Todas las entradas de: SAEEG

FRACASOS Y CÁLCULOS MILITARES-INDUSTRIALES DE ESTADOS UNIDOS EN AFGANISTÁN

Giancarlo Elia Valori*

Los analistas han señalado que la guerra de 20 años en Afganistán ha demostrado que Estados Unidos no ha podido usar la fuerza para resolver el problema. Me recuerdan a un político italiano que, una vez que comenzó la invasión estadounidense de Afganistán en 2001, dijo en la televisión que la Casa Blanca tenía razón al bombardear ese país para evitar que las mujeres tuvieran que usar el burka. Abogar por la violencia indiscriminada para acabar con otra violencia, aunque dirigida, es inmoral y criminal. Estados Unidos ha tenido cuatro fracasos y un éxito en dólares, que examinaremos gradualmente en este artículo.

La situación en Afganistán sigue evolucionando. Su desarrollo futuro está por verse, pero es seguro que Estados Unidos ha fracasado por completo.

Examinaremos, sin embargo, todos los grandes fracasos que los Estados Unidos han experimentado, que van desde el fracaso militar evidenciado por la escuálida retirada, hasta el colapso de la diplomacia estadounidense y su desacreditada reputación internacional. Mientras Estados Unidos no cambie su estrategia hegemónica, experimentará cada vez más fracasos.

A medida que los estadounidenses huían apresuradamente de Kabul, el modelo occidental dirigido por ellos fue una vez más duramente golpeado. Esto también ha puesto de relieve el hecho de que cada vez que los Estados miembros de la UE se inclinan ante las órdenes de la Casa Blanca y el Pentágono, luego no tienen otra forma que disculparse con nauseabundos gemidos sobre los derechos humanos y dar la bienvenida a las personas más afortunadas que tienen el dinero para huir.

¿Quién no se acuerda de la gente del barco? Eran los ricos vietnamitas del sur que salían de Saigón cuando los helicópteros estadounidenses salieron corriendo del país y dicha gente del barco fue rescatada y atendida especialmente por Francia. El 17 de agosto, la Oficina del Inspector General Especial de los Estados Unidos para la Reconstrucción de Afganistán emitió un informe que indica que a pesar de la enorme inversión y las grandes pérdidas en las últimas dos décadas, debido a la falta de comprensión de la política y la cultura afganas, e ignorando deliberadamente la voluntad de los afganos, los Estados Unidos en Afganistán han perseguido y apreciado una ilusión “condenada al fracaso desde el principio”.

Según algunos observadores, este informe de 140 páginas fue escrito mucho antes de que Estados Unidos se retirara apresuradamente de Afganistán y revela en detalle por qué Estados Unidos ha invertido tanto en Afganistán en las últimas dos décadas, pero finalmente fracasó.

El informe señala que las políticas de los sucesivos gobiernos estadounidenses han ignorado la situación actual en Afganistán y la voluntad del pueblo afgano, y han tratado de imponer por la fuerza un modelo de desarrollo que estaba seriamente fuera de contacto con la realidad en Afganistán. Esa política estaba condenada al fracaso desde el principio. Según el informe, muchos funcionarios estadounidenses dijeron que Estados Unidos siempre había “carecido de la comprensión más básica” de Afganistán. Estados Unidos “no sabía qué hacer allí”, pero a pesar de las advertencias de expertos estadounidenses concienzudos, no logró influir en las administraciones anteriores que enfatizaron y se jactaron de sus supuestos éxitos allí.

El Inspector General Especial de los Estados Unidos para la Reconstrucción de Afganistán, John F. Sopko, señaló en el informe que los políticos estadounidenses eran “muy ignorantes” sobre Afganistán al más alto nivel estratégico y a menudo trataban de “reprimir y eliminar el verdadero Afganistán” aplicando la visión de su propio “Afganistán imaginario” americanizado y comportándose de una manera que creaba razones para el conflicto con la población local.

Sopko también declaró que había graves problemas de corrupción y desperdicio de recursos en el sistema en el que se basaban los Estados Unidos para operar en el país: muchos proyectos de reconstrucción en Afganistán costaban mucho dinero, pero al final quedaban inevitablemente inconclusos.

El informe también señala que en las últimas dos décadas Estados Unidos no ha podido establecer con éxito un modelo operativo sostenible en Afganistán, mientras que, con la retirada apresurada, incluso los pocos resultados frágiles logrados están destinados a ser eliminados.

Algunos comentaristas creen que el fracaso del llamado “modelo afgano” estadounidense ha borrado la falsa ilusión de fuerza y prosperidad que los Estados Unidos han mantenido a través de su grandioso poder blando. La retórica es siempre la misma. Debemos tratar a los países deshonestos como lo hicimos durante la Segunda Guerra Mundial con la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón militarista. Debemos bombardearlos y masacrarlos para que se establezca la democracia y se vuelvan buenos.

Es un error equiparar a Alemania, Italia y Japón con los países musulmanes del Cercano y Medio Oriente: los primeros ya tenían tradiciones representativas democrático-burguesas-liberales. Con la Restauración Meiji (1866-1869), el propio Japón, con el objetivo de emancipar al país de las potencias occidentales, promovió un proceso de reforma inspirado en los sistemas estatales occidentales que, especialmente gracias a la contribución de Itō Hirobumi (1841-1909), culminó con la adopción de la Constitución Meiji, la primera Constitución en el sentido moderno en Asia. Mi íntimo amigo y gran Ministro de Asuntos Exteriores, Gianni De Michelis -quien, a diferencia del actual Ministro de Asuntos Exteriores, no fue a la orilla del mar en tiempos de crisis- solía decir que todos los problemas de un Estado deben resolverse de acuerdo con la voluntad de su pueblo y no con la llegada de belicistas violentos y bestiales.

En última instancia, los Estados Unidos lanzaron la guerra en Afganistán en nombre de la lucha contra el terrorismo, pero ¿qué logró? En los últimos veinte años, las organizaciones terroristas en Afganistán se han multiplicado. En las últimas dos décadas, miles y miles de afganos han sido asesinados o heridos bajo fuego “amigo” de los Estados Unidos y sus aliados, y más de diez millones de personas han sido desplazadas.

La guerra en Afganistán ha causado una pérdida promedio de 300 millones de dólares estadounidenses por día durante veinte años, costando más de 2.260 mil millones de dólares estadounidenses. Además de las innumerables muertes.

Hasta abril de 2021, ha habido 47.245 víctimas civiles; 66.000 soldados y policías afganos muertos; 51.191 muertes de los talibanes y otros opositores, quienes, leyendo la prensa occidental, parecen ser inmortales porque son los malos.

El ejército estadounidense sufrió 2.448 bajas y 3.846 mercenarios estadounidenses y combatientes extranjeros murieron. Las víctimas de otros Estados miembros de la OTAN fueron 1.144.  También murieron 444 trabajadores humanitarios y 72 periodistas. Todo esto ha reducido severamente el desarrollo económico y social del país.

Los hechos han demostrado una vez más que la intervención militar y la política de poder de los Estados Unidos desde la década de 1950 han sido impopulares y finalmente han fracasado.

Un modelo extranjero no puede imponerse rígidamente en un país con una historia, cultura y condiciones nacionales completamente diferentes, como si su gente estuviera criando pollos que se convierten en leones con el tiempo. Resolver los problemas con el poder y los medios militares solo aumenta los problemas no para los Estados Unidos, que ha visto florecer y prosperar su industria de guerra en los últimos veinte años, sino para los Estados miembros de la UE, especialmente con los inminentes problemas de refugiados y Covid-19.

Ya sea Corea, Vietnam, los países latinoamericanos (Nicaragua, Granada, Panamá, etc.), Iraq, Siria, Libia o Afganistán, hemos visto que dondequiera que intervengan las fuerzas armadas estadounidenses, sigue habiendo disturbios y división, familias rotas y devastación.

Probablemente incluso el presidente Biden se haya dado cuenta, ya que en un discurso reciente ha dicho que no cometería el error de invertir demasiada energía en las guerras civiles de otros países y remodelar otros países a través de una intervención militar sin fin.

Esperemos que los Estados Unidos puedan reflexionar seriamente sobre su política de intervención militar y violencia en todo momento, y detener su interferencia desenfrenada en los asuntos internos de otros países bajo el pretexto de la democracia y los derechos humanos, así como dejar de socavar la paz y la estabilidad de otros países y regiones. Todo esto solo para beneficiar a su propia industria de guerra, la única que ha surgido con éxito del derramamiento de sangre afgano.

Con miras a mantener su producción de armas, los Estados Unidos han experimentado cuatro fracasos: un fracaso político nacional (sus propios ciudadanos que murieron por nada); una militar (la derrota); un fracaso político internacional (la amargura y la decepción de sus aliados) y un severo daño a la reputación internacional (ciudadanos extranjeros asesinados por razones imperialistas y desprecio por sus aliados, nada que ver con el eslogan propagandístico al estilo de Don Milani, me importa).

Las élites estadounidenses a menudo dan por sentado que la democracia estadounidense es el camino hacia la prosperidad y resuelve todos los males de la sociedad. Después del derrocamiento del régimen talibán en 2001, Estados Unidos tenía la ambición de hacer de Afganistán un «país democrático modelo», con el surgimiento de partidos y movimientos, así como la aceptación de los valores negativos occidentales y la demolición de las manifestaciones de Dios. En cambio, no solo no unió a todos los grupos étnicos, sino que intensificó las contradicciones dentro de las élites afganas, a quienes los propios Estados Unidos habían financiado y entrenado (incluidos los talibanes) cuando se trataba de repeler a los soviéticos de 1979 a 1989.

Mirando hacia atrás a los 20 años de guerra en Afganistán, así como al caos dejado en Iraq, Libia, Siria y otros países, un número creciente de personas se está dando cuenta de que Estados Unidos está lejos de ser el “gran país” que presumía de ser. A menudo es una fuerza destructiva: la “paz” que esperan es, ante todo, arrebatada a los pueblos. El “modelo democrático” que vende su propio poder blando se reduce a una máscara al estilo Munk para la intervención militar y la política de poder.

Enterrada bajo el “faro de los derechos humanos” está la oscura historia de personas en otros países, abusadas y asesinadas por la industria de la guerra, así como la dolorosa vida cotidiana de decenas de miles de civiles inocentes torturados por las llamas de la guerra, que ahora buscan refugio en Europa, mientras se levantan muros en los Estados Unidos para ahuyentarlos del vecino México.

Según algunos informes, siete regimientos de las fuerzas del gobierno afgano han perdido por completo su eficacia de combate, y todas las tropas han entregado sus armas y equipos a los talibanes. Los talibanes han publicado en las redes sociales fotos y vídeos de los ricos trofeos incautados en varias antiguas bases militares estadounidenses. Los talibanes son una fuerza que representa al país y esta es la razón por la que, en cierto momento, la vergüenza de muchos soldados afganos en la lucha contra compatriotas a sueldo de extranjeros se ha vuelto insoportable.

La retirada de Estados Unidos de Afganistán fue como el vuelo desde Saigón: helicópteros flotaban inciertos y sobrecargados en el aire; los funcionarios de la Embajada bajaron la bandera, quemaron documentos confidenciales y Estados Unidos continuó enviando más soldados para ayudar con la evacuación: una película que ya hemos visto. La fuga apresurada atrajo grandes críticas de todos los sectores.

No importa cómo el gobierno de los Estados Unidos oculte y justifique la política catastrófica de retirada de tropas. No solo ha generado críticas en los propios Estados Unidos, sino que también ha causado un declive sin precedentes en la imagen y reputación internacional de los Estados Unidos. Una protesta fue organizada fuera de la Casa Blanca el 15 de agosto pasado. Los manifestantes eran afganos con ciudadanía estadounidense y mostraron su enojo para protestar contra el engaño del gobierno. Esa ira también fue expresada por ex soldados estadounidenses que habían participado en la guerra en Afganistán y simpatizaban con sus conciudadanos de origen afgano.

El mundo ve muy claramente cómo Estados Unidos trata a sus aliados en Afganistán. Maria Vladimirovna Zakharova, Directora del Departamento de Información y Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Federación de Rusia, dijo en una entrevista: «Durante veinte años, la OTAN y los Estados Unidos han estado entrenando fuerzas políticas en Afganistán. Ahora están trasladando la responsabilidad al liderazgo político afgano que ellos mismos han nutrido y educado».

Hussein Haqqani, ex embajador paquistaní en los Estados Unidos, dijo: “El abandono del gobierno afgano por parte de la Casa Blanca hará que muchos aliados de los Estados Unidos reconsideren sus compromisos con los Estados Unidos”. Una clara advertencia de uno de los aliados más importantes de Washington en la región, ya preparado para reconocer al nuevo gobierno talibán.

Este tipo de fracaso diplomático no solo afectará a la ya débil e incierta Administración del presidente Biden, sino que también dañará seriamente la credibilidad de Estados Unidos en el mundo.

La humillante retirada de las tropas atrajo críticas no solo de los políticos estadounidenses, sino también de los medios de comunicación estadounidenses. CNN declaró irónicamente que la retirada y el fracaso de las tropas de la Administración Biden no solo mostró su mala gestión, sino que también reveló que “la visión de Estados Unidos de construir un país que funcione es ilusoria”. Los propios políticos locales llaman a los Estados Unidos en Afganistán el mayor fracaso de la política exterior en décadas. ¿Cuál es la razón del fracaso de Estados Unidos en Afganistán?

El pasado 17 de agosto, el presidente de un aliado de la OTAN, la República Checa, Miloš Zeman, dijo en una entrevista exclusiva: “Ya había criticado la retirada en la Cumbre de la OTAN celebrada en Londres hace un año y ahora en la Cumbre de la OTAN celebrada en Bruselas. Estaba mirando a Trump y Biden a los ojos, diciéndoles que era cobardía. Creo que, al abandonar Afganistán, Estados Unidos ha perdido el prestigio de un líder mundial y la propia OTAN ha planteado dudas sobre la legitimidad de su existencia”. ¿Sería capaz un italiano de decir esas cosas? La cobardía no tiene efectos positivos. Todo lo contrario. Brinda a los talibanes oportunidades sin precedentes.

La falta de credibilidad internacional hace que los aliados sean conscientes de no tener que negociar y aceptar los diktats estadounidenses, sino de tener que cuidarse a sí mismos y a su política exterior.

Después de llegar al poder, la Administración del presidente Biden anunció que “Estados Unidos está de vuelta en el escenario internacional”, declarando así al mundo que el multilateralismo recuperaría su lugar. Sin embargo, en el tema de la retirada de tropas de Afganistán, la Administración Biden no negoció con sus aliados (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, la República Checa, etc.), sino que decidió y creó el fait accompli y obligó a los demás a seguir su propia retirada. Muchos afganos que habían trabajado para los Estados Unidos fueron abandonados. El New York Times informó que esto significó “el fin de la era estadounidense” y fue «otro golpe a la imagen y reputación de Estados Unidos en el extranjero».

Antes de la caída de Saigón (30 de abril de 1975), el presidente de Vietnam del Sur, Nguyen Van Thieu, había denunciado a Estados Unidos por traicionar a su país como “inhumano, poco confiable e irresponsable”. Lo mismo está sucediendo ahora en Afganistán. Estados Unidos solo quiere retirar sus tropas de Afganistán lo antes posible. Como comentó el analista de defensa francés François Heisbourg: “La idea de que Estados Unidos no es confiable se arraigará más profundamente debido a Afganistán”. Creemos que si Estados Unidos no aprende también de Afganistán, registrará cada vez más fracasos.

Según la Chicago Council on Global Affairs Survey (“Encuesta del Consejo de Asuntos Globales de Chicago”) publicada el 9 de agosto de 2021, cuando se les preguntó si apoyan o se oponen a la decisión de retirar las fuerzas estadounidenses de Afganistán para el 11 de septiembre de 2021, el 70% de los encuestados estadounidenses la apoyan y el 29% se oponen a ella.

The Stars and Stripes”, el diario del Departamento de Defensa, publicado el 16 de agosto pasado, publicó un titular en su portada: “Se acabó: el experimento de 20 años de Occidente para transformar Afganistán ha terminado”. El final de este coqueteo es impactante. Afganistán ha sido desechada como una iniquidad por los Estados Unidos, y su dirección futura aún está por verse. Pero cualquiera que sea el camino a seguir para Afganistán, Estados Unidos nunca podrá borrar su historia extremadamente vergonzosa.

Para concluir, echemos un vistazo rápido a las relaciones internacionales del antiguo Emirato Islámico de Afganistán (1996-2001), gobernado por los talibanes. Fue plenamente reconocido por tres aliados de Estados Unidos, a saber, Pakistán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, así como por la República Chechena de Ichkeria (1994-2000) y el incierto Turkmenistán.

¿Quién crees que reconocerá hoy al resucitado Emirato Islámico de Afganistán? En mi opinión, los amigos estadounidenses más leales en el Cercano y Medio Oriente y muchos otros, desde que los talibanes -al menos en estos cuarenta y dos años que han transcurrido desde la invasión soviética- han demostrado ser los más fuertes y sólidos. En las relaciones internacionales, los hechos cuentan, no los discursos para convertirse en diputado o senador y ganar los votos de personas crédulas.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

©2021-saeeg®

DIVIDE Y REINARAS. EL RECLAMO DE CHILE.

César Augusto Lerena*

A propósito del conflicto generado entre Chile y la Argentina con motivo de la oportuna delimitación de nuestro país de la plataforma continental, es interesante efectuar algunas precisiones al respecto, destinadas a esclarecer al común de los argentinos, en un tema de gran complejidad.

Empezaré por decir que la “plataforma continental” según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) comprende el lecho y subsuelo por debajo del mar, que se extiende a lo largo de la prolongación natural del territorio hasta el borde exterior del margen continental. No comprende el fondo oceánico ni el subsuelo de éste. Cuando este margen se extiende más allá de 200 millas marinas desde las líneas de base (la Zona Económica Exclusiva), los Estados ribereños, indica la Convención, delimitarán el límite exterior de la plataforma continental hasta las 350 millas marinas.

La Argentina, en 1995, mediante la Ley 24.543 ratificó la CONVEMAR, por tal motivo, creó la Comisión de Límites de la Plataforma Continental Argentina (COPLA) que, desde su formalización por la Ley 24.815 de 1997, elaboró un trabajo interdisciplinario excepcional que transcurrió durante varios gobiernos (Menen, De la Rúa, Kirchner, Fernández de Kirchner), de modo de cumplir con lo previsto en el artículo 76º (inc. 8 y 9) que establecía: «El Estado ribereño presentará información sobre los límites de la plataforma continental más allá de las 200 millas marinas (…) a la Comisión de Límites de la Plataforma Continental…» para lo cual, «depositará en las Naciones Unidas las cartas e información pertinente que describa el límite exterior de su plataforma continental…».

Como consecuencia de ello, la referida Comisión de Límites, que funciona en la O.N.U. pero no pertenece a esta Organización, sino que fue creada por la CONVEMAR (Anexo II art. 1 a 3), compuesta de 21 miembros, analizó la voluminosa documentación que la Argentina presentó el 21 de abril de 2009, mediante la cual solicitó la recomendación por parte de esta Comisión de 1.782.000 km2 de plataforma continental por fuera de las doscientas millas marinas; la cual, el 28 de marzo de 2016 y el 17 de marzo de 2017 recomendó la aprobación de solo 351.633 km2 por cuanto 1.430.367 km2 no fueron tratados —por entender ese Cuerpo— que eran espacios relacionados a Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, en disputa con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Ya en el año 2020 este gobierno promovió —a mi juicio innecesariamente— la sanción en el Congreso de la Nación de la Ley 27.557 resaltando una supuesta reafirmación soberana sobre espacios que en su mayoría —como dije— estaban en disputa con el Reino Unido, con el objeto evidente de satisfacer políticas domésticas.

Por su parte, la República de Chile, no efectuó similar presentación ante la referida Comisión de Límites y si, bien no hay plazos porque la plataforma continental es “inherente” a los Estados, es particularmente notable la falta de observación oportuna de Chile, ya que por un lado los técnicos que integraban la Comisión recomendaron por unanimidad la presentación argentina en los kilómetros cuadrados indicados, que incluían el espacio, hoy reclamado por Chile y, tampoco el país vecino efectuó observación alguna, entre la presentación y la recomendación a Argentina (entre 2009 y 2017) y, recién el pasado 27 de agosto de 2021 el gobierno de Sebastian Piñera cuestionó por Decreto los espacios informados por la Argentina, entendiendo que en el sur de Tierra del Fuego, se podría estar cercenando derechos chilenos relativos a la isla Diego Ramirez y, fundado en que Chile, pretendería proyectar su plataforma continental al este de las coordenadas establecidas en el artículo 7º del Tratado de 1984.

Es difícil entender el reclamo chileno ya que, correspondería indicar los límites que se acordaron entre ambos países por el Tratado con Chile de 1881, el Protocolo Complementario de 1893 y, especialmente por el Tratado de Paz y Amistad de 1984, donde se estableció una línea divisoria en las coordenadas 67º 16’ que delimita claramente a ambos países: «El límite entre las respectivas soberanías sobre el mar, suelo y subsuelo de la República Argentina y de la República de Chile en el mar de la Zona Austral a partir del término de la delimitación existente en el Canal de Beagle será la línea que una los puntos que a continuación se indican y que se identifican con líneas y los puntos A, B, C, D. E y F, donde se indica que desde el punto E el límite continuará hacia el Sur hasta el punto cuyas coordenadas son 58° 21’,1 de latitud Sur y 67° 16’,0 longitud Oeste identificado como punto F.

A esta altura suscribo a la expresiones del Coordinador del Departamento del Atlántico Sur del IRI el Dr. Carlos Alberto Biangardi Delgado en el sentido de que “Argentina y Chile se han reconocido mutuamente derechos de soberanía sobre una porción del cuadrante antártico suramericano: promover la defensa conjunta de la misma dentro del Sistema del Tratado Antártico, ya que los actores extrarregionales que operan hoy en la Antártida dificultarán al extremo una acción individual exitosa de cada uno de estos países (…) lo importante es no ser funcional al juego de todos aquellos interesados en dividirnos, solucionando este nuevo diferendo dentro del amplio marco que nos ofrecen las herramientas del Derecho Internacional (…) y promover la defensa conjunta del cuadrante antártico suramericano reclamado por ambos países, partiendo de la base del mutuo reconocimiento de la soberanía sobre el mismo”.

Dicho esto, no deja de llamar la atención la innecesaria confrontación en estos momentos, en que ambos países enfrentan procesos electorales y Chile lleva además adelante, una reforma Constitucional, a la par de que la Argentina, sufre una invasión británica de 1,6 millones de km2 de sus mares y territorios insulares en el Atlántico Sur; la explotación de sus recursos naturales; más la pretensión del Reino Unido de disputarnos millones de km2 de plataforma continental y la Antártida.

Este reclamo chileno, debería resolverse entre ambas Cancillerías, evitando pasar por arbitrajes que tensionan, respetándose las mutuas soberanías y de la manera más efectiva, para que estas diferencias no sean funcionales a intereses ajenos a Suramérica.

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Provincia de Corrientes). Ex Profesor Universidad UNNE y FASTA. Ex asesor en la Honorable Cámara de Diputados y en el Senado de la Nación. Doctor en Ciencias. Consultor, escritor, autor de 26 libros (entre ellos “Malvinas. Biografía de la Entrega”, 2009) y articulista de la especialidad. En prensa: “Argentina. La Casa Común. La Encíclica Laudato Si’ El Cuidado de la Casa Común. Comentada”, 2021. Miembro de la SAEEG.

 

Artículo publicado por “El Economista. Internacional”, 31/08/2021, https://eleconomista.com.ar/2021-08-divide-y-reinaras-reflexiones-sobre-el-reclamo-territorial-de-chile/

EXPORTACIONES – PIDAMOS A LOS REYES MAGOS

Iris Speroni (gab: https://gab.com/Iris_Speroni)

Entonces tendremos que la exportación será el motor y las inversiones el acoplado enganchado a ésta.

 

Durante esta semana (del 23 al 27 de agosto de 2021), las autoridades nacionales expusieron sobre el futuro inmediato en temas económicos ante la Comisión Bicameral de Deuda del HCN y ante el Consejo de las Américas.

Uno de ellos sostuvo que la Argentina debe volver a exportar US$ 83 mil millones (2011); agregó su predicción de llegar a US$ 70 mil millones a la brevedad.

Al mismo tiempo el ministro de economía afirmó ante los legisladores que el dólar oficial llegará a los $ 104 a fin de año.

Ambas afirmaciones son inconsistentes entre sí.

Veamos las cifras de cerca:

* Dato provisorio para los años 2018, 2019, 2020 y 2021
e  Dato estimado para exportaciones de julio de 2021
Fuente: INDEC, Dirección Nacional de Estadísticas del Sector Externo y Cuentas Internacionales. (https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-3-2-40)

Tras la maxidevaluación del gobierno de Duhalde las exportaciones argentinas crecieron ininterrumpidamente hasta alcanzar los US$ 70 mil millones en el 2008. Tras el conflicto con el campo, cayeron, para recuperarse hasta lograr el máximo en la historia de nuestro país de US$ 83 mil millones en el 2011.

A partir del segundo mandato de Cristina Fernández, la cartera de economía y las autoridades del BCRA implementaron un sostenido retraso cambiario.

En estos cuatro años cambiaron los hombres tanto al frente del BCRA como de la cartera de economía, pero las políticas fueron constantes: retraso cambiario a cualquier costo.

¿Qué pasó durante el gobierno de Macri?

En la primera mitad de su mandato tomó dos medidas en favor de quienes producen bienes y servicios exportables: aumento del tipo de cambio y supresión y/o reducción de los derechos de exportación. Sin embargo los resultados se vieron dos años después, con una situación distinta. Los fondos de inversión que en el 2016 habían comprado deuda de corto plazo, decidieron retirarse a pesar de una tasa de 80% anual en pesos. Tras asegurarse las elecciones de mitad de término, Macri y su equipo subieron los derechos de exportación (incluidos servicios) y retrasaron el tipo de cambio, a pesar de la crisis de deuda —solucionada por la intervención del FMI— y de la inflación galopante.

Esto demuestra:

  1. que el cambio en políticas de comercio exterior y tipo de cambio no tiene resultados inmediatos sino que hay un leve diferimiento.
  2. que intrínsecamente la política económica del segundo mandato de Cristina Fernández y de Mauricio Macri no revistieron grandes diferencias.

La caída del salario consecuencia de las medidas de gobierno post-elecciones 2017 implicaron caída de consumo interno y, por lo tanto, caída abrupta de importaciones.

Conclusiones

La caída de actividad del país en los últimos 10 años es una consecuencia directa de la caída de exportaciones.

En efecto, la demanda total de un país está compuesta por tres rubros:

  1. exportaciones,
  2. mercado doméstico,
  3. inversiones.

Nadie invierte si no piensa ganar dinero ya sea al exportar o al vender a sus compatriotas; por lo tanto c es consecuencia de (a o b) o de (a y b).

En una economía en retroceso, no hay forma de fortalecer el mercado interno porque no existe herramienta útil que financie el aumento de ingresos de la población, verdadero motor de la demanda interna.

Los gobiernos entran siempre en la trampa de estimular artificialmente el consumo ya sea con créditos a las familias, aumento de sueldos de la administración pública o compras estatales, en particular la obra pública. Nada de eso funciona, como ya se ha demostrado una y otra vez en los últimos años. Financiar obra pública con inflación implica bajarle el poder de compra a los asalariados a razón del 3% mensual. ¿Para qué? ¿Para crear 1000 trabajos temporarios de 4 ó 6 meses a sueldos mínimos de convenio? Es más el daño que el beneficio. Bajo toda la masa salarial del país un 3% para que 1000 ó 2000 personas tengan empleo por 3 meses. No funciona, porque no puede funcionar. No debe funcionar. Lo mismo sucede con el plan Ahora 12 ó préstamos a los beneficiarios de ANSES o similares. Estimulan la compra de bienes durables, en su mayoría compuestos por componentes importados. Al final del recorrido el gobierno incentiva las importaciones.

Por lo que la única forma de hacer arrancar el país es vía la exportación. De servicios (software, consultoría, auditoría, docencia, arte[1]), bienes industriales, bienes agropecuarios, pesca, minería[2], petróleo y derivados.

Toda la recuperación del país desde que asume Duhalde hasta que en el 2011, cuando la presidente Cristina Fernández hizo un viraje, se basó en el aumento de las exportaciones[3]. Cuando Cristina Fernández desenchufó las exportaciones, se cayó la economía, perdió las elecciones. Es un misterio para mí por qué la presidente desechó un programa que le fue exitoso.

El proceso que a CF le llevó 4 años (2011-2015), Macri lo liquidó en la mitad de tiempo (2017-2019).

La única forma de estimular las exportaciones es con un tipo de cambio competitivo, reducción y/o eliminación de los derechos de exportación.

Cuando se sature la capacidad de producción harán falta inversiones. Entonces tendremos que la exportación será el motor y las inversiones el acoplado enganchado a ésta. Para facilitar este proceso es conveniente eliminar los adelantos impositivos que encarecen artificialmente las inversiones.

Los reintegros, créditos selectivos, etc., sólo sirven para enriquecer funcionarios corruptos que eligen quién sí y quién no los recibe.

Un aumento de las exportaciones y de las inversiones consecuencia de las mismas llevará a más empleo y a una presión al alza de los salarios. A su vez, esto provocará un incremento de la demanda interna.

Por lo cual las medidas para aumentar exportaciones e inversiones son claras:

– aumento del tipo de cambio,

– baja y/o eliminación de los derechos de exportación,

– eliminación de los adelantos impositivos.

Para aumentar el consumo interno:

– eliminación de todo impuesto sobre los alimentos y bebidas, combustibles y servicios públicos[4].

Para quienes sostienen que sin los ingresos del IVA no pueden hacer funcionar el estado, les recuerdo que durante el año 2020 todo lo recaudado por IVA fue equivalente a los intereses pagados por el Tesoro Nacional. Y que los intereses triplicaron el costo de la totalidad de los sueldos de la administración pública. Podemos vivir perfectamente sin IVA, el impuesto que pagan los pobres de nuestro país.

De escuchar a las autoridades esta semana, se comprueba que pretenden seguir con la actual agenda: deuda a 7 días del BCRA, dólar atrasado y rogar a los Reyes Magos que aumenten las exportaciones.

Adoración a los Reyes Magos, El Greco, 1568.

* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).

 

Referencias

[1] Venta de derechos musicales, libros, películas, revistas, fueron grandes exportaciones de la Argentina por décadas. Parte de ese negocio se arruinó cuando durante el gobierno de Menem se vendieron todas las editoriales a los españoles. Pasaron de promocionar a nuestros autores a hacerlo con los propios. Gran parte del conocimiento internacional de Borges, Bioy Casares, Córtazar, Roa Bastos u Onetti se debe a méritos propios y parte a que tenían una sólida industria editorial detrás. Lo mismo puede decirse con nuestros músicos y nuestra industria filmográfica que colocaba toda su producción en Hispanoamérica y lugares tan impensados como la Rusia soviética.

[2] ¿Usted sabía que Gran Bretaña está detrás de las explotaciones de litio?

https://www.bloomberglinea.com/2021/08/11/reino-unido-financiaria-la-produccion-de-litio-en-catamarca/

[3] Durante ese período 2003-2011 no sólo se exportaba soja. Hace una década atrás las EXPO de maquinaria agrícola era de US$ 200 millones. Actualmente es sólo un tercio de esa cifra.

[4] La caída del precio de los productos que integran la canasta básica aumenta la capacidad de compra del salario. El combustible compone el 20% del costo de todos los bienes.

 

Publicado originalmente por Restaurar.org http://restaurarg.blogspot.com/2021/08/exportaciones-pidamos-los-reyes-magos.html