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PODER AÉREO Y PODER NAVAL. LA DEUDA DE LOS GOBIERNOS DEMOCRÁTICOS CON LA SOBERANÍA NACIONAL.

Reinaldo Cesco*

Trucker de la Armada Argentina durante un adiestramiento de vuelo en la Base Aeronaval Comandante Espora (BACE), diciembre de 2020. Imagen: Gaceta Marinera.

Un país de la extensión de Argentina, que tomando la definición del General Juan Enrique Guglialmelli es un país peninsular, es decir es continental, bioceánico y antártico[1], que además es el octavo en el mundo por superficie, y con un extenso litoral marítimo que se prolonga por 4.725 kms, con una plataforma continental de 1.783.278 km², no puede permitirse no tener Fuerzas Armadas y muy particularmente no tener una Fuerza Aérea en condiciones de controlar todo el espacio aéreo nacional, ni una Armada en condiciones de defender el territorio argentino y sus intereses económicos en las aguas territoriales, la cual además debe abastecer a las bases de la Antártida, misión que comparte con la Fuerza Aérea. Del mismo modo, ambas fuerzas deben sostener sus compromisos en operaciones Búsqueda y Rescate (SAR, en inglés) en el Atlántico Sur. Por ley Nº 22.445 el Estado argentino, como miembro de la Organización Marítima Internacional (OMI), aprobó el Convenio Internacional sobre Búsqueda y Salvamento Marítimo —adoptado en Hamburgo (República Federal de Alemania), el 27 de abril de 1979— (Artículo 1º) y designó al Comando en Jefe de la Armada, a través de sus organismos competentes, autoridad de aplicación del instrumento citado (Artículo 2º). Vale recordar aquí la relevante misión que, en noviembre de 1903, llevó a cabo la Corbeta ARA “Uruguay” al rescatar la expedición del científico sueco Otto Nordenskjöld en la Antártida, una página de gloria no sólo para la Armada Argentina sino también para la República Argentina, hecho que también significó nuestra aproximación al continente antártico.

Es oportuno mencionar que a fines de febrero de 2020, ante el pedido de asistencia del buque pesquero de bandera rusa “Atlántida”, ubicado a 400 km al sur de las islas Malvinas, por tener un tripulante enfermo con problemas cardíacos, se destacó al aviso ARA “Islas Malvinas” —que cuenta con médico a bordo—, para su encuentro en momentos en que la meteorología en la zona era desfavorable, con vientos del oeste de más de 70 km por hora y olas superiores a los 5 metros[2].

Aparte de lo anteriormente señalado, es increíble que gran parte de la dirigencia política aún sostenga que no hay hipótesis de conflicto. Parece ser que muchos han olvidado que una parte considerable de la plataforma continental está ocupada por una potencia invasora, con su base de operaciones en las islas Malvinas. ¿O es que hemos ya decidido entregarlas definitivamente al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte? En la práctica no solo las islas están ocupadas de facto por la potencia invasora, sino también nuestro mar, pues ha establecido una zona de exclusión de 200 millas náuticas en derredor de las islas Malvinas en forma unilateral y nuestro país lo ha aceptado sin mayores protestas. O al menos sin protestas de peso. También debe mencionarse el reciente reclamo del gobierno de Chile ante la presentación del nuevo mapa de la República Argentina y su objeción a la extensión de la plataforma continental submarina. En este sentido, es necesario aclarar que “hipótesis de conflicto” no es sinónimo de “conflicto armado”.

Del mismo modo, existen otros conflictos potenciales que están relacionados con la problemática del Atlántico Sur pero incluyen a actores diferentes: estos son China y España, que con sus flotas pesqueras depredan los mares australes sin control alguno, así como los pesqueros de otras banderas.

De esta manera, debe considerarse que se hace muy difícil garantizar la integridad territorial, es decir, velar por la Soberanía Nacional, cuando se está completamente indefenso y sin poder duro.

Como se puede apreciar, las Fuerzas Armadas no son solo un instrumento para mostrar en los desfiles patrios. Ni tampoco son un ente perverso que lleva al país a la ruina. Ya ha pasado mucho tiempo desde el último “gobierno militar”). Sus actuales miembros, salvo alguna excepción, no prestaban servicio en esa época; en la mayoría de los casos eran niños, adolescentes o aún no habían nacido. Es hora de dar vuelta de página y avanzar hacia la reconstrucción de la grandeza nacional, de hacer respetar la Soberanía Nacional y trabajar para que la Argentina ocupe el lugar que le corresponde en la comunidad de naciones. Pero esto, sin Fuerzas Armadas apropiadamente equipadas, instruidas y con la dimensión adecuada no es posible.

En cuanto a la Armada, más allá de la presencia o no de hipótesis de conflicto, es imprescindible equiparla con unidades de superficie modernas y rápidas, de diversos tonelajes, y además hacen falta unidades submarinas, arma estratégica para la guerra pero también para poder detectar en forma sigilosa y eventualmente interceptar los pesqueros que depredan los mares del sur sin control alguno y que huyen cuando los navíos nacionales se acercan, o guiar a estos últimos para lograr la intercepción y captura. Siguiendo esta lógica, se hace imprescindible equipar a la aviación naval con aeronaves de gran autonomía para la exploración y reconocimiento. A la vez, estas aeronaves sirven como plataformas para guiar a las unidades de la flota en su patrullaje. Sin embargo, cabe recordar que el actual gobierno argentino, a principios de 2020, dejó sin efecto una gran oportunidad que consistía en la adquisición de cuatro aviones Lockheed P-3C Orion de patrulla marítima y de patrulla antisubmarina. La venta de esas aeronaves usadas había sido autorizada por el gobierno de los Estados Unidos a fines de 2019. Un mero ejemplo de que la retórica de la Soberanía Nacional no se plasma en hechos. Podrían mencionarse más ejemplos si tomáramos el gobierno anterior del kirchnerismo.

Por otro lado, la recuperación del arma submarina es vital para la defensa de nuestra soberanía. Es un arma de naturaleza ofensiva, pero que además permite la recolección de inteligencia, proporciona reconocimiento avanzado para una flota de superficie, brinda libertad de acción para la misma, sirve además para la infiltración de tropas de operaciones especiales en territorio enemigo, (vale recordar para esto la “Operación Rosario” en la reconquista de las islas Malvinas). Y de ser necesario puede operar en forma aislada.

No debe descuidarse la necesidad que existe de, al menos, dos buques de desembarco. Es lo que permite proyectar una fuerza de ocupación y el efectivo control del terreno en caso de conflicto. Con este propósito, también debe equiparse y aumentar las capacidades de la Infantería de Marina.

De manera tal que para que las Fuerzas Armadas puedan cumplir con su misión específica es necesario suministrarles las capacidades primordiales para la defensa. No se trata de adquirir camiones IVECO militarizados en Brasil, que bien podrían adquirirse a IVECO Argentina o a Mercedes Benz Argentina, lo que a su vez significaría brindar trabajo a operarios argentinos, sino de buques, aviones y material militar, que estén diseñados para el combate. Respecto de la intención de comprar unidades del vehículo 6×6 VBTP-Guaraní —para lo cual el Ministro de Defensa argentino, Agustín Rossi, visitó la planta de IVECO en Sete Lagoas (Minas Gerais)—, cabe destacar que partes de ese vehículo son construidas en la planta de esa empresa en Córdoba: el motor y el chasis[3].

De tal modo que la Argentina necesita, de manera urgente, contar con una Armada óptimamente equipada y entrenada, con los recursos suficientes para no solo controlar, patrullar y proteger nuestros recurso, y además con un poder disuasivo creíble que prevenga que estos actores —y otros que sacan provecho de la actual realidad— coercionen a nuestro país a seguir aceptando esta situación por medio de la fuerza.

Por eso, además de lo antes mencionado, y en función de la extensión del territorio a proteger, y para poder proyectar el poder naval aún más lejos, nuestro país debería considerar seriamente la incorporación de uno, idealmente dos portaviones de mediano tamaño. No inmediatamente, pero si en el mediano a largo plazo, a medida que las finanzas del país lo vayan permitiendo. Inicialmente, y en función de la disponibilidad presupuestaria, se propone incorporar al segundo. Esto permitiría tener a uno patrullando, mientras el otro realiza tareas de mantenimiento y alistamiento. Los recientes ejercicios llevados a cabo por los pilotos de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina de la Armada, en la Base Aeronaval Comandante Espora, con maniobras que simulaban un aterrizaje en portaaviones con un avión Grumman S-2T Turbo Tracker, pone en evidencia que esa fuerza no ha perdido la esperanza de contar nuevamente con un portaaviones.

Los críticos dirán que son onerosos, y es cierto. Difícilmente puedan incorporarse en el corto plazo, pero tengamos en cuenta los miles de millones de dólares que se pierden anualmente por los recursos pesqueros depredados. Según CEPA (Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas) se exporta en promedio US$ 1.600 millones anuales. Mientras tanto en Malvinas de acuerdo con lo que denuncia el sitio Reporte Austral, en su nota del 6 de febrero de 2020, el Reino Unido percibió en el periodo de 1983 a 2015 regalías por US$ 147 mil millones[4]. En promedio significan US$ 4.500 millones por año. Esto solamente tomando en cuenta los recursos pesqueros. Podemos agregar a la ecuación los recursos petroleros perdidos o no percibidos, y entonces veremos que es más oneroso no tener los medios para proteger nuestros recursos naturales. La incorporación de estos a mediano plazo permitiría a la aviación naval aumentar la proyección de su efecto disuasorio. Además de dotarla de aeronaves de exploración se debe reequipar y modernizar a la aviación de ataque y de lucha antisubmarina, tanto sus elementos de ala fija como rotatorias. Ambos son necesarios para tener una adecuada capacidad de lucha antisubmarina.

En cuanto a lo antes expresado sobre la fuerza de submarinos, debería contarse con no menos de quince unidades operativas, al menos en el mediano a largo plazo. Esto es impensable en el corto plazo, por obvias razones, pero debería apuntarse inicialmente a tener al menos seis unidades inicialmente. Pudiendo optarse inicialmente por una versión moderna de los ya conocidos clase TR-1700 o similares. Luego si debería tratarse de llegar a los quince propuestos, siendo idealmente al menos tres de propulsión nuclear. Para estos últimos, podría retomarse el proyecto nacional contemplado en la década de 1970 o, al que alguna vez se consideró para fabricar conjuntamente con Brasil teniendo en cuenta el desarrollo de un reactor argentino. Esto le permitiría a nuestro país sin mayores esfuerzos proyectar su capacidad y presencia en nuestro extenso mar o protegiendo los intereses nacionales a gran distancia, enviando un inconfundible mensaje de que estamos dispuestos a defender el patrimonio nacional.

El razonamiento expuesto anteriormente y los mismos principios pueden aplicarse al conflicto con el Reino Unido. Con esto se logra la economía de medios y se aprovecha el planeamiento por capacidades, de acuerdo con la doctrina vigente.

En cuanto al poder aéreo, debido a la gran extensión territorial y al espacio aéreo a controlar, nuestra Fuerza Aérea debe estar equipada y entrenada para no solo patrullar y proteger al mismo, sino también para detectar e interceptar a cualquier intruso.

Se debe ampliar y redistribuir a la misma para lograr una efectiva cobertura del territorio nacional, incluido el Mar Argentino, las islas del Atlántico Sur y la Antártida.

Debe procederse a la completa radarización del país para controlar el espacio aéreo y proteger el territorio del contrabando y del narcotráfico. Para ello debe equiparse a la fuerza con unidades de interdicción, que estén en condiciones de interceptar a aeronaves de bajas prestaciones.

Asimismo la Fuerza Aérea, y tendiendo a la economía de medios debería estar equipada con cazas multi-rol. Estos tienen la versatilidad suficiente para desempeñar gran parte de las misiones de la fuerza, lo que implica una superioridad aérea, con capacidad de ataque y bombardeo, exploración, etc., contando con un solo vector o plataforma. Quizás la etapa del empleo específico ha sido superada. Debe equipársela en cantidad y calidad suficiente para lograr además la superioridad aérea en caso de ser esto necesario, y que tenga la capacidad de proyectar su poder de fuego más allá del territorio nacional, teniendo en cuenta las hipótesis de conflicto antes descriptas.

La Fuerza Aérea debe tener los medios para el reabastecimiento en vuelo de sus unidades ofensivas —como lo tuvo en oportunidad del Conflicto del Atlántico Sur— y, a la vez, debería ampliar su capacidad logística, gravemente disminuida desde hace casi treinta años.

Entre otros elementos debería modernizarse su capacidad de guerra electrónica y también debería equipársela con, al menos, una docena de bombarderos de alcance medio. Esto pueden realizar misiones de mayor alcance, o que no puedan asignarse a cazas multi-rol, ya sea por la carga ofensiva requerida o por los tiempos de permanencia en el aire o las distancias a recorrer.

Además debería buscarse la complementariedad de medios aéreos con la Aviación Naval. Esto reduce tanto gastos de mantenimiento, como de instrucción y adiestramiento.

Por último, y no siendo la intención de este artículo ahondar en las capacidades del mismo, nos referiremos al Ejército Argentino. No podemos abordar el poder aéreo y naval sin referirnos al poder terrestre, pues éste es el que custodia las instalaciones y el territorio desde donde se proyectan los otros dos.

Este debe estar equipado y adiestrado para defender y ejercer un completo dominio sobre el territorio continental, al menos como misión principal, pero a la vez debe estar equipado para poder proyectar su poder donde la Nación lo requiera y debe estar en condiciones operativas, cuando la situación así lo amerite, de interactuar con la Infantería de Marina, habida cuenta de que nuestro país es un Estado con un extenso litoral marítimo.

También el Ejército debería equipar a su aviación con gran cantidad de helicópteros medianos y livianos y al menos con una docena de helicópteros pesados. Los helicópteros son unas máquinas esenciales para el desarrollo de misiones de despliegue rápido en situaciones de combate pero también para ejecutar operativos de asistencia ante catástrofes naturales. Es imperativo además que el Ejército modernice y expanda su flota de aviones de transporte, tanto ligeros como de mediano porte.

Asimismo es urgente la renovación del parque de vehículos blindados y de transporte, su poder de fuego y capacidades antiaéreas, así como del equipamiento del mismo en general.

Para todo proyecto de modernización y reequipamiento de las Fuerzas Armadas, debería favorecerse las propuestas que logren la efectiva transferencia de tecnología, en especial a lo que armamentos se refiere, logrando una industria bélica moderna y eficiente propia. Ya fue suficiente con la experiencia durante el Conflicto del Atlántico Sur, cuyas limitaciones de equipamiento aún siguen vigentes. Los embargos de armamentos han contribuido al constante deterioro militar argentino, con lo cual no hay que repetir el error. Hay que buscar inicialmente y hasta lograr la independencia tecnológica militar entre los pocos proveedores que estén dispuestos a proveernos y a la vez transferir tecnología.

Actualmente la Federación de Rusia ha realizado una interesante oferta de material con transferencia de tecnología que el gobierno nacional debería considerar seriamente como una gran oportunidad para reconstruir nuestra industria de la Defensa y para abastecer militarmente a otros países de la región.

BTR-80, Transporte blindado de personal. Foto: Rosoboronexport
Rusia ofreció helicópteros Mi-171Sh para el Ejército Argentino.
MiG-29, imagen del avión de guerra con los colores albicelestes. Foto: Russia Beyond.

En conclusión, nuestro país no logrará ser libre y poder decidir su propio destino en tanto y en cuanto no sea capaz de controlar eficientemente su territorio y su espacio marítimo en forma absoluta. Por otro lado, debe alcanzar su independencia no solo en el plano económico, también en el cultural y tecnológico. Para esto debe contar con Fuerzas Armadas que efectivamente proyecten un efecto disuasorio y que estén en capacidad de intervenir satisfactoriamente para salvaguardar los intereses del país cuando la situación así lo amerite.

 

* Desde el año 2006 hasta el 2014 se desempeñó como Oficial Subalterno del Ejército Argentino, ocupando funciones varias, entre ellas las de Instructor de Vuelo y profesor de varias materias en el ámbito de la Escuela de Aviación del Ejército.

Licenciado en Relaciones Internacionales (2017), graduado en la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF) y egresado del Curso superior de Defensa Nacional (2007), también  dictado por la UNDEF.

Actualmente se desempeña como piloto de una aerolínea comercial en Estados Unidos.

 

 Referencias

[1] Juan Enrique Guglialmelli. Geopolítica del cono sur. Buenos Aires: El Cid Editor, p. 78.

[2]“Caso SAR buquepesquero ‘Atlántida’”.Gaceta Marinera, 28/02/2020, < https://gacetamarinera.com.ar/caso-sar-buque-pesquero-atlantida/>.

[3]Diego Marconetti. “El Ejércitoanalizacomprar un blindado con componentescordobeses”. La Voz (Córdoba), 27/10/2020, <https://www.lavoz.com.ar/politica/ejercito-analiza-comprar-un-blindado-con-componentes-cordobeses>.

[4] “Por la pesca en Malvinas, Gran Bretaña percibió 147 mil millones de dólares en concepto de regalia”. Reporte Austral, 06/02/2020, <https://www.reporteaustral.com.ar/noticias/2020/02/06/79719-por-la-pesca-en-malvinas-gran-bretana-percibio-147-mil-millones-de-dolares-en-concepto-de-regalias>.

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LIBIA: LUCES Y SOMBRAS EN EL PROCESO DE PAZ

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de aymen-juha en Pixabay 

Después de seis días de intensas conversaciones a puerta cerrada entre los 75 delegados de las diversas facciones libias convocadas en Túnez por la enviada de la ONU Stephanie Williams, la primera ronda de negociaciones terminó el 15 de noviembre, confirmando el “alto el fuego” pero incapaz de ponerse de acuerdo sobre la selección de candidatos para unirse a un nuevo gobierno de “unidad nacional”.

En los próximos días, Williams ha vuelto a convocar en una “sesión virtual” una segunda ronda de lo que se ha llamado el Foro libio de diálogo político (LPDF), con la ambición de poder formar un ejecutivo capaz de gestionar las elecciones parlamentarias nacionales previstas para el 24 de diciembre de 2021.

La diplomática estadounidense, admitiendo el fracaso parcial de las conversaciones de Túnez, dijo con franqueza que “no era realista encontrar soluciones a un conflicto que ha durado diez años en una simple ronda de negociaciones”. Sin embargo, la Sra. Williams subrayó que se podía llegar a un acuerdo sobre tres aspectos importantes y sensibles de las negociaciones, a saber, los deberes de la nueva Comisión, los criterios para las candidaturas para los puestos gubernamentales y la hoja de ruta del proceso de paz. Añadió que “los políticos libios ahora tienen la oportunidad de ocupar el centro del escenario o terminar extinguiéndose como dinosaurios”.

Palabras duras que revelan decepción en una negociación en la que las partes involucradas (el gobierno de Trípoli liderado por Fayez Al Serraji, la facción Tobruk liderada por el general Khalifa Haftar y las tribus independentistas de Fezzan) están dispuestos a respetar la tregua armada, pero poco inclinadas a hacer concesiones políticas a sus contrapartes.

Ciertamente no fue fácil lograr que las partes interesadas libias, que hasta el verano pasado habían estado luchando entre sí en campo abierto, convergieran en una vía de diálogo político.

Tampoco fue fácil para el activismo entre bastidores de los patrocinadores internacionales de las facciones opuestas: Turquía y Qatar detrás de Al Serraj; Arabia Saudí, los Estados del Golfo, Egipto y Rusia apoyan al “Ejército Nacional Libio” dirigido por el general Haftar, mientras que la Francia del presidente Macron está abiertamente del lado de las tribus Fezzan.

Durante las conversaciones de Túnez, todos los delegados filtraron sistemáticamente a la prensa borradores falsos de posibles acuerdos con el fin de frustrar las propuestas de sus homólogos.

Según la “Agencia Nova”, se han publicado documentos aparentemente oficiales que contenían referencias a los temas realmente en discusión, “contaminados” por partes totalmente inventadas: “borradores reales envenenados recibidos de fuentes libias cercanas al general Haftar”.

También se han difundido rumores maliciosos sobre la posible corrupción de algunos delegados, sobornados con muchos dólares para favorecer el nombramiento en el nuevo ejecutivo de Abdullh al-Dabaiba, el poderoso “señor de la guerra” de Misrata y fundador del movimiento “Futuro para Libia”. Cabe recordar que, gracias a las armas turcas y a los mercenarios islamistas traídos por el presidente Erdogan a Libia desde Siria, las milicias de Misrata rescataron al gobierno de Al-Sarraj del colapso cuando las milicias del general Haftar llegaron a las puertas de Trípoli en abril pasado.

Sin embargo, a pesar de las dificultades, en su informe al Consejo de Seguridad de la ONU, la SRSG interina Stephanie Williams también destacó algunos aspectos positivos de la situación sobre el terreno. En primer lugar, la tregua militar se mantiene: no hay violaciones significativas del “alto el fuego”, mientras “continúa el canje de prisioneros, facilitado por el Consejo de Ancianos, con el apoyo de la Comisión Militar Mixta”.

Otro resultado importante se logró en el sector petrolero: la Compañía Nacional de Petróleo, con el acuerdo de todas las partes involucradas, reanudó la producción de petróleo a gran velocidad, que rápidamente volvió a los niveles del año pasado de 1,2 millones. Sin embargo, la distribución transparente de los ingresos petroleros debe posponerse hasta que se llegue a un acuerdo entre todas las partes involucradas, a la espera de que la Compañía Nacional de Petróleo separe los ingresos de la venta de petróleo en una cuenta especial controlada por la ONU.

Este es un aspecto sensible con respecto directamente a Italia: la reanudación de la extracción de petróleo crudo significa mucho para ENI que, aunque dejada sola por las instituciones nacionales para operar en la peligrosa situación de tensión entre las facciones libias opuestas, ha logrado establecerse como un interlocutor creíble y confiable para mantener sus actividades de extracción, producción y refinación en Libia.

Al concluir su informe ante el Consejo de Seguridad de la ONU, la SRSG interina Stephanie Williams subrayó: “En Túnez, setenta y cinco libios se reunieron… en un esfuerzo de buena fe para comenzar el proceso de curación de las heridas de su nación… extendieron sus manos, si no sus corazones el uno al otro.”

“No sus corazones”: esta es la sombra más profunda que se cierne sobre las conversaciones de Túnez, que arroja incertidumbre sobre un proceso de paz en el que el papel de los actores nacionales a menudo está influenciado y manipulado por los diversos patrocinadores internacionales, y los patrocinadores ciertamente no actúan por razones del “corazón”.

En el frente del gobierno de Trípoli, los dos aliados clave son la Turquía del presidente Erdogan y Qatar, gobernado por el joven Emir Tamin bin Hamad Al Thani.

A pesar de la adhesión del primero a la OTAN y del segundo al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), los dos países han abrazado la causa del extremismo musulmán apoyando más o menos abiertamente a las milicias yihadistas durante los conflictos civiles en Siria, Irak y, más recientemente, en Libia.

Al lado de estos incómodos compañeros de viaje, en un rincón tranquilo y apartado, encontramos a Italia que, en 2016, con un movimiento sin duda políticamente correcto, siguió a las Naciones Unidas, que impuso una solución gubernamental neocolonialista en Libia, al establecer el “Gobierno de Acuerdo Nacional” (GNA) de al-Sarraj, primero en Túnez y luego en Trípoli. Una solución «neocolonialista» porque el GNA no ha sido reconocido por ninguno de los Parlamentos de Trípoli y Tobruk y nunca ha sido legitimado por elecciones ni apoyado por el pueblo.

En los últimos cuatro años, mientras Al-Sarraj apenas controlaba la capital, la diplomacia italiana no parecía capaz de encontrar una política y una línea de acción claras, en una región de vital importancia para el país, que no fuera la del “respeto de las resoluciones de la ONU”, pretexto formal utilizado también por la Unión Europea para justificar su inacción.

Como se ha mencionado, frente al compromiso político militar de Turquía y Qatar de apoyar a Al Serraj, pero sobre todo a las milicias islamistas de Trípoli y Misrata, los Estados del Golfo han roto las relaciones diplomáticas con Qatar, acusando a su Emir de una conducta aventurera a favor de la “Hermandad Musulmana” en toda la región.

Además, junto con Egipto, Francia y Rusia, los Estados del Golfo han establecido una alianza para proteger dos de los tres componentes político-militares libios, es decir, el “Ejército de Liberación de Libia” del general Haftar y las milicias vinculadas a las tribus Fezzan con las que Francia estableció una asociación casi exclusiva.

Mientras que las diplomacias interesadas en Medio Oriente están jugando en varias mesas, basta con pensar en las nuevas relaciones entre los Emiratos Árabes, Bahrein y especialmente Arabia Saudí, con Israel, Italia y Europa, probablemente también a causa de la pandemia, parecen estar inmovilizadas y empantanadas en posiciones pasivas de principio sobre los aspectos positivos del “multilateralismo”.

En efecto. los demás países están tomando medidas también en vista de posibles dividendos políticos y económicos en el futuro, mientras que Italia y Europa, con su actitud de esperar y ver, permanecen al margen para observar, como meros espectadores, el desarrollo de eventos que tienen un impacto decisivo en los nuevos equilibrios mediterráneos del futuro próximo.

Sin embargo, no parece haber buenas noticias sobre los compromisos internacionales de Estados Unidos en la “era posterior a Trump”.

El nuevo presidente, Joe Biden, ha designado a Antony Blinken como nuevo secretario de Estado.

A pesar de ser una persona culta, cosmopolita y educada, no podemos olvidar que, durante las presidencias de Obama, Blinken fue un colaborador cercano de Hillary Clinton, al principio, y de John Kerry, más tarde, es decir, dos protagonistas negativos de las relaciones internacionales y de la política exterior que, con su apoyo ingenuo a las falsas “primaveras árabes”, contribuyeron a trastornar el norte de África y Oriente Medio en nombre de un espejismo que vio un objetivo inalcanzable de la democracia occidental para los países que experimentaban disturbios y levantamientos civiles islamistas.

Después de haber fomentado y apoyado militarmente la revuelta contra el coronel Gaddafi, el Departamento de Estado de Estados Unidos liderado por Hillary Clinton, tuvo que afrontar el sacrificio de su embajador en Libia, Chris Stevens, quien fue asesinado el 11 de septiembre de 2012 en Bengasi, donde había sido enviado para una negociación confusa y fallida con los islamistas de Ansar Al Sharia.

Bajo el liderazgo de Kerry, con Blinken a su lado como subsecretario de Estado, Estados Unidos manejó la crisis siria de una manera política y militarmente imprudente, dejando finalmente el campo abierto a Rusia y Turquía.

Con este telón de fondo, las perspectivas de un regreso a la acción de la diplomacia estadounidense (en parte puesta a descansar por Donald Trump) no son particularmente fascinantes, en un área como Libia donde Italia, a su manera, ni siquiera es capaz de esbozar. una negociación creíble para la liberación de los dieciocho pescadores de Mazara del Vallo, secuestrados por las fuerzas del general Haftar durante más de dos meses.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Porhibida su reproducción. 

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UNA NUEVA GRAN MEDIA LUNA ISLÁMICA: EL EJE TURQUÍA-QATAR DESDE EL CÁUCASO HASTA LIBIA

Giancarlo Elia Valori*

“Turquía tiene profundos lazos de amistad y fraternidad con Qatar y las relaciones entre los dos países han mejorado rápidamente en todos los campos… Ambos países están cooperando activamente en la solución de los problemas regionales”.

Con estas palabras, el sitio web oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía describe brevemente el estado de las relaciones entre Qatar y Turquía. Estas relaciones han influido y seguirán influyendo profundamente en la evolución (o involución) de las relaciones internacionales en una amplia región que va más allá de las fronteras clásicas del Medio Oriente geopolítico y se extiende desde Libia hasta el Cáucaso, pasando por Chipre y la cuenca mediterránea oriental.

“Amigos de tiempos difíciles”: así es como el presidente turco, Tayyp Recep Erdogan, y el emir de Qatar, Tamin bin Hamad al-Thani, de 40 años, se definen a sí mismos.

De hecho, deben ser buenos amigos, teniendo en cuenta que en 2018 el presidente turco aceptó, sin pestañear, el don “personal” de un avión privado valorado en 400 millones de dólares generosamente proporcionado por su joven y muy rico aliado, con quien ha mantenido relaciones muy estrechas durante la última década, con reuniones cara a cara mensuales si no semanales.

El enlace entre Turquía y Qatar tiene dos fechas de referencia muy precisas: diciembre de 2010 y junio de 2017.

Después de los disturbios iniciales y limitados que estallaron en Túnez por la ola de protestas contra el aumento del costo de la vida y por una mayor democracia, también gracias a la sofisticada e incesante estrategia de información (y desinformación) de la estación de televisión Al Jazeera, propiedad del emir de Qatar, las protestas se extendieron rápidamente a Libia, Egipto y Siria produciendo disturbios y perturbaciones que aún persisten.

El mito de las “primaveras árabes” comenzó gracias a Al Jazeera y a la miopía política y la superficialidad analítica del Departamento de Estado de los Estados Unidos, dirigido en ese momento por la “vestal” políticamente correcta, Hillary Clinton.

Fue Al Jazeera quien inflamó las plazas, calles y mentes de todo el mundo árabe y musulmán, llamando a la rebelión contra los “déspotas” e inculcando en Occidente y en los medios de comunicación euroamericanos la idea de que detrás de la insurgencia había una demanda genuina de democracia.

Nos dimos cuenta (con dificultad) de que las cosas no eran como informó la emisora qatarí, después de una década de sangrientos enfrentamientos, guerras civiles y golpes de Estado autoritarios, todos los acontecimientos que mostraron que los “manantiales árabes” no eran más que el intento de la parte más retrógrada del Islam, reunido en torno a la “Hermandad Musulmana”, de finalmente tomar el poder derrocando regímenes seculares más o menos autoritarios, para sustituirlos por gobiernos basados exclusivamente en la Sharia, la ley islámica que exige el más estricto cumplimiento de los preceptos del Corán.

Fue en ese contexto que el enlace especial entre Erdogan y al-Thani se desarrolló y fortaleció. Ambos se dieron cuenta de que si lograban hacerse cargo del liderazgo político de la “Hermandad Musulmana” —lo que no le gustaba a los gobiernos árabes más moderados del Golfo Pérsico— podrían convertirse en los nuevos actores clave de la geopolítica de Medio Oriente.

Esa perspectiva llevó a Turquía y Qatar a apoyar el breve ascenso del “hermano musulmán”, Mohammed al-Morsi, a la presidencia de Egipto en 2012 y a intervenir fuertemente en la crisis siria, con ayuda económica y militar, así como el apoyo de propaganda (siempre con Al Jazeera en acción) contra las fuerzas rebeldes que se oponen al régimen de Assad que fueron rápidamente hegemonizadas y dominadas por los milicianos yihadistas sirios de Jabat Al Nusra y los asesinos iraquíes del “Califa” Al Baghdadi del Isis.

Turquía y Qatar apostaron por la caída de Assad y el giro de Siria hacia una República Islámica que podría apoyar el nuevo papel hegemónico de Turquía en la región, respaldada financieramente por el muy rico Qatar, un Estado que con sus 300.000 habitantes no pudo destacarse frente al país hegemónico del Golfo, a saber, Arabia Saudí.

Las cosas no fueron como deseaban los dos “amigos de tiempos difíciles”. En Egipto los sueños de Morsi y la “Hermandad Musulmana” se destrozaron en 2013, enfrentado a la reacción del ejército dirigido por el general al-Sisi, mientras que en Siria —gracias a la intervención de Rusia— Assad todavía “reinaba” aunque sólo fuera en las ruinas de un país destruido por una guerra civil sin sentido y feroz que causó cientos de miles de muertes entre civiles y la huida de más de un millón de refugiados.

El papel desempeñado por Turquía y Qatar en la agitación de Medio Oriente y las ambiciones de los dos aliados de tomar el liderazgo y sobresalir en la región más sensible del mundo, nos llevan a la segunda fecha significativa en las relaciones entre Erdogan y al-Thani, a saber, el 5 de junio de 2017. Fue el día en que Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto rompieron relaciones diplomáticas con Qatar. Unos días más tarde dieron un duro ultimátum a Qatar imponiendo minimizar las relaciones con la “Hermandad Musulmana” y cerrar la base militar de Tariq Bin Ziyad, ocupada desde 2014 por un contingente de fuerzas armadas turcas. De lo contrario, se impondrían sanciones muy duras.

Con el fin de reforzar la presión, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes enviaron tropas a la frontera con Qatar, detuvieron los vuelos y las comunicaciones terrestres, mientras que, por decisión del Parlamento turco, el contingente turco se fortaleció aún más.

Las sanciones contra Qatar eran muy duras y sólo un transporte aéreo turco podía evitar una grave crisis alimentaria para un pueblo rico pero impotente frente al asedio de sus vecinos.

El apoyo prestado por Erdogan a Qatar, durante lo que se llamó la “crisis del Golfo”, las relaciones marcadas negativa y definitivamente entre Turquía, Arabia Saudí y sus aliados del Golfo, con fuertes repercusiones en el comercio (se pidió un boicot general de los bienes turcos) y en la economía turca en general, que se vio afectada negativamente por la caída de las exportaciones en toda la región.

El activismo sin escrúpulos del líder turco, el despilfarro económico para respaldar el transporte aéreo a Qatar y el compromiso militar en Siria pusieron en crisis la economía de Ankara mucho antes que el impacto económico de la pandemia de Covid-19 se sintiera en Turquía, con efectos devastadores en el nivel de vida de su pueblo.

Sin embargo, el boicot de los países del Golfo, las amenazas de sanciones de Europa y el aislamiento internacional sustancial aún no han limitado el aventurerismo del presidente turco que, como un ávido jugador, está elevando las apuestas en varias mesas con la esperanza de compensar sus pérdidas.

Desde Libia hasta Armenia, desde el Mediterráneo hasta el mar Negro, el líder turco sigue intentando desempeñar un papel destacado, con el apoyo de sus amigos en Doha.

En Libia envió a su propio Jabat Al Nusra soldados y milicianos sirios para luchar junto a las fuerzas leales al presidente al-Sarraj, obligando así a su oponente, el general Haftar, a detener la ofensiva de la primavera-verano pasada (septentrional) en Trípoli.

En Libia, la injerencia turca causó la dura reacción del presidente egipcio, al-Sisi, quien advirtió a los turcos y leales que no cruzaran la “línea roja” al oeste de Sirte, amenazando con enviar tropas terrestres.

En el Mediterráneo la crisis está abierta y lejos de una solución.

Los diseños de Turquía en las zonas económicas exclusivas de la parte turca de Chipre y las islas del Egeo oriental para la exploración y explotación de gas subacuático son duramente y formalmente disputados por Grecia y Francia, mientras que el Egipto de Al Sisi incluso ha involucrado a Israel en proyectos de exploración frente a la costa egipcia.

En el debate sobre las fronteras de las zonas de exploración y extracción de gas en la cuenca del Mediterráneo Meridional y Oriental, Italia no tiene una posición y un compromiso claros, a pesar de la presencia activa de la ENI en la zona, que se quedó sola en la difícil situación libia y mediterránea.

Si bien el dossier sobre la independencia de los kurdos sirios —fuertemente opuestos por Turquía pero apoyados por los Estados Unidos— sigue abierto, el único éxito estratégico parcial logrado por el activismo del presidente Erdogan ha sido en Nagorno-Karabaj, donde, con el apoyo militar turco, los musulmanes azerbaiyanos han derrotado a los armenios en el terreno, obligándolos así a entregar porciones de territorio habitadas por cristianos.

Sin embargo, el éxito turco-azerbaiyano no ha sido completo, ya que las tropas de la Federación de Rusia han sido desplegadas sobre el terreno, con el consentimiento de los beligerantes, para garantizar la tregua. De ahí una victoria pírrica, que todavía permite a Vladimir Putin controlar el territorio en disputa y seguir protegiendo a los armenios de Nagorno Karabaj no sólo con diplomacia, sino también con sus fuerzas armadas.

Con Israel en el fondo, políticamente fortalecido por la apertura de relaciones diplomáticas con Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos, forjado bajo el ojo benévolo de Arabia Saudí, las relaciones de poder desde el mar Negro a Libia están tomando forma y ven a los dos “amigos de tiempos difíciles” volverse cada vez más agresivos, pero probablemente incluso más débiles.

Turquía importa el 60% del gas de Rusia a través de Azerbaiyán y, hasta que pueda explotar los depósitos de las costas turcas del mar Negro, no será capaz de presionar a Rusia, que hasta ahora no ha respondido duramente a las provocaciones turcas, pero sin duda ha demostrado con un Ministro de Asuntos Exteriores como Serguéi Lavrov, que cierra los ojos o inclina la cabeza frente a una nueva media luna islamista.

Con Estados Unidos distraído por el paradójico resultado de las elecciones presidenciales y Europa postrada por la salud, el impacto económico y social de la pandemia Covid-19, no es de extrañar que aventureros políticos internacionales como Erdogan y al-Thany —que no han dudado en apoyar a los peores representantes del extremismo islámico en Medio Oriente, el norte de África, el Cáucaso e incluso Europa— y el eje Qatar-Turquía han mantenido hasta ahora, a pesar de las muchas debacles de sus aliados, debido al frente común erigido por Arabia Saudí y los países del Golfo.

Lo sorprendente es que estos países se han quedado solos, con la excepción de Rusia, Francia, Egipto e Israel, para hacer frente a un eje islamista que esperaría seguir actuando sin perturbaciones en las fronteras meridionales de Europa e Italia.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. 

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