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“COVID 19” EN EL MUNDO ÁRABE: RESPUESTAS TEOCRÁTICAS A LAS PREGUNTAS POLÍTICAS

Salam Al Rabadi*

Las transformaciones creadas por la llamada Primavera Árabe y actualmente por la pandemia Covid 19, no han sido capaces de provocar cambios fundamentales en las percepciones sociales de la política, el Estado, el yo y el otro, donde el pensamiento árabe (hasta cierto punto) todavía se adhiere al principio de vincular la filosofía de la autoridad a la cuestión de la fe religiosa. Por lo tanto, si todo lo que se ve en las políticas gubernamentales es corrupción y usurpación del poder, lo que no ve es que todas estas políticas reflejan la realidad de nuestra sociedad metafísica.

Donde la evaluación del poder y su ejercicio no se puede buscar en el mundo del ocultismo. Aquí podemos decir que todas las interpretaciones (ya sean teóricas o metafísicas) no han logrado llegar a una conclusión lógica con respecto al tema de la búsqueda de fuentes de autoridad o respuesta a los desafíos cruciales.

En consecuencia, la búsqueda racional de la fuente y el ejercicio del poder no requiere ningún tipo de tendencia hacia lo metafísico, para enfatizar la identidad de nuestras sociedades que no confían en sí mismas política y psicológicamente. Y esta realidad ha agotado las capacidades de la nación anteriormente en problemáticas intelectuales sobre lo que es, y la relación con el otro diferente (Occidente), para llegar ahora a ese nivel de colisión con nuestra propia identidad.

En consecuencia, tenemos que hacer frente a ese pensamiento paradójico, basado en dicotomías en colisión.

Aquí, se deben plantear algunas preguntas sobre las opciones intelectuales y políticas disponibles, aparte de la colisión bilateral con el otro o con el ego mismo. Por lo tanto, es lógico que esta realidad dialéctica requiera la búsqueda de una lectura crítica del pensamiento teocrático, para orientar hacia una nueva visión intelectual, que se base en el hecho de que las respuestas teocráticas a las cuestiones políticas ya no son suficientes para dar forma a las características del futuro, o incluso contribuir a encontrar una vacuna, para la emergente pandemia covid 19.

Por el contrario, estas respuestas se han convertido en un título del camino cerrado que han alcanzado nuestras sociedades árabes. En consecuencia, la dirección lógica de los desarrollos en el mundo árabe después de la crisis de la pandemia global solo puede ser hacia el pensamiento crítico, y este pensamiento podrá sostenerse por sí solo después de estar largo tiempo de cabeza. Esto es así si es correcto definir la ideología como una conciencia invertida que se pone de cabeza.

 

* Doctor en Filosofía en Ciencia Política y en Relaciones Internacionales. Actualmente preparando una segunda tesis doctoral: The Future of Europe and the Challenges of Demography and Migration, Universidad de Santiago de Compostela, España.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG. Prohibida su reproducción. 

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BATALLA DE PIDNA (168 A.C.)

Marcos Kowalski*

Tuvo lugar el 22 de junio de 168 AC, en el noreste de Grecia cerca de la localidad de Pidna, en el golfo de Tesalónica. Se enfrentaron el ejército romano bajo el mando del cónsul Lucio Emilio Paulo Macedónico y el de Macedonia dirigido por su rey Perseo. Esta batalla puso de manifiesto la supremacía de la legión romana sobre la rígida falange macedonia.

 

Al analizar esta batalla, donde las legiones romanas comandadas por Emilio Paulo, vencieron —en aproximadamente una hora— al ejército de Perseo, se observa que el tiempo de las falanges herederas de Alejandro Magno había llegado a su fin, haciendo que el Reino de Macedonia dejara de existir ese mismo año. Veremos como combatían ambos oponentes en la época —la falange macedonia y la legión romana— y a qué tipo de evolución habían llegado los ejércitos.

La falange griega proviene al parecer de la Ciudad Estado de Tebas de Beocia, cuya hegemonía tuvo lugar unos años antes que la de Macedonia y se atribuye su creación a dos generales, Pelópidas y Epaminondas, mientras que su perfeccionamiento se debió a Filipo de Macedonia.

Según Polibio, quien dejó una descripción de su funcionamiento, cada soldado, con sus armas, ocupaba un espacio de tres pies en posición de combate, mientras que la longitud de la lanza larga que llevaba o sarisa era de 16 codos. Esta circunstancia despejaba una distancia de 10 codos por delante de cada hoplita, cuando cargaba sujetando la lanza con ambas manos. La longitud de las lanzas permitía que el combatiente de la primera fila quedara protegido por las que sobresalían procedentes de la 2ª, 3ª, 4ª y 5ª fila. Dado que la falange contaba con 16 filas de profundidad, de las que sólo atacaban las cinco primeras, las otras 11 se limitaban a levantar las sarisas por encima del hombro de los que les precedían protegiéndolos y, en su caso, relevándolos.

Esta unidad, que requería de mucha coordinación y disciplina en los hombres que la componían, resultaba invencible en la medida que destrozaba el orden de batalla del enemigo, por regla general, incapaz de acabar con aquel erizo de lanzas largas.

Pero había dos puntos débiles. El primero era la necesidad de contar con un terreno llano y sin obstáculos. El segundo, que carecía de capacidad de maniobra frente a un ataque envolvente. El tercero, que solo valía para el conjunto. Si el enemigo lograba romper la formación, cualquier miembro de la falange aislado no podía recibir ayuda de sus compañeros y estaba condenado a muerte, ya que no podía defenderse a sí mismo.

La legión romana (del latín legio, derivado de legere, recoger, juntar, seleccionar) era la unidad militar de infantería básica del ejército romano. Consistía en un cuerpo de infantería pesada inicialmente de unos 4.200 hombres, según el historiador antiguo Polibio, que más tarde alcanzaría entre los 5.200 y 6.000 soldados de infantería y 300 jinetes para completar un total de entre 6.000 y 6.300 efectivos, según nos cuenta Tito Livio.

Fue durante las guerras samnitas (guerras intermitentes entre el 343 y el 290 a C.) cuando las legiones se organizaron de un modo más formal, ya que se vieron obligadas a luchar en un terreno montañoso no apto para la falange. Debido a esto se pasó del sistema de falange al sistema de manípulos y centurias, más flexible y apto para el terreno montañoso. Más tarde, tras la reforma de Cayo Mario, se adoptó el sistema de cohortes.

Mario impulsó una reforma militar en el 107 a.C. que marcó el inicio de la profesionalización del ejército romano implantando medidas e invitando a participar del ejército a cualquier ciudadano romano, rico o pobre, en las campañas militares de Roma, en el que el Estado proporcionaba el equipamiento necesario para poder combatir. Esta última medida es quizás la más importante ya que se estandariza el equipamiento para todos los legionarios, a la par que, por tanto, todos deberían recibir el mismo entrenamiento. La legión se convirtió en casi invencible para cualquier otro pueblo.

A partir de ese momento, el legionario es un soldado profesional, que recibe una paga por su servicio y la promesa de mejoras económicas una vez concluido. Los miembros del censo por cabezas que terminaban el servicio recibían una pensión de su general y una finca en alguna zona conquistada a la que podían retirarse.

En cuanto a la organización táctica la estructuración del ejercito romano, empleaba como unidad táctica el manipulo (formado por dos cuadros de 12 soldados de frente por 5 de fondo —60 hombres—, con excepción de los últimos o triarios que eran de 10 x 3 —30 hombres—) compuestos de soldados de la misma clase, denominados velites, hastati, prínceps y triari. Cada manipulo estaba mandado por un centurión, ayudado por un ayudante denominado optio.

Se asignó un emblema o enseña a cada legión, el Aquila de plata El águila supone la conversión de la legión en un cuerpo, con un espíritu colectivo y una continuidad de tradición. La pérdida de las águilas, como les sucedió a Craso o Marco Antonio en Oriente o a Varo entre los germanos, es el mayor deshonor que puede sufrir un cuerpo legionario. El suboficial a cargo del águila era el aquilifer.

Las legiones tenían un entrenamiento en diversas formaciones de combate perfectamente sincronizadas, siendo su armamento estándar, La llamada gladius o espada corta, de medidas aproximadas de 60-85 cm, de hoja recta y ancha de doble filo, el pilum un arma arrojadiza pesada, diseñada para ser lanzada con la mano a corta distancia, justo antes del combate cuerpo a cuerpo, el soliferreum, una jabalina pesada de 2 metros de largo, toda ella forjada en una sola varilla de hierro y terminada en una punta corta, a veces con aletas barbadas, y la falárica que era un arma casi idéntica al pilum, y que podía además ser empleada como arma incendiaria, mientras que se cubrían con el famoso scutum que era el término en latín para referirse al escudo.

Veamos cómo se planteó entonces la batalla de Pidna y quienes la condujeron; el romano Lucio Emilio Paulo, era para entonces un militar curtido, sin grandes apoyos políticos y que se manejaría con los principios que enunciaba en sus propias palabras: “un soldado debería preocuparse por su cuerpo, para mantenerlo tan fuerte y tan ágil como fuera posible; el buen estado de su armamento, y tener siempre dispuestas las provisiones de alimentos para hacer frente a cualquier orden inesperada”. Impuso una disciplina férrea entre las tropas que, tras una breve etapa de preparación, se pusieron en marcha y estudiaron la forma de colarse entre la red de fortificaciones macedonias.

En el otro bando estaba Perseo rey de Macedonia quien, tras la muerte de Filipo, se había empeñado en la tarea de levantar Macedonia como potencia mundial. Se alió con la belicosa tribu germana de los bastarnos y apoyó a las facciones democráticas de las ciudades de Grecia, de modo que se colocó en el bando contrario a Roma.

En el año 172 a. C. Roma declaró la guerra a Perseo. Los primeros ejércitos enviados por la República estuvieron a cargo de Publio Licinio Craso y de Aulo Hostilio Mancino, quienes fueron incapaces de ganar terreno al macedonio, vencedor de varias escaramuzas.

El siguiente general romano destinado allí, Quinto Marcio Filipo, “un hombre mayor de sesenta años y con un enorme sobrepeso”, según Livio, no consiguió forzar una batalla decisiva en su año como cónsul contra los macedonios; a su regreso a Roma fue relevado por Lucio Emilio Paulo.

Perseo estaba muy atento a las tropas de Paulo, esperando enfrentarlo junto a su frontera, sin percatarse de que los romanos habían logrado, mientras los macedonios permanecían inactivos, en una maniobra de rodeo, traspasar su retaguardia a través de complicados pasos montañosos.

Al advertir la maniobra y la presencia de romanos en su tierra, Perseo decidió abandonar la línea defensiva en Elpeüs con dirección a Pidna. El 21 de junio de ese año, el monarca macedonio desplegó su ejército, 44.000 efectivos, en las afueras de Pidna, un territorio abierto y adecuado para las prestaciones de su infantería. Mientras la falange permaneciera en buen orden era muy difícil que cualquier enemigo, desde el frente, pudiera sobrepasar esa barrera de puntas de lanzas.

Sin embargo, la ventaja de los legionarios estaba en su movilidad táctica y su mayor velocidad de maniobras y cambio de dispositivo frente a los lanceros macedonios, dado que la sarisa era un arma de difícil manejo. Además, los legionarios contaban con años de experiencia a sus espaldas tras la lucha contra Cartago y habían incluido elefantes en sus filas. Durante esta Tercera Guerra Macedonia, Perseo no pudo hacerse con ninguno de estos animales, mientras que la fuerza romana sumaba una veintena de estas bestias, que habían logrado a través de sus aliados númidas.

El cónsul romano ordenó formar a sus legiones, unos 30.000 hombres, en triplex acies. Esto significaba colocar en primera línea a los velites (tropa ligera), en segunda línea a los hastati (infantería pesada), luego a los princeps (veteranos a punto de completar su contrato militar) y, finalmente, a los triarii (las tropas de élite). Ordenó a sus hombres que se mantuvieran en alerta, pero no dio el grito de avanzar. Paulo sabía de lo poco propicio de aceptar la batalla si es el enemigo el que la propone. Sus tropas estaban cansadas tras la preparación  y marcha y la formación se había reunido a toda prisa. Los romanos terminaron el día retirándose en orden hacia su campamento, frente a lo cual Perseo no pudo o no quiso forzar el combate.

Al día siguiente, ninguno de los comandantes pareció tampoco con voluntad de combatir. Cuando ya anochecía, sin embargo, algunos esclavos perdieron el control de una mula y entraron en disputa con tropas tracias. Según Plutarco, un grupo de auxiliares ligeros alcanzó la posición al oír el escándalo, lo que a su vez sumó otros refuerzos.

Aquel incidente derivó en una batalla campal, con las tropas saliendo a la carrera y en desorden de los respectivos campamentos. Un obseso del orden como era Paulo debió quedar horrorizado ante aquel inicio de la batalla, si bien no había ya más remedio que improvisar. Años después admitiría que la visión de la falange, con aquellas líneas cerradas de lanzas, era lo más terrorífico que había visto en su vida.

Lucio Emilio Paulo dirigió en persona a la Primera Legión hasta situarla en el centro exacto de la batalla. En torno a ese punto se organizaron el resto de tropas. Los primeros encuentros entre legionarios y soldados de la falange se toparon con el inexpugnable orden macedonio.

Los romanos carecían de hombres suficientes para flanquear a la falange, de modo que todos sus ataques frontales no sirvieron para nada. En un intento por romper las tablas, el comandante de cohorte Salvio arrojó el estandarte de su unidad sobre las filas enemigas. A continuación, los romanos se lanzaron a recuperar su símbolo a la desesperada. Algunos trataron de cortar las sarisas, otros de desviarlas, pero ningún esfuerzo logró romper la integridad de la unidad de la falange macedonia.

Al derrumbe de las tropas romanas en esta posición, la Primera Legión se adelantó para detener el avance macedonio. La Segunda Legión también dio un paso al frente, mientras por el flanco derecho los elefantes causaban un gran desorden. Los intentos de Perseo por adiestrar tropas anti elefantes se revelaron al momento un fracaso. El desorden en los flancos provocó que, por primera vez aquel día, la falange se disgregara en varias unidades menores, un defecto habitual de esta formación incluso en tiempos de Alejandro. En cuanto los bloques de lanceros se movían, acababan dispersos.

La irregularidad del terreno hacia el campamento romano y la falta de tiempo para organizar las falanges contribuyeron a la disgregación. Poco a poco, los centuriones lograron ocupar los espacios abiertos por las falanges, hasta el punto de infiltrarse entre los macedonios. Expertos en el cuerpo a cuerpo, los legionarios hicieron las delicias de su oficio gracias a sus gladius hispaniensis, un arma idónea para combatir contra los lentos macedonios, incapaces de maniobrar con sus enormes lanzas.

En cuanto la falange se hundió, la caballería macedonia abandonó el campo de batalla. Solo el caos inicial salvó a algunas unidades, que ni siquiera se habían desplegado. Al finalizar el día, murieron unos 20.000 macedonios y 6.000 quedaron prisioneros. Solo 100 romanos perecieron.

La batalla había durado únicamente una hora. Tiempo suficiente para escribir el epitafio de la falange macedonia. La falta de maniobrabilidad y de improvisación de los herederos de Ares evidenció la superioridad del sistema táctico romano.

 

* Jurista USAL con especialización en derecho internacional público y derecho penal. Politólogo y asesor. Docente universitario. Aviador, piloto de aviones y helicópteros. Estudioso de la estrategia global y conflictos. 

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¿PUEDE SIRIA RENACER DE LAS RUINAS DESPUÉS DE UNA DÉCADA DE GUERRA CIVIL? EL PAPEL DE LOS JUGADORES EXTRARREGIONALES.

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de MichaelGaida en Pixabay 

Después de 10 años de guerra civil, según datos del “Observatorio Sirio de Derechos Humanos” (una organización no gubernamental con sede en Londres), 6.800 personas murieron en Siria en 2020, la cifra más baja desde 2011.

En total, en la larga y sangrienta década, 387.000 personas han muerto, de las cuales 117.000 civiles inocentes son víctimas de una guerra que comenzó con una protesta estudiantil y rápidamente se convirtió en una pequeña “guerra mundial” que vio a las fuerzas turcas, iraníes, rusas y estadounidenses en el campo, así como a los contendientes “locales”, a saber, el ejército leal de Al Assad y las diversas milicias indígenas, desde los kurdos del noreste hasta milicianos yihadistas de varios colores o extracciones.

Dada la importancia de Siria en Medio Oriente y en el equilibrio entre el Mediterráneo y el norte de África, puede ser útil volver a rastrear, antes de analizar los posibles acontecimientos de la situación geopolítica desencadenada por el conflicto, las cinco fases a lo largo de las cuales se desarrolló la guerra siria, que ha sido la consecuencia más explosiva y sangrienta de todo el fenómeno de la llamada “primavera árabe”.

La primera fase, en marzo de 2011, fue desencadenada por una manifestación de estudiantes en Deraa que, a raíz de las primeras protestas en Egipto y Túnez, tomaron las calles para exigir la democratización del régimen de Assad, basada en un grupo de liderazgo alauita (una secta minoritaria de derivación chiíta) que había estado en el poder durante más de cuarenta años en un país en el que los sunitas, enemigos históricos de los chiítas, que representan —entonces como hoy— 65% de la población.

La represión policial de las manifestaciones estudiantiles fue dura y, gracias en parte a una hábil campaña de información y desinformación de Al Jazeera —la estación de televisión de Qatar muy hábil en la defensa de los intereses de la “Hermandad Musulmana” protegida y apoyada por el emir de Doha— las protestas se extendieron rápidamente por todo el país, mientras las fuerzas de Al Assad trataban de controlarlas con puño de hierro militar.

Pronto, lo que parecía ser una reedición del 68 francés en forma árabe se convirtió en una evidente guerra civil.

A principios de 2012, la segunda fase de la crisis, la protesta en las calles se convirtió en conflicto armado debido al descenso al campo de milicias cada vez más armadas y organizadas, gracias a las armas y el dinero de Qatar y de la Turquía de Erdogan.

Mientras el régimen de Damasco comenzaba a perder el control de territorios estratégicos en el norte y sur del país, cediendo la ciudad de Alepo a los insurgentes, Irán —preocupado por la suerte del régimen y la minoría alauita—, hizo que las milicias intervinieran en el conflicto. Chiítas de Hezbollah, del vecino Líbano, y “asesores militares” del “Cuerpo de Guardia de la Revolución Iraní”, una poderosa organización paramilitar creada por los ayatolás, intervenían en el conflicto para defender los intereses de Teherán en el extranjero y la estabilidad de la república teocratica al interior.

En la primavera de 2013, el régimen sirio pareció al borde del colapso, pero gracias a la ayuda iraní logró mantener el control de la capital y de los puertos estratégicos de Latakia y Tartus, adonde  fue “invitada” una fuerte presencia naval rusa era.

La tercera fase marca la internacionalización del conflicto, con el nacimiento del autodenominado Estado Islámico y la intervención estadounidense y turca.

En junio de 2014, un grupo político-militar sunita formado por ex miembros iraquíes del régimen de Saddam Hussein, ante la ahora total marginación de la minoría sunita en Irak por parte de la mayoría chiíta, decidió formar el “Estado Islámico de Irak y Siria”, una organización militar yihadista destinada a construir una nueva nación sunita que atrapara a dos Estados considerados “bastardos” porque fueron concebidos por los anglo-franceses.

Las fuerzas armadas del Estado Islámico, bajo el liderazgo del “Califa” Al Baghdadi, conquistaron rápidamente la ciudad de Raqqa y los territorios del noreste en la frontera con Turquía y el Kurdistán iraquí y gracias inicialmente a la ayuda turca amenazaron con exterminar a la población kurda siria y establecer un sangriento régimen de terror en las zonas conquistadas.

La amenaza del Estado Islámico provocó la primera intervención estadounidense, con bombardeos dirigidos a defender a los kurdos, mientras que Turquía también apoyaba la formación de milicias sunitas reunidas bajo el acrónimo “Jabhat Al Nusra”, las que redujeron progresivamente el control del territorio sirio por las fuerzas leales leales a Damasco.

En 2015, la cuarta fase del conflicto, el destino del régimen de Assad parecía marcado: el ejército de Damasco ni siquiera controlaba toda la capital, el aislamiento internacional del régimen era casi absoluto y las fuerzas sunitas del Estado Islámico y de Al Nusra parecían destinadas a una victoria que entregaría Siria a los fundamentalistas y traería de vuelta al centro de la escena de Oriente Medio una Turquía neo-otomana cuyo líder, Tayyip Recep Erdogan, tiene como objetivo el doble objetivo de reducir permanentemente el irredentismo kurdo y garantizar el papel de Ankara como centro de gravedad de ese escenario.

Es en este punto que Rusia intervino directamente en el campo, flanqueando su fuerza aérea con las fuerzas iraníes desplegadas para defender a Assad y marcando una reversión del destino de un conflicto cada vez más confuso y sangriento.

En la quinta y última fase de la guerra siria, gracias al apoyo militar ruso, que casi conduce a un enfrentamiento directo entre Moscú y las fuerzas turcas, las fuerzas armadas sirias recuperaron no sólo el control total de la capital, sino también de todas las ciudades que habían caído bajo el control del Estado Islámico y de sus aliados, desde Alepo hasta Raqqa, ahora reducidas a una pila de escombros por los combates de calle a calle y los bombardeos rusos y estadounidenses.

La conquista final de Deraa, la ciudad simbólica de la guerra civil, por parte del ejército de Assad a finales de 2018 marcó el fin de las esperanzas de los sunitas y de sus partidarios internos y externos de derrocar al régimen laico-alauita en Damasco, pero, como muestran las 6800 muertes de 2020, Siria puede considerarse pacificada.

La guerra civil siria ha tenido impactos significativos en todo el Medio Oriente y Europa.

Más de 3 millones de refugiados han entrado en Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto. Algunos de ellos también llegaron a Europa a través de Grecia, mientras que Erdogan estaba “convencido”, con una donación de 7.000 millones de euros, de limitar, primero, y luego bloquear el flujo de migrantes sirios al Viejo Continente.

Siria, hoy en día, es un país en ruinas que, sin embargo, sigue siendo un centro fundamental para el equilibrio de Medio Oriente.

El papel desempeñado hasta ahora en el conflicto por Rusia, Irán y Turquía y, aunque marginalmente, por Estados Unidos e Israel, muestra que lo que parecía ser la “primavera árabe” en Damasco en realidad representaba un intento de explotar la impopularidad internacional del régimen de Assad para alterar los equilibrios regionales en favor de Ankara, Qatar y los sunitas más reaccionarios.

A pesar del golpe militar turco que, en 2019, intentó eliminar permanentemente la amenaza kurda de sus fronteras apoderándose del territorio sirio, Siria está volviendo gradualmente a integrarse en el mundo árabe.

Un mundo que ha sobrevivido al impacto de la falsa “primavera” que, mal analizado por un Occidente miope y superficial, no fue enmarcado en un primer momento en su ámbito más realista, es decir, el de un intento bien orquestado por la parte más reforzada del Islam político, de derribar a los gobiernos seculares del mundo árabe-musulmán.

Gracias al compromiso de Al Sisi en Egipto, Damasco ha vuelto a entrar en la Liga Árabe y ha restablecido progresivamente las relaciones diplomáticas con la mayoría de las naciones árabes. El Cairo, con su apoyo a Assad, está tratando de limitar la fuerte presencia de Irán en la región y el activismo sin escrúpulos del presidente turco Erdogan, quien todavía sueña con convertirse en el “dominus” del tablero de ajedrez.

La peor parte de la guerra siria ha terminado. El Califato ha sido derrotado militarmente, pero todavía controla algunas rebanadas de territorio en el noreste del país y sigue siendo capaz de llevar a cabo ataques esporádicos contra las fuerzas armadas regulares.

Turquía sigue siendo una amenaza para la estabilidad de Siria, un país semidestruido, con una economía colapsada, un colapso cerrado por las sanciones estadounidenses y por la pandemia del Covid 19.

Egipto, los Estados del Golfo y Rusia están trabajando para normalizar las relaciones de Siria con el resto del mundo, iniciando los primeros pasos en el proceso de reconstrucción física de un país en ruinas. China y Corea del Norte también están en el juego, un juego que tendrá repercusiones económicas importantes y positivas para los protagonistas del proceso en el futuro.

Por ahora, Europa y Estados Unidos están mirando, contentándose con mantener un sistema de sanciones indiscriminadas que tienen efectos negativos no sobre la estabilidad del régimen sino sobre el bienestar de sus ciudadanos.

Después de una década de guerra, Siria tiene derecho a la paz y a la reconstrucción, un proceso complejo al que Europa debe mirar pragmática y racionalmente, recordando la reflexión de Henry Kissinger de que “la paz no se puede hacer en Medio Oriente sin Siria”.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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