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¿REENCONTRARÁ —LA DIRIGENCIA OCCIDENTAL— EL SENDERO DE “LA PAZ WESTFALIANA” EN EL SIGLO XXI?

Heriberto Justo Auel*

“La celebración de la Paz de Münster el 18 de junio en el cuartel general de los ballesteros cívicos de Amsterdam” por Bartholomeus Van der Helst.

Si quieres la Paz, prevé la guerra”

Flavio Vegecio Renato (S. IV a. C.)

No hay otro camino para guardar la paz, que estar preparado para la guerra”

Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

“Si quieres la Paz, conoce a la guerra”

Gastón Bouthoul (1896-1980)

 1. La Paz de Westfalia.

2. La Geopolítica de la Paz.

3. El choque de las culturas.

4. Candidatos “globalistas” —palomas— y candidatos “contrarrevolucionarios” —halcones—.

 

1. La Paz de Westfalia

La Paz de Westfalia se alcanzó con los tratados de Osnabrück y Münster de 1648, en la región histórica de Westfalia. Con ellos finalizó la “Guerra de los Treinta Años” en Alemania y la “Guerra de los Ochenta Añosentre España y los Países Bajos. En ellos actuaron el Papado, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico —Fernando III de Habsburgo— las Monarquías de España, Francia, Suecia y las Provincias Unidas —Países Bajos— y los Electores de Brandeburgo y de Sajonia.

Dio lugar al primer congreso diplomático moderno e inició un “nuevo orden” en Europa Central, basado en el concepto de soberanía nacional. Estableció el principio de que la “integridad territorial” es el fundamento de la existencia de los estados, frente a la concepción feudal de que territorios y pueblos constituían un patrimonio hereditario. Por esta razón, marcó el nacimiento del Estado Nación.

Existe —entre los politólogos y estrategas teóricos occidentales— una fuerte sospecha de que el fin de la Guerra Fría —1989/91— daría lugar a un “nuevo orden” —homólogo al “westfaliano”— que ya presentaría algunos indicios de existencia. En ese ámbito, la guerra en acto entre Rusia/Ucrania vendría a constituirse en  el “catalizador” de ese eventual “nuevo orden internacional”.

Zygmunt Bauman —reconocido sociólogo y filósofo polaco-británico fallecido hace cinco años— fue quien describió a la presente situación social como “modernidad líquida”, concepto que bien puede trasladarse al acelerado desarrollo geopolítico internacional, impulsado por la emergencia de nuevas grandes potencias.

Al respecto, la duda —de quienes exploran nuestro futuro— se plantea cuando analizan las características de los liderazgos actuales que deberían recorrer una senda equivalente a la de la “Paz Westfaliana”. El “orden multilateral” ha sido reemplazado por un impreciso “orden multipolar” de alianzas o asociaciones entretejidas entre amigos/enemigos de conveniencia, solo confiables mientras el amigo/enemigo sirva para algo.

La polarización central está planteada —como ayer-— entre el mundo “telurocrático” y el “talasocrático”, que hemos desarrollado en el 2021 (1) y (2). Estos realineamientos han llevado a “Ella” —nuestra comandante castro-chavista— al intento fallido de pretender un salto de garrocha cultural imposible, hacia el mundo asiático —como una forma más de sus numerosos intentos de evasión— ante las futuras e inexorables sentencias judiciales por corrupción.

2. La Geopolítica de la Paz

En nuestro ensayo del mes de Mayo de 2011 —“La Actualidad de la ‘Tesis’ sobre el Océano Político” www.ieeba.org— expresábamos que en la situación internacional emergente de la posguerra fría —1991— cuando regresó la Historia, “esta se aproximaba a la Tesis de Haushofer, en desmedro de las doctrinas de McKinder y de Spykman. El Cap bávaro planteaba —en 1924— que el “equilibrio de poder” entre el “mundo oceánico” —talasocrático— y el “continental-terrestre” —telurocrático—, para lograr la Pax Mundial, exigía la conformación de un bloque asiático + uno —Alemania—, frente a Europa, las Américas, Oceanía y Japón. Fue desoído y los líderes políticos europeos fueron a sus Guerras Civiles —1914/18 y 1939/45—. Europa se autodestruyó y dejó de ser el núcleo cultural de Occidente. El meridiano del poder se desplazó hacia el oeste, a EE.UU.”

Así las cosas, tengamos muy presente que el futuro no está escrito en ninguna parte. Está en manos de quienes deciden, desde el poder. Haushofer no fue escuchado en un momento histórico en que emergían tres nuevas potencias que alteraban el equilibrio de poder pactado en el Congreso de Viena —1814/15—:

  • EE.UU., que luego de la ocupación de parte de México —1846/48— (Texas, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y partes de California, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma) y de su guerra civil —1861/65— se proyectaba hacia el Pacífico y el Atlántico —como lo vio Mahan con claridad—.
  • Alemania, que tras su unificación venció a Francia —1870— y superó industrial y militarmente al Reino Unido y
  • Japón, modernizado y armado por la restauración Meiji, que venció a Rusia —1905— y se afianzó como potencia asiática.

No reconocer la emergencia de estos nuevos actores estatales costó dos guerras civiles europeas y un siglo XX de una violencia hasta entonces desconocida. ¿Hemos aprendido esa lección? La actual dirigencia de las potencias del siglo XXI ¿está encaminada a homologar la Paz de Westfalia, o vamos a un “invierno nuclear”?

Quien —con toda autoridad intelectual— ha planteado esta incógnita hace unos días, ha sido Henry Kissinger (3). Comparó la actual rivalidad de las alianzas con la situación previa a la I GM —1914/18—, en la que ninguna de las partes tiene mucho margen de concesión política y en la que “cualquier perturbación del equilibrio puede tener consecuencias catastróficas”. Dijo:

“Ahora hemos armado a Ucrania hasta el punto en que será el país mejor armado y con el liderazgo con menos experiencia estratégica en Europa. Si la guerra termina —como probablemente terminará— con Rusia perdiendo muchas de sus ganancias, pero conservando Sebastopol —la principal ciudad de la península de Crimea— es posible que tengamos una Rusia insatisfecha, pero también una Ucrania insatisfecha. En otras palabras, un balance de insatisfacción. Entonces, para la seguridad de Europa y de Rusia, es mejor tener a Ucrania en la OTAN, donde no puede tomar decisiones nacionales sobre reclamos territoriales. Son dos tipos de potencias entre las que, históricamente, hubiera sido inevitable una confrontación militar. Pero esta —la de hoy— no es una circunstancia normal, debido a la destrucción mutua asegurada y a la inteligencia artificial. Estamos en el comienzo de una capacidad en la que las máquinas podrían imponer una peste global u otras pandemias, no solo nucleares, sino en cualquier campo de la destrucción humana”.

Por eso consideró que “las circunstancias exigen líderes responsables, que al menos intenten evitar el conflicto”. Los que allí y ahora están ¿rayan a la altura de sus circunstancias? Es la gran pregunta que nos hacemos los argentinos, dada la situación interna e internacional en la que vivimos, en el 2023.

Los argentinos deberíamos entender la razón de esta duda -mejor que cualquier otra nación en el mundo- pues luego de las dos guerras que peleamos en la segunda mitad del siglo XX, no hemos tomado en cuenta ninguna de las tremendas enseñanzas que nos dejaron y es por lo que hoy padecemos un nivel de indefensión e inseguridad alarmantes.

A escasos meses de un cambio de gobierno, desconocemos las propuestas de los candidatos para revertir este drama. Nuestra dirigencia no ha entendido aún a Flavio Vegecio Renato —siglo IV a. C.—, a Nicolás Maquiavelo —1469/1527— ni a Gastón Bouthoul —1896/1980—. Está muy ocupada con la inflación y no se apercibe de que esta es una consecuencia más, de aquel origen.

EL 7 de octubre de 2022, publicamos “Fumado en el polvorín”. Decíamos en él:

“Hasta hoy no conocemos la iniciativa de EE.UU/UE para reunirse con China/India y encontrar el camino de la Paz. ¿Existe algún otro camino para encontrar una alternativa al invierno nuclear? No lo creemos. Lo hemos planteado con anterioridad: son urgentes “los buenos oficios y la mediación” de los EE.UU/UE y China/India. Hay impedimentos para lograr la Paz. Los gobiernos progresistas occidentales están controlados por las fuerzas del “globalismo” o “mundialismo”, que destruye al Occidente Cristiano desde su núcleo fundador europeo”. Recientemente Elon Musk —CEO de Tesla— dijo que George Soros —símbolo mayor del globalismo— “es un supervillano judío que odia a la humanidad” (6). Los odios y los resentimientos son los que impiden la concordia.

La “Doctrina Primakov —de 1997— que planteaba la conformación del bloque “telurocrático” Rusia/China/India, tiene indicios de realización. Hace unos meses realizaron ejercicios militares combinados, en territorio ruso. India acaba de sobrepasar a China en población. Su Gran Estrategia no está definida aún. Retiene una difícil relación conflictiva con Pakistán. Narendra Modi ha demostrado ambiciones internacionales, pero no le será fácil resolver su relación ambivalente con Beijing y Washington, simultáneamente.

La UE —transculturizada y desarmada— deambula sonámbula hacia el agravamiento de “su” guerra en Ucrania, que ya comprometió a la OTAN. La “operación militar especial de Putin cursó varias etapas a lo largo de más de un año. En el presente atraviesa operaciones de desgaste y se esperan reactivaciones, “contraataques de primavera” desde ambos lados. Un callejón sin salida sugeriría la amenaza nuclear rusa, mientras se aleja la oportunidad de una posible negociación política. El corte de la energía rusa a la UE y de los cereales ucranianos al mundo están dañando seriamente a la economía global.

La probabilidad de que la guerra llegue a la UE es hoy posible. Y los años de abandono de sus FF.AA. hacen que la OTAN sobrepuje a la UE indefensa. Las miradas nuevamente se vuelven a los EE.UU., pero Washington tiene hoy otras preocupaciones estratégicas en el Asia-Pacífico. Aquel paraguas de ayer está preocupado desde hace tiempo por otras lluvias. La UE deberá atender y entender mejor a las estrategias del Reino Unido después del Brexit y pensar en qué ocurrirá si los Republicanos ocupan nuevamente la Casa Blanca.

El reciente y descarnado mensaje de Josep Borrell Fontelles en Estrasburgo —Francia—, ante el Parlamento Europeo —en su condición de Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad—, confirma la percepción del alto riesgo estratégico de la UE, de la debilidad de sus FF.AA. después de décadas —1950/70— de “Estado de Bienestar” socialdemócrata y de la necesidad de que los 27 Estados que la conforman, cuenten hoy con la misma partitura y reconozcan una sola clave en su relación con la Gran Potencia China.

La emergencia de China y la India han desordenado el frágil equilibrio de la PAX internacional. El proceso de reconfiguración geopolítica de equilibrios se ha conmovido con la guerra rusa-ucraniana. ¿Vamos a una nueva guerra fría?, ¿a una nueva guerra mundial? o ¿nos encaminaremos a una nueva Paz Westfaliana? Los dados están en el aire. Xi Jinping continúa con su operación geopolítica global (5) vía “soft power”. Ello ha sido ratificado por la Asamblea Nacional Popular en marzo de 2023. Ha nombrado fieles colaboradores en cada área de su Plan Geopolítico Global y ha ajustado su control sobre el Consejo de Estado.

China, Rusia, Corea del Norte e Irán, han denunciado sus Acuerdos de Seguridad Regionales: desconocen a la disuasión nuclear. Para enfrentar a Occidente han integrado a la fuerza convencional con la nuclear, para operar en secuencia o en paralelo y de modo continuo, bajo la llamada “teoría para la victoria”. La respuesta resiliente de EE.UU. ha sido la de dotar de movilidad a su tríada nuclear: los ICBM por carreteras y vías ferroviarias, redistribuir a los B-52 en diversas bases y poder reabastecer a las fuerzas de submarinos sin salir a superficie. Además están en desarrollo los despliegues de los HGV y HCM** frente a las nuevas defensas opuestas, con lo que se evita aumentar el número de cabezas nucleares.

3. El choque de las culturas

El Occidente Cristiano continúa profundizando su larga crisis-decadencia de naturaleza cultural***, que ha licuado la identidad de su núcleo duro —Europa— y que se ve agravada en los últimos años por efecto de fuerzas privadas internas —que actúan bajo la sombra de la actual aceleración civilizatoria—: el “globalismo”, universalismo” o “progresismo” (7), mientras Rusia y China accionan culturalmente en dirección exactamente opuesta y la India retiene —a través de su espiritualidad— la histórica característica esencial de sus culturas.

El 14 de mayo de 2009 el Papa Benedicto XVI se reunió con los legisladores italianos que viajaban a Bruselas para votar una nueva Constitución Europea —la “giscardiana”-. Su clase magistral abordó como tema central a la ética y a la importancia de los valores morales en la política y nos advirtió —hace 15 años—: “Europa tiene el alma marchita y se odia a sí misma”. Un sector social ha agravado a estos conceptos, pero hay otro que está reaccionando y va al rescate de la identidad europea, si bien presentando matices diferenciados. Ellos son:

    • Viktor Orbán: Primer Ministro de Hungría, líder del partido Fidesz, conocido por su postura nacionalista, conservadora y antiinmigración.
    • Marine Le Pen: Política francesa, líder del partido Rassemblement National que aboga por el nacionalismo, el control migratorio y la defensa de los valores tradicionales.
    • Matteo Salvini: Político italiano, líder de la Liga, partido de extrema derecha que promueve el nacionalismo y políticas antiinmigración.
    • Alternative für Deutschland -Alternativa para Alemania- partido político alemán que ha ganado apoyo en los últimos años con una plataforma antiinmigración y euroescéptica.
    • Partido del Brexit: liderado por Nigel Farage en el Reino Unido, impulsó la campaña por la salida de la UE y aboga por la soberanía nacional y políticas migratorias más restrictivas.
    • Giorgia Meloni: Política italiana, líder del partido Fratelli d’Italia —Hermanos de Italia—, que defiende una agenda conservadora en temas como inmigración, seguridad y los valores tradicionales.
    • Isabel Díaz Ayuso: Política española presidente de la Comunidad de Madrid. Si bien no se identifica explícitamente como representante de la derecha tradicional, ha sido asociada con posturas conservadoras y ha defendido políticas de baja carga impositiva, libre mercado y mayor autonomía regional.

La cultura de Occidente —luego de la II GM II— se autodestruye desde la intimidad de sus universidades, desde la progresía burguesa de derecha e izquierda, desde ciertos medios de comunicación y desde algunos centros financieros social y políticamente resentidos. Es indispensable conocerlos, por tratarse de instituciones e instrumentos con los que convivimos y que actúan en el ámbito universal:

    1. Fondo Monetario Internacional (FMI)
    2. Banco Mundial. (BM).
    3. Organización de las Naciones Unidas (ONU)
    4. Organización Mundial del Comercio (OMC)
    5. Organización de ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)
    6. Organización Internacional del Trabajo (OIT)
    7. Organización Mundial de la Salud (OMS)
    8. Amnistía Internacional
    9. Human Rights Watch
    10. Greenpeace
    11. Transparency International
    12. Foro Económico Mundial
    13. Instituto Brookings
    14. Consejo de Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations)
    15. World Wide Fund for Nature (WWF)
    16. Médicos Sin Fronteras (MSF)
    17. Save the Children
    18. Cruz Roja Internacional
    19. Human Rights Campaign
    20. Global Green Growth Institute (GGGI)
    21. Fundación Bill y Melinda Gates.
    22. George Soros. Presidente de la Open Society Foundations.
    23. The Guardian. Periódico británico.
    24. La British Broadcasting Corporation (BBC). Organización de radiodifusión.
    25. La Cable News Network (CNN). Red de noticias con alcance global.
    26. The New York Times. Periódico estadounidense reconocido por su cobertura internacional.
    27. Human Rights Campaign. Organización defensora de los derechos LGBTQ+.
    28. Médicos Sin Fronteras (MSF). Organización médica humanitaria.
    29. The Economist. Revista británica se centra en asuntos económicos, políticos y culturales.

Es importante tener en cuenta que hay una diversidad de perspectivas y enfoques dentro de estas organizaciones y que no todos los miembros o colaboradores necesariamente comparten las mismas ideas o agendas.

En Rusia la Iglesia Ortodoxa ha desempeñado un papel importante en su sociedad —luego de la implosión soviética— y tiene hoy una gran influencia en su cultura e identidad nacional. Bajo el liderazgo de Cirilo la Iglesia ha apoyado y respaldado las políticas de Putin, en varias ocasiones. La recuperación que el nuevo líder impulsó de las antiguas tradiciones relacionadas con la “Tercera Roma”**** y de la “Santa Madre Rusia”***** —ambas conceptualmente espirituales— que lograron recuperar el ímpetu imperial ruso, hoy puesto a prueba.

En China Xi Jinping ha alentado el espíritu nacionalista del pueblo chino y ha elevado la figura de Confucio a un nivel desconocido en el siglo XX. No es casual que los institutos existentes en nuestras universidades —para enseñar mandarín— lleven el nombre de Confucio******. La filosofía confuciana se centra en mantener relaciones sociales adecuadas, como clave para el comportamiento moral y la armonía social. El taoísmo, por otro lado, se preocupa más por la metafísica: trata de comprender el funcionamiento del mundo natural y establece analogías, sobre cómo deben actuar los humanos.

El espacio continental asiático/telurocrático recuperó así la fuerza cultural expansiva de sus tradiciones —asentadas en las religiones— mientras Occidente se autodestruye quebrantando sus virtudes cristianas y se encamina —con ciego egoísmo— a un antropocentrismo cuyos niveles de violencia y agresión son propias de los espíritus débiles, que actúan con la soberbia ridícula del pavo, en su tránsito a la olla.

Si la guerra ha regresado a la transculturizada Europa y si la dirigencia occidental -—con El Vaticano a la cabeza— no entienden en tiempo/oportunidad las causas profundas y abstractas que nos llevan a “cualquier campo de la destrucción humana” —como lo anticipa Mr. K.— el “sendero de la Paz Westfaliana” está y estará cerrado a una dirigencia occidental confundida, opaca y cobarde, que en pos del “goce del bien-estar” civilizatorio, pierde el “bien-vivir cultural” y se autodestruye, “en todos los campos”.

La evolución de las relaciones sino-rusas ha tenido una alta dinámica en la posguerra fría. Beijing había seguido inicialmente la huella de la Federación Rusa, en el ámbito estratégico y en el desarrollo de sus FF.AA. Desde 2014 en adelante la relación ingresó a una paridad que facilitó una asociación más cercana. Cuando el 24 de febrero de 2022 se inició la “Operación Especial” de Putin, Xi encuentra una limitación para apoyar a su asociado estratégico y esta deviene justamente de la Paz de Westfalia: Putin había quebrado el principio de “integridad territorial”, incorporado actualmente al Derecho Internacional Público.

Desde entonces Moscú marcha “un paso atrás”, aunque Beijíng no puede abandonar a Moscú —a pesar de que haya invadido a un Estado soberano—, pues es su arsenal nuclear más importante en la pista en que juega su hegemonía —en su rol de nueva superpotencia—, frente a EE.UU. Tampoco puede aparecer como poder “irresponsable” y por ello presentó “los doce puntos”(8), que no intentan “los buenos oficios” que le reclaman desde la OTAN, ni un apoyo militar comprometedor, pero hace conocer al mundo que Putin es su amigo. Los intereses mutuos de las dos potencias asiáticas no coinciden en absoluto con las de Occidente, pero —creemos— la tradición cultural de una China poderosa nos aleja de la “Trampa de Tucídides”*******.

China se ha beneficiado significativamente —como la India— con el gas y el petróleo ruso que ya no va a la UE. y también con el redespliegue de la OTAN, que abandonó el Asia-Pacífico para dirigirse a la UE. Cualquier traspié ruso en Ucrania posiciona mejor a Xi frente a Putin. Mientras tanto, ambos apoyan a los regímenes autoritarios del mundo y trabajan para lograr un “nuevo orden internacional”, cercano a sus modelos políticos tradicionales, autoritarios. Cuentan con la explícita ayuda tranculturizadora de la “progresía occidental”, asociada en Iberoamérica con el castro-comunismo-narcotraficante que conduce a la actual contraofensiva revolucionaria iberoamericana, desde el Foro de San Pablo.

La “trampa de Tucídides” está hoy abierta, en el nivel global. La UE muestra algunos signos de recuperación cultural, mientras el “globalismo” se mantiene agresivo y azuza a los conflictos en la UE y en Iberoamérica. Como resultado de esta compleja situación, los indicios de un eventual sendero que nos llevaría a una exitosa y nueva “Paz de Westfalia”, aun no existe. Sin embargo, hay voces respetadas que han advertido acerca de posibles “consecuencias catastróficas”, si la concordia no apareciera. Las luces rojas están encendidas.

4. Candidatos “globalistas” —palomas— y candidatos “contrarrevolucionarios”  —halcones—.

En nuestra querida Patria Argentina cursamos un año electoral. La universalidad de los fenómenos políticos y estratégicos que hemos descripto —en los tres puntos anteriores— se reflejan claramente en las confrontaciones diarias entre la coaliciones y dentro de las coaliciones, por una evidente razón: hay “globalistas” —palomas/progres— en la izquierda, en el centro y la derecha. Y solo hay “contrarrevolucionarios” —halcones— en los sectores de derecha y de extrema derecha.

Las coaliciones y los partidos infiltrados por “globalistas” que no logren sincerar —con homogeneidad— a su conducción, antes de las elecciones, carecerán mañana de gobernabilidad frente a la descomposición cultural preexistente, la creciente inseguridad “revolucionaria” y el narcoterrorismo rampante —sostén financiero y logístico del sigiloso castro-comunismo—.

La constante aproximación a las fechas programadas para las “primarias” muestran —cada vez con mayor claridad— la toma de posiciones —en el ámbito político y en los medios— para llevar a las urnas a los mandantes con relatos y argumentos totalmente ajenos a la verdad, por parte de los infiltrados. Las actitudes y decisiones de los candidatos frente a los hechos que ocurren diariamente así lo comprueban y sería dramático que quienes miran, no vean y que los que oyen, no escuchen.

“Si quieres la Paz, prevé la guerra”

Flavio Vegecio Renato (siglo IV a. C.).

“No hay otro camino para guardar la paz, que estar preparado para la guerra

Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

“Si quieres la Paz, conoce a la guerra”

Gastón Bouthoul (1896-1980).

 

* Oficial de Estado Mayor del Ejército Argentino y del Ejército Uruguayo. Ha cursado las licenciaturas de Ciencias Políticas, de Administración, la licenciatura y el doctorado en Relaciones Internacionales. Se ha desempeñado como Observador Militar de la ONU en la Línea del Cese de Fuego del Canal de Suez. Comandó tropas de llanura, montaña, aerotransportadas y mecanizadas.

 

Citas y aclaraciones

* Catalizador: es una sustancia que aumenta la velocidad de una reacción química al proporcionar una ruta alternativa de menor energía para que la reacción ocurra.

** Los HGV —Hypersonic Glide Vehicles— y los HCM —Hypersonic Cruise Missiles— son términos que se refieren a tecnologías de armas hipersónicas desarrolladas por EE.UU.

*** O. Spengler: veía la decadencia de Occidente como una consecuencia de la masificación, la burocratización, la pérdida de la espiritualidad y la falta de unidad cultural y social. También sostenía que las grandes culturas pasadas —como la antigua Grecia y Roma— habían pasado por ciclos similares de decadencia y caída.

**** La Tercera Roma: este título destaca el papel de Moscú como centro político y religioso de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que se convirtió en la capital del Principado de Moscú y posteriormente en la capital del Imperio Ruso. Moscú se consideraba una nueva Roma, preservando la fe ortodoxa y continuando la misión imperial y religiosa de las antiguas capitales romanas.

***** La Santa Madre Rusia: es una expresión utilizada para describir a Rusia en términos patrióticos y emotivos. No tiene un significado literal o religioso, sino que se refiere a una percepción idealizada de Rusia como una nación poderosa, unificada y con una rica historia y cultura.

****** Confucio: bajo el gobierno de Xi Jinping ha habido un resurgimiento de la promoción de los valores tradicionales chinos, que incluyen elementos confucianos. Xi ha destacado la importancia de la herencia cultural y los valores éticos en la construcción de una sociedad armoniosa y en el fortalecimiento de la identidad nacional china.

******* La trampa de Tucídides: es un concepto acuñado por el profesor de Harvard Graham Allison que hace referencia a un fenómeno histórico en el que una potencia en ascenso desafía a una potencia hegemónica establecida, lo que puede conducir a un conflicto militar. Deriva de Tucídides —historiador griego antiguo— que observó este patrón en su obra “La Guerra del Peloponeso”. Este concepto ha sido utilizado para analizar las relaciones entre EE.UU. y China. Los expertos argumentan que la rivalidad entre estas dos potencias, una en ascenso y otra establecida, puede aumentar el riesgo de un conflicto. Es importante destacar que no todos los casos de rivalidad entre potencias conducen necesariamente a un conflicto armado. La diplomacia y la cooperación pueden desempeñar un papel crucial para evitar este escenario.

(1). H. J. Auel. “El encuadramiento geopolítico internacional de la actual situación estratégica argentina”. IEEBA, marzo de 2021,  www.ieeba.org.

(2). H. J. Auel. “¿Conocemos a China?”. IEEBA, 08/09/2021, www.ieeba.org

(3). H Kissinger. “El ex Secretario de Estado, próximo a cumplir 100 años y a publicar dos libros, analizó los grandes temas de la actualidad mundial y el rol de la política exterior de los EE.UU.” La Nación, 17/05/2023.

(4). H. J. Auel. “Fumando en el polvorín”. IEEBA, 07/10/2022, www.ieeba.org.

(5). H. J. Auel. “La geopolítica del ‘virus chino’”. IEEBA, mayo de 2020, www.ieeba.org.

(6). C. Esteban. “Elon Musk: George Soros odia a la humanidad”. La Gaceta, 17/05/2023.

(7). H. J. Auel. “Globalismo, Soberanía de los Estados e Identidades Nacionales”. IEEBA, junio de 2022, www.ieeba.org.

(8). C. G. Kindelán. Noticia. Veinte Minutos. Los “Doce puntos básicos para la atención y gobernanza integral del Partido Comunista de China (PCCh)” establecidos por Xi Jinping, fueron presentados por el Comité Central del PCCh —en enero de 2021— y abarcan una amplia gama de áreas y prioridades para el partido y el gobierno chino.

LA ENAJENACIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN MARÍTIMA, FLUVIAL Y PORTUARIA

César Augusto Lerena*

Ya nos referimos tiempo atrás al emplazamiento de un puerto en Río Grande que podría servir —según la ministra de Producción de Tierra del Fuego— de apoyo a la flota china que pesca ilegalmente los recursos pesqueros argentinos César Lerena, “Ministra de Tierra del Fuego facilitaría la pesca ilegal…”, 26/11/2022). Ahora nos enteramos de un Memorando de Entendimiento para la construcción de un puerto multipropósito en Rio Grande por parte de la estatal china Shaanxi Chemical Group que retoma un viejo proyecto que transitó por los gobiernos de Fabiana Ríos (PSP, ex ARI, 2007-2015) y Rosana Bertone (PJ, 2015-2019) y también que China estaría presionando al gobierno nacional para abrir nuevamente la licitación para “controlar” la vía fluvial Paraná-Paraguay, el canal de navegación y comercio más importante de la Argentina, conocido erróneamente como “Hidrovía”.

Ya hemos dicho que la Argentina podría buscar financiamiento extranjero (de cualquier Estado, organización de crédito o empresa) para construir puertos, remodelarlos o llevar adelante instalaciones logísticas, depósitos o cámaras de conservación; instalar astilleros o mercados concentradores y de distribución, etc., pero el Estado argentino no puede delegar en terceros la administración ni el poder de policía y defensa y, en ningún caso, habilitar el uso de los espacios marinos y/o fluviales y sus puertos, a quienes no se ajusten a la legislación nacional, realicen pesca ilegal (incluso lleven adelante trabajo esclavo, tráfico de drogas o contrabando) y/o pongan en riesgo la soberanía nacional. Ello alcanza por igual a la Administración del Atlántico Suroccidental, como a la regulación de la navegación y el comercio a través del Río Paraná-Paraguay y el Río de la Plata.

Es muy entendible que el Estado pueda conceder espacios u otros beneficios a quienes se deciden invertir y realizar actividades en áreas vinculadas a los puertos para facilitar sus operaciones, sus procesos comerciales e incluso industriales y de servicios. Son comunes, por ejemplo, las concesiones destinadas a la utilización de tierras para el emplazamiento de astilleros, oficinas de control de SENASA, Aduana o despachantes, incluso las de Prefectura; silos o depósitos de todo tipo y la mayoría de la actividad industrial pesquera (incluso extranjera) se instaló originalmente en el ámbito portuario. Y, por cierto, otorgar permisos, autorizaciones y/o cuotas a empresas nacionales para la explotación de los recursos naturales.

Reitero. Todo lo que sea necesario para facilitar la producción, industria, almacenamiento, tránsito, comercio y servicios de la actividad privada es posible y hasta necesario; pero, la administración general y la política de los puertos y de los espacios marinos y fluviales deben estar en manos de Estado. La Argentina no puede admitir el aprovechamiento de sus mares y ríos y por supuesto sus puertos y otras instalaciones para debilitar la soberanía nacional.

Según el portal Argentina.gob.ar (13/06/23) «a excepción de Buenos Aires, todos los puertos estatales fueron transferidos, a partir del año 1992, a las respectivas provincias, que asumieron así el nuevo rol de propietarias de las puertas que, por vía fluvial o marítima, las une con el resto del mundo. En varios de los puertos provinciales se constituyeron organizaciones y en algunos se conformaron Consorcios de Gestión Portuaria, constituidos con la participación de los usuarios del puerto, así como de la provincia y municipios donde esté ubicado». Pero aún, en el espíritu privatizador del gobierno de Menem que llevó al dictado de la Ley 24.093, ésta dejó en claro (Art. 4º) que “requieren habilitación del Estado nacional todos los puertos comerciales o industriales que involucren al comercio internacional o interprovincial”; (Art. 5º) “La habilitación de todos los puertos debe ser otorgada por el Poder Ejecutivo, según lo establecido en esta ley, comunicando dicha decisión al Congreso dentro del plazo de diez días hábiles, contados a partir de la fecha del decreto respectivo” y, tener en cuenta (Art. 6º) entre otras, la ubicación del puerto; los aspectos vinculados con la defensa y seguridad nacional; la incidencia en el medio ambiente y afectación del puerto al comercio interprovincial y/o internacional; el control aduanero y de migraciones y, la policía de la navegación y seguridad portuaria. Es decir, en la situación de disputa e invasión territorial argentino de un total de 5.497.178 km2 por parte del Reino Unido de Gran Bretaña del territorio continental antártico, la plataforma continental extendida, archipiélagos (Malvinas, etc.) y las aguas correspondientes a la ZEE e insular, sería un despropósito otorgar “la administración” de cualquier puerto del litoral marítimo —no solo de Tierra del Fuego— al Estado chino o de cualquier otra nacional, o a sociedades del Estado (como es el caso chino) o con capitales extranjeros e incluso nacionales. Esto alcanzaría, por supuesto a España y a todos los países cuyos buques operan en Malvinas.

Dicho esto, hay que concluir que el Puerto de Río Grande como el de Ushuaia son estratégicos, por lo tanto, el gobierno nacional que se ha desentendido de los puertos al sancionar la referida Ley 24.093, debería, dentro de su Plan de Desarrollo y Soberanía Nacional (¿?) destinar los fondos adecuados para su construcción y modernización y, en todo caso, el gobierno provincial, en lugar de autorizar la explotación de los puertos a extranjeros (cualquiera sea su origen, figura jurídica o participación) podría mejorarlos con el aporte privado, en tanto y en cuanto ello no signifique delegar su administración, el control y la seguridad.

Entonces, tres cuestiones básicas deben definirse. La primera, cuáles son los fundamentos de China o cualquier otro país, para pretender administrar directa o a través de empresas vinculadas, los puertos o espacios marinos o fluviales, ya que el Estado argentino puede y tiene capacidad técnica y humana suficiente para garantizar que todas las empresas radicadas en su territorio, tengan el soporte y el debido control para que las importaciones o exportaciones se realicen en forma eficiente y eficaz y, dentro del marco de la legislación vigente. La Administración no puede ser negociable, cuando están en juego intereses superiores de la nación. La segunda, es que el Estado debe facilitar el esfuerzo económico de quien se trate y acordar claramente las condiciones de inversión o financiación y, no con la generalidad que se indican en el citado Memorando. Es decir, precisar en forma concreta la inversión y los plazos para hacerla efectiva y los beneficios directos o indirectos que recibirá la Provincia, teniendo muy en cuenta, que las condiciones que puedan establecerse entre los inversores y el gobierno, no afecten la soberanía nacional o los intereses del conjunto de los actores de la comunidad. La tercera, es que se entiende como inadmisible y es -tal cual se ventila- que terceros países u organismos puedan fijar la política del Estado Nacional en materia de inversiones, adjudicación de licitaciones o concesiones y/o administración de los negocios en Argentina. Los argumentos que se utilizan en el Memorando que la cesión podría aumentar las exportaciones nacionales, es extorsivo y, si bien, cualquier negocio suele ir acompañado de presiones, es gobierno argentino, quien debe establecer el límite, teniendo la balanza comercial, pero, sobre todo, la soberanía política nacional.

Por ejemplo, en el caso de la administración del Río Paraná, es un argumento poco serio que se requiera contar con el control de esa vía para asegurar que “el dragado sea lo suficientemente amplio para los buques”. Eso lo debe garantizar el Estado argentino y, por cierto, si no lo hiciese, estaría dificultando el comercio; pero, más allá de asegurar la navegación y el tránsito de mercaderías, la vía debe administrarse para favorecer el desarrollo regional. Una cosa es adjudicar a terceros el dragado, donde en lugar de resolver una supuesta falencia del Estado se regalan recursos económicos a empresas extranjeras y, otra cosa, es ceder la administración general de la vía; el poder de policía y la política de desarrollo de las provincias del litoral.    

Sobre el Memorando de Entendimiento firmado el 16/8/22, ratificado el 7/12/2022 por el gobierno de Tierra del Fuego con la Provincia Shaanxi de China recientemente ingresado (5/6/23) a la legislatura provincial, el secretario de Asuntos Internacionales de la Provincia Andrés Dachary manifestó (Youtube, 2/6/23, 2.07m): «China propuso la construcción de un puerto, pero esto no se aceptó. Nosotros entendemos que todo lo que tenga que ver con los puertos y la infraestructura estratégica, primero deben asignarse al sector público y en el caso del sector privado a empresas nacionales»; sin embargo, de la lectura del Memorando surgiría «la construcción de un puerto multipropósito, junto a una planta química y una central eléctrica», una inversión estimada en 1.250 millones de dólares por parte de empresa de la citada china. Un proyecto de “cooperación” para la producción de un millón de toneladas de químicos en la Provincia y, la construcción en el área de Río Grande de una central eléctrica de 100 MW; una planta de producción de 900 toneladas de urea; 100 mil toneladas de glifosato y 600 mil toneladas de amoníaco sintético y una “terminal portuaria multipropósito con recinto interno con una capacidad para atender buques de unas 20 mil toneladas”, lo que estaría demostrando, la importancia de la obra.

Este puerto, al igual que cualquier iniciativa de este tipo en Ushuaia, debería ser rechazada sin más, ya que dejaría al acceso de China la Antártida y el control de los pasos al Pacífico y el Indico. Las propias declaraciones del propio gobernador Gustavo Melella, al rubricar un convenio estratégico junto al representante legal de Powerchina, Tu Shuipin, para el desarrollo de proyectos energéticos en Tierra del Fuego, lo ratifican: «Tenemos varios desafíos, y se debe a nuestro posicionamiento estratégico, porque somos la puerta de entrada a la Antártida» (Ushuaia24.com, 19/9/2022). El espejo de lo que piensa China que; además, tiene interés en esta región marítima, no solo porque el control de Canal de Panamá se encuentra en manos de Estados Unidos, sino también por la importante presencia de buques chinos que realizan pesca ilegal en el Atlántico Suroccidental y requieren de apoyo logístico.

En el Memorando, se observan una serie de promesas imprecisas: «impulsar activamente a las empresas chinas a invertir en Tierra del Fuego, sumar a la fortaleza en materia científica y tecnológica, esforzase por aumentar el valor agregado a los recursos energéticos locales, contribuir al desarrollo económico de Tierra del Fuego (…) generar tantos puestos de trabajo como sean posibles (…) intercambios tangibles entre ambas provincias (…) implementar la nueva filosofía corporativa de protección ambiental». Chan-chan. Expresiones de voluntad que no precisan absolutamente nada. Habría que comenzar por decirles a los chinos que sus empresas pesqueras radicadas en la Argentina agreguen valor y mano de obra argentina a los productos pesqueros que exportan y dejen de pescar los recursos migratorios argentinos en el Atlántico Sur, con ello solo la Argentina dispondría de varios miles de millones de dólares por año para producir el más importante desarrollo de Tierra del Fuego.

En el Capítulo 3 del Memorando, las partes se comprometen a “resolver adecuadamente los problemas remanentes de la Inversión original, con el fin de desarrollar nuevos proyectos” y en este tema, que no se detalla, deberían dar precisiones, además del Gobernador Melella, las ex gobernadoras Ríos y Bertone y, la propia legislatura provincial, porque -según se ventila- estarían en danza 30 millones de dólares que ya habrían sido adelantados por la empresa estatal china al gobierno fueguino en concepto de pago de regalías de gas (Ley 774, 23/12/2008. “Acuerdo de gas entre la provincia de Tierra del Fuego y la Empresa Tierra del Fuego Energía y Química”). El gobierno además se comprometería a actuar de “gestor del proyecto”, el que estaría alcanzado por los beneficios fiscales de la Provincia y, ambas partes se comprometen a “seguir” colaborando en la “cooperación pragmática” (¿?).

La revista británica “The Economist” publicó que «China invirtió en los últimos 20 años más de 20 mil millones de dólares en comprar o ampliar más de 100 puertos en 50 países». Que lo digan los ingleses, es una confesión de parte, ya que los británicos a través de la “Comunidad de las Naciones” tienen puertos estratégicos en todo el mundo, entre ellos en Malvinas y Georgias del Sur y, van por más, ya que bajo el pretexto de cuidar los mares y sus recursos, extendieron “el cinturón azul” a 50 Áreas de Conservación Marinas bajo su control (FIS, SeafoodMediaGroup, 9/1/2016) con lo que alcanzaron un control de millones de km2 y recursos muy superiores a los de la pequeña isla del Reino Unido de escasos 243.610 Km2.

No se conoce, si una eventual construcción de un puerto en Río Grande por parte de empresa estatal china dejaría sin efecto el otro que en la misma región promovía la ministra de Producción Castiglioni, quién refirió (RevistaPuerto, 24/11/2022) que sería «una inversión de 210 millones de dólares de la firma argentina Mirgor SACIFIA, cuyo principal accionista es el empresario Nicolás Caputo…» quien a pesar de manifestar que no había capitales reconoció que «una de las empresas inversoras es de Hong Kong, además del ANSES y que, la citada Mirgor cuenta con algunos socios estratégicos internacionales (…) el puerto multipropósito, está planteado así porque la cantidad de servicios que pueda dar un puerto en estas latitudes a todo el Atlántico Sur es importante. Respecto de la milla 201 yo lo veo como una oportunidad de trabajo en los territorios: hoy Malvinas, Punta Arenas y Uruguay ofrecen servicios y nosotros la vemos pasar» y, remató, me parece que es una oportunidad que estamos perdiendo…». Léase, si se portan bien en el puerto, lo que hagan en el mar es cosa de ellos, porque Tierra del Fuego carece de capacidad cierta de control en el mar.  

Muchas veces la falta de una política nacional clara y la desesperación por hacer una Provincia sustentable, menos dependiente de los beneficios fiscales, no es la mejor consejera. Entregar la administración del puerto de Río Grande a extranjeros atentará contra la soberanía política, económica, ambiental, alimentaria y social de la Nación y de Tierra del Fuego. El Río Paraná, por su parte, debe transformarse en un instrumento de desarrollo del litoral, cuya estrategia debe estar en manos de los argentinos.   

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente de la Fundación Agustina Lerena (Fundada el 21/10/2002), Presidente Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana, CESPEL (Fundada el 02/04/1989).

Autor de “Malvinas 1982-2022. Una gesta heroica y 40 años de entrega” (2021) y de “Pesca Ilegal y Recursos Pesqueros Migratorios Originarios de los Estados Ribereños de Latinoamérica y El Caribe” (2022).

EL VIEJO REALISMO COMO HOJA DE RUTA DEL «NUEVO» MUNDO

Alberto Hutschenreuter*

Imagen geralt en Pixabay

 

Cuando echamos una mirada a los acontecimientos que tienen lugar en el mundo actual, difícilmente podríamos sostener que los mismos respaldan la predominancia de enfoques centrados en el multilateralismo, los valores colectivos y la cooperación desinteresada.

Desde hace tiempo que el denominado modelo relacional, es decir, el que se funda en el poder, la jerarquía, las capacidades, el interés nacional y la incertidumbre de las intenciones entre Estados, predomina en el mundo, llegando incluso a establecerse hoy un inquietante estado de beligerancia latente o de no guerra entre los principales actores preeminentes, esto es, los centros que deberían dar forma a una estructura o configuración internacional.

El estado de disrupción internacional es tal que hasta se podría dudar si hay posibilidades de llegar alguna vez a un orden, pues incluso entre aquellos poderes mayores que tienden hacia una alianza, como China y Rusia, las concepciones relativas con un orden internacional son diferentes. En estos términos, sólo quedaría como garantía relativa de un orden el comercio entre Estados, un sustituto de un orden, pero que no llega a serlo.

¿Estamos, por tanto, en un estado de retroceso en las relaciones internacionales? La pregunta resulta pertinente, pues desde 2014, cuando se produjo la anexión o recuperación de Crimea por parte de Rusia y la desconfianza y fragmentación internacional se profundizó, se habló, primero, del retorno de la geopolítica y luego, del regreso de la guerra; dos cuestiones vinculadas a la obtención de ganancias de poder por parte de los Estados, es decir, «sustancias» de la concepción realista en política internacional, que deprime la cooperación desinteresada entre los Estados mientras que afirma la competencia y la rivalidad entre los mismos. Pero ello no supone ninguna novedad. De modo que, más que retroceso, tal vez sería más apropiado referirnos a una regularidad.

El final de la contienda bipolar, la desaparición de la URSS, la reacción internacional contra la invasión iraquí a Kuwait y el fenómeno de la globalización fueron cuatro hechos que fundaron un clima favorable en relación con el curso de las relaciones internacionales y ello se constató en las hipótesis esperanzadoras que se desplegaron por entonces. Además, la contundencia de las tres victorias estadounidenses (Guerra Fría, guerra del Golfo y modelo económico) afirmó la percepción sobre el triunfo de cierta idea de benevolencia frente a los dogmas casi totalitarios que capitulaban o se encontraban en fase terminal.

La globalización fue, acaso, el epítome, del nuevo clima: una idea cuya práctica aseguraba velozmente el ascenso hacia el desarrollo. Nunca hubo por entonces posiciones que concibieran la globalización como un proceso de oportunidades, que era algo cierto, pero también como un fenómeno no neutro, es decir, como un régimen de poder, algo que era más cierto todavía. Sin duda, si se hubiera considerado la experiencia, seguramente se habría concluido que eran necesarios más reparos por parte de los países frente a las expectativas desmedidas.

En este contexto, las corrientes de pensamiento que consideraban que las relaciones internacionales cambiaban hacia formas menos descentralizadas y más regimentadas, sintieron que sus esperanzas en la afirmación de una sociedad internacional eran prácticamente irreversibles. Si hasta hacía poco el mundo mantenía características hobbesianas, es decir, de ineluctable pugna por el poder, el nuevo escenario tendría rasgos más lockeanos y kantianos, es decir, de creciente comercio y cooperación, y allí todos (poderosos, intermedios y débiles) lograrían márgenes de ganancias. Consecuentemente, se afirmaría «la paz», es decir, el orden.

A pesar de numerosas situaciones, que examinadas con rigor estratégico resultaban categóricas en relación con aquellos fundamentals del realismo, por caso, expansión de la OTAN, proyección regional y global de poderes mayores, movimientos internos en países ubicados en zonas selectivas, etc., tuvieron que suceder los hechos en Siria y en Ucrania-Crimea para que se reconsideraran premisas y se admitiera que la geopolítica estaba de regreso, lo cual era un desacierto, pues nunca podía estar de vuelta aquello que nunca se había marchado.

Desde entonces, aquellas pocas, pero convincentes explicaciones que proporcionaba el realismo, para exponerlo casi en las mismas palabras de Kenneth Waltz, se hicieron frecuentes cuando se hablaba del estado o panorama estratégico del mundo. Los documentos e informes de foros internacionales, organizaciones intergubernamentales y de actores preeminentes describían contextos cada vez más inquietantes (por ejemplo, los Global Risks Report del World Economic Forum, o las Global Trends de las agencias de inteligencia de Estados Unidos).

Finalmente, la pandemia, el nacionalismo de las vacunas, la rivalidad chino-estadounidense y la guerra en Ucrania terminaron por recentrar al realismo en la política internacional y mundial, quedando apenas, como se dijo antes, el comercio internacional, afectado por las tensiones provocadas por tales acontecimientos, como un frágil esquema de relativo orden.

En cuanto a los nuevos tópicos, esto es, conectividad, robótica, biogenética y, particularmente, inteligencia artificial, sin duda que se trata de tecnologías mayores que aportan oportunidades para muchas situaciones, por caso, una diplomacia (quizá) menos equívoca y más precisa para resolver crisis. Pero también existe aquí un ancho margen de posible conflictividad (en buena medida, con desenlaces desconocidos).

La experta australiana Kate Crawford ha venido advirtiendo lo aterrador que sería que un programa de IA adopte decisiones en materia de empleos a partir del reconocimiento emocional de las personas en función de su rostro. Estaríamos ante nuevas y tal vez incontrolables formas o pautas de desigualdad social. Y esto es solo una hipótesis, por no referirnos a otras que nos harían considerar los riesgos que corren las mismas democracias.

Pero desde nuestro lugar (las relaciones entre Estados), la posesión de tecnología mayor profundizaría la desconfianza, la competencia y la rivalidad entre Estados, al punto que se reafirmaría una de las principales marcas del realismo: la anarquía internacional; precisamente, una de las cuestiones que más ha sido criticada por las corrientes que consideran que se trata de una obsesión del realismo, pues ante la vitalidad de nuevos movimientos sociales conscientizantes de nuevas cuestiones colectivas, cuya incesante actividad va erosionando la autoridad del Estado y creando una nueva arena no internacional sino global, la anarquía se habría vuelto una realidad cada vez más anacrónica; un hecho que ha sido útil para explicar el mundo de ayer, pero que no se ha modernizado.

Considerando las nuevas tecnologías en relación con el terreno militar, ¿qué garantiza que las mismas no dejarán al mundo más cerca de una catástrofe como consecuencia de decisiones equivocadas?

En un reciente artículo publicado en la revista Foreign Affairs, la investigadora del Consejo de Relaciones Exteriores, Lauren Khan, se refiere al incidente que tuvo lugar en marzo pasado sobre el Mar Negro, cuando un dron estadounidense MQ-9 Reaper fue seguido y acosado por dos aviones de combate rusos. El Reaper arrojó combustible sobre las alas y sensores de uno de ellos, el caza cortó la hélice del dron dejándolo inoperante y obligando a sus controladores a precipitar el dron sobre el mar.

Todos los movimientos del dron, incluida su destrucción, fueron supervisados y dirigidos por fuerzas norteamericanas desde una muy lejana sala de control. La experta se pregunta qué hubiera sucedido si el dron no fuera piloteado por humanos, sino por un software independiente con inteligencia artificial. «¿Y si ese software hubiera percibido el “toque” del caza ruso como un ataque?». La pregunta planteada es aterradora.

Como vemos, no parece que quedara demasiado lugar para abordar estos temas desde categorías que no partan y se analicen desde aquellas que nos proporciona el realismo, es decir, desde aquello que muy bien Stanley Hoffmann ha denominado «políticas como de costumbre», es decir, planteos y respuestas que nunca se alejan del poder, las capacidades, el interés nacional, el multipolarismo, el temor, la ambición, la geopolítica, la jerarquía y las vacilaciones sobre las intenciones.

Al menos en lo que queda de la tercera década del siglo XXI, pensar el mundo fuera de esas categorías es pensar un mundo que no es. En otros términos, se corre el alto riego de realizar diagnósticos fallidos.

 

* Alberto Hutschenreuter es miembro de la SAEEG. Su último libro, recientemente publicado, se titula El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre, Almaluz, CABA, 2023.

 

Artículo publicado el 12/06/2023 en Abordajes, http://abordajes.blogspot.com/