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TIRAR CON LA PÓLVORA DEL REY

F. Javier Blasco*

“Disparar (o tirar) con pólvora del Rey” es una frase bastante antigua y de uso muy frecuente, fundamentalmente, en el ámbito político. Expresión, que se suele utilizar cuando alegremente y sin reparo, se emplean muchos recursos ajenos para cubrir cualquier necesidad social, casi siempre en busca de réditos políticos y sobre todo, si el gasto se realiza aunque suponga un gran estipendio.

Es muy frecuente y relativamente sencillo ver que muchos cargos públicos emplean dichos gastos extraordinarios, que no le son propios, en novedosas y costosas iniciativas o para cubrir exigencias no programadas. Gastos, que ni siquiera pueden salir del remanente presupuestario y que para costearlos, es necesario recurrir al patrimonio ajeno con el consiguiente costo y riesgo para los que finalmente los deben sufragar.  

Supongo que etimológicamente esta frase entró en el acervo popular porque allá en tiempos pretéritos, los reyes europeos pasaban la mayor parte del tiempo guerreando por notoriedad, envidias contraídas, cubrir ambiciones personales, buscando la expansión de sus territorios o por distraerse sin más; sin importarles el hecho de que las guerras en si mismas, así como el empleo o mantenimiento de las tropas tras ellas, nunca ha sido cosa barata y pudiera darse en caso, de que algunos incautos pensaban que era el Rey quien los costeaba de sus arcas personales, sin caer en la realidad por la que siempre es al pueblo liso y llano al que, con mucho esfuerzo y gran sacrifico personal, le tocaba rellenar dichas arcas cuando estas se quedaban vacías demasiado frecuentemente.

Esta tradición y falsa expectativa de solucionarlo todo a lo grande, muy usada antaño y por desgracia, arrastrada hasta nuestros días aunque no se guerree con tanta frecuencia e intensidad, se viene usando con mayor frecuencia, por gobiernos de izquierdas; variopintas coaliciones o asociaciones de países que por contagio o por no quedare atrás, contraen compromisos, a falta de auténticos expertos, sin evaluar sus costes reales y sin conocer el verdadero alcance de las decisiones de tipo económico, social e industrial que, por separado o en coalición, se adoptan con relativa alegría y que en breve, dada su intensidad o gravedad se vuelven contra la política adoptada como un gran y peligroso boomerang.

Es el caso de la inusitada alegría mostrada, sobre todo en Europa, por y para la adopción de drásticas y sangrientas medidas —sobre todo para el bolsillo del contribuyente— en referencia a las necesarias y obligatorias actuaciones individuales y colectivas a adoptar para “hacer frente o evitar los desastres que propicia el nocivo y creciente cambio climático por la abusiva acción del hombre” principalmente, en lo concerniente a la importante reducción en la emisión de dióxido de carbono (CO2).

Tradicionalmente, los grandes productores de este componente químico como China, Rusia, La India y EEUU y alguno más de menor entidad, se vienen resistiendo al embriagador impulso del resto del mundo en aceptar los compromisos que vienen arrastrándose de las pasadas cumbres sobre el cambio climático en Kioto, Madrid o París y algunas otras más.

Aunque algunos han cambiado un tanto su actitud, muchos, siguen sin dar su brazo a torcer totalmente dado que la alternativa al uso del carbón o el gas —en un mundo en el que queda muy bonito y progre declararse “no nuclear” y cerrar las pocas y restantes centrales de este tipo, aunque sea muy “limpia”— es realmente muy costosa, dependiente de variables e incontrolados factores climáticos (viento, sol y lluvia), claramente insuficiente para cubrir las necesidades totales, aún funcionando todas ellas al unísono y a pleno rendimiento; cosa que nunca ocurre, por lo que resultan incapaces de suplir con garantías todo lo que producen los elementos que se pretende cerrar.

En el viejo Continente, la muy joven e inexperta Europa, con la Alemania de Merkel a la cabeza (quizá para evitar que la oposición le comiera la tostada a su partido a la hora de retirarse), lleva años tirando del carro de lo verde, cerrando gran parte de sus centrales nucleares (no así en Francia) y dando pronta fecha de caducidad a las restantes centrales del mismo tipo. España, como siempre, ha sido arrastrada por la alemana modalidad.

Mientras tanto, y en espera de alguna otra alternativa en ciernes como las centrales de fisión nuclear, en algunos lugares aún se mantiene el pernicioso y costoso uso del carbón para evitar su gran dependencia de la fluctuante, tanto en cantidad como en precios, importación del gas ruso o argelino con el que enfriar sus calurosos lugares turísticos o calentar sus fríos hogares y mover su gran industria mediana y pesada.

Inicial impulso aquel, del que los alemanes ya comienzan a arrepentirse o a calcularlo algo mejor; porque, como listos y buenos calculadores que son, han echado cuentas y empiezan a temblar al ver la que en breve se les avecina para sufragar los costos de la energía por el pago del CO2 emitido según la normativa europea; aunque, para evitar entrar en una espiral de precios como en España, Italia o Portugal, ya llevan tomadas ciertas medidas sobre los grandes impuestos nacionales que la encarecen.

En España, país en el que estamos acostumbrados a la chapuza u ocurrencia del momento, al parche mediático aunque poco meditado o improvisado y a hacer las cosas mal con demasiada frecuencia, nos encontramos en este aspecto en una situación de caos y crisis total. Situación, que supone un hándicap para un gobierno que se pasó bastantes años en la oposición criticando a su antecesor porque la política energética de aquel suponía un gran desencuentro con la sociedad tras subir, en aquellos tiempos, los precios en un pequeño porcentaje y se hartó de hacer vanas promesas de corregirlos seriamente y proteger a los más necesitados de tales desmanes. Promesas, que trató de cumplir nada más hacerse con el poder y que ha olvidado por completo en menos de dos años. A fecha de hoy, y al menos en la Comunidad de Madrid, decenas de miles de familias siguen sin percibir en este 2021 una de las ayudas prometidas por el Gobierno de Pedro Sánchez, el Bono Social Térmico.

Resultado, el precio de la luz, impulsado por diversos factores endógenos y exógenos, es hoy en día cuatro veces más caro que cuando ellos prometían la arcadia energética (en estos días el megavatio llegará a los 200 euros, y al alza, en su hora punta), sube a todos por igual y no respeta ni a los ciudadanos que viven de un pequeño sueldo, una subvención o una pensión, ni tampoco a las pequeñas o medianas empresas, ni a las grandes industrias que consumen grandes cantidades de energía; por lo que incrementos tan importantes como los presentes, suponen una subida de sus precios de producción difíciles de absorber a costa de los cada vez, más reducidos beneficios de las industrias energéticas.

Por si fuera poco, a los mayores costos mencionados hay que añadir el gran incremento del coste de los derivados del petróleo (líquidos y gaseosos) lo que supone un encarecimiento indirecto de los precios de la producción de energía eléctrica y repercuten directamente en los del transporte, mantenimiento del ciclo del frio, el almacenamiento de los productos y su misma distribución. En consecuencia, el IPC sube proporcionalmente a lo anterior, lo que influye directamente en la capacidad y el nivel de consumo de los ciudadanos y a corto plazo, en los compromisos adquiridos por el gobierno para el mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios mínimos y pensiones en próximas revisiones. 

Sufrimos un gobierno que a pesar de confesar ser socialista y comunista hasta la medula, vive de, por y para los impuestos. Allá donde atisba un resquicio de donde sacar un céntimo al ciudadano y al pequeño o al gran empresario, se lanzan a su captura incumpliendo con ello su promesa de sólo freír a impuestos a los que más tienen; hoy en día, todos sufrimos su vorágine recaudatoria y sus sucesivos zarpazos.

Ha sido precisamente en el precio a pagar por la energía (de cualquier recibo de la luz, la Hacienda pública recauda casi el 60% de su importe) y de los carburantes, que no por su valor real, donde el gobierno ha encontrado uno de sus mayores filones recaudatorios. Impuestos que, unos son heredados, otros nuevos y la mayoría como resultado de concesiones o pagos a cuenta de ofertas anteriores para imponer determinados cambios en la forma de obtener la energía.

A pesar del enorme bocado que llega a las arcas del Estado por este concepto y en lugar de reducirlos a límites más razonables, tras muchas presiones, tiras y aflojas, el gobierno ha optado por un doble juego; bajarlos temporalmente —cómo mucho hasta abril del año que viene para volverlos a recuperar trascurrida dicha fecha— y meterle un palo a los beneficios de las empresas eléctricas quitándoles una serie de ingresos (posiblemente también temporal), que por cierto, habían sido pactados con ellas hace años a cambio de diversas y costosas inversiones y modificaciones en la red para hacerla más competitiva por su actualización y mayor eficiencia.

Como todo lo que suele vendernos el gobierno y sobre todo, su presidente, no solo gira en el entorno de la mentira, casi siempre es provisional, lo suele rectificar y se encuadra en los parámetros de lo que se conoce como “el pan para hoy, pero el hambre del mañana” porque al ser temporal su aplicación, la vuelta a los mismos parámetros transcurrido cierto tiempo, supone simplemente un traslado en tiempo del mismo problema sin haberlo solucionado.

Por otro lado, toda drástica e hiriente medida adoptada contra lobbies o empresas multimillonarias, enlazadas con fuertes inversores o importantes entidades bancarias afincadas en diversos territorios con tendencia al independentismo o la autosuficiencia, legislada de forma precipitada, populista, drástica, en caliente y sin escuchar a todas las partes implicadas, puede y debe tener repercusiones inmediatas o a corto plazo en la estabilidad económica, la seguridad jurídica a futuro, e incluso, también en la estabilidad parlamentaria, dado que aquellos territorios y los partidos políticos de corte nacionalista o separatista que los gobiernan, son contrarios al interés general del Estado, muy recelosos de las empresas en ellos afincadas y hasta, como sucede en este caso, forman parte sustancial de la alcayata en la que se apoya el gobierno de la nación para seguir adelante en su mandato o para aprobar sus necesidades legislativas.

El precipitado Decreto aprobado esta semana por el ejecutivo supone un mazazo a las eléctricas  a base de recortar unos 4.000 millones los beneficios a las eléctricas y dejar de percibir las arcas de Hacienda unos 2.000 millones de euros aunque será de forma provisional, ha tenido una rápida respuesta bursátil en los dos primeros días desde su publicación; dichas compañías ya habían perdido más de 7.500 millones en su cotización.

Todos los gobiernos populistas, que gastan a manos llenas un dinero que no tienen y tiran de dicho recurso como antaño se hacía con la pólvora del Rey, acaban encontrando en esto su talón de Aquiles por lo que, tarde o temprano, los imprudentes y felices tiempos del “pan y circo” se tornan contra ellos, porque al pueblo, por muy vago, comprado o con pocas luces que tenga, cada vez pide más pan y le gusta menos el circo.

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

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DIVAGANDO ACERCA DE LA IGUALDAD

Agustín Saavedra Weise*

Imagen de falco en Pixabay 

“Libertad, igualdad, fraternidad”, era el lema revolucionario francés en 1789. Sigue siendo manipulado hoy, casi siempre demagógicamente. De esta trilogía, sobresale nítidamente la igualdad, objeto de chorros de tinta y millones de discursos. Desde el punto de vista jurídico, la igualdad formal es inobjetable. Sabiamente, el Libertador Simón Bolívar manifestó que “la igualdad jurídica es imprescindible para que sirva de contrapeso a la desigualdad física, de suyo inevitable”.

Así, pues, todos somos idénticos en lo que son nuestros derechos y obligaciones pero ¡ah! bien sabemos que hay algunos “más iguales que otros”, como sentenciaba George Orwell en Rebelión en la Granja. He aquí uno de los primeros puntos de discrepancia: la desigualdad real creada arbitrariamente mediante odiosos privilegios para unos y restricciones para otros mientras formalmente se proclama la “igualdad”. Uno de los más grandes documentos políticos, la Constitución original de los Estados Unidos de América, se contraponía a la realidad de un país esclavista y racista que surgió así a la vida independiente en 1776. Tuvo que ocurrir una sangrienta guerra civil y mucho tiempo más para que la letra de la Constitución norteamericana sea compatible con su espíritu y puesta en práctica. Recién en los últimos 50 años negros estadounidenses e indoamericanos han logrado incorporarse progresivamente a la sociedad estadounidense; hoy surgen antipáticas discriminaciones y segregaciones que son de conocimiento público.

Hay otros múltiples documentos legales que proclaman la igualdad, pero casi siempre de boca para afuera y sin que ella se cumpla. Por otro lado, en nuestros días el que se refiere a la desigualdad corre el riesgo de que le corten la cabeza. Sin embargo, forzoso es reconocer que no todos somos iguales. No en vano Karl Marx expresó “de cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad”, dejando clara la noción de una desigualdad inherente a los seres humanos que está ahí, es real y cotidiana, pero la mayoría se niega a admitirla como si tal cosa fuera un pecado. Somos desiguales, pues tenemos distintos talentos, distintas falencias; el medio ambiente y las mayores o menores condiciones de vida nos otorgan también mayores o menores condiciones de progreso y así sucesivamente.

Frente a esta inherente desigualdad, la igualdad ante la ley pasa a ser realmente imprescindible. Sin embargo, existe algo tan o más importante que la igualdad jurídica y que raras veces se aplica, en particular acá en Bolivia y en otras latitudes semidesarrolladas. Me refiero a la igualdad de oportunidades, a la posibilidad de que todos tengan el mismo punto de partida y la misma posibilidad de llegar. Tal como en una carrera de caballos, habrá un ganador, un segundo, un tercero y un último, pero al final, todos tuvieron idéntica chance: largaron del mismo lugar (y al mismo tiempo) sobre un espacio uniforme. El que llegó primero lo hizo en base a sus cualidades particulares para “x evento” o situación que lo resaltó sobre los demás. Pero repito, todos tuvieron la misma oportunidad.

Más allá de la base fundamental de la igualdad legal, ésta —la igualdad de oportunidades— es la igualdad más idónea que debemos impulsar. Todo el resto tiene poco valor frente a dicho impulso. Asimismo, al reconocer la desigualdad admitámosla como algo hoy por hoy inevitable y que debe paliarse de varias maneras. Una de ellas es la generación de igual oportunidad para todos; la otra, de más largo aliento, tiene que ver con la creación de mejores condiciones de vida Pero esa es otra historia…

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

Nota original publicada en El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/divagando-acerca-de-la-igualdad_248633

AUKUS. FRANCIA, EUROPA Y EL PACTO DEL PACÍFICO

Marcos Kowalski*

El 15 de septiembre, Estados Unidos, Reino Unido y Australia anunciaron un nuevo pacto en materia de defensa. La nueva asociación de seguridad trilateral reforzada entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos fue anunciada por Scott Morrison, primer ministro de Australia: “Y así, amigos míos, nace AUKUS”, describió durante su anuncio, acompañado, en forma virtual, por el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, y el presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Definió a AUKUS, como “Una nueva asociación de seguridad trilateral reforzada entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos”. Esta alianza es indudablemente un intento de contrarrestar la influencia de China en la región del Indo-Pacífico. Pero como consecuencia, la Unión Europea se siente traicionada y excluida, Rusia la percibe como una OTAN a la asiática y China como una amenaza a la paz y a la seguridad en la región.

Nueva Zelanda advierte que no piensa tolerar submarinos nucleares y armas atómicas en su entorno. Malasia está preocupada de que este movimiento provoque una carrera armamentística nuclear en la zona. Todos estos temores ocurren ante el anuncio que en la primera fase de AUKUS, entre otras cuestiones, se estipula la construcción de ocho submarinos de propulsión nuclear para la Armada australiana.

La repercusión mundial de este pacto se debe a que Los submarinos nucleares se habían limitado hasta ahora a ser un privilegio reservado a seis países, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia, China e India.

Lo que implica esta asociación en el ámbito de defensa y seguridad es que en el club de submarinos nucleares ahora van a ser siete, en lugar de seis, lo que podría abrir la puerta a países como Brasil que tienen proyectos al respecto y que más países quieran tener derecho a poseer esta tecnología.

Los submarinos nucleares son un tema muy sensible en el ámbito de la no proliferación nuclear, porque funcionan con uranio de gran enriquecimiento y con ese elemento se pueden fabricar armas nucleares. Si la cosa sigue así, este club militar va a provocar un efecto dominó de consecuencias imprevisibles.

Al día siguiente del nacimiento de la asociación, Morrison anunció que Australia rompía un contrato de compra de submarinos convencionales por valor de entre 38.600 y 60.000 millones de dólares con la naviera francesa Naval Group. El motivo presentado para acabar con el contrato fue que los submarinos convencionales de la clase Attack “no se adaptan a las necesidades operativas de las próximas décadas”.

La reacción inmediata de Francia fue calificar el rompimiento del contrato de “puñalada por la espalda”. Por lo pronto el canciller francés Jean-Yves Le Drian tachó lo sucedido de “un gran abuso de confianza” y “desprecio” por parte del trío anglosajón. Poco antes Francia había cancelado una reunión que tenía acordada con el Reino Unido para tratar la colaboración en materia de misiles.

“Hemos llamado a nuestros embajadores (de Estados Unidos y Australia) para tratar de comprender y mostrar a nuestros antiguos países socios nuestro gran descontento, que realmente existe una grave crisis entre nosotros”. Tras la retirada de los estadounidenses de Afganistán, sin consultar a sus aliados, y la nueva crisis submarina, “si los europeos no sienten que para permanecer en la historia deben unirse y defender juntos sus propios intereses, entonces su destino será totalmente lamentable”, insistió Jean-Yves Le Drian.

Recordemos que en el contexto de la agudización de la crisis en Afganistán y las críticas a la retirada apresurada e inconsulta de los militares estadounidenses la UE comenzó a discutir nuevamente el tema de la “autonomía estratégica” incluida la creación de una fuerza europea de respuesta rápida.

Además, La Comisión Europea podría dejar de mantener negociaciones sobre un acuerdo de libre mercado con Australia luego de que Canberra rechazara un contrato francés para construir submarinos diésel-eléctricos y se inclinara por los buques de propulsión nuclear construidos por Estados Unidos y el Reino Unido, señaló el secretario de Estado de Francia para Asuntos Europeos, Clément Beaune.

Y nuevamente el Canciller francés dictaminó que la crisis pesará mucho en la definición del nuevo concepto. “Europa debe dotarse de su propia brújula estratégica y esto estará bajo la responsabilidad de Francia en el primer semestre de 2022”, añadió, refiriéndose a la presidencia francesa en la Unión Europea a partir del 1° de enero.

Otras voces opinan que Francia podría ayudar a la India a tener submarinos Attack, pero nucleares, para hacer frente a cualquier posible agresión china en el Indo-pacífico. El Palacio del Elíseo informó que el presidente francés y el primer ministro indio, Narendra Modi, prometieron “actuar juntos en un área del Indo pacífico abierta e inclusiva».

Mediante una llamada telefónica, Macron aseguró a Modi el continuo “compromiso de Francia con el fortalecimiento de la autonomía estratégica de India”, incluida su industria y base tecnológica, como parte de una “relación cercana basada en la confianza y el respeto mutuo”. De acuerdo con un comunicado de la oficina de Macron, el plan tiene como objetivo promover “la estabilidad regional y el estado de derecho al tiempo que descarta cualquier forma de hegemonía”.

Como se ve, la formación de la alianza AUKUS entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos, en el marco de la cual el país oceánico recibirá las tecnologías necesarias para dotarse de submarinos de propulsión nuclear, haciendo nulo un contrato multimillonario con Francia, derivó en una crisis sin precedentes en las relaciones diplomáticas entre París y los países miembros del nuevo pacto.

Si bien la crisis parece amenazar con un deterioro irreparable de las relaciones entre Francia y sus socios, distintos expertos consideran que no pueden esperarse por el momento medidas drásticas por parte de París. Se reveló asimismo que el presidente de Francia y su homólogo estadounidense, Joe Biden, han acordado mantener una conversación telefónica al respecto en los próximos días.

Es que hoy Francia no posee las capacidades militares ni económicas suficientes como para “cerrar de golpe la puerta” y salir de la OTAN. En este sentido, cabe estimar que la política externa de Francia se centrará en Europa, por lo que empezará a promover más activamente el desarrollo de una política común europea autosuficiente de seguridad y defensa.

Pero el pacto AUKUS se concretó para contrarrestar la presencia de los chinos en el Indo-Pacifico y es para China, una amenaza directa, quizás equivalente a la OTAN para Rusia. Precisamente así es como ha sido interpretado por la República Popular China. Para ellos, el proyecto socava la paz y la estabilidad regional, y afecta profundamente la coexistencia pacífica en la región. El telón de la inestabilidad ha acabado por abrirse completamente en el teatro de la geopolítica mundial y en el Indo-pacífico.

* Jurista USAL con especialización en derecho internacional público y derecho penal. Politólogo y asesor. Docente universitario. Aviador, piloto de aviones y helicópteros. Estudioso de la estrategia global y conflictos. 

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