres” en el Mediterráneo oriental es, para los estrategas turcos, una prioridad estratégica.

Pero veamos cómo reacciona Turquía a las políticas de gas de Estados Unidos y de la Federación de Rusia, que es el verdadero complot para entender lo que está pasando hoy. El 15 de junio de 2020, el Departamento de Estado de los Estados Unidos desarrolló una política restrictiva para las empresas que operan en North Steam 2, el gasoducto ruso, y también para Turk Stream 2. Las sanciones a Turk Stream 1 y 2 son esenciales para entender las reacciones marítimas actuales de Ankara. TurkStream, repetimos, envía el gas desde Rusia por Turquía, con ramales menores hacia Bulgaria, Grecia, Macedonia del Norte, y es un oleoducto que ha comenzado a operar en enero 2020.

Gazprom, la conocida empresa rusa, y BOTAS, la empresa estatal turca, siguen completando la fase final de TurkStream2. Los intereses turcos en la red TurkStream 2 ahora son marginales. Estos son sólo derechos de paso, que no resuelven la crisis económica turca y los proyectos a veces faraónicos del régimen de Erdogan. Pero Turquía, en este sector del gas, tiene tres objetivos reales: el rápido desarrollo del campo de gas en el mar Negro, en Sakarya, un depósito de 320 mil millones de metros cúbicos, entonces Ankara quiere bloquear la competencia de gas de Rusia y el Mediterráneo, finalmente para promover el gasoducto trans-anatolio, que lleva el gas azerbaiyano a través de Turquía al gasoducto trans-adriático a Grecia, una línea que también podría ampliarse con gas de Israel, el país kurdo iraquí y de Turkmenistán.

Turquía también favorece el paso de los buques que contienen GNL desde el canal de Estambul, aunque pronto estará abierto un canal artificial que conecta 28 millas del mar Negro y el mar de Mármara, hacia Bulgaria, Rumania y Ucrania. El canal se terminaría en 2025, tal vez antes. Los derechos de paso de los buques deberían ser mucho mayores que los de los oleoductos, e incluso podrían cambiar lentamente el equilibrio financiero del Estado turco. Así que Turquía tiene poco interés, o tal vez quede complacida con las sanciones estadounidenses contra TurkStream2.

Casualmente Estados Unidos comienza a convertirse en uno de los principales exportadores de gas licuado cuando comienza la legislación de Washington contra los gasoductos rusos a Europa. En julio de 2018 fue afectado el NordStream2, pero TurkStream no fue sancionado hasta junio de 2019. La industria del gas se encuentra ahora en una etapa muy compleja.

La demanda de gas de la UE disminuyó un 8% de enero a mayo de 2020, pero existe una posibilidad real de que el gas natural pueda participar plenamente en la próxima carrera de hidrógeno, ya que el metano extraído del gas natural puede producir hidrógeno, que también se puede transportar fácilmente en tuberías antiguas. Por lo tanto, no se está haciendo más exploración del gas, dada la volatilidad del mercado mundial y esto mantiene el futuro del gas mediterráneo y, sobre todo, el Mediterráneo oriental en espera. Pero recién en 2018 Turquía redujo su dependencia del gas ruso.

Ankara también importa gas de buques de Qatar, Estados Unidos, Argelia y Nigeria. Hoy Turquía es el tercer importador de gas natural estadounidense en Europa después de España y Francia. Y Ankara descubrió recientemente un nuevo campo de gas natural submarino, el Tuna-1, también en el mar Negro. Así que Turquía ya no depende del gas de los antiguos gasoductos, pero ahora Israel ha ganado su batalla geoeconómica con los acuerdos de Egipto y Jordania como importadores permanentes del nuevo gas natural israelí. Esto se mantendrá, si Chipre sigue estando lejos de la influencia turca en la nueva zona del gas, una reserva que no puede ser prohibida, salvo en casos particulares, por el hegemonismo turco, incluso delante de Egipto o frente al Líbano.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo publicado por International World Group https://www.internationalworldgroup.it/gas-e-navi-militari-ecco-lingorgo-perfetto-nel-mediterraneo-analisi-di-valori/ y traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. 

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