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LOS HERODES ACTUALES

Marcelo Javier de los Reyes*

Líbrame Señor, del hombre perverso, defiéndeme del hombre violento, de los que en su corazón planean maldades y provocan discordias todo el día.

Salmo 140

 

El 28 de diciembre es la fecha en la que la cristiandad conmemora a los Santos Inocentes. En la época en que ocurrieron los hechos gobernaba en Palestina —región en la nació el cristianismo y desde la que se extendió al mundo— el Imperio romano. Palestina formaba parte de la provincia romana de Siria, conquistada por los romanos en el 64 a.C. Un año después, Jerusalén fue tomada y saqueada. Palestina gozó de una independencia limitada durante los reinados de Herodes el Grande (37-4 a.C.) y de su hijo Herodes Antipas (41-44 d.C.).

En el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo, el evangelista nos narra que Jesús nació en Belén, un pueblo de Judea en tiempos de Herodes (Mateo 2,1). Cuando unos sabios de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron “dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer”, hecho que sabían que había ocurrido porque habían visto su estrella en el Oriente y por el cual se dirigieron a esa ciudad para adorarlo, la pregunta alarmó al rey Herodes el Grande, quien convocó a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley para preguntarles dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le respondieron en Belén de Judea. Herodes agudizó su curiosidad y pidió a algunos sabios que se trasladaran a Belén para que lo informaran con precisión con el pretexto de que él quería adorarlo.

Mateo nos dice que los sabios encontraron al niño con su madre María pero que fueron advertidos en sueños de que no debían regresar para informarle a Herodes, por lo que regresaron a su país por otro camino (Mateo 2,9-12). Una vez que los sabios se marcharon, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo que tomara al niño y a su madre y que huyeran a Egipto, porque Herodes buscaría al niño para matarlo. Permanecieron en Egipto hasta la muerte de Herodes, quien al sentirse burlado por los sabios, ordenó matar a todos los niños menores de dos años de Belén y de todos sus alrededores.

Este evento que podemos leer en Mateo 2,16-18 es el que suele conocerse como la “masacre de los inocentes”. No es un hecho de poca importancia en la fe cristiana. En absoluto.

Resulta por demás ofensivo que por esos días, siguiendo lo propuesto por el presidente argentino Alberto Fernández, los legisladores nacionales debatieron sobre la ley del aborto, la cual aprobaron los senadores cuando se conmemoraba esa masacre.

Su aprobación significa que bajo el argumento de que “mi cuerpo es mi derecho”, muchos niños por nacer no nacerán. Muchos inocentes serán víctimas de ese “derecho” que no les da ningún derecho. Vidas destruidas por un derecho absolutamente subjetivo.

No obstante, cabe recordar que esta siniestra idea de matar niños por nacer fue previamente sugerida por el presidente Mauricio Macri, porque ni Cristina Fernández de Kirchner se animó a tanto. Pero la agenda global es la agenda global y no importa el color del gobierno, ambos, macristas y kirchneristas, la siguen al pie de la letra. No debemos engañarnos.

El sacerdote católico irlandés Malachi Martin (1921-1999), en su libro publicado a principios de la década de 1990, El último Papa, nos muestra un mundo que se parece al que asistimos. En su novela nos presenta un complot de miembros de la Iglesia, políticos y empresarios que, unidos por su pertenencia a la masonería, por su delirio globalista y por su sumisión al Maligno, procura establecer un gobierno mundial, en el que la Iglesia Católica abandone sus tradiciones y su misión para servir al poder global. Por ese entonces, tenían un fuerte enemigo al que deseaban hacer renunciar: el “papa eslavo”, como lo llama el autor.

Como otras novelas suyas, los hechos reales del mundo y de la Iglesia se mezclan entre los personajes, no siempre totalmente ficticios.

Es conocido donde se origina el plan de control demográfico pero vale aquí citar unos párrafos del libro:

“El documento de 1974, titulado oficialmente National Security Study Memorandum 200: Implications of Worldwide Population Growth for U.S. Security and Overseas Interests, pero conocido simplemente como NSSM 200, había determinado la política estadounidense para los treinta años siguientes”.

“Como documento básico, el NSSM 200 señalaba trece países cuyo papel sería estratégico como fuentes de materias primas para la seguridad estadounidense y como mercados importantes para mercancías y servicios occidentales. Las naciones en cuestión eran India, Paquistán, Bangladesh, Nigeria, México, Indonesia, Brasil, Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia. La preocupación que se expresaba en dicho documento era que la tasa de crecimiento demográfico de dichos países se consideraba demasiado alta para su estabilidad”.

“Las recomendaciones del NSSM 200 eran simples y claras: ayuda financiera del gobierno de Estados Unidos a dichos países entre otros, a fin de aumentar el uso de anticonceptivos, abortos y esterilización de ambos sexos, y promover la investigación genética. En otras palabras, la premisa básica del NSSM 200 era que el control de la población en el extranjero era tan necesario para Estados Unidos, como la integridad de su propio territorio, o como su derecho a sus libertades fundamentales y a su viabilidad como nación soberana”.

“El NSSM 200 se entremezcló rápidamente con la textura de la política exterior estadounidense. El 26 de noviembre de 1976, mediante otro documento titulado National Security Decision Memorandum 314, conocido como NSDM 314, el presidente Ford convirtió el NSSM 200 en una guía obligatoria para todos los departamentos gubernamentales estadounidenses, incluido lo relacionado con el Departamento de Estado, la Tesorería, los ministerios de Defensa, Agricultura, Salud y Servicios Sociales, el Departamento de Desarrollo Internacional y el Consejo Presidencial de Economía. En consecuencia, Estados Unidos gastó más que todos los demás países unidos durante los años siguientes, para poner en práctica dicha política de control demográfico. Pero otros países comprendieron también la sensatez de cooperar en cierta medida. Junto a Estados Unidos, canalizaban aportaciones mediante el Fondo de Población de las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Federación de Paternidad Planeada y un sinfín de organizaciones privadas”.

“Pero en los años noventa, a pesar de su innegable progreso, había llegado el momento de lanzar una política de control demográfico a gran escala. El próximo presidente, fuere quien fuese, debería asegurar la disponibilidad regular de materias primas de los países todavía no industrializados y la viabilidad de dichas naciones como mercados para los siete grandes gigantes industriales. Pero a fin de que dicho impulso venidero fuera viable, los estrategas estadounidenses debían superar las reticencias políticas de algunos de sus socios en el grupo de los siete grandes, para quienes el control demográfico era todavía un tabú político. Sencillamente, y a pesar del desdén oficial por la Roma papal, la política local convertía el consentimiento del sumo pontífice en indispensable para que los socios de Estados Unidos en el G-7 apoyaran la política de control demográfico, a la escala que los estrategas estadounidenses consideraban esencial”.

Kissinger fue secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional siendo Richard Nixon presidente. Foto AP.

De esa manera la seguridad nacional de los Estados Unidos estadounidense quedaba ligada al control sistemático de la población. De este modo puede comprenderse por qué las corporaciones se lanzaron al control global de las empresas de alimentos, al control de las semillas y a través de ellas de los propios grandes productores, dejando al margen a los campesinos que cultivaban para la subsistencia. Paralelamente, la Geopolítica era considerada una mala palabra por haberla asociado al Tercer Reich, pero de hecho se ponía en práctica.

Asimismo Malachi Martin explica detalladamente el uso que se les da a los nonatos, cómo se los clasifica y separa en partes como si fueran repuestos.

Lo que resulta incomprensible, quizás si uno no piensa mucho, es cómo los grupos de izquierda y dirigentes políticos con una retórica anti imperialista, apoyan el aborto siguiendo al pie de la letra los planes de la seguridad nacional estadounidense. Claro, hay que recordar que hay muchas fundaciones por detrás, las que mueven mucho dinero y tienen la posibilidad de comprar voluntades, o políticos de convicciones débiles pero con ciertas ambiciones económicas.

Los Herodes actuales son lo que propician la muerte de millones de niños sancionando leyes en contra de la vida y en detrimento de su Patria y de la fe de su población. Se trata de un asesinato y ya se ha escrito bastante acerca de su inconstitucionalidad, pues nuestra Carta Magna brinda garantías en favor de la vida.

Por otro lado, la mentira, porque nuestro país ya contemplaba el aborto en su Código Penal desde 1921.

Para mayor inri, en el mismo momento en que los legisladores votaban el ajuste para los jubilados, la Justicia autorizó a Cristina Kirchner a cobrar la pensión de Néstor Kirchner, a lo que suma los honorarios como vicepresidenta. Cabe recordar que el 13 de octubre de 2010, el Senado sancionó una ley que instauraba el 82% móvil para las jubilaciones pero, al día siguiente, la entonces presidente Cristina Kirchner la vetó.

Como alguien recordó por ahí “el sentido de la oportunidad es uno de los componentes de la prudencia, virtud esencial de quien gobierna, aunque no la única”.

Asistimos a una era en la que no valoramos la vida sino que propiciamos la muerte… y la de los que no pueden defenderse.

La cobardía y miserabilidad de la corporación política es tal que sólo se animan a ir contra los que no se pueden defender: los niños por nacer y los ancianos.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

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NAGORNO KARABAJ, LA PEQUEÑA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS EN EL CÁUCASO

Giancarlo Elia Valori*

De 1618 a 1648 Europa fue destrozada por el violento e implacable conflicto entre protestantes y católicos. Después del final del ciclo de cruzadas que había resultado el primer conflicto entre cristianos y árabes, pero el primer y más severo conflicto armado entre las dos grandes almas del cristianismo, lo que los historiadores más tarde llamaron la “Guerra de los Treinta Años”, ciertamente no fue la última guerra religiosa. La Guerra de los Treinta Años terminó con la Paz de Westfalia que condujo al nacimiento de los Estados-Nación europeos y —como epílogo paradójico a una guerra desatada por razones religiosas— puso fin al control ejercido por la Iglesia sobre los reinos cristianos y sepultó cualquier intento del clero protestante de interferir en los asuntos políticos, aplastándolo mucho antes de que pudiera manifestarse abiertamente. Desde entonces, los centros de gravedad de los conflictos (también) sobre una base religiosa se han desplazado hacia la confrontación islámico-judía (las guerras árabe-israelíes de la segunda mitad del siglo XX y el enfrentamiento entre el Islam y el cristianismo.

Los conflictos religiosos tienden a ser feroces y sangrientos porque ninguna de las partes involucradas parece estar dispuesta a mediar con una contraparte considerada apóstata o de todos modos “infiel”. Frente a un público internacional distraído por las preocupaciones de la pandemia de Covid-19, el conflicto de 30 años aún no resuelto por el control de Nagorno Karabaj —una guerra de 30 años a pequeña escala porque se limitó al Cáucaso Meridional— volvió a estallar violentamente el 27 de septiembre pasado. Es el enfrentamiento entre Azerbaiyán musulmán y Armenia cristiana, que reclama un control de iure sobre una región, a saber, Nagorno, que ya controla de facto, aunque su territorio está totalmente cerrado dentro de las fronteras azerbaiyanas y sin ninguna conexión geográfica con la disputada patria armenia. Como veremos más adelante, el conflicto tiene raíces antiguas y profundas, pero está lleno de implicaciones geoestratégicas que podrían causar daños y tensiones extra regionales que son potencialmente muy peligrosas.

Raíces antiguas y profundas que, en este caso, también pueden ser llamadas “raíces del mal”. A finales de la década de 1920, Stalin —que estaba decidido a aplastar todas las ambiciones nacionalistas de las diversas almas que conformaban el enorme imperio soviético— tomó medidas drásticas para evitar que los diferentes grupos étnicos panrusos crearan problemas políticos y, con su habitual puño de hierro, decidió transferir poblaciones enteras a miles de kilómetros de distancia de sus asentamientos tradicionales para eliminar sus raíces étnicas y culturales. Chechenos, cosacos y alemanes se dispersaron a los cuatro rincones del imperio, mientras que el dictador soviético decidió —bajo la bandera del principio más clásico de “dividir y gobernar”— asignar la jurisdicción política y administrativa de la región autónoma de Nagorno Karabaj —habitada por poblaciones armenias y cristianas— a la República Socialista de Azerbaiyán, poblada por musulmanes azeríes, con el fin de mantener bajo control cualquier autonomía armenia.

Como también sucedió en los países satélites (véase el ejemplo de la Yugoslavia de Tito), el régimen comunista en Rusia logró contener —incluso con el uso sin escrúpulos del terror y la limpieza étnica— cada reivindicación nacionalista de todos los diferentes grupos étnicos que conforman el imperio. Esta operación, sin embargo, perdió su impulso cuando, en la segunda mitad de la década de 1980, la cautelosa campaña de modernización del país y el inicio de las tímidas reformas liberales de Mijaíl Gorbachov con su Perestroika causaron repercusiones inesperadas en las relaciones entre armenios y azerbaiyanos. El odio y el espíritu de venganza sin fin resurgieron debido a la disminución de medidas opresivas y represivas que, hasta ese momento, habían contribuido a mantener vivo al régimen soviético. La cohesión política y administrativa que había convertido a la Unión de Repúblicas en un organismo unitario comenzó a fracasar y las demandas de autonomía se volvieron cada vez más apremiantes.

Una vez más en 1988 el Parlamento regional de Nagorno Karabaj votó una resolución que marcó el regreso de la región a la jurisdicción administrativa de la República Armenia, la “madre patria cristiana”.

A partir de ese momento, la tensión entre armenios y azerbaiyanos se montó progresivamente, con enfrentamientos aislados y violencia interétnica que llevaron a la guerra abierta en 1991 cuando, inmediatamente después del colapso y disolución de la URSS, los armenios declararon formalmente la anexión de la disputada región de Nagorno Karabaj a la República de Armenia, desencadenando así un sangriento conflicto contra el vecino Azerbaiyán, un conflicto que duró hasta 1994 en el que murieron más de 30.000 civiles y militares.

Frente a la incapacidad del gobierno de Boris Yeltsin para llevar a las partes beligerantes de nuevo a la razón y a la mesa de negociaciones (que siempre es difícil en los conflictos étnico-religiosos) y ante la incapacidad de las Naciones Unidas para resolver el conflicto azerí-armenio, por cualquier medio necesario y lo que sea necesario, como se consagra en su Carta, intervino la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Bajo sus auspicios, se estableció en 1992 el “Grupo Minsk” —una mesa de negociación permanente gestionada por Francia, la Federación de Rusia y los Estados Unidos—.

A pesar del compromiso del Grupo de Minsk, la guerra entre armenios y azerbaiyanos continuó hasta 1994, cuando terminó —sin firmar ningún acuerdo de paz— después de que los armenios tomaran el control militar de Nagorno Karabaj y más de un millón de personas se vieran obligadas a abandonar sus hogares. Un doble éxodo que recordó al que siguió a la división entre la India y Pakistán, con los azerbaiyanos que, como musulmanes e hindúes, abandonaron sus tierras a los armenios y a los armenios que ocupaban casas traseras y territorios que creían que les habían sido arrebatados injustamente por maniobras estalinistas.

El fuego del conflicto seguía ardiendo, con enfrentamientos y agresión armada, durante más de una década y más tarde estalló de nuevo, sin razón aparente ni factor desencadenante, en abril de 2016. Los observadores internacionales se mostraron perplejos por esa reanudación de las hostilidades: decenas y decenas de soldados de ambos bandos murieron sin razón aparente ni factor desencadenante. Según algunos observadores especializados en este extraño y arcaico conflicto, las causas de la reanudación de las hostilidades se encontraban en el deseo de los Estados opuestos de “ganar terreno” y tomar el control de las áreas estratégicas lejos del enemigo. Según otros observadores internacionales probablemente más fiables, la razón del resurgimiento del conflicto tuvo que buscarse dentro de los dirigentes armenio y azerbaiyano. En medio de una crisis económica debida al colapso del mercado internacional del petróleo crudo (y los precios), ambos gobiernos dieron una mano libre a sus respectivos “perros de guerra”, con miras a reunir de nuevo su público desorientado e insatisfechos con el colapso de la economía. Islam, petróleo y Cristianismo eran los ingredientes explosivos de una peligrosa y aparentemente insalvable situación. En Bakú, capital de Azerbaiyán, multitudes se manifestaron por semanas, meses o años bajo la bandera de “Karabakh es Azerbaiyán”.

En Ereván, la capital de “Armenia”’, multitudes similares —aunque de una religión diferente y enemiga— pidieron “Libertad para nuestros hermanos de Karabaj”.

Mientras tanto, el fuego seguía ardiendo: Armenia tenía un control de facto de la región en disputa, que estaba totalmente dentro de las fronteras azerbaiyanas, sin corredor que la conectara con la “madre patria” armenia. El conflicto interétnico e interreligioso se complica aún más por factores geopolíticos.

Turquía es un socio tradicional de Azerbaiyán, habitado por musulmanes de origen turcomano. Turquía fue el primer Estado en reconocer la República de Azerbaiyán en 1991, mientras que, hasta ahora, aún no ha reconocido a la República Armenia, probablemente porque conserva su nombre y la orgullosa memoria que la vincula con el genocidio armenio de 1916-1920, cuando los turcos —convencidos de la infidelidad de los armenios y de su apoyo al zar ruso— exterminaron rápidamente a un millón de ellos.

La posición de Rusia hacia el conflicto y los beligerantes es más ambigua: por un lado, Rusia apoya las legítimas aspiraciones del pueblo armenio mientras, por otro lado —para evitar entrar en conflicto abierto con Erdogan, con quien juega un juego complicado en Siria y Libia— Vladimir Putin evita el uso de tonos amenazantes hacia Azerbaiyán —a la que sigue vendiendo armas— y trata de mantener la equidistancia e imparcialidad entre las partes. Su actitud aún no ha atraído las críticas turcas, pero obviamente deja a los armenios perplejos.

Como ya se ha dicho, el fuego se mantuvo ardiendo hasta el 27 de septiembre, cuando, sin ningún factor de activación aparente o evidente, armenios y azerbaiyanos reanudaron las hostilidades utilizando armamento sofisticado, como drones armados o misiles de largo alcance, que mataron a decenas de soldados y civiles de ambos bandos. Como se ha dicho anteriormente, las razones de la reanudación de las hostilidades no son claras: no hubo provocación directa o factor desencadenante.

Esta vez, sin embargo, muchos observadores están señalando directamente con los dedos a Turquía y su presidente, Tayyp Recep Erdogan.

Puede que haya colocado el problema de Nagorno Karabaj en el complejo juego de ajedrez geopolítico en el que participa el “nuevo” y agresivo Presidente de Turquía. Este último, consciente del peso que tiene su papel en la OTAN en la dialéctica con los Estados Unidos y Europa —que evidentemente no se percibe exigiendo un poco de equidad de un socio tan indisciplinado y engorroso, si no bastante falto de escrúpulos y agresivo— no duda en seguir su propio camino y buscar los intereses de su país en Siria, Libia, el Mediterráneo y el mar Egeo. Desde el control de Siria Oriental hasta la búsqueda de nuevas fuentes de energía, Erdogan está jugando imprudentemente en varias mesas, sin desafiar abiertamente a Rusia, pero no dudando en burlarse de las protestas de sus socios europeos y estadounidenses.

Un juego sin escrúpulos que puede haber inducido a Erdogan a instar a sus aliados azerbaiyanos a reanudar las hostilidades contra los armenios el 27 de septiembre pasado, para que más tarde los contendientes acepten el alto el fuego del 9 de octubre: una medida que lo convertiría en una contraparte obligatoria y privilegiada para Rusia, frente a la irrelevancia geopolítica de Europa y Estados Unidos. La primera se mantiene bajo control por la pandemia, mientras que la segunda está pensando sólo en las próximas elecciones. En este vacío de ideas e intervenciones, la situación en el Cáucaso Meridional con sus posibles implicaciones explosivas en términos de producción y exportación de fuentes de energía sigue en manos de Rusia y Turquía, libre de buscar acuerdos o mediaciones consideradas favorables, obviamente en detrimento de la competencia. En el pasado, en la época de Enrico Mattei, Italia habría tratado de desempeñar su propio papel en una región tan delicada como el Cáucaso, no sólo para defender sus intereses económicos y comerciales, sino también y sobre todo para buscar nuevas oportunidades de desarrollo para sus empresas públicas y privadas. Pero la Italia de Mattei está lejos: actualmente no podemos contar con un semillero de tensión en nuestra puerta, como Libia, y no podemos traer a casa a 18 pescadores de Mazara del Vallo detenidos ilegalmente por el señor de la guerra de Tobruk, Khalifa Haftar.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo exclusivo para SAEEG. Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

 

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LA TERGIVERSACIÓN DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS EN FUNCIÓN DE LA POLÍTICA

Marcelo Javier de los Reyes*

 

Lectura del Libro de Números 20:1-13

Este no es un sitio dedicado a temas teológicos o religiosos pero ante los dichos de una reconocida figura política argentina, entiendo que amerita hacer una aclaración y, quizás, una corrección fraterna.

El 22 de julio, mientras era entrevistada por el programa “Nada personal” que conduce Viviana Canosa, por el canal Nueve, la diputada Elisa Carrió expresó: “Dios quiere hacer una alianza con todos, especialmente con Argentina. Tenemos que seguir caminando sin quejarnos, como hicieron los judíos”[1].

Es llamativo que una persona tan devota y conocedora de La Palabra haya incurrido en una manifestación que incurre en la ignorancia u omisión de numerosos pasajes del Antiguo Testamento. Sin embargo, en otra declaración se pronunció de la siguiente manera: “Dios debe estar confundido con nosotros”. “Saben que Dios se enojó mucho con su pueblo, porque estaban impacientes (…). Este es el castigo que nos merecemos, de ser un pueblo ciego, que nos gusten los ladrones”, afirmó. Como si esto no bastara, agregó: “Le pregunto a la Nación Argentina: ¿por qué les gusta tanto votar ladrones? ¿Por qué no quieren redimirse ante Dios?”[2].

Si “Dios se enojó mucho con su pueblo, porque estaban impacientes”, entonces eso implica que el pueblo se quejó… y ese pueblo era el pueblo judío. Es decir que la doctora conoce bien La Palabra pero la tergiversa a su antojo.

En Números 11:1 vemos que “el pueblo profería quejas amargas a los oídos de Yavé” y en Números 14:1-4 también puede leerse como los hebreos gritaban, lloraban y murmuraban contra Moisés y Aarón. Mientras que algunos deseaban haber muerto en Egipto y no en el desierto y se preguntaban “¿Por qué nos lleva el Señor a esa tierra a morir bajo la espada y entregar nuestras mujeres y nuestros hijos como botín de guerra?”, otros proponían elegir un nuevo jefe y volver a Egipto.

En Números 20:1-13 se lee que cuando los israelitas llegaron luego de un mes al desierto de Sin, el pueblo se instaló en Cadés, y ante la carencia de agua le echaron la culpa a Moisés y a Aarón:

¿Por qué no morimos mejor en presencia de Yavé como nuestros hermanos? ¿Por qué han traído a la comunidad de Yavé a este desierto para que muramos junto con nuestros animales? ¡Nos sacaron de Egipto para traernos a este lugar horrible! ¡No hay dónde sembrar, ni tampoco hay higueras, viñas ni granados y menos agua potable!

Moisés y Aarón debieron escaparse y Moisés recurrió a Yavé, quien le dio respuestas ante esos reclamos.

También los salmos reflejan la queja. En varios el salmista muestra su desesperación por la opresión, por la violencia, la maldad, la persecución, en síntesis, por su sensación de abandono por parte del Señor, y clama ante Dios para que le dé respuesta a su angustia.

Cristo Pantocrátor (“Todopoderoso”). Mosaico bizantino, 1261.

Por otro lado, si ella considera que “Dios debe estar confundido con nosotros”, quiere decir que parece desconocer los tres atributos de Dios o las características de su poder: Dios es omnipotente, omnisciente y omnipresente. Que Dios sea omnipotente significa que es todopoderoso y así lo demuestra el profeta Isaías (Isaías 43:1-5) cuando dice:

Y ahora, así te habla Yavé, que te ha creado, Jacob, o que te ha formado, Israel. No temas, porque yo te he rescatado; te he llamado por tu nombre, tú eres mío. Si atraviesas el río, yo estaré contigo y no te arrastrará la corriente. Si pasas por medio de las llamas, no te quemarás, ni siquiera te chamuscarás. Pues yo soy Yavé, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador. Para rescatarte, entregaría a Egipto Etiopía y Saba, en lugar tuyo. Porque tú vales mucho a mis ojos, yo doy a cambio tuyo vidas humanas; por ti entregaría pueblos, porque te amo y eres importante para mí. No temas, pues, ya que yo estoy contigo.

Ya en Génesis 35:9-11 leemos:

Dios se apareció a Jacob una vez más a su llegada de Paddán Aram y le bendijo. Díjole Dios: “Tu nombre es Jacob, pero ya no te llamarás Jacob, sino que tu nombre será Israel.” Y le llamó Israel.

Yo soy el Dios Todopoderoso [en hebreo El Shaddai]. Sé fecundo y multiplícate. Una nación y multitud de naciones vendrán de ti, y reyes saldrán de tus entrañas.

En el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 19:26, el evangelista nos dice:

Jesús, mirándolos fijamente, dijo: “Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible”

De ese modo, ese pasaje pone el acento en la omnipotencia de Dios.

Dios es omnisciente, es decir que todo lo sabe y lo conoce porque tiene sabiduría plena. De tal modo que puede conocer nuestros pensamientos y nuestro corazón.

Dios es omnipresente porque puede estar en varios lugares a la vez o al mismo tiempo. Es una cualidad que sólo Dios tiene.

Es importante ir a la Palabra y no quedarse con las particulares interpretaciones que cualquiera puede hacer con aviesas intenciones.

Como cristiano no puedo más que sentirme ofendido por la manipulación que la diputada Carrió ha hecho de las Sagradas Escrituras. Porque cuando dice “¿Por qué no quieren redimirse ante Dios?”, lo que en verdad está diciendo es que “los argentinos debemos redimirnos ante los políticos”, no ante Dios.

Si el Señor es omnipotente, omnisciente y omnipresente, ¿cómo la diputada Carrió puede emitir un juicio diciendo que “Dios debe estar confundido con nosotros”? Ella se pone por encima del Señor y puede observar “que debe estar confundido”. Sólo puede hacerlo cayendo ante uno de los siete pecados capitales: la soberbia.

* Maestro catequista.

Referencias

[1] “Elisa Carrió en ‘Nada personal’, de Viviana Canosa – 22/07/19”. Actualidad en Foco, 23/07/2019, <https://actualidadenfoco.com/elisa-carrio-en-nada-personal-de-viviana-canosa-22-07-19/?utm_campaign=shareaholic&utm_medium=twitter&utm_source=socialnetwork>.

[2] “A la Nación Argentina, ¿por qué no quieren redimirse ante Dios?”. La Nueva Mañana, 10/05/2019, <https://lmdiario.com.ar/noticia/146896/a-la-nacion-argentina-por-que-no-quieren-redimirse-ante-dios>.